Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

No discuto con machistas

En lo personal no discuto con machistas. Es una pérdida de tiempo. La vida es muy valiosa como para gastarla en debates con representantes y activistas del poder patriarcal. En la historia no hay ejemplos de clases sociales o grupos dominantes que hayan renunciado a tal estatus por solidaridad o cuestiones éticas hacia las, les y los dominados, por lo tanto no podemos esperar que el colectivo machista comparta los poderes y redistribuya los bienes por el diálogo y su buena voluntad. Como grupo o sector social, los varones hemos cambiado y cedido parte de nuestro poder solo por el fuerte NO de las mujeres. Siempre luchando ellas han logrado la legalización de cada derecho y su propia habilitación en cada nuevo espacio. Las feministas lo hacen a su manera, cuando y cómo pueden, concientes de que el poder no se pide sino que se ejerce y que cada conquista mejora la vida y las posibilidades todas las mujeres, los varones y del movimiento LGTBIQ+. Recuerdo como ejemplo la lucha de las sufragistas: el colectivo machista (CM) que en su momento se opuso a las exigencias feministas hoy solo es recordado por su crueldad y sus ridículas intervenciones. Dentro de cien años ocurrirá lo mismo con el actual CM: las mujeres estarán viviendo lo conquistado y los varones descendientes de los actuales tratando de no recordar las imbecibilidades que sus bisabuelos y abuelos sostenían.

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

Por Enrique Stola. Publicado en Diario Femenino el 5 de febrero de 2020

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

El psiquiatra feminista Enrique Stola reflexiona sobre la mirada de la sociedad, especialmente de los varones, sobre las violencias

En Argentina el dispositivo de dominación masculina ha dado claros indicadores de su existencia durante enero de 2020 a raíz del asesinato de Fernando Báez Sosa, cometido por un grupo de varones blancos, heterosexuales, de clase media y jugadores de rugby. La pertenencia a ese deporte,  muchas veces asociada con agresiones clasistas-sexistas-racistas en el espacio público, ha sido junto al acto cometido el tema hegemónico de los medios de comunicación y en la sociedad en general.

Hacía tiempo que no leíamos y escuchábamos a tal cantidad de varones expresándose en duros términos sobre sus congéneres. Opinaron acerca de sus reglas morales, manifestaron con agresión sus enojos e hicieron propuestas de castigos para el grupo agresor. Las sugerencias punitivas eran diferentes según la clase social de donde provenían, algunos apuntaban a que por ser los agresores miembros de la etnia blanca y pequeño-burguesa o burguesa “que se pudran en la cárcel” o que sus “colas-blancas” iban a sufrir allí el castigo merecido, sustentando así la cultura de la violación. Otros machos-blancos-de-buenas-familias  pedían pena de muerte o cárcel de por vida.

A veces en forma explícita y otras implícita, los cuestionamientos contra los imputados por el asesinato apuntaban a que rompieron ciertas reglas que deben cumplir en sus peleas los machos-blancos-hetero-burgueses-sexistas: si la víctima está ya en el suelo y derrotado no se lo debe matar, aunque sea “un negro o puto de mierda”. Que un grupo de varones jugadores de rugby representativos de la blanquitud haya roto esa norma,  pone en riesgo la imagen de supremacía moral que viene construyendo la etnia blanca, sexista y burguesa desde 1492 a la fecha y que es un fuerte instrumento de la violencia simbólica operando en el orden social, de ahí la necesidad de castigo y diferenciación.

Claro que esa moral no vale para los varones asesinados por las fuerzas represivas del Estado patriarcal en el llamado “gatillo fácil” ni tampoco cuando el grupo y la víctima son de clase “baja” y  calificada como de “negros”, “putos” o “travestis”. Todas estas muertes se ven como normales, inevitables y en gran medida necesarias para mantener el orden social, de género, racial y capitalista.

Desde el polo macho-dominante intentaron hacer un “control de daños” calificando a los agresores como “un grupo de loquitos”, “adolescentes borrachos”, “quien no se peleó en la juventud”, “los jóvenes en la noche se descontrolan”, “esos rugbier son hijos del poder, los otros rugbier somos diferentes”, “solo son chicos bien y muy unidos que se equivocaron” hasta calificarlos como “intoxicados o portadores de masculinidad tóxica”, todas afirmaciones  que claramente ocultan los mecanismos de dominación masculina.

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

En síntesis, el asesinato de Fernando desencadenó una crisis política en la red de fuerzas machistas dominante y generó un intenso debate sobre el comportamiento de los machos con los otros machos. Quedó claro que los discursos punitivistas y los análisis de los hechos sin perspectiva de género feminista jamás cuestionaron los roles masculinos en relación a las mujeres o al movimiento LGTBIQ+, ni tampoco su relación con la estructura socio-económica-cultural.

Esta crisis política se produjo porque la masculinidad hegemónica está jaqueada por la persistente lucha de las feministas, la precarización de la vida en el contexto liberal-capitalista, la acción de los movimientos sociales, antirracistas, antisexistas y sexualidades disidentes, lo que ha producido resquebrajamientos en varias de sus instituciones machistas que los mantiene en un necesario y permanente reacomodamiento para sostener la eficacia del dispositivo de dominación.

Mientras eso ocurría, las teóricas y activistas feministas estuvieron como siempre muy activas y reconfirmaban la existencia del poder patriarcal, producían textos en el intento de que la población saliera del amarillismo periodístico y comprendiera cómo se expresan los vínculos sociales en la actual relación y entrecruzamiento de las fuerzas dominantes.

Como siempre las feministas intentaron hacer visible que el patriarcado, matriz de todas las dominaciones, no es bueno para nadie y que se debatiera sobre las masculinidades; alertaron sobre cada uno de los ¡34 femicidios! del mes de enero y los nuevos intentos de asesinato de mujeres; lograron hacer visible el asesinato de Roberta, mujer trans en La Plata y el suicidio de Sathya Aldana, de 19 años, abusada por su progenitor desde la edad de 8 años y desprotegida por el Poder Judicial de la provincia de Córdoba; alertaron sobre las nuevas violaciones grupales y la banalización de las mismas en las fiestas de carnaval por parte del gobierno de la Provincia de Corrientes.

¿Ha cambiado algo en nuestra sociedad durante enero 2020? 

Es muy probable que muches mapadres y personas cuidadoras presten ahora atención a juegos y rituales violentos que hasta el momento  no parecían tales y que hacían al entrenamiento del rol masculino en modo dominación, uno de las maneras de integrar de la masculinidad hegemónica. Puede ser que algunas personas hayan tomado conciencia acerca de la violencia intragénero que como forma de disciplinamiento de los cuerpos ejerce la masculinidad patriarcal y también se haya generado una mayor conciencia acerca de la crueldad de la violencia de género o machista extrema.

