Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

Categoría: Violencia del Estado hacia mujeres y niñas

Sin la transformación de los varones el resultado seguirá siendo una mujer asesinada cada día. No alcanza con espantarnos ante cada femicidio. No alcanza el repudio público. El feminismo nos muestra (aunque no queramos ver) que el cambio debe ser mucho más profundo, revolucionario diría yo. ¿De qué parte nos tenemos que hacer cargo? El médico psiquiatra Enrique Stola nos ayuda a entender un poco más de qué se trata todo esto.

06 de marzo de 2021 – 19:41 El próximo 3 de junio se cumplen siete años del primer “Ni una menos”; hoy, matan a una mujer por razones de género cada 23 horas Enrique Stola es psiquiatra, especialista en violencias y nuevas masculinidades

Por Luciano Peralta

Pensar el feminismo como cosa de mujeres es el primer gran error. Tanto como pensar la pobreza como cosa de pobres o la corrupción como cosa de corruptos. No digo que sea un ejercicio fácil, porque no lo es, pero el presente nos interpela a todos, y particularmente a los varones heterosexuales, a animarnos a repensarnos, a poner en crisis los valores y las creencias con las que crecimos, y a actuar en consecuencia.

En eso andamos una marcada minoría, aunque cada vez más grande en número y más consciente de las enormes diferencias que existen entre mujeres y varones. Lo que (nos guste o no, muchachos) nos convierte en privilegiados. Y acá hago un primer aporte: tratemos, los varones heterosexuales, de no enojarnos y seguir leyendo. Porque el enojo, además de ser lógico y entendible, es un mecanismo de defensa.

¡Listo, este ya empezó atacándome, no leo más!, podría ser una respuesta esperable a estos dos primeros párrafos. Pero no, hagamos el esfuerzo y no nos enojemos. Puede ser un buen principio al desafío de entender por qué somos privilegiados y de qué nos tenemos que hacer cargo, como nos reclaman las mujeres a diario, sobre todo después de algún femicidio de esos a los que, lamentablemente, la realidad nos empuja a acostumbrarnos.

Cuestionar los discursos circulantes en la sociedad es parte, o debería serlo al menos, del trabajo de comunicadores y comunicadoras. La palabra es el campo de batalla en el que se da la cotidiana lucha por la construcción de sentido. En el capitalismo, esa disputa ha sido largamente ganada por hombres heterosexuales, dueños del poder económico, político y judicial.

El siglo XX nos enseñó que para ser un “hombre de bien” había que trabajar todo el día (siendo dueño, jefe o simple empleado, es indiferente) y llevar el sustento a casa, sin que importe pasar tiempo con nuestros hijos. Y les enseño a ellas que para ser “una mujer respetada” (por los hombres, claro) debía ocuparse de los niños, de su educación y cuidado, y de los quehaceres hogareños.

Las distintas crisis del capitalismo y las luchas feministas pusieron en jaque ese cuentito, una y otra vez. Pero el poder de reconfiguración es grande. Entonces, si bien se lograron conquistas, como el voto femenino o, más recientemente, el reconocimiento jurídico de figuras como la “violencia de género” o el “femicidio”, lo cierto es que vivimos en una sociedad que somete a las mujeres, que las mata cada 23 horas.

Ahora bien, ¿de todo eso nos tenemos que hacer cargo los varones? Yo, que me considero un buen padre, un buen hijo y un buen esposo, ¿también entro en la lista? La respuesta es: sí. Porque, justamente, se trata de repensar ¿qué es ser un buen padre? ¿cómo se es buen hijo? ¿cómo debería ser un buen esposo?

Abro el juego y pregunto: ¿Por qué me enojo si mi hijo se pinta las uñas? ¿dónde dice que “es cosa de nenas”? ¿qué nos pasa con las “cosas de nena”? ¿Por qué los nenes no lloran? ¿Por qué hay tantos padres separados que no se hacen cargo de los hijos que traen al mundo? ¿Por qué los otros padres no decimos nada? ¿Por qué es la madre la que “tiene” que asumir esa responsabilidad? ¿Por qué no cambian los pañales? ¿Por qué la infidelidad nuestra sigue teniendo cierta aceptación, pero si te encuentro con otro te mato?

Los disparadores para repensar nuestras prácticas de “buen hombre” son infinitos y, por otro lado, es cierto, también, que es imposible cambiar todo de un día para el otro. Pero, por algún lugar hay que empezar. Y entender que las cosas nos son iguales para varones que para mujeres puede ser un gran comienzo.

Enrique Stola es psiquiatra, especialista en violencias y nuevas masculinidade

Enrique Stola es psiquiatra, especialista en violencias y nuevas masculinidade

A eso apunta esta nota. El entrevistado fue el médico psiquiatra feminista Enrique Stola. Se trata de un especialista en psicología clínica, doctorando en filosofía, profesor, experto en género, violencias y abuso sexual, entre otros títulos. El currículum y la trayectoria de Stola son mucho más amplios, pero, sin lugar a dudas, es su capacidad de trasmitir ideas la que lo ha puesto en el lugar de referente al momento de hablar de violencias y “nuevas masculinidades”.

– LP: ¿Por dónde empezamos a hacernos cargo los varones?

