Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

Categoría: Masculinidades

Femicidio en Catamarca: “No es gente enferma, sino que tiene una formación machista importante” Dos médicos psiquiatras consultados por Clarín reflexionan sobre los femicidios luego del crimen que se conoció este lunes.

Clarín, 2 de marzo de 2020

Naim Vera, de 19 años, asesinó a su novia Brenda Micaela Gordillo.

La mayoría de los asesinos es gente normal, que está entre nosotros, en una conferencia, en el supermercado, en una heladería”, afirma el médico psiquiatra Enrique Stola. “Se trata de gente normal, que no es enferma ni psicótica, sino que tiene una formación machista importante, que siente que el cuerpo de la mujer les pertenece“.

¿Cómo explicar un crimen en el que un joven de 19 años asfixió a su novia y quemó sus restos en una parrilla? “Habla de la juventud, inmadurez e ignorancia de un pibe violento que no tuvo tiempo de desarrollarse, de crecer y que, de repente, se vio desbordado por la situación, pero no por haberla matado, sino por querer salvarse“.

El profesional hace foco en el femicidio de Brenda Micaela Gordillo, de 24 años, a manos de su novio Naim Vera, de 19, que confesó haber quemado en una parrilla los restos de la víctima antes de arrojar algunas partes del cuerpo en un contenedor de basura y otras, a la ruta.

Los padres del femicida Naim Vera pidieron perdón a la familia de la joven asesinada

Stola piensa que estamos equivocados “si pensamos que violentos así no nos podemos cruzar en cada momento en nuestra vida diaria. Yo vengo de una conferencia de cien personas, por ejemplo, y las estadísticas indican que en un grupo que asiste a una charla como ésa, entre el 30 y el 60 por ciento de las mujeres asistentes sufrió alguna agresión, acoso o abuso sexual“.

El especialista, que señala que se vive en una sociedad patriarcal y machista, está convencido de que no se detecta al violento o al acosador a simple vista. “Podemos ser engañados, sino basta con leer en las noticias recientes sobre el comportamiento de un acosador serial como es el cantante Plácido Domingo quien, detrás de su imagen señorial esconde a un ser horrible“.

Casos como el que conmocionó a la provincia de Catamarca “tiene como responsables a gente de a pie, no son monstruos, ni bestias, ni enfermos -enfatiza-, se trata de los machos que nuestra sociedad está produciendo cada día“.

Pero, ¿cómo se llega a semejante nivel de violencia?, se le vuelve a consultar, a lo que Stola responde que tiene que ver con “la precarización de la vida producto de las frustraciones personales,que generan primero impotencia y luego una violencia inusitada”.

Los tiempos de empoderamientos femenino, del lugar que la mujer fue ganando y recuperando en estos tiempos “no es bienvenido por los hombres violentos, que no soportan que la mujer sienta que tiene los mismos derechos, o que tenga conciencia de su posibilidad de decir que no, o advierta que ya no necesita estar atada a un hombre”.

Asiente Nora Leal Marchena, médica psiquiatra que, en sintonía con Stola, subraya en la peligrosidad del hombre inseguro, “al que le brota un nivel de violencia desmesurada cuando le cambian los roles y surge el disciplinamiento social. Es decir que, cada vez que aparezca una mujer asesinada, aparecerá un macho que en su casa dice ‘Te va a pasar lo mismo’.“.

Leal Marchena remarca “el altísimo nivel de violencia, pero hasta en lo más sencillo y cotidiana, como es frenar cuando el semáforo pasa de amarillo a rojo y vemos todos los días cómo se acelera para ganar un segundo. Tenemos que preguntarnos qué pasa con los vínculos sociales o en qué quedaron“.

Puntualmente en el caso de Catamarca, “cuesta entender una reacción atroz sin conocer a la persona, pero acá hubo bronca, saña, celos y lo que viene después es ‘cómo hago para salvarme‘, para intentar entender que el asesino podía deshacerse de un cuerpo quemándolo en la parrilla”.