Mientras tanto la contraofensiva machista tratará de que las relaciones de poder continúen igual, seguirán dificultando la implementación de la Educación Sexual Integral, continuarán con el fortalecimiento del sexismo, del racismo y del odio a lxs pobres, a los pueblos originarios y a las minorías étnicas y a las sexualidades disidentes, pero no podrán  detener el persistente avance de los feminismos ni el fortalecimiento de la democracia, la libertad de les cuerpes y la vida.

 

 

 

Crimen en Villa Gesell: No es el rugby, es la masculinidad hegemónica

Por El grito del Sur, enero 2020 http://elgritodelsur.com.ar/2020/01/rugby-crimen-villa-gesell.html?fbclid=IwAR31IAe-C3Q5I61u-DobDUId-gRG9b6WPKU0mId-MXF74tTY6q92JPKiH1M

El crimen de Fernando Sosa Báez en manos de un grupo de rugbiers abrió una serie de interrogantes sobre el deporte, la violencia y las masculinidades. Enrique Stola, psicoanalista, psiquiatra y especialista en casos de violencia de género habló con El Grito del Sur al respecto. “El sentimiento de machos vencedores está siempre presente” explica.

El asesinato de Fernando Báez Sosa en manos de un grupo de rugbiers desató un debate sobre violencia, deporte y masculinidades. Báez (19) había concurrido el último sábado al boliche Le Brique de Villa Gesell con sus amigos. A la salida fue atacado por un grupo de jugadores de rugby con los que habría tenido un enfrentamiento dentro del local bailable. La autopsia reflejó que la muerte del joven fue resultado de un traumatismo de cráneo a partir de un golpe que provocó sangrado interno.

El fiscal Walter Mercuri de la UFI Nº8 de Madariaga quedó a cargo de la causa caratulada como “homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas”. Mercuri informó que los agresores continuaron atacando a Fernando aún cuando este se encontraba inconsciente en el piso y aseguró que de los 11 detenidos actuales tres o cuatro habrían sido identificados como autores materiales del hecho y podrían recibir la pena de prisión perpetua. Los otros se encuentran imputados por el delito de “co autoría”. Diez de los once se negaron a declarar.

Este caso no es el único de varones cis rugbiers haciendo uso de su violencia. En agosto de 2019 Miguel Facundo Jiménez y Abel Edgardo Moreno asesinaron a Román Darío Paz Gonzáles, por lo cual fueron condenados a tres años de prisión por homicidio preterintencional. En el 2018 en Monte Hermoso Gastón Guido García, atacó por la espalda a Eduardo Emanuel Orta Díaz provocándole un traumatismo craneoencefálico. En el 2017 cinco jugadores de Santa Fé le dieron una paliza a tres jóvenes en «Wallas», un boliche bailable de Rosario. Estos hechos y muchos otros dejan en claro que la violencia de la masculinidad hegemónica encuentra terreno fértil entre vestuarios y terceros tiempos.

“Cotidianamente vemos que los varones atacan a mujeres, travestis, trans, homosexuales y lesbianas además de ejercer una violencia intragénero hacia otros varones que torturan y matan. No es el deporte el responsable sino la masculinidad hegemónica que le da al rugby cierta identidad ligada a la violencia, a las clases sociales altas y a la indiferencia sobre el sufrimiento” explicó a El Grito del Sur Enrique Stola, médico, psiquiatra, psicoanalista y especialista en casos de violencia de género. «Allí donde pueda expresarse la masculinidad hegemónica lo va a hacer de forma violenta, dominante hacia todos los que estén en una posición de subordinación, incluso sus congéneres”.

El funcionamiento de clan, cofradía o grupo que avala el accionar violento también está ligado a una construcción arquetípica del varón cis heterosexual. En su articulo “Hombres, masculinidades y homofobia: apuntes para la reflexión desde lo conceptual y de lo político” Marcos Nascimiento habla de la “vigilancia de género”. Este término alude a que muchos hombres actúan de manera violenta no solo para cumplir con los rituales del estereotipo patriarcal sino para forzar a la complicidad a quienes no se adecúan totalmente a este modelo. Así la búsqueda de pertenencia  los empuja a responder al ideal machista, patriarcal, violento y homofóbico.

“La pertenencia a todo grupo fortalece la impunidad, pero en estos casos y en estos grupos lo que produce la pertenencia es estimular los aspectos más negativos de la masculinidad. Cada uno de los miembros actúa como si estuviera rindiendo examen y poniendo en juego su hombría” agrega el psicoanalista. “La dominación patriarcal en occidente es blanca, capitalista, heterosexual y masculina. Cuando el grupo está actuando actúan todos los prejuicios de clase de género, clase, raza y orientación sexual por los cuales ubican a las personas agredidas dentro de una clase social inferior. El sentimiento de omnipotencia, de hombría, de machos vencedores está siempre presente”.

Stola hace énfasis en que la educación sexual es el punto neurálgico del cambio social y que lo ocurrido solo es un reflejo de una sociedad patriarcal «Es claro que hubieran disminuido la posibilidad de un comportamiento así si estos chicos se hubieran criado en una concepción respetuosa del cuerpo de los otros. Estos son los varones que estamos produciendo, no son monstruos, son los adolescentes que generamos como sociedad, y en la medida que no se implemente la educación sexual integral con perspectiva de género esto va a seguir ocurriendo. Veo a muchos horrorizados por lo que pasó sin ver que son la razón de aquello que están acusando, lo que están sosteniendo desde su religión y sus valores».

 

Opinión de expertos El brutal crimen de Fernando Báez Sosa, un nuevo impacto de la “masculinidad tóxica”

Un informe de la OPS reveló que uno de cada cinco hombres muere antes de las 50 años por efecto de la violencia machista.

https://www.clarin.com/sociedad/brutal-crimen-fernando-baez-sosa-nuevo-impacto-masculinidad-toxica-_0_N0QyG1e0.html?fbclid=IwAR3YoR7fswqyELUySVnxnJ4srqNQGasx2mAtaw93IzY6Fi5IP8rSABFUR3E

Publicado por Clarín, 27 de enero de 2020

“La violencia machista puede ser no sólo contra las mujeres y otras identidades de género, sino que también se expresa como violencia intra-género. Los varones con mayor poder económico, político, de fuerza, o de estatus someten y subordinan a otros varones, a veces incluso hasta la muerte. Es una violencia machista intra-género que busca ser disciplinadora: los otros deben someterse a lo que los machos dominantes quieren o recibirán castigos ejemplares”, dice el médico psiquiatra Enrique Stola.