ES: No existe una solución, pero sí existen algunos conocimientos que si se ponen en práctica pueden producir algunos cambios. Por ejemplo, es importante que comunicadores sociales, que saben cómo hacerlo, hablen. Como lo hizo Lalo Mir, bienvenido Lalo, pero se tienen que sumar más. Porque lo que ocurre en los medios de comunicación es que, por un lado, hay pocos varones que entiendan qué es la violencia de género. Entonces, en general, cunado hablan de violencia de género se refieren a casos extremos. Segundo, hay pocas mujeres feministas en los medios de comunicación y, en tercer término, no tienen lugar los varones que están trabajando en diferentes partes del país para modificar esta situación. Entonces, los medios fortalecen la idea de que aquellos varones que ejercen violencia extrema son todos loquitos o enfermos. Y no lo son. Aunque colegas psiquiatras, sin formación en perspectiva de género ni en el campo de las ciencias sociales, los califiquen como tales. Estos psiquiatras no hacen más que psiquiatrizar las conductas de los varones que, en realidad, son conductas sociales, culturales. Y en ese ida y vuelta entre sociedad y medios se activa el mecanismo que sostiene: “qué horror es todo esto, pero nosotros no tenemos nada que ver; son ellos, los repudiamos”.

“Los medios fortalecen la idea de que aquellos varones que ejercen violencia extrema son todos loquitos o enfermos. Y no lo son”

– LP: ¿Por qué eso no alcanza?

ES: Si uno analiza lo que es la violencia de género como sistema de dominación, junto a otras dimensiones, como raza y clase, te das cuenta que el sustento de esto es “no las queremos golpeadas”, “no las queremos asesinadas, nos horroriza eso”, pero que sigan subordinadas. Entonces, ese buen hombre que está mirando televisión en su casa mientras su esposa trabaja, está ejerciendo violencia y no lo sabe; no piensa que su pareja no igualitaria -la que no co-gestiona el hogar, si no que esta responsabilidad recae sobre la mujer- tiene que trabajar, como mínimo, tres horas más por día en las tareas de cuidado, entre ellas la de atenderlo a él. Lo que digo es que si este buen hombre se haría cargo de la hora y media que le corresponde, la mujer podría ocupar su tiempo en su propio proyecto personal. Esto, que se multiplica por millones de hogares, es parte del sostén de la dominación masculina.

-LP: ¿La tarea es desnaturalizar lo que para muchos es lo que está bien?

ES: La mayoría de las mujeres, y acá incluyo a otros cuerpos, como trans, trasvestis y no binaries, sufren lo que se llama violencia de baja intensidad, y están acostumbradas. Pero esta violencia va creciendo y, en muchos casos, llega a la violación, a la tortura o al femicidio. Y lo cierto es que esa otra violencia, que sostenemos los buenos hombres, es la que da marco y sostiene la violencia de género extrema.

-LP: Apuntás a la raza y a la clase ¿por qué?

-ES: Nancy Fraser, que es una filósofa de la izquierda norteamericana, en un texto de 1984, habla de dominación de clase y dominación de género, y entre paréntesis dice “posiblemente de raza”. Otras teóricas profundizaron en el tema, y hoy sabemos que esta dominación de clase, género y raza que se expresa en el capitalismo son dimensiones diferentes de una misma conformación social. A veces puede estar más privilegiada la dominación de género, otras la de raza, y así. Fijate lo que pasa con los pobre migrantes africanos que mueren ahogados intentando llegar a Europa, escapando de las guerras y de la miseria generada por Estados Unidos y los propios europeos. Por otro lado, respecto a la clase, uno de los problemas que tienen las mujeres es el acceso a la Justicia. Pero una cosa es una mujer blanca de clase alta y otra aquella que es negra de clase baja, lesbiana o trans. Para esta última es casi imposible ese acceso. La diferencia aquí es de raza y de clase.

-LP: ¿La violencia actual contra la mujer es una reacción al feminismo?

ES: Creo que hay dos variables fuertes que estimulan la violencia contra las mujeres. Una es la pérdida de la calidad de vida. En todo el mundo, desde la década del 70 hasta ahora, ha aumentado la desigualdad, los salarios reales han bajado considerablemente. Antes, en los 40, 50, ser hombre era poder mantener una familia, ser proveedor. Por ahí, el hombre trabajaba 15 horas por día y no veía a su familia, pero se sentía satisfecho porque la mantenía económicamente, se sentía realizado como hombre. Y la mujer trabajaba en la casa y se bancaba las infidelidades porque “sea lo que sea, es un hombre bueno y nunca nos hizo faltar nada”.

