Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

Categoría: Masculinidades

Crimen en Villa Gesell: No es el rugby, es la masculinidad hegemónica

Por El grito del Sur, enero 2020 http://elgritodelsur.com.ar/2020/01/rugby-crimen-villa-gesell.html?fbclid=IwAR31IAe-C3Q5I61u-DobDUId-gRG9b6WPKU0mId-MXF74tTY6q92JPKiH1M

El crimen de Fernando Sosa Báez en manos de un grupo de rugbiers abrió una serie de interrogantes sobre el deporte, la violencia y las masculinidades. Enrique Stola, psicoanalista, psiquiatra y especialista en casos de violencia de género habló con El Grito del Sur al respecto. «El sentimiento de machos vencedores está siempre presente” explica.

El asesinato de Fernando Báez Sosa en manos de un grupo de rugbiers desató un debate sobre violencia, deporte y masculinidades. Báez (19) había concurrido el último sábado al boliche Le Brique de Villa Gesell con sus amigos. A la salida fue atacado por un grupo de jugadores de rugby con los que habría tenido un enfrentamiento dentro del local bailable. La autopsia reflejó que la muerte del joven fue resultado de un traumatismo de cráneo a partir de un golpe que provocó sangrado interno.

El fiscal Walter Mercuri de la UFI Nº8 de Madariaga quedó a cargo de la causa caratulada como “homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas”. Mercuri informó que los agresores continuaron atacando a Fernando aún cuando este se encontraba inconsciente en el piso y aseguró que de los 11 detenidos actuales tres o cuatro habrían sido identificados como autores materiales del hecho y podrían recibir la pena de prisión perpetua. Los otros se encuentran imputados por el delito de “co autoría”. Diez de los once se negaron a declarar.

Este caso no es el único de varones cis rugbiers haciendo uso de su violencia. En agosto de 2019 Miguel Facundo Jiménez y Abel Edgardo Moreno asesinaron a Román Darío Paz Gonzáles, por lo cual fueron condenados a tres años de prisión por homicidio preterintencional. En el 2018 en Monte Hermoso Gastón Guido García, atacó por la espalda a Eduardo Emanuel Orta Díaz provocándole un traumatismo craneoencefálico. En el 2017 cinco jugadores de Santa Fé le dieron una paliza a tres jóvenes en «Wallas», un boliche bailable de Rosario. Estos hechos y muchos otros dejan en claro que la violencia de la masculinidad hegemónica encuentra terreno fértil entre vestuarios y terceros tiempos.

“Cotidianamente vemos que los varones atacan a mujeres, travestis, trans, homosexuales y lesbianas además de ejercer una violencia intragénero hacia otros varones que torturan y matan. No es el deporte el responsable sino la masculinidad hegemónica que le da al rugby cierta identidad ligada a la violencia, a las clases sociales altas y a la indiferencia sobre el sufrimiento” explicó a El Grito del Sur Enrique Stola, médico, psiquiatra, psicoanalista y especialista en casos de violencia de género. «Allí donde pueda expresarse la masculinidad hegemónica lo va a hacer de forma violenta, dominante hacia todos los que estén en una posición de subordinación, incluso sus congéneres”.

El funcionamiento de clan, cofradía o grupo que avala el accionar violento también está ligado a una construcción arquetípica del varón cis heterosexual. En su articulo “Hombres, masculinidades y homofobia: apuntes para la reflexión desde lo conceptual y de lo político” Marcos Nascimiento habla de la “vigilancia de género”. Este término alude a que muchos hombres actúan de manera violenta no solo para cumplir con los rituales del estereotipo patriarcal sino para forzar a la complicidad a quienes no se adecúan totalmente a este modelo. Así la búsqueda de pertenencia  los empuja a responder al ideal machista, patriarcal, violento y homofóbico.

“La pertenencia a todo grupo fortalece la impunidad, pero en estos casos y en estos grupos lo que produce la pertenencia es estimular los aspectos más negativos de la masculinidad. Cada uno de los miembros actúa como si estuviera rindiendo examen y poniendo en juego su hombría” agrega el psicoanalista. “La dominación patriarcal en occidente es blanca, capitalista, heterosexual y masculina. Cuando el grupo está actuando actúan todos los prejuicios de clase de género, clase, raza y orientación sexual por los cuales ubican a las personas agredidas dentro de una clase social inferior. El sentimiento de omnipotencia, de hombría, de machos vencedores está siempre presente”.

Stola hace énfasis en que la educación sexual es el punto neurálgico del cambio social y que lo ocurrido solo es un reflejo de una sociedad patriarcal «Es claro que hubieran disminuido la posibilidad de un comportamiento así si estos chicos se hubieran criado en una concepción respetuosa del cuerpo de los otros. Estos son los varones que estamos produciendo, no son monstruos, son los adolescentes que generamos como sociedad, y en la medida que no se implemente la educación sexual integral con perspectiva de género esto va a seguir ocurriendo. Veo a muchos horrorizados por lo que pasó sin ver que son la razón de aquello que están acusando, lo que están sosteniendo desde su religión y sus valores».