Los alcances de la violencia machista contra los propios varones volvieron al centro de la conversación pública luego del asesinato a golpes de Fernando Báez Sosa​, un adolescente de 19 años, a la salida de un boliche de Villa Gesell. Hay diez jóvenes -todos hombres- de entre 18 y 21 años detenidos e imputados por homicidio agravado. Todos son de Zárate y todos son rugbiers. Para exigir justicia por Fernando, hubo manifestaciones en Gesell, Pinamar e incluso delante de la casa familiar de los Báez Sosa, en Recoleta.

Un informe difundido en noviembre del año pasado por la Organización Panamericana de la Salud dio cuenta de que uno de cada cinco hombres muere antes de los 50 años por el impacto de la llamada “masculinidad tóxica”. Ese estudio destacó que los varones tienen “un mayor riesgo de morir” y que su esperanza de vida es 5,8 años menor a la de las mujeres “en parte porque las expectativas sociales contribuyen a los comportamientos de búsqueda de riesgos”. El mismo estudio encarado por la organización regional asegura que la violencia machista contribuye a, entre otras consecuencias, tasas más altas de suicidio y homicidio entre los varones.

“El patriarcado, que ejerce violencia contra las mujeres, también nos lastima, nos humilla y nos mata a nosotros. El caso de Villa Gesell demuestra que el patriarcado no se nutre sólo de varones, sino que entran en juego diferentes categorías: si sos varón cis o trans es distinto, si sos hétero o cualquier otra disidencia, si sos clase alta o baja, o blanco, negro o inmigrante, aparecen ahí dominaciones que no son la del varón sobre la mujer”, dice Juan Pablo Cucciniello, miembro de la organización Varones Antipatriarcales.

“Los varones también pueden ser víctimas de la violencia machista. Esto se da cuando quienes se sienten más privilegiados por tener recursos económicos, ser más blancos, tener más educación o estar en grupo provocan peleas en las que descargan violencia en forma desmesurada y desenfrenada. Esa es otra forma de mostrar su poder como hacen con las mujeres, a quienes llegan a asesinarlas”, dice Mabel Bianco, titular de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), y agrega: “Ser pacífico y no patotear en los varones es visto como debilidad“.

Es que los varones, de acuerdo a la noción hegemónica sobre qué es la masculinidad, deben cumplir con ciertos mandatos. Según el documento “Varones y masculinidad(es): herramientas pedagógicas para facilitar talleres con adolescentes y jóvenes” que acaba de editar la Iniciativa Spotlight y la organización Masculinidades y Cambio Social, algunos de esos mandatos son participar de juegos de competencia en los que medie la violencia, ser protector, ser procreador, ser fuerte, ser heterosexual y ser autosuficiente.

Ese mismo documento, sostenido por la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea, se pregunta: “¿Se pueden construir otras maneras de habitar la masculinidad que no estén ligadas a formas de violencia y humillación?” y sostiene que “reconocerse varones muchas veces incluye el despliegue de violencia entre varones y contra las mujeres”.

“Los varones pueden aprender nuevas habilidades: todo depende de cómo sean instruidos desde pequeños en sus casas. Cada hombre que se proponga cambiar su situación de privilegio deberá estar revisando las 24 horas cómo ejerce la dominación para la que fue entrenado, y cómo puede renunciar a esa dominación”, sostiene Stola. Para el psiquiatra, esa renuncia “hará que todos seamos más libres”. La Educación Sexual Integral -que es ley desde 2006 pero que se cumple muy escasamente- es para el especialista una herramienta “que posibilita el análisis de los roles en la sociedad y que enseña a respetar los cuerpos, las decisiones y los derechos de los otros”.

“Tenemos que tanto en la escuela, a través de la ESI, como en los medios de comunicación y en la vida cotidiana en general promover un modelo en el que ser varón implique ser respetuoso de los otros y elimine la idea de que ser varón es imponerse y castigar a quienes no obedecen o reconocen un poder mayor”, suma Bianco.

La violencia de género también en las personas adultas mayores

Las mujeres de mayor edad están más expuestas a la violencia machista que pueden ejercer contra ellas sus parejas y hasta sus propios hijos.

Martes 28 de Enero de 2020, http://fenix951.com.ar/nuevo_2013/noticia.php?id=156351&fbclid=IwAR2Yor-zggBTdrYHP2s4XD8hmGu_SBRMm-_4Py13bPQsc4iJDAktyQ_9YVk

Ana Susana Luque tenía 67 años cuando en octubre del año pasado fue atacada por su marido con un elemento contundente en su vivienda de barrio Argüello de la ciudad de Córdoba. Estuvo casi 20 días internada hasta que murió en la clínica Sucre. Su marido, Ramón Tissera, de 74 años, quedó imputado por homicidio calificado por el vínculo y violencia de género.

Fue el último femicidio de los 19 ocurridos en 2019 y el tercero en ese año en el que la víctima era mayor de 60 años. Las otras dos mujeres mayores asesinadas fueron Carmen Gómez y Gladys Albina Lequín.

Al analizar las cifras, se ve que las víctimas de femicidio mayores de 60 años no representan la cantidad predominante de casos: varían entre un cuatro y un 16 por ciento según cada año en la provincia de Córdoba. Sin embargo, dentro del abanico de particularidades que presentan los casos de violencia de género, hay un grupo de víctimas que son particularmente vulnerables: los adultos mayores.

Para los especialistas, entre los factores que atraviesan a la población de esta edad se encuentra el tener más arraigado un grupo de creencias y preconceptos relacionados con el machismo que les dificulta poder detectar el problema y buscar ayuda.

 

“Hay un elemento clave en esa edad que tiene que ver con la soledad y el miedo a la muerte o al deterioro físico. En general hay un nivel de violencia hacia los integrantes de esa franja etaria que no se registra como violencia, está oculta. Tiene que ver con una estirpe cultural, social y económica que hace que a mayor edad suelan ser más vulnerables a la violencia a veces ejercida también por los hijos”, explicó Enrique Stola, médico psiquiatra, en relación con la imagen social que tienen los adultos mayores.

Al hablar sobre la violencia de género específicamente, Stola explicó: “Estas mujeres han soportado muchísimos años de violencia y no han tenido las condiciones materiales, sociales y personales para poder separarse y poner límites. Entonces creo que debería haber políticas de prevención específicas para este sector etario, que no tiene las mismas problemáticas que los adultos jóvenes o adolescentes”.