Pero, a partir del desarrollo del neoliberalismo como paradigma civilizatorio esto se derrumbó. Hoy ningún hombre, a excepción de las clases altas, puede sostener solo un hogar. Entonces se necesita que la mujer aporte lo mismo o más que el hombre, por lo cual ese varón siente que no puede cumplir el mandato de hombre. Beatriz Gimeno (escritora española) dice que ya no puede ser proveedor, pero le quedó el fantasma. O sea, le quedó un vacío que tiene que llenar para convalidarse como varón en la sociedad patriarcal. Te pongo un ejemplo: como puede ser que hoy, habiéndose roto tantos tabúes, prejuicios, avanzada la revolución sexual, cuando es tan fácil tener relaciones sin pagar a nadie, haya aumentado tanto la trata de personas con fines de explotación sexual y la prostitución. ¿Por qué pasa esto? Porque el hombre, en ese consumo de sexo suspende los derechos de la mujer, porque en ese cuarto se hace lo que el varón quiere y cuando sale lo hace sintiéndose macho. Esta es una de las recompensas simbólicas del patriarcado. Pero hay otra, que es el aumento del control sobre el cuerpo de las mujeres. La idea es: “yo puedo ser propietario de cualquier cosa, tengo en el mercado acceso a cualquier tipo de cosas, entre ellas los cuerpos de las mujeres, niños y niñas. Entonces, mi pareja me pertenece, porque yo soy el dueño y puedo hacer lo que quiera con ese cuerpo. Los machos más inseguros del sistema, siguiendo el mandato social que les dice que tiene que ser más machos, empiezan a ejercer violencia contra la mujer hasta matarla. Esto es así porque las luchas de las mujeres han avanzado tanto y han permeado a toda la sociedad que la que pone distancia o dice “basta” sufre las consecuencias. O, si no lo hace, por miedo, suele pasar que el tipo fantasea que en algún momento lo va a dejar y, entonces, la mata.

“Otro de los elementos con los que nos van preparando a los hombres para ejercer la dominación masculina es la falta de educación sexual y el ser educados por la pornografía”

– LP: Te escucho y pienso en la figura del tío que te lleva a debutar a un quilombo…

ES: Sí, de una manera totalmente simpática y naturalizada. Y, muchas veces, el chico se sacaba una mochila de encima porque debía cumplir con este mandato, esto de ser macho. Otro de los elementos con los que nos van preparando a los hombres para ejercer la dominación masculina es la falta de educación sexual y el ser educados por la pornografía. Los adolescentes ven pornografía porque quieren saber cómo se tienen que comportar, y las chicas ven pornografía para saber cómo tienen que responder. Entonces, te encontrás con chicas que ejercen su sexualidad pensando que son absolutamente libres, cuando en realidad la forma en que la ejercen está subordinada a los intereses masculinos. Y a nosotros no entrenan en una sexualidad en la que el otro cuerpo está subordinado. Entonces vemos grupos de varones que violan a una mujer, total “ellas se quejan, pero les gusta”. Bueno, esa violencia es aprendida en la pornografía. Y los grandes protectores de esta realidad son quienes se oponen a la Educación Sexual Integral (ESI).

LP: Y eso que hay una ley que establece la ESI como obligatoria…

ES: Sí, está la ley, pero los Estados son patriarcales. Todavía ningún gobierno ha tomado la firme decisión política de que la educación sexual se cumpla en todas las escuelas, desde el primer nivel hasta el final de la universidad. Y no lo han hecho porque estos señores de la iglesia se ponen muy nerviosos. Como relata la película Spotlight (ganadora del Oscar), que cuenta sobre los abusos de los sacerdotes de Boston. La iglesia habla de castidad, pero lo cierto es que todos tienen sexo. Unos porque se masturban, otros porque tienen relaciones con varones, otros con mujeres, y otros porque abusan de niños y niñas. Pero todos rechazan en bloque a la ESI, con lo cual terminan protegiendo a la pornografía y a la mala educación.

LP: ¿Qué mecanismo opera en el enojo del varón ante las consignas feministas?

ES: Creo que opera un gran miedo a abrirse a un mundo desconocido. Se toma una actitud conservadora, para que todo siga estando más o menos igual; “que no nos jodan a nosotros y que resuelvan esta cuestión estos loquitos, como les parezca”. Pero también hay una cuestión de ignorancia deliberada por parte de los funcionarios. Se niegan a conocer esta realidad que está transformado el mundo, este proceso revolucionario que están llevando a cabo mujeres, trans, travestis, lesbianas y no bianries. Ellos tienen responsabilidades muy grandes, y son un aparte importante del problema que vivimos hoy.

https://www.eldiaonline.com/sin-la-transformacion-los-varones-elresultado-seguira-siendo-una-mujer-asesinada-cada-dia-n1020270

El ataque a las defensoras de mujeres-madres y sus hijxs. (Necesitamos una reforma judicial feminista)

Hace tiempo que las feministas vienen denunciando que lo justo no se juega solo dentro de las paredes de los edificios del Poder Judicial, sino que hay actores visibles u ocultos que inciden directa o indirectamente en los resultados de cada denuncia o juicio. 

Mucho se sabe y se ha escrito sobre las dificultades del acceso  a la justicia, ya sea por motivos de pertenencia de clase (pregúntenle a las personas en situación de pobreza), por motivos de género (pregúntele a mujeres-madres-protectoras, infancias, personas trans, travestis y lesbianas) o por motivos de raza (pregúntenle a los no-blancos/as).

Cuando las mujeres denuncian y buscan justicia por incesto-paterno-filial contra sus hijos o hijas, en general no tienen idea acerca de las medidas de disciplinamiento y castigo  que desde el Poder Judicial pueden generarse contra ellas. Muchísimos operadores judiciales (jueces y juezas, fiscalas/les, trabajadoras/es sociales, psicólogos/as y psiquiatras)  accionan desde su ideología machista contra aquellas que osan denunciar a los varones, pues parten del prejuicio cultural que sostiene que “esas madres le meten ideas falsas a sus hijos” o “no hay nada peor que una mujer despechada”

En el campo judicial usan una construcción ideológica llamadas “sindrome de alienación parental”, “implantación de ideas”, “co-construcción del discurso” y otros términos similares. Su uso tiene como objetivo encubrir y proteger a agresores sexuales de las infancias pero su acción no termina ahí, sino que organizaciones de varones machistas, abogados/as, psiquiatras psicólogos avanzan contra las mujeres profesionales que defienden legalmente., sostienen terapéuticamente y otras como peritos de parte a esta niñez agredida y a sus madres, presentando contra aquellas denuncias penales, acosándolas en las redes sociales y hasta llegando a atacarlas físicamente mientras la mayoría de los Colegios de Psicólogos nada hace por las colegas agredidas.