 

Opinión de expertos El brutal crimen de Fernando Báez Sosa, un nuevo impacto de la “masculinidad tóxica”

Un informe de la OPS reveló que uno de cada cinco hombres muere antes de las 50 años por efecto de la violencia machista.

https://www.clarin.com/sociedad/brutal-crimen-fernando-baez-sosa-nuevo-impacto-masculinidad-toxica-_0_N0QyG1e0.html?fbclid=IwAR3YoR7fswqyELUySVnxnJ4srqNQGasx2mAtaw93IzY6Fi5IP8rSABFUR3E

Publicado por Clarín, 27 de enero de 2020

«La violencia machista puede ser no sólo contra las mujeres y otras identidades de género, sino que también se expresa como violencia intra-género. Los varones con mayor poder económico, político, de fuerza, o de estatus someten y subordinan a otros varones, a veces incluso hasta la muerte. Es una violencia machista intra-género que busca ser disciplinadora: los otros deben someterse a lo que los machos dominantes quieren o recibirán castigos ejemplares», dice el médico psiquiatra Enrique Stola.

Los alcances de la violencia machista contra los propios varones volvieron al centro de la conversación pública luego del asesinato a golpes de Fernando Báez Sosa​, un adolescente de 19 años, a la salida de un boliche de Villa Gesell. Hay diez jóvenes -todos hombres- de entre 18 y 21 años detenidos e imputados por homicidio agravado. Todos son de Zárate y todos son rugbiers. Para exigir justicia por Fernando, hubo manifestaciones en Gesell, Pinamar e incluso delante de la casa familiar de los Báez Sosa, en Recoleta.

Un informe difundido en noviembre del año pasado por la Organización Panamericana de la Salud dio cuenta de que uno de cada cinco hombres muere antes de los 50 años por el impacto de la llamada «masculinidad tóxica». Ese estudio destacó que los varones tienen «un mayor riesgo de morir» y que su esperanza de vida es 5,8 años menor a la de las mujeres «en parte porque las expectativas sociales contribuyen a los comportamientos de búsqueda de riesgos». El mismo estudio encarado por la organización regional asegura que la violencia machista contribuye a, entre otras consecuencias, tasas más altas de suicidio y homicidio entre los varones.

«El patriarcado, que ejerce violencia contra las mujeres, también nos lastima, nos humilla y nos mata a nosotros. El caso de Villa Gesell demuestra que el patriarcado no se nutre sólo de varones, sino que entran en juego diferentes categorías: si sos varón cis o trans es distinto, si sos hétero o cualquier otra disidencia, si sos clase alta o baja, o blanco, negro o inmigrante, aparecen ahí dominaciones que no son la del varón sobre la mujer», dice Juan Pablo Cucciniello, miembro de la organización Varones Antipatriarcales.

«Los varones también pueden ser víctimas de la violencia machista. Esto se da cuando quienes se sienten más privilegiados por tener recursos económicos, ser más blancos, tener más educación o estar en grupo provocan peleas en las que descargan violencia en forma desmesurada y desenfrenada. Esa es otra forma de mostrar su poder como hacen con las mujeres, a quienes llegan a asesinarlas», dice Mabel Bianco, titular de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), y agrega: «Ser pacífico y no patotear en los varones es visto como debilidad«.

Es que los varones, de acuerdo a la noción hegemónica sobre qué es la masculinidad, deben cumplir con ciertos mandatos. Según el documento «Varones y masculinidad(es): herramientas pedagógicas para facilitar talleres con adolescentes y jóvenes» que acaba de editar la Iniciativa Spotlight y la organización Masculinidades y Cambio Social, algunos de esos mandatos son participar de juegos de competencia en los que medie la violencia, ser protector, ser procreador, ser fuerte, ser heterosexual y ser autosuficiente.

Ese mismo documento, sostenido por la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea, se pregunta: «¿Se pueden construir otras maneras de habitar la masculinidad que no estén ligadas a formas de violencia y humillación?» y sostiene que «reconocerse varones muchas veces incluye el despliegue de violencia entre varones y contra las mujeres».

«Los varones pueden aprender nuevas habilidades: todo depende de cómo sean instruidos desde pequeños en sus casas. Cada hombre que se proponga cambiar su situación de privilegio deberá estar revisando las 24 horas cómo ejerce la dominación para la que fue entrenado, y cómo puede renunciar a esa dominación», sostiene Stola. Para el psiquiatra, esa renuncia «hará que todos seamos más libres». La Educación Sexual Integral -que es ley desde 2006 pero que se cumple muy escasamente- es para el especialista una herramienta «que posibilita el análisis de los roles en la sociedad y que enseña a respetar los cuerpos, las decisiones y los derechos de los otros».

«Tenemos que tanto en la escuela, a través de la ESI, como en los medios de comunicación y en la vida cotidiana en general promover un modelo en el que ser varón implique ser respetuoso de los otros y elimine la idea de que ser varón es imponerse y castigar a quienes no obedecen o reconocen un poder mayor», suma Bianco.