La profesional hace foco en lo infrecuente de que “un joven de 19 años mate y mate de esa forma, con semejante nivel de violencia. ¿Qué habrá pasado por la cabeza de ese chico? ¿Qué nivel de frustración arrastra? Y también es importante destacar el instante de lucidez de su entorno, aparentemente de su padre y abogado, quienes lo llevaron a la comisaría para que confiese”.

Leal Marchena concluye que “el asesinato de esta jovencita, como el de Fernando Báez Sosa, sólo hablan del desastre fenomenal que estamos atravesando, donde el espiral de violencia aumenta porque el Estado está ausente y se incrementa la violencia por mano propia y, también, por la anulación de la persona. No existe la persona, se la atropella

 

https://www.clarin.com/sociedad/femicidio-catamarca-gente-enferma-formacion-machista-importante-_0_6u0ZA5uG.html?fbclid=IwAR1HvlwxP-GVJyuoq0JGpyEsmyP0u4JFlsgmAwdApjlXuJIYLotCu7hP3-Y

Vínculos peligrosos ¿Relaciones “tóxicas”? Cómo detectar manipulación en la pareja

El psiquiatra especialista en género Enrique Stola, dice que nuestra cultura, de manipulación y sometimiento, condiciona la manera de relacionarnos.

Manipular es someter a la otra persona a los intereses propios, haciéndole sentir y creer que son suyos, o de los dos. El psiquiatra especialista en género Enrique Stola explica que no es fácil darse cuenta: “Cuando hay implicación afectiva también hay mucha confianza depositada en la pareja​. Generalmente pasa tiempo hasta que la persona manipulada sienta que hay algo que ‘no cierra’, que confunde mientras el displacer crece”.

Detrás del aparente consenso, las decisiones arbitrarias y frases como “es lo mejor para los dos” pueden hacernos reflexionar sobre si realmente decidimos las cosas o si nuestras prioridades y opiniones cuentan (¿alguna vez lo hicieron?), desde cuestiones mínimas como qué comer, hasta las más importantes, como en qué destinar los ahorros comunes.

De todos modos, y según el psiquiatra, todos estamos entrenados socialmente para dominar y manipular, por lo que podemos encontrarnos con dos tipos (como mínimo) de personas en el ejercicio de la manipulación:

  1. Personas que no tienen conciencia del grado de manipulación que ejercen. Buscan ser protectoras y creen de buena fe que cada acción que realizan es para el bienestar de su pareja o familia. Reaccionan al ponerles límites.
  2. Personas con plena conciencia sobre su manipulación que son peligrosas para el desarrollo de una vida saludable y feliz.

Según Stola, lo primero es tener muy en claro nuestros propios deseos e intereses, analizar la historia del vínculo y evaluar si los cambios que experimentamos a lo largo del tiempo fueron lo que nosotros esperábamos, y no el cumplimiento del deseo del otro.

El especialista cuenta que estar junto a una persona manipuladorasuele ser resultado de un proceso de creciente malestar y el análisis de una sensación repetida: “¿por qué me siento tan mal si parece que todo está bien?”

“Si no podemos poner distancia porque la implicación afectiva lo dificulta, lo mejor es hablar con otras personas que hayan pasado por lo mismo o comenzar una terapia personal a fin de fortalecernos y poder poner límites. La terapia de pareja no es lo indicado en estos casos dada la asimetría de poder que se ha construido entre dominador y dominado. Algunos dominadores ejercen su manipulación haciéndose las víctimas (de enfermedades, o de injusticias laborales o familiares). Frente a él, hay que buscar la manera de fortalecerse, analizar sus mecanismos de dominación, el por qué logra manipularnos y tomar una decisión en cuanto a un nuevo contrato de pareja o una separación”, concluye.

Estamos "entrenados socialmente" para dominar y manipular, según el psiquiatra. Foto: Shutterstock

Estamos “entrenados socialmente” para dominar y manipular, según el psiquiatra. Foto: Shutterstock

Relaciones ¿tóxicas?

“Hay términos que califican fuertemente, pero impiden la comprensión de los fenómenos que debemos analizar, y toxicidad es uno de ellos”, dice Enrique Stola.