El Estado Argentino nos exige a les profresionales denunciar los abusos sexuales y, cuando lo hacemos, quedamos a merced de un Poder Judicial machista y de organizaciones de varones violentos.

“¿Qué tienen en la mente los femicidas?”

Opinión

Es un error tratarlos de “enfermos mentales” o “monstruos”. Los varones violentos pueden ser re-educados.

Asistencia a varones adultos violentos en la provincia de Neuquén, dentro del aislamiento social obligatorio por el corona virus. Foto: Ministerio de Ciudadanía Neuquén

Por Enrique Stola 08/03/2021

Un interrogante recurrente es ¿Qué piensa-siente un femicida? Lo real es que nos encontramos con algunas dificultades culturales para entender el proceso de construcción del varón que ejerce violencia-de-género-o-machista-extrema pues se sostienen afirmaciones equivocadas y no ingenuas.

1)La calificación de “enfermos mentales” a los violentos-extremos expresada por inexpertos es una creencia alimentada por algunos/as psiquiatras y psicólogos/as sin formación en Ciencias Sociales y menos en Perspectiva de género, fortaleciendo la estigmatización de las enfermedades mentales que quedan ligadas a la delincuencia.

2)La astuta maniobra de medios de comunicación con hegemonía masculinista que encapsula a la violencia-machista-extrema y a sus ejecutores como si fueran “monstruos” que nada tienen que ver con el contexto socio-económico-cultural que los constituyó.

3) La reiteración de mensajes de “opinólogos” que responden ¡no todos los hombres!, cuando las mujeres feministas señalan a la violencia machista como una estructura de dominación de género junto a otras dimensiones de la dominación masculina. ¡No todos! gritan, como si mujeres, lesbianas, trans, travestis y no-binaries no supieran diferenciar conductas, grupos y singularidades.

4) Todo lo anterior tiende a exculpar de responsabilidad a esa masa de varones que no ejerce violencia-machista-extrema pero que con su praxis cotidiana sostiene múltiples niveles de violencias de baja a alta intensidad sobre los cuerpos que el imaginario social considera pasibles de ser de su propiedad, jerarquizando la figura masculina y manteniendo la asimetría.

Los femicidas son varones autodefinidos como heterosexuales, que como todos han sido socializados sintiendo que el poder masculino es una realidad y que, por el solo hecho de estar incluidos en este género, tenemos privilegios que nos diferencian de mujeres, lesbianas, trans, travestis y no-binares.

Es cierto que “no todos” los varones llegaremos a ejercer violencia-extrema, pero todos hemos recibido mandatos sociales y habilitaciones para hacerlo. Quienes maximizan esa violencia viven intensamente ese sentimiento de propiedad sobre la vida y acciones de “su” mujer, sienten el goce del ejercicio de poder y cumplen con el mandato de ser dueños, no importa su clase social, de un cuerpo femenino o feminizado.

Tratar de “enfermos” a los femicidas es una mirada estrecha que no sirve a la lucha feminista así como tampoco es útil para diseñar políticas públicas que favorezcan el ejercicio de la ciudadanía plena a mujeres y LGTBIQ.

Generar masculinidades no violentas y re-educar agresores es posible, para ello un mayor número de varones deben involucrarse, la Educación Sexual Integral debe cumplirse y las políticas no sexistas del Estado hacia el género masculino deben generarse.

*Psiquiatra, especialista en género.

https://www.clarin.com/sociedad/-mente-femicidas-_0_rny-dlamO.html

Sin la transformación de los varones el resultado seguirá siendo una mujer asesinada cada día

No alcanza con espantarnos ante cada femicidio. No alcanza el repudio público. El feminismo nos muestra (aunque no queramos ver) que el cambio debe ser mucho más profundo, revolucionario diría yo. ¿De qué parte nos tenemos que hacer cargo? El médico psiquiatra Enrique Stola nos ayuda a entender un poco más de qué se trata todo esto.

06 de marzo de 2021 – 19:41 Por Luciano Peralta http://www.eldiaonline.com Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina

https://www.eldiaonline.com/sin-la-transformacion-los-varones-elresultado-seguira-siendo-una-mujer-asesinada-cada-dia-n1020270

Pensar el feminismo como cosa de mujeres es el primer gran error. Tanto como pensar la pobreza como cosa de pobres o la corrupción como cosa de corruptos. No digo que sea un ejercicio fácil, porque no lo es, pero el presente nos interpela a todos, y particularmente a los varones heterosexuales, a animarnos a repensarnos, a poner en crisis los valores y las creencias con las que crecimos, y a actuar en consecuencia.