No tan machos

Artículo y entrevista realizada por Monica Gutiérrez, INFOBAE 1 de febrero 2020

La golpiza que condujo a la muerte a Fernando Báez Sosa y puso a los diez rugbiers en el centro de una escena de drama y conmoción social develó el costado tabú, el lado B, de la cultura machista: la violencia intragénero.

La práctica de subordinar, humillar, degradar e incluso golpear y matar a otro varón tiene que ver con el mandato de llevar el ejercicio de la masculinidad al máximo. Con la compulsión por reafirmar la condición viril ejerciendo poder sobre otros varones para posicionarse en situación de macho-alfa.

A la crónica diaria que da cuenta de una imparable seguidilla de femicidios, una mujer muerta cada 24 horas de acuerdo a los últimos datos, se suma ahora el relato de salvajes trifulcas y golpizas en las que uno o varios varones atacan a golpes en orden a intimidar, reducir o masacrar a un congénere. Todo parece tener que ver con todo.

Para Juan Branz, autor del libro Machos de verdad, ser hombre y ser hombre “de verdad” implica responder a lo que es tendencia en nuestras sociedades ( patriarcales, machistas, sexistas y homofóbicas). Mandatos que interpretan, adhieren, garantizan y legitiman dentro de un determinado rango la identidad masculina.

“Ser hombre es ser fuerte, vigoroso, proveedor, corajudo, viril. Estos son los atributos que incluyen históricamente a un varón dentro del colectivo hombres. El cuerpo debe exhibir esas características, debe ser visto y reconocido como cuerpo dominante…No se trata solo de modelar el cuerpo, sino de ‘saber ver’ y ‘saber hablar’ sobre el cuerpo masculino».

Para Branz, quien centra su investigación en los códigos y prácticas de los rugbiers, se trata de “un acto de comunicación, porque es la comunicación lo que da sentido a nuestra cultura y nuestra cultura lo que da forma a nuestras maneras de hacer. Un intercambio de posturas, gestos y palabras en orden a establecer una representación moralmente aceptada de la masculinidad». Estas son algunas de las conclusiones a los que arriba en su trabajo de investigación sobre la cultura rugbier.

Puede que esta necesidad de mostrar y ser visto explique la compulsión a registrar en vídeos ataques y agresiones de todo tipo, incluidas escenas de sexualidad consentida pero violadas a la hora de su registro y viralización sin consentimiento alguno.

Hoy se habla de “masculinidad tóxica” para señalar las prácticas o conductas exacerbadas o perversas que, inscriptas dentro de lo que muchos varones visualizan como normales o deseables, afectan, violentan o dañan a terceros, cualquiera sea el género al que pertenezcan.

Los especialistas que estudian estas cuestiones aseguran que muchas de estas desviaciones provienen de una educación patriarcal que baja consignas que no se discuten.

“Los hombres no lloran” es una de ellas.

La dificultad para expresar sentimientos o emociones, bajo el riesgo de ser tratado como “poco hombre” suele ser un factor de frustración y violencia contenida en la que anidan y se maceran conductas aberrantes.

Enrique Stola rehuye del término “masculinidad tóxica”. Para el reconocido psiquiatra, la “toxicidad” es una palabra de la terminología médica que lejos de aplicar, oculta que la razón de fondo de esta cuestión anida en la estructura social que prepara a los varones en modo dominación.

Una cultura de posesión en la que todo les pertenece y que los habilita a ejercer el poder sobre los calificados como más débiles. El cuerpo de la mujer como objeto de uso o bien transable; el de otro varón, percibido como más débil, como sujeto a subordinar reforzando en orden a refrendar la condición de macho.

“Los varones que más desestabilizan el sistema son aquellos que pierden el control, tanto del poder económico como el de los cuerpos que dominan”, sostiene Stola.

En este particular momento histórico confluyen de manera simultánea dos factores: la “precarización de la vida” y la ruptura de los modelos tradicionales. “Eso tensa a los machos y el dispositivo de dominación masculina se va reacomodando», afirma concluyente el especialista.

El recrudecimiento del femicidio se inscribe en este contexto. Y en la medida en que las mujeres van ganando un nuevo espacio en la reivindicación de sus derechos aparece muy visibilizado el ataque y muerte a un varón.

Los varones de este tiempo enfrentan un odioso desafío: repensar su condición masculina escapando al estereotipo de dominación que los obliga a revalidar títulos ejerciendo la violencia física o simbólica sobre mujeres y aún congéneres.

Encuadrar en los paradigmas de este tiempo demanda del común de los varones, nacidos y criados dentro de una cultura patriarcal, un esfuerzo para el que parecen no están preparados.

Descolocados, navegan en el desconcierto sin saber en el mejor de los casos dónde ponerse. Mientras algunos vagan confundidos o desconcertados tratando de encontrar lugar en este nuevo tiempo, otros redoblan la apuesta aferrándose a los mandatos de la cultura patriarcal en la que fueron nacidos y criados.

Analizar lo ocurrido en la fatídica noche de “Le brique” solo desde la lógica de la cultura rugbier o del impacto de los consumos de la noche feroz supone una mirada demasiado estrecha, no alcanza.

Se impone pensar que esta pasando con aquellos que se presumen machos pero que no lo son tanto.

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