La “toxicidad” es un término usado popularmente y en libros de autoayuda y superación personal para hacer referencia a la “masculinidad” y los “vínculos tóxicos”. El psiquiatra especialista en género cuenta a Entremujeres Clarín que está en desacuerdo con su uso porque considera que invisibiliza los procesos socio-culturales, las construcciones grupales y las historias personales detrás de la problemática.

La manipulación existe en cualquier pareja, pero en las heterosexuales predomina en el ejercicio de poder masculino. No hay una ‘masculinidad tóxica’, lo que hay es un dispositivo social de dominación masculina que opera en la sociedad patriarcal, se relaciona con el desarrollo de la estructura económica, la segregación por clases sociales, la valorización de la heterosexualidad y la descalificación de cualquier otra orientación. Produce machos dominantes y una exigencia de subordinación en las mujeres e integrantes del movimiento LGTBIQ+, los pueblos originarios y las minorías étnicas”, reflexiona.

Consecuencias de ser manipulado

El especialista lista algunas consecuencias que genera la manipulación:

  • Disminución o aniquilación de la autoestima.
  • ​Disminución de la atención.
  • Pérdida de vínculos sociales, laborales, amistades y familiares.
  • ​Trastorno del estado de ánimo.
  • ​Depresión.
  • Problemas físicos.

El psicólogo explica que la manipulación se hace evidente en nuestro cuerpo: “Muchas veces éste ‘denuncia’ y ‘se queja’ del malestar ante la dominación antes de ser consciente de la situación que vive. La dominación como objetivo y la manipulación como instrumento siempre lesionan derechos, atentan contra la salud psicofísica, contra el buen vivir y nuestra libertad”.

https://www.clarin.com/entremujeres/pareja/-relaciones-toxicas-detectar-manipulacion-pareja_0_irhL9QPg.html

 

No discuto con machistas

En lo personal no discuto con machistas. Es una pérdida de tiempo. La vida es muy valiosa como para gastarla en debates con representantes y activistas del poder patriarcal. En la historia no hay ejemplos de clases sociales o grupos dominantes que hayan renunciado a tal estatus por solidaridad o cuestiones éticas hacia las, les y los dominados, por lo tanto no podemos esperar que el colectivo machista comparta los poderes y redistribuya los bienes por el diálogo y su buena voluntad. Como grupo o sector social, los varones hemos cambiado y cedido parte de nuestro poder solo por el fuerte NO de las mujeres. Siempre luchando ellas han logrado la legalización de cada derecho y su propia habilitación en cada nuevo espacio. Las feministas lo hacen a su manera, cuando y cómo pueden, concientes de que el poder no se pide sino que se ejerce y que cada conquista mejora la vida y las posibilidades todas las mujeres, los varones y del movimiento LGTBIQ+. Recuerdo como ejemplo la lucha de las sufragistas: el colectivo machista (CM) que en su momento se opuso a las exigencias feministas hoy solo es recordado por su crueldad y sus ridículas intervenciones. Dentro de cien años ocurrirá lo mismo con el actual CM: las mujeres estarán viviendo lo conquistado y los varones descendientes de los actuales tratando de no recordar las imbecibilidades que sus bisabuelos y abuelos sostenían.

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

Por Enrique Stola. Publicado en Diario Femenino el 5 de febrero de 2020

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

El psiquiatra feminista Enrique Stola reflexiona sobre la mirada de la sociedad, especialmente de los varones, sobre las violencias

En Argentina el dispositivo de dominación masculina ha dado claros indicadores de su existencia durante enero de 2020 a raíz del asesinato de Fernando Báez Sosa, cometido por un grupo de varones blancos, heterosexuales, de clase media y jugadores de rugby. La pertenencia a ese deporte,  muchas veces asociada con agresiones clasistas-sexistas-racistas en el espacio público, ha sido junto al acto cometido el tema hegemónico de los medios de comunicación y en la sociedad en general.