En eso andamos una marcada minoría, aunque cada vez más grande en número y más consciente de las enormes diferencias que existen entre mujeres y varones. Lo que (nos guste o no, muchachos) nos convierte en privilegiados. Y acá hago un primer aporte: tratemos, los varones heterosexuales, de no enojarnos y seguir leyendo. Porque el enojo, además de ser lógico y entendible, es un mecanismo de defensa.

¡Listo, este ya empezó atacándome, no leo más!, podría ser una respuesta esperable a estos dos primeros párrafos. Pero no, hagamos el esfuerzo y no nos enojemos. Puede ser un buen principio al desafío de entender por qué somos privilegiados y de qué nos tenemos que hacer cargo, como nos reclaman las mujeres a diario, sobre todo después de algún femicidio de esos a los que, lamentablemente, la realidad nos empuja a acostumbrarnos.

Cuestionar los discursos circulantes en la sociedad es parte, o debería serlo al menos, del trabajo de comunicadores y comunicadoras. La palabra es el campo de batalla en el que se da la cotidiana lucha por la construcción de sentido. En el capitalismo, esa disputa ha sido largamente ganada por hombres heterosexuales, dueños del poder económico, político y judicial.

El siglo XX nos enseñó que para ser un “hombre de bien” había que trabajar todo el día (siendo dueño, jefe o simple empleado, es indiferente) y llevar el sustento a casa, sin que importe pasar tiempo con nuestros hijos. Y les enseño a ellas que para ser “una mujer respetada” (por los hombres, claro) debía ocuparse de los niños, de su educación y cuidado, y de los quehaceres hogareños.

Las distintas crisis del capitalismo y las luchas feministas pusieron en jaque ese cuentito, una y otra vez. Pero el poder de reconfiguración es grande. Entonces, si bien se lograron conquistas, como el voto femenino o, más recientemente, el reconocimiento jurídico de figuras como la “violencia de género” o el “femicidio”, lo cierto es que vivimos en una sociedad que somete a las mujeres, que las mata cada 23 horas.

Ahora bien, ¿de todo eso nos tenemos que hacer cargo los varones? Yo, que me considero un buen padre, un buen hijo y un buen esposo, ¿también entro en la lista? La respuesta es: sí. Porque, justamente, se trata de repensar ¿qué es ser un buen padre? ¿cómo se es buen hijo? ¿cómo debería ser un buen esposo?

Abro el juego y pregunto: ¿Por qué me enojo si mi hijo se pinta las uñas? ¿dónde dice que “es cosa de nenas”? ¿qué nos pasa con las “cosas de nena”? ¿Por qué los nenes no lloran? ¿Por qué hay tantos padres separados que no se hacen cargo de los hijos que traen al mundo? ¿Por qué los otros padres no decimos nada? ¿Por qué es la madre la que “tiene” que asumir esa responsabilidad? ¿Por qué no cambian los pañales? ¿Por qué la infidelidad nuestra sigue teniendo cierta aceptación, pero si te encuentro con otro te mato?

Los disparadores para repensar nuestras prácticas de “buen hombre” son infinitos y, por otro lado, es cierto, también, que es imposible cambiar todo de un día para el otro. Pero, por algún lugar hay que empezar. Y entender que las cosas nos son iguales para varones que para mujeres puede ser un gran comienzo.

Enrique Stola es psiquiatra, especialista en violencias y nuevas masculinidade

Enrique Stola es psiquiatra, especialista en violencias y nuevas masculinidade

A eso apunta esta nota. El entrevistado fue el médico psiquiatra feminista Enrique Stola. Se trata de un especialista en psicología clínica, doctorando en filosofía, profesor, experto en género, violencias y abuso sexual, entre otros títulos. El currículum y la trayectoria de Stola son mucho más amplios, pero, sin lugar a dudas, es su capacidad de trasmitir ideas la que lo ha puesto en el lugar de referente al momento de hablar de violencias y “nuevas masculinidades”.

– LP: ¿Por dónde empezamos a hacernos cargo los varones?

ES: No existe una solución, pero sí existen algunos conocimientos que si se ponen en práctica pueden producir algunos cambios. Por ejemplo, es importante que comunicadores sociales, que saben cómo hacerlo, hablen. Como lo hizo Lalo Mir, bienvenido Lalo, pero se tienen que sumar más. Porque lo que ocurre en los medios de comunicación es que, por un lado, hay pocos varones que entiendan qué es la violencia de género. Entonces, en general, cunado hablan de violencia de género se refieren a casos extremos. Segundo, hay pocas mujeres feministas en los medios de comunicación y, en tercer término, no tienen lugar los varones que están trabajando en diferentes partes del país para modificar esta situación. Entonces, los medios fortalecen la idea de que aquellos varones que ejercen violencia extrema son todos loquitos o enfermos. Y no lo son. Aunque colegas psiquiatras, sin formación en perspectiva de género ni en el campo de las ciencias sociales, los califiquen como tales. Estos psiquiatras no hacen más que psiquiatrizar las conductas de los varones que, en realidad, son conductas sociales, culturales. Y en ese ida y vuelta entre sociedad y medios se activa el mecanismo que sostiene: “qué horror es todo esto, pero nosotros no tenemos nada que ver; son ellos, los repudiamos”.

“Los medios fortalecen la idea de que aquellos varones que ejercen violencia extrema son todos loquitos o enfermos. Y no lo son”

– LP: ¿Por qué eso no alcanza?