Para Ruth Ahrensburg, fundadora de la Asociación Con Voz por Una Vida sin Violencias, la cifra del año pasado (tres casos de un total de 19) alertó a los miembros de la organización. “Nos hace ruido porque las adultas mayores no sólo quedamos excluidas de los medios de producción, sino también de la gestión en la prevención en género. Incluso hay poca dedicación en el feminismo a este grupo etario al que la deconstrucción de estereotipos le cuesta más que si se hiciera en otra etapa de la vida”, aseguró.

No tan machos

Artículo y entrevista realizada por Monica Gutiérrez, INFOBAE 1 de febrero 2020

La golpiza que condujo a la muerte a Fernando Báez Sosa y puso a los diez rugbiers en el centro de una escena de drama y conmoción social develó el costado tabú, el lado B, de la cultura machista: la violencia intragénero.

La práctica de subordinar, humillar, degradar e incluso golpear y matar a otro varón tiene que ver con el mandato de llevar el ejercicio de la masculinidad al máximo. Con la compulsión por reafirmar la condición viril ejerciendo poder sobre otros varones para posicionarse en situación de macho-alfa.

A la crónica diaria que da cuenta de una imparable seguidilla de femicidios, una mujer muerta cada 24 horas de acuerdo a los últimos datos, se suma ahora el relato de salvajes trifulcas y golpizas en las que uno o varios varones atacan a golpes en orden a intimidar, reducir o masacrar a un congénere. Todo parece tener que ver con todo.

Para Juan Branz, autor del libro Machos de verdad, ser hombre y ser hombre “de verdad” implica responder a lo que es tendencia en nuestras sociedades ( patriarcales, machistas, sexistas y homofóbicas). Mandatos que interpretan, adhieren, garantizan y legitiman dentro de un determinado rango la identidad masculina.

“Ser hombre es ser fuerte, vigoroso, proveedor, corajudo, viril. Estos son los atributos que incluyen históricamente a un varón dentro del colectivo hombres. El cuerpo debe exhibir esas características, debe ser visto y reconocido como cuerpo dominante…No se trata solo de modelar el cuerpo, sino de ‘saber ver’ y ‘saber hablar’ sobre el cuerpo masculino”.

Para Branz, quien centra su investigación en los códigos y prácticas de los rugbiers, se trata de “un acto de comunicación, porque es la comunicación lo que da sentido a nuestra cultura y nuestra cultura lo que da forma a nuestras maneras de hacer. Un intercambio de posturas, gestos y palabras en orden a establecer una representación moralmente aceptada de la masculinidad”. Estas son algunas de las conclusiones a los que arriba en su trabajo de investigación sobre la cultura rugbier.

Puede que esta necesidad de mostrar y ser visto explique la compulsión a registrar en vídeos ataques y agresiones de todo tipo, incluidas escenas de sexualidad consentida pero violadas a la hora de su registro y viralización sin consentimiento alguno.

Hoy se habla de “masculinidad tóxica” para señalar las prácticas o conductas exacerbadas o perversas que, inscriptas dentro de lo que muchos varones visualizan como normales o deseables, afectan, violentan o dañan a terceros, cualquiera sea el género al que pertenezcan.

Los especialistas que estudian estas cuestiones aseguran que muchas de estas desviaciones provienen de una educación patriarcal que baja consignas que no se discuten.

“Los hombres no lloran” es una de ellas.

La dificultad para expresar sentimientos o emociones, bajo el riesgo de ser tratado como “poco hombre” suele ser un factor de frustración y violencia contenida en la que anidan y se maceran conductas aberrantes.

Enrique Stola rehuye del término “masculinidad tóxica”. Para el reconocido psiquiatra, la “toxicidad” es una palabra de la terminología médica que lejos de aplicar, oculta que la razón de fondo de esta cuestión anida en la estructura social que prepara a los varones en modo dominación.

Una cultura de posesión en la que todo les pertenece y que los habilita a ejercer el poder sobre los calificados como más débiles. El cuerpo de la mujer como objeto de uso o bien transable; el de otro varón, percibido como más débil, como sujeto a subordinar reforzando en orden a refrendar la condición de macho.

“Los varones que más desestabilizan el sistema son aquellos que pierden el control, tanto del poder económico como el de los cuerpos que dominan”, sostiene Stola.

En este particular momento histórico confluyen de manera simultánea dos factores: la “precarización de la vida” y la ruptura de los modelos tradicionales. “Eso tensa a los machos y el dispositivo de dominación masculina se va reacomodando”, afirma concluyente el especialista.

El recrudecimiento del femicidio se inscribe en este contexto. Y en la medida en que las mujeres van ganando un nuevo espacio en la reivindicación de sus derechos aparece muy visibilizado el ataque y muerte a un varón.

Los varones de este tiempo enfrentan un odioso desafío: repensar su condición masculina escapando al estereotipo de dominación que los obliga a revalidar títulos ejerciendo la violencia física o simbólica sobre mujeres y aún congéneres.

Encuadrar en los paradigmas de este tiempo demanda del común de los varones, nacidos y criados dentro de una cultura patriarcal, un esfuerzo para el que parecen no están preparados.

Descolocados, navegan en el desconcierto sin saber en el mejor de los casos dónde ponerse. Mientras algunos vagan confundidos o desconcertados tratando de encontrar lugar en este nuevo tiempo, otros redoblan la apuesta aferrándose a los mandatos de la cultura patriarcal en la que fueron nacidos y criados.

Analizar lo ocurrido en la fatídica noche de “Le brique” solo desde la lógica de la cultura rugbier o del impacto de los consumos de la noche feroz supone una mirada demasiado estrecha, no alcanza.

Se impone pensar que esta pasando con aquellos que se presumen machos pero que no lo son tanto.

Cuando la realidad supera a la ficción: similitudes entre los rugbiers y “La naranja mecánica”

Artículo y entrevista realizada por Sofía Luz Granato – 06/02/2020 https://periodicotribuna.com.ar/24768-cuando-la-realidad-supera-a-la-ficcion-similitudes-entre-los-rugbiers-y-la-naranja-mecanica.html?fbclid=IwAR1zbVtK54isiv254CSsxRe67-DRXL2ZtxjXDQlCvhERF7y-yiapt9hhGPY

Nada de esto fue un error

“-¿A dónde vamos?- dijo George.

-A caminar un poco y a ver qué pasa– le contesté-.