Hacía tiempo que no leíamos y escuchábamos a tal cantidad de varones expresándose en duros términos sobre sus congéneres. Opinaron acerca de sus reglas morales, manifestaron con agresión sus enojos e hicieron propuestas de castigos para el grupo agresor. Las sugerencias punitivas eran diferentes según la clase social de donde provenían, algunos apuntaban a que por ser los agresores miembros de la etnia blanca y pequeño-burguesa o burguesa “que se pudran en la cárcel” o que sus “colas-blancas” iban a sufrir allí el castigo merecido, sustentando así la cultura de la violación. Otros machos-blancos-de-buenas-familias  pedían pena de muerte o cárcel de por vida.

A veces en forma explícita y otras implícita, los cuestionamientos contra los imputados por el asesinato apuntaban a que rompieron ciertas reglas que deben cumplir en sus peleas los machos-blancos-hetero-burgueses-sexistas: si la víctima está ya en el suelo y derrotado no se lo debe matar, aunque sea “un negro o puto de mierda”. Que un grupo de varones jugadores de rugby representativos de la blanquitud haya roto esa norma,  pone en riesgo la imagen de supremacía moral que viene construyendo la etnia blanca, sexista y burguesa desde 1492 a la fecha y que es un fuerte instrumento de la violencia simbólica operando en el orden social, de ahí la necesidad de castigo y diferenciación.

Claro que esa moral no vale para los varones asesinados por las fuerzas represivas del Estado patriarcal en el llamado “gatillo fácil” ni tampoco cuando el grupo y la víctima son de clase “baja” y  calificada como de “negros”, “putos” o “travestis”. Todas estas muertes se ven como normales, inevitables y en gran medida necesarias para mantener el orden social, de género, racial y capitalista.

Desde el polo macho-dominante intentaron hacer un “control de daños” calificando a los agresores como “un grupo de loquitos”, “adolescentes borrachos”, “quien no se peleó en la juventud”, “los jóvenes en la noche se descontrolan”, “esos rugbier son hijos del poder, los otros rugbier somos diferentes”, “solo son chicos bien y muy unidos que se equivocaron” hasta calificarlos como “intoxicados o portadores de masculinidad tóxica”, todas afirmaciones  que claramente ocultan los mecanismos de dominación masculina.

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

En síntesis, el asesinato de Fernando desencadenó una crisis política en la red de fuerzas machistas dominante y generó un intenso debate sobre el comportamiento de los machos con los otros machos. Quedó claro que los discursos punitivistas y los análisis de los hechos sin perspectiva de género feminista jamás cuestionaron los roles masculinos en relación a las mujeres o al movimiento LGTBIQ+, ni tampoco su relación con la estructura socio-económica-cultural.

Esta crisis política se produjo porque la masculinidad hegemónica está jaqueada por la persistente lucha de las feministas, la precarización de la vida en el contexto liberal-capitalista, la acción de los movimientos sociales, antirracistas, antisexistas y sexualidades disidentes, lo que ha producido resquebrajamientos en varias de sus instituciones machistas que los mantiene en un necesario y permanente reacomodamiento para sostener la eficacia del dispositivo de dominación.

Mientras eso ocurría, las teóricas y activistas feministas estuvieron como siempre muy activas y reconfirmaban la existencia del poder patriarcal, producían textos en el intento de que la población saliera del amarillismo periodístico y comprendiera cómo se expresan los vínculos sociales en la actual relación y entrecruzamiento de las fuerzas dominantes.

Como siempre las feministas intentaron hacer visible que el patriarcado, matriz de todas las dominaciones, no es bueno para nadie y que se debatiera sobre las masculinidades; alertaron sobre cada uno de los ¡34 femicidios! del mes de enero y los nuevos intentos de asesinato de mujeres; lograron hacer visible el asesinato de Roberta, mujer trans en La Plata y el suicidio de Sathya Aldana, de 19 años, abusada por su progenitor desde la edad de 8 años y desprotegida por el Poder Judicial de la provincia de Córdoba; alertaron sobre las nuevas violaciones grupales y la banalización de las mismas en las fiestas de carnaval por parte del gobierno de la Provincia de Corrientes.

¿Ha cambiado algo en nuestra sociedad durante enero 2020? 