ES: Si uno analiza lo que es la violencia de género como sistema de dominación, junto a otras dimensiones, como raza y clase, te das cuenta que el sustento de esto es “no las queremos golpeadas”, “no las queremos asesinadas, nos horroriza eso”, pero que sigan subordinadas. Entonces, ese buen hombre que está mirando televisión en su casa mientras su esposa trabaja, está ejerciendo violencia y no lo sabe; no piensa que su pareja no igualitaria -la que no co-gestiona el hogar, si no que esta responsabilidad recae sobre la mujer- tiene que trabajar, como mínimo, tres horas más por día en las tareas de cuidado, entre ellas la de atenderlo a él. Lo que digo es que si este buen hombre se haría cargo de la hora y media que le corresponde, la mujer podría ocupar su tiempo en su propio proyecto personal. Esto, que se multiplica por millones de hogares, es parte del sostén de la dominación masculina.

-LP: ¿La tarea es desnaturalizar lo que para muchos es lo que está bien?

ES: La mayoría de las mujeres, y acá incluyo a otros cuerpos, como trans, trasvestis y no binaries, sufren lo que se llama violencia de baja intensidad, y están acostumbradas. Pero esta violencia va creciendo y, en muchos casos, llega a la violación, a la tortura o al femicidio. Y lo cierto es que esa otra violencia, que sostenemos los buenos hombres, es la que da marco y sostiene la violencia de género extrema.

-LP: Apuntás a la raza y a la clase ¿por qué?

-ES: Nancy Fraser, que es una filósofa de la izquierda norteamericana, en un texto de 1984, habla de dominación de clase y dominación de género, y entre paréntesis dice “posiblemente de raza”. Otras teóricas profundizaron en el tema, y hoy sabemos que esta dominación de clase, género y raza que se expresa en el capitalismo son dimensiones diferentes de una misma conformación social. A veces puede estar más privilegiada la dominación de género, otras la de raza, y así. Fijate lo que pasa con los pobre migrantes africanos que mueren ahogados intentando llegar a Europa, escapando de las guerras y de la miseria generada por Estados Unidos y los propios europeos. Por otro lado, respecto a la clase, uno de los problemas que tienen las mujeres es el acceso a la Justicia. Pero una cosa es una mujer blanca de clase alta y otra aquella que es negra de clase baja, lesbiana o trans. Para esta última es casi imposible ese acceso. La diferencia aquí es de raza y de clase.

-LP: ¿La violencia actual contra la mujer es una reacción al feminismo?

ES: Creo que hay dos variables fuertes que estimulan la violencia contra las mujeres. Una es la pérdida de la calidad de vida. En todo el mundo, desde la década del 70 hasta ahora, ha aumentado la desigualdad, los salarios reales han bajado considerablemente. Antes, en los 40, 50, ser hombre era poder mantener una familia, ser proveedor. Por ahí, el hombre trabajaba 15 horas por día y no veía a su familia, pero se sentía satisfecho porque la mantenía económicamente, se sentía realizado como hombre. Y la mujer trabajaba en la casa y se bancaba las infidelidades porque “sea lo que sea, es un hombre bueno y nunca nos hizo faltar nada”.

Pero, a partir del desarrollo del neoliberalismo como paradigma civilizatorio esto se derrumbó. Hoy ningún hombre, a excepción de las clases altas, puede sostener solo un hogar. Entonces se necesita que la mujer aporte lo mismo o más que el hombre, por lo cual ese varón siente que no puede cumplir el mandato de hombre. Beatriz Gimeno (escritora española) dice que ya no puede ser proveedor, pero le quedó el fantasma. O sea, le quedó un vacío que tiene que llenar para convalidarse como varón en la sociedad patriarcal. Te pongo un ejemplo: como puede ser que hoy, habiéndose roto tantos tabúes, prejuicios, avanzada la revolución sexual, cuando es tan fácil tener relaciones sin pagar a nadie, haya aumentado tanto la trata de personas con fines de explotación sexual y la prostitución. ¿Por qué pasa esto? Porque el hombre, en ese consumo de sexo suspende los derechos de la mujer, porque en ese cuarto se hace lo que el varón quiere y cuando sale lo hace sintiéndose macho. Esta es una de las recompensas simbólicas del patriarcado. Pero hay otra, que es el aumento del control sobre el cuerpo de las mujeres. La idea es: “yo puedo ser propietario de cualquier cosa, tengo en el mercado acceso a cualquier tipo de cosas, entre ellas los cuerpos de las mujeres, niños y niñas. Entonces, mi pareja me pertenece, porque yo soy el dueño y puedo hacer lo que quiera con ese cuerpo. Los machos más inseguros del sistema, siguiendo el mandato social que les dice que tiene que ser más machos, empiezan a ejercer violencia contra la mujer hasta matarla. Esto es así porque las luchas de las mujeres han avanzado tanto y han permeado a toda la sociedad que la que pone distancia o dice “basta” sufre las consecuencias. O, si no lo hace, por miedo, suele pasar que el tipo fantasea que en algún momento lo va a dejar y, entonces, la mata.