Entrando en la avenida encontramos justo lo que buscábamos: una pequeña broma para empezar la noche. Era un tipo ‘maestro de escuela’, viejo y con anteojos. Llevaba unos libros bajo el brazo y un paraguas. Después del anochecer no se veían señores de estilo burgués, por la escasez de policía y por nosotros, los chicos malos que rondábamos las calles.

– Veo que cargás unos libros, qué placer raro leer en estos tiempos- le dije al viejo. Y al abrir uno de ellos, añadí: – ¿pero, qué es esto? ¿Qué significan estas sucias palabras? Merecés una lección hermano, te la has ganado-.

Primero, rompimos los libros, después, empezó la diversión. Pete le sostuvo las manos y George consiguió abrirle la boca. El Lerdo, le arrancó la dentadura postiza y la tiró al suelo. Yo la machaqué con las botas. George, una vez más, le agarró los labios y le descargó una buena trompada en la cara, aunque con el puño anillado. Entonces, el sujeto comenzó a quejarse de lo lindo… y le brotó sangre, mucha. Hermanos míos, ¡oh! ¡Qué hermoso…!

Al rato lo dejamos ir. No era la gran cosa, pero no por ello iba a pedir disculpas a nadie. Además, la noche apenas comenzaba…”

Quien narra el evento es Alex, el protagonista de la famosa novela “La naranja mecánica”. Aquella –escrita en 1962- cuenta la historia de un adolescente y sus tres amigos, quienes habitan en un mundo de crueldad y destrucción. Para ellos, el  disfrute de la libertad sólo es concebido a través de la violencia y el dolor hacia un otro. Pues bien, ¿qué tan lejana resulta esta ficción a la luz del crimen cometido por los rugbiers el pasado enero?

Los hechos son de público conocimiento: diez adolescentes mayores de edad, jugadores de rugby, mataron a golpes a Fernando Báez Sosa, un joven de 18 años. Todo sucedió a la salida de un boliche en Villa Gesell alrededor de las 4.40 am. En la actualidad, los imputados se encuentran detenidos, con prisión preventiva en el partido de Dolores. A tres de ellos se les atribuye la autoría material del asesinato. Conforme la autopsia realizada, la patada efectuada por Máximo Thomsen sobre la boca de Fernando le habría ocasionado la pérdida de conciencia. Como consecuencia de aquello, la cabeza de Báez impactó en el piso, llevándolo al peor desenlace.

Eran diez pegándole a uno. Testigos declararon que los rugbiers le gritaban  a  Fernando: “Dale cagón, levantate”, “te vamos a reventar”, mientras este yacía en el suelo. Según relatan,  Báez habría manchado la ropa de uno de los integrantes de la banda oriunda de Zárate, y aquello sería motivo suficiente para acabar con su vida. El argumento ofició de pantalla para que estos deportistas  pudieran “divertirse”. En efecto, se trata de un grupo de individuos que encuentra el éxtasis en generar sufrimiento en el otro. He aquí la primera similitud con los personajes de la citada obra literaria: adolescentes que bajo un modus operandi grupal experimentan el goce  causando dolor en un tercero.

Ahora bien, ¿por qué lastimar a una persona puede generar placer? Al respecto, la médica psiquiatra  infanto juvenil, Dra. Nora Leal, señala que este tipo de conductas -a veces- responden a una descarga de violencia, en donde el placer está en el sometimiento del otro, el cual está en una situación de debilidad. Quienes accionan de esta manera se sienten más fuertes y poderosos. “Se debe distinguir entre sadismo y la  impulsividad. El primero refiere al goce por causar dolor en otro sujeto, en disfrutar de la crueldad; pero para ello se requiere que un par entre en el juego (algo que no ocurrió con Fernando). El segundo, en cambio, alude a la falta de control en los impulsos, lo cual puede devenir, por ejemplo, en  diversas acciones violentas”, especifica la doctora.

Por su parte, el médico psiquiatra feminista Dr. Enrique Stola reflexiona: “Cuando un grupo ataca, si bien hay goce, este se vincula no sólo con el ejercicio de poder sobre la víctima, sino también con el sentimiento de pertenencia de cada uno de los integrantes. Se reconocen como machos poderosos, al límite de hacer lo que se les antoja con otro varón u otra mujer- violándola y matándola-“, afirma Stola. Y agrega: “una agrupación tiende a unir voluntades para lograr un objetivo; en esta oportunidad el fin  es destruir al otro. Quizá cada uno de ellos, de manera individual, no mataría. La situación cambia cuando hay un marco grupal: se vivencia la sensación de impunidad y, a la vez, se imponen liderazgos”.

Más  puntos en común entre el mundo ficticio creado por Anthony Burgess (autor del best seller) y la triste realidad: ambas bandas debieron frenar sus conductas criminales por la misma razón, “se les fue la mano” y los alcanzó la muerte. El protagonista del cuento termina con la vida de una anciana y producto de ello es condenado a prisión. Con los rugbiers ocurre lo mismo: este conjunto de jóvenes encontró su límite tras matar a Fernando. Y resulta oportuno señalarlo ya que en ambos escenarios las palizas eran habituales. En “La naranja mecánica” los muchachos salían ansiosos a las calles a escoger víctimas; en el grupo de zarateños, por su parte, se celebraban las peleas. “Tres noches seguidas a las piñas, si no hay piñas no pudo haber sido alta noche. Jajajaja” escribió en su Twitter, días antes, Lucas Pertossi, uno de los acusados del homicidio. En ambas “historias” hubo delitos preexistentes, pero nadie los advirtió. ¿Qué pasa con los  mecanismos de control ante este tipo de conductas antisociales?

“Una de las características de estas patotas es la ausencia de culpa. Para ellas, la persona agredida es algo que está fuera de lo humano -ya sea por su color de piel, por su identidad de género o por su orientación sexual-, ergo, no merece preocupación alguna”, afirma Stola. El dato no es menor si se tiene en cuenta que -según dichos de testigos- mientras los rugbiers golpeaban a Fernando, también lo insultaban: “Te vamos a matar, negro de mierda”. El joven era de tez morena. A mayor abundancia, las pericias realizadas a los teléfonos celulares de los imputados, develaron que uno de ellos ordenó llamarse a silencio vía WhatsApp: “No escriban más que lo matamos”.  De igual modo, y siguiendo con la analogía, las víctimas de Alex y sus compañeros eran portadoras de características particulares: personas mayores, borrachas, niñas y académicos. Nada quedaba librado al azar.