Es muy probable que muches mapadres y personas cuidadoras presten ahora atención a juegos y rituales violentos que hasta el momento  no parecían tales y que hacían al entrenamiento del rol masculino en modo dominación, uno de las maneras de integrar de la masculinidad hegemónica. Puede ser que algunas personas hayan tomado conciencia acerca de la violencia intragénero que como forma de disciplinamiento de los cuerpos ejerce la masculinidad patriarcal y también se haya generado una mayor conciencia acerca de la crueldad de la violencia de género o machista extrema.

Mientras tanto la contraofensiva machista tratará de que las relaciones de poder continúen igual, seguirán dificultando la implementación de la Educación Sexual Integral, continuarán con el fortalecimiento del sexismo, del racismo y del odio a lxs pobres, a los pueblos originarios y a las minorías étnicas y a las sexualidades disidentes, pero no podrán  detener el persistente avance de los feminismos ni el fortalecimiento de la democracia, la libertad de les cuerpes y la vida.

 

 

 

Crimen en Villa Gesell: No es el rugby, es la masculinidad hegemónica

Por El grito del Sur, enero 2020 http://elgritodelsur.com.ar/2020/01/rugby-crimen-villa-gesell.html?fbclid=IwAR31IAe-C3Q5I61u-DobDUId-gRG9b6WPKU0mId-MXF74tTY6q92JPKiH1M

El crimen de Fernando Sosa Báez en manos de un grupo de rugbiers abrió una serie de interrogantes sobre el deporte, la violencia y las masculinidades. Enrique Stola, psicoanalista, psiquiatra y especialista en casos de violencia de género habló con El Grito del Sur al respecto. “El sentimiento de machos vencedores está siempre presente” explica.

El asesinato de Fernando Báez Sosa en manos de un grupo de rugbiers desató un debate sobre violencia, deporte y masculinidades. Báez (19) había concurrido el último sábado al boliche Le Brique de Villa Gesell con sus amigos. A la salida fue atacado por un grupo de jugadores de rugby con los que habría tenido un enfrentamiento dentro del local bailable. La autopsia reflejó que la muerte del joven fue resultado de un traumatismo de cráneo a partir de un golpe que provocó sangrado interno.

El fiscal Walter Mercuri de la UFI Nº8 de Madariaga quedó a cargo de la causa caratulada como “homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas”. Mercuri informó que los agresores continuaron atacando a Fernando aún cuando este se encontraba inconsciente en el piso y aseguró que de los 11 detenidos actuales tres o cuatro habrían sido identificados como autores materiales del hecho y podrían recibir la pena de prisión perpetua. Los otros se encuentran imputados por el delito de “co autoría”. Diez de los once se negaron a declarar.

Este caso no es el único de varones cis rugbiers haciendo uso de su violencia. En agosto de 2019 Miguel Facundo Jiménez y Abel Edgardo Moreno asesinaron a Román Darío Paz Gonzáles, por lo cual fueron condenados a tres años de prisión por homicidio preterintencional. En el 2018 en Monte Hermoso Gastón Guido García, atacó por la espalda a Eduardo Emanuel Orta Díaz provocándole un traumatismo craneoencefálico. En el 2017 cinco jugadores de Santa Fé le dieron una paliza a tres jóvenes en «Wallas», un boliche bailable de Rosario. Estos hechos y muchos otros dejan en claro que la violencia de la masculinidad hegemónica encuentra terreno fértil entre vestuarios y terceros tiempos.

“Cotidianamente vemos que los varones atacan a mujeres, travestis, trans, homosexuales y lesbianas además de ejercer una violencia intragénero hacia otros varones que torturan y matan. No es el deporte el responsable sino la masculinidad hegemónica que le da al rugby cierta identidad ligada a la violencia, a las clases sociales altas y a la indiferencia sobre el sufrimiento” explicó a El Grito del Sur Enrique Stola, médico, psiquiatra, psicoanalista y especialista en casos de violencia de género. «Allí donde pueda expresarse la masculinidad hegemónica lo va a hacer de forma violenta, dominante hacia todos los que estén en una posición de subordinación, incluso sus congéneres”.