“Otro de los elementos con los que nos van preparando a los hombres para ejercer la dominación masculina es la falta de educación sexual y el ser educados por la pornografía”

– LP: Te escucho y pienso en la figura del tío que te lleva a debutar a un quilombo…

ES: Sí, de una manera totalmente simpática y naturalizada. Y, muchas veces, el chico se sacaba una mochila de encima porque debía cumplir con este mandato, esto de ser macho. Otro de los elementos con los que nos van preparando a los hombres para ejercer la dominación masculina es la falta de educación sexual y el ser educados por la pornografía. Los adolescentes ven pornografía porque quieren saber cómo se tienen que comportar, y las chicas ven pornografía para saber cómo tienen que responder. Entonces, te encontrás con chicas que ejercen su sexualidad pensando que son absolutamente libres, cuando en realidad la forma en que la ejercen está subordinada a los intereses masculinos. Y a nosotros no entrenan en una sexualidad en la que el otro cuerpo está subordinado. Entonces vemos grupos de varones que violan a una mujer, total “ellas se quejan, pero les gusta”. Bueno, esa violencia es aprendida en la pornografía. Y los grandes protectores de esta realidad son quienes se oponen a la Educación Sexual Integral (ESI).

LP: Y eso que hay una ley que establece la ESI como obligatoria…

ES: Sí, está la ley, pero los Estados son patriarcales. Todavía ningún gobierno ha tomado la firme decisión política de que la educación sexual se cumpla en todas las escuelas, desde el primer nivel hasta el final de la universidad. Y no lo han hecho porque estos señores de la iglesia se ponen muy nerviosos. Como relata la película Spotlight (ganadora del Oscar), que cuenta sobre los abusos de los sacerdotes de Boston. La iglesia habla de castidad, pero lo cierto es que todos tienen sexo. Unos porque se masturban, otros porque tienen relaciones con varones, otros con mujeres, y otros porque abusan de niños y niñas. Pero todos rechazan en bloque a la ESI, con lo cual terminan protegiendo a la pornografía y a la mala educación.

LP: ¿Qué mecanismo opera en el enojo del varón ante las consignas feministas?

ES: Creo que opera un gran miedo a abrirse a un mundo desconocido. Se toma una actitud conservadora, para que todo siga estando más o menos igual; “que no nos jodan a nosotros y que resuelvan esta cuestión estos loquitos, como les parezca”. Pero también hay una cuestión de ignorancia deliberada por parte de los funcionarios. Se niegan a conocer esta realidad que está transformado el mundo, este proceso revolucionario que están llevando a cabo mujeres, trans, travestis, lesbianas y no bianries. Ellos tienen responsabilidades muy grandes, y son un aparte importante del problema que vivimos hoy.

Lalo Mir: “Estoy consternado con los femicidios… los varones no somos parte del problema, somos el problema” En un video que se volvió viral, el locutor les pide a los varones que cuestionen sus conductas y se involucren.

Violencia de género

Por Mariana Iglesia 20/02/2021

“Estoy consternado con los femicidios, 48 en lo que va el año, más de uno por día. Y el femicidio de Ursula -Bahillo, asesinada por su ex, al que ella había denunciado- es múltiplemente vergonzoso por lo anunciado y por lo previsible”. Inconfundible, la voz de Lalo MIr en este video casero es de enojo. El locutor les habla a los varones, a su violencia, y los invita a reflexionar, a modificar sus conductas. 

“Y ahí están las mujeres manifestándose, y pidiendo a los gritos… y los hombres les tiran balas de goma. Es desgarrador”, dice Lalo en el video que se volvió viral. Habla de la ciudad de Rojas, donde vivía Ursula, que protestó frente a la comisaría, que no sólo no hizo nada para defender a la joven de 18 años sino que reprimió la protesta,

“Está claro que al sistema lo manejamos los hombres. Las Madres del Dolor, las Madres del Paco, Mamá cultiva, Ni Una Menos, las Madres de Plaza de Mayo, antes las Abuelas…. madres, siempre mujeres… ¿Dónde estamos los padres, los hombres? ¿Qué nos pasa? No tengo respuestas… ¿Qué sentimos? ¿Cómo nos podemos involucrar?”, se pregunta el locutor.

Nuevas masculinidades. Hay varones que debaten su nuevo rol ante el avance del feminismo.

Nuevas masculinidades. Hay varones que debaten su nuevo rol ante el avance del feminismo.

Desde hace unos años a esta parte, son cada vez más los varones que hablan de nuevas masculinidades, que se plantean y cuestionan sus lugares de privilegio, las actitudes y acciones de sus pares. Las desigualdades de género son por demás evidentes: los varones tienen mejores trabajos, mejores sueldos, son los que llegan a puestos de mayor decisión, mientras las mujeres son las que históricamente se ocupan de las tareas domésticas no remuneradas que les quitan tiempo para su propio desarrollo.

En las sociedades machistas y patriarcales los varones son los que tienen más poder y dinero, los que controlan, los que someten, y esa es la causa principal de la violencia de géneros. Cada día hay un femicidio en Argentina desde hace al menos una década. Los asesinos son siempre varones, sus parejas, sus ex. La violencia de género les pertenece. 

“¿Qué onda los amigos de los asesinos? ¿Los del grupo del whatsapp, los del picado, los de la pizza y la cerveza? ¿Seguiremos mandándonos memes y chistes estúpidos que denostan a las mujeres? ¿Qué onda si te llama y te dice ‘me mandé una macana’… Esa es la frase recurrente de los femicidas denunciados, protegidos… ¿Una macana? Como si fuera la travesura de un pendejo…”, sigue Lalo Mir.