Para finalizar, una última cuestión interesante: la pandilla Burgess, después de cada crimen, se dirigía a algún bar a beber leche y comer algo dulce; los rugbiers, en la misma línea, luego de acabar con Fernando fueron a un local de comidas rápidas a desayunar. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia…

Opinión de expertos: El brutal crimen de Fernando Báez Sosa, un nuevo impacto de la “masculinidad tóxica” Un informe de la OPS reveló que uno de cada cinco hombres muere antes de las 50 años por efecto de la violencia machista.

https://www.clarin.com/sociedad/brutal-crimen-fernando-baez-sosa-nuevo-impacto-masculinidad-toxica-_0_N0QyG1e0.html

Clarin, Buenos Aires, 27 de enero 2020

“La violencia machista puede ser no sólo contra las mujeres y otras identidades de género, sino que también se expresa como violencia intra-género. Los varones con mayor poder económico, político, de fuerza, o de estatus someten y subordinan a otros varones, a veces incluso hasta la muerte. Es una violencia machista intra-género que busca ser disciplinadora: los otros deben someterse a lo que los machos dominantes quieren o recibirán castigos ejemplares”, dice el médico psiquiatra Enrique Stola.

Los alcances de la violencia machista contra los propios varones volvieron al centro de la conversación pública luego del asesinato a golpes de Fernando Báez Sosa​, un adolescente de 19 años, a la salida de un boliche de Villa Gesell. Hay diez jóvenes -todos hombres- de entre 18 y 21 años detenidos e imputados por homicidio agravado. Todos son de Zárate y todos son rugbiers. Para exigir justicia por Fernando, hubo manifestaciones en Gesell, Pinamar e incluso delante de la casa familiar de los Báez Sosa, en Recoleta.

“El patriarcado, que ejerce violencia contra las mujeres, también nos lastima, nos humilla y nos mata a nosotros. El caso de Villa Gesell demuestra que el patriarcado no se nutre sólo de varones, sino que entran en juego diferentes categorías: si sos varón cis o trans es distinto, si sos hétero o cualquier otra disidencia, si sos clase alta o baja, o blanco, negro o inmigrante, aparecen ahí dominaciones que no son la del varón sobre la mujer”, dice Juan Pablo Cucciniello, miembro de la organización Varones Antipatriarcales.

“Los varones también pueden ser víctimas de la violencia machista. Esto se da cuando quienes se sienten más privilegiados por tener recursos económicos, ser más blancos, tener más educación o estar en grupo provocan peleas en las que descargan violencia en forma desmesurada y desenfrenada. Esa es otra forma de mostrar su poder como hacen con las mujeres, a quienes llegan a asesinarlas”, dice Mabel Bianco, titular de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), y agrega: “Ser pacífico y no patotear en los varones es visto como debilidad“.

Es que los varones, de acuerdo a la noción hegemónica sobre qué es la masculinidad, deben cumplir con ciertos mandatos. Según el documento “Varones y masculinidad(es): herramientas pedagógicas para facilitar talleres con adolescentes y jóvenes” que acaba de editar la Iniciativa Spotlight y la organización Masculinidades y Cambio Social, algunos de esos mandatos son participar de juegos de competencia en los que medie la violencia, ser protector, ser procreador, ser fuerte, ser heterosexual y ser autosuficiente.

Ese mismo documento, sostenido por la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea, se pregunta: “¿Se pueden construir otras maneras de habitar la masculinidad que no estén ligadas a formas de violencia y humillación?” y sostiene que “reconocerse varones muchas veces incluye el despliegue de violencia entre varones y contra las mujeres”.

“Los varones pueden aprender nuevas habilidades: todo depende de cómo sean instruidos desde pequeños en sus casas. Cada hombre que se proponga cambiar su situación de privilegio deberá estar revisando las 24 horas cómo ejerce la dominación para la que fue entrenado, y cómo puede renunciar a esa dominación”, sostiene Stola. Para el psiquiatra, esa renuncia “hará que todos seamos más libres”. La Educación Sexual Integral -que es ley desde 2006 pero que se cumple muy escasamente- es para el especialista una herramienta “que posibilita el análisis de los roles en la sociedad y que enseña a respetar los cuerpos, las decisiones y los derechos de los otros”.

“Tenemos que tanto en la escuela, a través de la ESI, como en los medios de comunicación y en la vida cotidiana en general promover un modelo en el que ser varón implique ser respetuoso de los otros y elimine la idea de que ser varón es imponerse y castigar a quienes no obedecen o reconocen un poder mayor”, suma Bianco.

“Esta crueldad que llevan adelante los varones sostiene un sistema injusto”

comercioyjusticia.info/blog/mundopsy/esta-crueldad-que-llevan-adelante-los-varones-sostiene-un-sistema-injusto/

23 de enero 2020

Así lo indicó el médico, psiquiatra y socio-psicodramatista Enrique Stola, al analizar las implicancias del caso del joven asesinado a golpes en Villa Gesell

 

 

Luz Saint Phat lsaintphat@comercioyjusticia.info

El caso de Fernando Báez Sosa, el joven de 19 años asesinado a golpes en Villa Gesell por un grupo de varones también jóvenes, conmovió estos días al país por la gravedad de lo sucedido pero también porque puso en el centro del debate las múltiples formas de violencia que existen en las sociedades que habitamos.

La crueldad de esta tragedia ha provocado intensos análisis sobre la forma de socialización de los más jóvenes , en el marco de un sistema social que presenta enormes injusticias, muchas de las cuales quizás no han logrado capturar la atención masiva pero que sin duda poseen la misma gravedad.

Sobre este tema, Comercio y Justicia dialogó con el médico, psiquiatra y socio-psicodramatista Enrique Stola, quien abordó la cuestión de las violencias desde una mirada que tiene en cuenta la perspectiva de género y las formas de socialización imperantes históricas y actuales.

“Si queremos entender lo que ha sucedido en Villa Gesell -y lo que cotidianamente sucede en cuanto a ataques de grupos de hombres a otros hombres, a mujeres o a miembros del movimiento LGTBIQ+-  tenemos que tener en cuenta que están presentes prejuicios y creencias que tienen que ver con el género, la raza, la orientación sexual y la clase social”, afirmó el especialista en conversación con este medio, y agregó que “estos prejuicios y creencias siempre tienen una fuertísima carga afectiva que hacen a la idea y vivencia de una supremacía moral, de una supremacía racial que es blanca, de una supremacía de clase y de una supremacía sexual que es heterosexual en nuestras sociedades”.

“En las sociedades occidentales -explicó el médico psiquiatra- estas ideas tienen mucha historia, pero en nuestra América tenemos que contar desde la colonización porque impuso el modo de pensar europeo”.