El funcionamiento de clan, cofradía o grupo que avala el accionar violento también está ligado a una construcción arquetípica del varón cis heterosexual. En su articulo “Hombres, masculinidades y homofobia: apuntes para la reflexión desde lo conceptual y de lo político” Marcos Nascimiento habla de la “vigilancia de género”. Este término alude a que muchos hombres actúan de manera violenta no solo para cumplir con los rituales del estereotipo patriarcal sino para forzar a la complicidad a quienes no se adecúan totalmente a este modelo. Así la búsqueda de pertenencia  los empuja a responder al ideal machista, patriarcal, violento y homofóbico.

“La pertenencia a todo grupo fortalece la impunidad, pero en estos casos y en estos grupos lo que produce la pertenencia es estimular los aspectos más negativos de la masculinidad. Cada uno de los miembros actúa como si estuviera rindiendo examen y poniendo en juego su hombría” agrega el psicoanalista. “La dominación patriarcal en occidente es blanca, capitalista, heterosexual y masculina. Cuando el grupo está actuando actúan todos los prejuicios de clase de género, clase, raza y orientación sexual por los cuales ubican a las personas agredidas dentro de una clase social inferior. El sentimiento de omnipotencia, de hombría, de machos vencedores está siempre presente”.

Stola hace énfasis en que la educación sexual es el punto neurálgico del cambio social y que lo ocurrido solo es un reflejo de una sociedad patriarcal «Es claro que hubieran disminuido la posibilidad de un comportamiento así si estos chicos se hubieran criado en una concepción respetuosa del cuerpo de los otros. Estos son los varones que estamos produciendo, no son monstruos, son los adolescentes que generamos como sociedad, y en la medida que no se implemente la educación sexual integral con perspectiva de género esto va a seguir ocurriendo. Veo a muchos horrorizados por lo que pasó sin ver que son la razón de aquello que están acusando, lo que están sosteniendo desde su religión y sus valores».

 

Opinión de expertos El brutal crimen de Fernando Báez Sosa, un nuevo impacto de la “masculinidad tóxica”

Un informe de la OPS reveló que uno de cada cinco hombres muere antes de las 50 años por efecto de la violencia machista.

https://www.clarin.com/sociedad/brutal-crimen-fernando-baez-sosa-nuevo-impacto-masculinidad-toxica-_0_N0QyG1e0.html?fbclid=IwAR3YoR7fswqyELUySVnxnJ4srqNQGasx2mAtaw93IzY6Fi5IP8rSABFUR3E

Publicado por Clarín, 27 de enero de 2020

“La violencia machista puede ser no sólo contra las mujeres y otras identidades de género, sino que también se expresa como violencia intra-género. Los varones con mayor poder económico, político, de fuerza, o de estatus someten y subordinan a otros varones, a veces incluso hasta la muerte. Es una violencia machista intra-género que busca ser disciplinadora: los otros deben someterse a lo que los machos dominantes quieren o recibirán castigos ejemplares”, dice el médico psiquiatra Enrique Stola.

Los alcances de la violencia machista contra los propios varones volvieron al centro de la conversación pública luego del asesinato a golpes de Fernando Báez Sosa​, un adolescente de 19 años, a la salida de un boliche de Villa Gesell. Hay diez jóvenes -todos hombres- de entre 18 y 21 años detenidos e imputados por homicidio agravado. Todos son de Zárate y todos son rugbiers. Para exigir justicia por Fernando, hubo manifestaciones en Gesell, Pinamar e incluso delante de la casa familiar de los Báez Sosa, en Recoleta.

Un informe difundido en noviembre del año pasado por la Organización Panamericana de la Salud dio cuenta de que uno de cada cinco hombres muere antes de los 50 años por el impacto de la llamada “masculinidad tóxica”. Ese estudio destacó que los varones tienen “un mayor riesgo de morir” y que su esperanza de vida es 5,8 años menor a la de las mujeres “en parte porque las expectativas sociales contribuyen a los comportamientos de búsqueda de riesgos”. El mismo estudio encarado por la organización regional asegura que la violencia machista contribuye a, entre otras consecuencias, tasas más altas de suicidio y homicidio entre los varones.

“El patriarcado, que ejerce violencia contra las mujeres, también nos lastima, nos humilla y nos mata a nosotros. El caso de Villa Gesell demuestra que el patriarcado no se nutre sólo de varones, sino que entran en juego diferentes categorías: si sos varón cis o trans es distinto, si sos hétero o cualquier otra disidencia, si sos clase alta o baja, o blanco, negro o inmigrante, aparecen ahí dominaciones que no son la del varón sobre la mujer”, dice Juan Pablo Cucciniello, miembro de la organización Varones Antipatriarcales.

“Los varones también pueden ser víctimas de la violencia machista. Esto se da cuando quienes se sienten más privilegiados por tener recursos económicos, ser más blancos, tener más educación o estar en grupo provocan peleas en las que descargan violencia en forma desmesurada y desenfrenada. Esa es otra forma de mostrar su poder como hacen con las mujeres, a quienes llegan a asesinarlas”, dice Mabel Bianco, titular de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), y agrega: “Ser pacífico y no patotear en los varones es visto como debilidad“.

Es que los varones, de acuerdo a la noción hegemónica sobre qué es la masculinidad, deben cumplir con ciertos mandatos. Según el documento “Varones y masculinidad(es): herramientas pedagógicas para facilitar talleres con adolescentes y jóvenes” que acaba de editar la Iniciativa Spotlight y la organización Masculinidades y Cambio Social, algunos de esos mandatos son participar de juegos de competencia en los que medie la violencia, ser protector, ser procreador, ser fuerte, ser heterosexual y ser autosuficiente.

Ese mismo documento, sostenido por la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea, se pregunta: “¿Se pueden construir otras maneras de habitar la masculinidad que no estén ligadas a formas de violencia y humillación?” y sostiene que “reconocerse varones muchas veces incluye el despliegue de violencia entre varones y contra las mujeres”.

“Los varones pueden aprender nuevas habilidades: todo depende de cómo sean instruidos desde pequeños en sus casas. Cada hombre que se proponga cambiar su situación de privilegio deberá estar revisando las 24 horas cómo ejerce la dominación para la que fue entrenado, y cómo puede renunciar a esa dominación”, sostiene Stola. Para el psiquiatra, esa renuncia “hará que todos seamos más libres”. La Educación Sexual Integral -que es ley desde 2006 pero que se cumple muy escasamente- es para el especialista una herramienta “que posibilita el análisis de los roles en la sociedad y que enseña a respetar los cuerpos, las decisiones y los derechos de los otros”.

“Tenemos que tanto en la escuela, a través de la ESI, como en los medios de comunicación y en la vida cotidiana en general promover un modelo en el que ser varón implique ser respetuoso de los otros y elimine la idea de que ser varón es imponerse y castigar a quienes no obedecen o reconocen un poder mayor”, suma Bianco.

No tan machos

Artículo y entrevista realizada por Monica Gutiérrez, INFOBAE 1 de febrero 2020

La golpiza que condujo a la muerte a Fernando Báez Sosa y puso a los diez rugbiers en el centro de una escena de drama y conmoción social develó el costado tabú, el lado B, de la cultura machista: la violencia intragénero.

La práctica de subordinar, humillar, degradar e incluso golpear y matar a otro varón tiene que ver con el mandato de llevar el ejercicio de la masculinidad al máximo. Con la compulsión por reafirmar la condición viril ejerciendo poder sobre otros varones para posicionarse en situación de macho-alfa.

A la crónica diaria que da cuenta de una imparable seguidilla de femicidios, una mujer muerta cada 24 horas de acuerdo a los últimos datos, se suma ahora el relato de salvajes trifulcas y golpizas en las que uno o varios varones atacan a golpes en orden a intimidar, reducir o masacrar a un congénere. Todo parece tener que ver con todo.

Para Juan Branz, autor del libro Machos de verdad, ser hombre y ser hombre “de verdad” implica responder a lo que es tendencia en nuestras sociedades ( patriarcales, machistas, sexistas y homofóbicas). Mandatos que interpretan, adhieren, garantizan y legitiman dentro de un determinado rango la identidad masculina.