Sobre la base de este análisis histórico, Stola señaló que en “las sociedades que actualmente vivimos, hay varios factores que influyen en la socialización de los varones”. En este sentido, precisó que “en general, los varones somos socializados en el rol del dominador porque toda la sociedad está organizada según la mirada masculina y, además de eso, poniendo siempre la figura masculina por sobre las mujeres y otros cuerpos feminizados por el patriarcado”.

En tanto, detalló que “otros hechos que aportan a la socialización de los varones -una socialización absolutamente negativa-  están relacionados con todos los rituales en donde los varones tienen que presentar su hombría, o sea la fuerza, la destreza corporal, el imponerse como machos hacia otros varones u otras mujeres, el imponerse sexualmente”.

En este sentido, el psiquiatra indicó que es fundamental también observar cómo se educa sexualmente a los varones, poniendo énfasis en que “se los educa a través de la pornografía porque no existe una educación sexual integral (ESI)  que llegue hasta la universidad”, por lo cual se forman en “un sexo que está orientado y se muestra sólo hacia la satisfacción del varón”.

A modo de ejemplo, Stola detalló que “solemos ver situaciones en donde las jovencitas, hoy mujeres adolescentes, suponen de que son libres sexualmente por llevar adelante su actividad sexual pero no tienen conciencia de que la están llevando adelante en función del interés masculino, precisamente porque no han tenido la educación sexual integral que es necesaria para entender cómo se desarrolla la sexualidad y lo que es el respeto por los cuerpos”.

En particular referencia a la práctica deportiva, tomando como contexto que quienes se encuentran imputados por el asesinato de Báez Sosa formaban parte de un equipo de rugby, Stola indicó que los factores mencionados “producen una determinada forma de ejercer el deporte”. No obstante, detalló que es importante señalar que “hay mujeres que practican rugby y no andan violando, no andan golpeando a otras mujeres, ni a los varones, no andan insultando ni mostrando poder”, lo cual revela que  “es posible jugar al rugby y sostener sus reglas de otra manera”, aunque “tal como la muestran hoy en gran parte de los equipos es de una forma absolutamente machista”.

En este marco, el entrevistado sintetizó que “la forma de comportarse hoy de los varones es un problema de esta sociedad contemporánea que tiene su historia – que esperemos que podamos modificarlo- pero que en cada acto, en cada ejercicio de su masculinidad, estos varones hacen caso a ese mandato que el patriarcado exige y cuando llevan al acto o a la acción (cuando golpean o descalifican) están todas las supremacías presentes”.

“Esta crueldad que llevan adelante los varones sostiene un sistema injusto, sostiene un sistema en donde los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez son más pobres, sostiene desigualdades y, sobre todo,  esta crueldad sirve para jerarquizar la diferencia que existe entre los cuerpos, entre varones reconocidos como heterosexuales y los demás varones feminizados por el patriarcado o las mujeres, cuerpos trans o travestis, etc”, dijo.

En relación a cómo puede pensarse a partir de estas reflexiones las políticas públicas y las políticas educativas, Stola observó que “se suele decir que la educación es la forma de modificar esto pero ¿qué educación? ¿la que estamos recibiendo hoy? Porque esta es una educación que produce este tipo de machos y produce jovencitas dependientes, niñas dependientes. Entonces necesitamos una educación sexual integral pero tenemos amplios sectores que se oponen”.

En este sentido, el médico indicó que la ESI brinda la posibilidad de que desde la infancia se aprenda a respetar el cuerpo propio y el de otros, estableciendo “relaciones democráticas” y conformando “grupos democráticos y respetuosos de los demás grupos”. “Lo cierto es que lo que pasó en Villa Gesell va a volver a ocurrir gracias a estos sectores que están horrorizados pero que no hacen absolutamente nada para modificar la educación”, aseguró.

MOVILIZACIÓN

Convocan a una sentada pacífica para pedir justicia

La familia y los amigos de Fernando Báez Sosa convocaron para hoy a una sentada pacífica en reclamo de justicia.

El encuentro, que fue difundido por el Centro de Estudiantes del Colegio Marianista a través de la red social Instagram, fue convocado para las 18 de este jueves en la puerta de la casa donde vivía el joven, en la avenida Pueyrredón al 1800, en el barrio porteño de Recoleta.

“Tratemos de estar todos ahí para seguir pidiendo justicia y memoria por Fer #JusticiaPorFer”, indicó el texto dirigido al alumnado, que se marchará desde la puerta del colegio a las 17.

En tanto, ayer a la mañana las paredes de la institución de Caballito aparecieron cubiertas de carteles con la cara del joven y la leyenda “Justicia por Fernando, asesinado en Gesell”.

Una sociedad que cuestiona a la madre pero absuelve al padre: las críticas públicas a Pampita por la crianza de sus hijos reabren el debate

El escándalo mediático por las acusaciones de su ex niñera colocó a la modelo en el centro de los cuestionamientos sobre su maternidad. Y todo esto mientras Benjamín Vicuña quedaba al amparo de cualquier crítica de la opinión pública. La doble exigencia a la mujer y la imagen de hombre proveedor. La opinión de dos especialistas.

Por Lorena Lalín. Publicado en INFOBAE, Teleshow, 9 de enero 2020.-

https://www.infobae.com/teleshow/infoshow/2020/01/09/una-sociedad-que-cuestiona-a-la-madre-pero-absuelve-al-padre-las-criticas-publicas-a-pampita-por-la-crianza-de-sus-hijos-reabre-el-debate/

Pampita junto a Viviana Benítez en su casamiento
Pampita junto a Viviana Benítez en su casamiento

La maternidad es la más importante de todas las profesiones. Exige más conocimientos que cualquier otro asunto relacionado con el hombre, señalaba la activista feminista estadounidense Elizabeth Cady Stanton a mediados del siglo XIX, en tiempos donde la mujer intentaba ganar mayor espacio profesional. Si bien con el paso de las décadas muchos derechos exigidos son una realidad concreta -aunque otros tantos siguen en el haber-, todavía hoy la mujer continúa bajo una sociedad patriarcal que establece en la madre la responsabilidad absoluta de crianza de sus hijos, provocando fuertes crisis profesionales en quienes también intentan desarrollar su costado laboral.

Días atrás, el caso de Carolina Ardohain abrió un debate poco antes desarrollado. Una niñera que -con sus argumentos- realiza una serie de reclamos ante su empleadora, quien además de ocuparse de tres niños sostiene una carrera profesional desde hace dos décadas.