“Ser hombre es ser fuerte, vigoroso, proveedor, corajudo, viril. Estos son los atributos que incluyen históricamente a un varón dentro del colectivo hombres. El cuerpo debe exhibir esas características, debe ser visto y reconocido como cuerpo dominante…No se trata solo de modelar el cuerpo, sino de ‘saber ver’ y ‘saber hablar’ sobre el cuerpo masculino”.

Para Branz, quien centra su investigación en los códigos y prácticas de los rugbiers, se trata de “un acto de comunicación, porque es la comunicación lo que da sentido a nuestra cultura y nuestra cultura lo que da forma a nuestras maneras de hacer. Un intercambio de posturas, gestos y palabras en orden a establecer una representación moralmente aceptada de la masculinidad”. Estas son algunas de las conclusiones a los que arriba en su trabajo de investigación sobre la cultura rugbier.

Puede que esta necesidad de mostrar y ser visto explique la compulsión a registrar en vídeos ataques y agresiones de todo tipo, incluidas escenas de sexualidad consentida pero violadas a la hora de su registro y viralización sin consentimiento alguno.

Hoy se habla de “masculinidad tóxica” para señalar las prácticas o conductas exacerbadas o perversas que, inscriptas dentro de lo que muchos varones visualizan como normales o deseables, afectan, violentan o dañan a terceros, cualquiera sea el género al que pertenezcan.

Los especialistas que estudian estas cuestiones aseguran que muchas de estas desviaciones provienen de una educación patriarcal que baja consignas que no se discuten.

“Los hombres no lloran” es una de ellas.

La dificultad para expresar sentimientos o emociones, bajo el riesgo de ser tratado como “poco hombre” suele ser un factor de frustración y violencia contenida en la que anidan y se maceran conductas aberrantes.

Enrique Stola rehuye del término “masculinidad tóxica”. Para el reconocido psiquiatra, la “toxicidad” es una palabra de la terminología médica que lejos de aplicar, oculta que la razón de fondo de esta cuestión anida en la estructura social que prepara a los varones en modo dominación.

Una cultura de posesión en la que todo les pertenece y que los habilita a ejercer el poder sobre los calificados como más débiles. El cuerpo de la mujer como objeto de uso o bien transable; el de otro varón, percibido como más débil, como sujeto a subordinar reforzando en orden a refrendar la condición de macho.

“Los varones que más desestabilizan el sistema son aquellos que pierden el control, tanto del poder económico como el de los cuerpos que dominan”, sostiene Stola.

En este particular momento histórico confluyen de manera simultánea dos factores: la “precarización de la vida” y la ruptura de los modelos tradicionales. “Eso tensa a los machos y el dispositivo de dominación masculina se va reacomodando”, afirma concluyente el especialista.

El recrudecimiento del femicidio se inscribe en este contexto. Y en la medida en que las mujeres van ganando un nuevo espacio en la reivindicación de sus derechos aparece muy visibilizado el ataque y muerte a un varón.

Los varones de este tiempo enfrentan un odioso desafío: repensar su condición masculina escapando al estereotipo de dominación que los obliga a revalidar títulos ejerciendo la violencia física o simbólica sobre mujeres y aún congéneres.

Encuadrar en los paradigmas de este tiempo demanda del común de los varones, nacidos y criados dentro de una cultura patriarcal, un esfuerzo para el que parecen no están preparados.

Descolocados, navegan en el desconcierto sin saber en el mejor de los casos dónde ponerse. Mientras algunos vagan confundidos o desconcertados tratando de encontrar lugar en este nuevo tiempo, otros redoblan la apuesta aferrándose a los mandatos de la cultura patriarcal en la que fueron nacidos y criados.

Analizar lo ocurrido en la fatídica noche de “Le brique” solo desde la lógica de la cultura rugbier o del impacto de los consumos de la noche feroz supone una mirada demasiado estrecha, no alcanza.

Se impone pensar que esta pasando con aquellos que se presumen machos pero que no lo son tanto.

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