A ella se le exige públicamente que responda sobre el tiempo que le dedica a sus hijos, que sostenga la maternidad sin errores ni espacios vacíos. Debe explicar, además, dónde se quedan sus niños cuando realiza sus viajes, ya sean por trabajo o por placer. Y por supuesto, también tiene que lidiar con los parámetros del éxito que marca su mercado laboral, tanto en su rol de modelo como conductora de televisión.

Ahora bien, esta sociedad patriarcal no le recrimina al padre de esos niños la misma responsabilidad que le endilga a la madre. Así, mientras Pampita era juzgada por millones de espectadores en pleno litigio con Viviana Benítez, Benjamín Vicuña se encontraba en Chile desde hacía varias semanas, realizando una serie en su país natal, lejos de los conflictos que pusieron en el tapete a su ex mujer, y a miles de kilómetros de sus hijos. A salvo, al fin, de cualquier reproche.  Pero entonces, ¿por qué la sociedad aún reclama que la mujer afronte las exigencias tanto en la maternidad como en su desarrollo profesional, mientras que al hombre se le permiten fallas y ausencias en la paternidad, sin reclamos ni pedido de justificaciones, a la vez que se desarrolla en el plano laboral?

“Las sociedades siguen estando organizadas en función de los intereses y la mirada masculina: todavía existe la imagen de hombre proveedor, donde lo más importante es que aporte económicamente al grupo familiar -señala el médico psiquiatra Enrique Stola, especialista en temáticas de género, en diálogo con Teleshow-. Mientras tanto, hay una fuertísima exigencia a las mujeres, donde no solo deben aportar económicamente sino que además deben ser el sostén de sus hijos e hijas”.

“Hoy se exige que las mujeres cumplan ese doble rol de trabajar fuera y dentro de la casa, además de ser excelentes madres y no equivocarse en nada. Al hombre no se lo cuestiona en su rol paterno porque en una sociedad patriarcal son ellos los juzgadores que no irán en contra de sus propios intereses, ni tampoco lo van a discutir las mujeres colonizadas por el machismo que sostienen la mirada masculina. Pero en realidad, tanto la ausencia o presencia de la madre, como la del padre, son muy importantes en la educación de los hijos”.

“Hay elementos en la sociedad que estamos deconstruyendo, que todavía insisten en el imaginario. Uno de ellos es el concepto de que los hijos son de la madre, y que por ese motivo ella es la única responsable“, sostiene la psicóloga María Rosa Nicatore. Luego de advertir que este “concepto ubica a los niños en lugar de objetos, cuando la responsabilidad y su crianza del niño es compartida”, Nicatore reafirma la importancia del proceso de desconstrucción que se desarrolla en la actualidad: “Es un proceso de volver a construir con los elementos que quedaron disponibles, no es una destrucción de lo que estaba”.

La mujer está siempre en situación de examen. Como profesional, mujer o madre le van a exigir más que al hombre, incluso sexualmente se le va a exigir más. Pero quien está exigiendo es lo masculino, esta forma de organización social en función de los intereses del hombre -añade Stola-. Muchísimas mujeres logran romper con ese mandato de exigencia que la sociedad machista le impone, pero muchas veces tienen que trabajar la culpa que surge por no estar cumpliendo esta exigencia de ser supermujeres en cada uno de los momentos de la vida”.

Ambos profesionales coinciden en la obligación de que las mujeres den respuestas por todas sus decisiones, y al ser ubicada en ese lugar, queda “expuesta, juzgada y mirada”. La terapeuta señala que nadie se pregunta qué pasa con esos hijos que observan ese comportamiento hacia su madre: “Los niños son olvidados, nadie se pregunta qué han de sentir cuando lean este juzgamiento público”.

Nicatore resalta una nueva mirada, propia de estos tiempos. “En este caso (el conflicto de Pampita con su niñera) hubo pronunciamiento a favor y otro en contra, y esto es algo positivo:hace unos años hubieran sido solo críticas. Sin embargo, se pronunciaron muchas voces defendiendo el derecho a la intimidad de la modelo, aunque no tantas hablando del derecho de una mujer a compartir su tiempo con su maternidad”.

“Hay una visión de que no importa lo que pase en la vida de una mujer: tiene que sufrir como una madre, tiene que dar la vida por sus hijos, tiene que renunciar a todo por la familia. Esos mandatos siguen estando muy vigentes, y se expresan también en muchos de los cuestionamientos que le hace la sociedad a las mujeres que tienen vidas púbicas”, alerta Stola.

Muchos profesionales han intentado a lo largo de las décadas romper con los mitos de la “madre todopoderosa” y el rol de la mujer ha sido analizado desde distintas disciplinas. “Donald Winnicott -prestigioso pediatra, psicólogo y psiquiatra inglés de principios del siglo XX- sostenía que la madre tenía que ser lo suficientemente buena. Y una madre lo suficientemente buena es una madre que puede también tener un espacio entre ella y todas sus vivencias -agrega la psicóloga-. En todo caso, serán sus hijos quienes podrán pedir cuenta de eso cuando sean grandes

Nicatore enfatiza la importancia de la realización personal y profesional de las mujeres, que permitan poder sostener una vida propia más allá de la figura de sus hijos: “¿Por qué suponer que lo mejor para un niño es quedar al cuidado de su madre, bajo su ala de su madre? En realidad, un apego excesivo favorece la aparición de diversas patologías”.

Stola aporta una mirada novedosa: considera que sería importante que las mujeres con perfil público comiencen a negarse de hablar o rendir explicaciones cuando son consultadas sobre su vida privada. “Así como la lucha de las feministas ha logrado hacer que se valorice el ‘no’ en diversos aspectos de la vida social de las mujeres, aquellas que tienen una alta exposición social también deberían decir: ‘No vamos a acceder a las preguntas que nos hacen los machirulos periodistas o las periodistas que tienen una visión machista de la vida, no vamos a aceptar dar respuesta a aquellas preguntas que nos colocan en una situación de alto nivel de exigencia’”, argumenta.

Vivimos en una sociedad que en muchos aspectos sigue queriendo a la mujer en la casa, con un rol fijo y preestablecido, porque esto genera certidumbres, cuando en realidad la vida consiste en transitar incertidumbres. Es un modelo patriarcal y autoritario; así no es la vida”, afirma Nicatore: “Para deconstruir hay que derribar las certezas que a lo largo de la historia determinaron las conductas esperadas para cada uno de nosotros y para cada género en particular”.

 

Stola es determinante en su conclusión: “Ninguna mujer debe dar explicaciones sobre cómo lleva adelante su vida, cómo cría a sus hijos, cómo utiliza su tiempo, cuánto le dedica a su vida profesional, a sus hijos, a su grupo familiar, a su pareja o a su amante”.

 

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