¿Qué pueden hacer los varones para poner fin a las violencias contra niñas y mujeres? Bajo esta consigna, la Iniciativa Spotlight, una alianza de las Naciones Unidas y la Unión Europea contra los femicidios, en 2020 lanzó la campaña #AmigoDateCuenta.

Campaña Amigo Date Cuenta

Campaña Amigo Date Cuenta

“Tenemos que animarnos a cuestionar el machismo que circula entre nosotros. Romper con las violencias, no con la amistad”, era justamente el lema de la campaña: es que hay amigos que son testigos de esas situaciones y por no romper los “códigos de la amistad” no intervienen.

“Hubo un tiempo en que las mujeres eran sólo máquinas de parir, la fábrica que aseguraba soldados a la guerra y mano de obra a las industrias ¿Lo sigue siendo? Yo creía que habíamos llegado a un punto más evolucionado, pero parece que no. Si no damos ese paso nosotros los varones, el asunto no tiene ni tendrá solución. No somos parte del problema, somos el problema -concluye Lalo MIr-. Prometo seguir pensando y actuando y los invito a formar parte de esta avanzada que solo lucha por un poco más de amor y de humanidad, es posible, lástima tanto dolor y necedad”.     

“Es excelente que Lalo Mir haya salido con esa posición y esperemos que se sumen otros comunicadores sociales”, dice a Clarín el psiquiatra Enrique Stola, especialista en género e impulsor de iniciativas que apuntan al trabajo con varones. 

“En general, los varones heterosexuales y parte de los varones gay se sienten muy alejados cognitivamente y afectivamente de quienes ejercen violencia de género extrema. Y no visualizan, no reconocen ni se ponen a pensar la violencia cotidiana que estos varones heterosexuales y gays sostienen. Esas violencias cotidianas son sostén y combustible ideológico de la violencia de género extrema“, explica.

“Si uno interpreta esa conducta cuando los ve horrorizados por los femicidios o las torturas que se realizan contra las mujeres, trans, travestis, es como si dijeran ‘no las queremos golpeadas, no las queremos asesinadas, pero que sigan subordinadas’ -sigue Stola-. La mayoría de los varones cis y parte de la comunidad gay no se plantea transformar la relación vincular y social que implica la subordinación de las mujeres, trans y travestis. Las compañeras feministas hacen un correcto cuestionamiento ético a los varones: les dicen ‘Háganse cargo, modifiquen su conducta’. Ese cuestionamiento apunta a lo racional, pero en la práctica cotidiana lo que viven es el goce por el ejercicio del poder y la dominación”.

"Los ayudadores"

“Los ayudadores”

Stola pone como ejemplo otra campaña de la Iniciativa Spotlight de 2020: #YoMeOcupo, que con mucha ironía plantea que los varones deben asumir su responsabilidad en las tareas del hogar y de cuidado: “Los ayudadores, esos buenos tipos que dicen ‘¿Por qué no me lo dijiste? Me lo hubieras pedido…’. Es lo que ocurre en los hogares heterosexuales: el hombre expropia a la mujer su tiempo, porque la mujer es la que se hace cargo de las tareas de cuidado. Y al hacerse cargo de esas tareas no puede ocupar su tiempo en su carrera personal y eso es violencia. Esa violencia es uno de los pilares de este entramado social que da sostén al patriarcado a través de múltiples acciones del dispositivo de dominación masculina”.

Campaña YO ME Ocupo.

Campaña YO ME Ocupo.

¿Qué se puede hacer? Desde el Estado y algunas organizaciones no gubernamentales hay un puñado de iniciativas. Incluso durante la pandemia y el aislamiento aumentaron las consultas de los varones que piden ayuda o que son enviados por la Justicia a hacer talleres.

“Es necesario que haya una política hacia los varones para que dejen de ser patriarcales y que sean estimulados en otras prácticas -asegura Stola-. El Estado tiene que colaborar para que todos los grupos que están diseminados en el país y que son activistas de cambio pero que no tienen voz en los medios empiecen a tenerla y así ver que se forma un activo de varones que puede impactar culturalmente y producir transformaciones. Un instrumento fundamental es la Educación Sexual Integral, que por eso es resistida por todos los grupos machistas”.  

https://www.clarin.com/sociedad/lalo-mir-consternado-femicidios-varones-parte-problema-problema-_0_1NKcu0TDo.html

“Las red institucional y social que Úrsula no tuvo”

El psiquiatra Enrique Stola nació en Rojas y habla de una red de complicidades machistas de juecxs, fiscalxs, abogadxs y fuerzas de seguridad que hace que para las víctimas de violencia sea mejor irse de la ciudad que vivir en ella.

Publicado en Cosecha Roja, 10 de febrero de 2021,

http://www.cosecharoja.org/la-red-institucional-y-social-que-ursula-no-tuvo/

Nací en Rojas y ya como psiquiatra atendí en la zona varios años, continuando mi trabajo desde la Capital Federal, por lo que conozco bastante la realidad de esos pequeños pueblos de la Provincia.

Impactado por el asesinato de Ursula pienso que es raro que no haya más femicidios, pues, salvo excepciones, jueces/zas de paz, jueces/zas de Junín (B), fiscales, fuerzas de seguridad y abogadxs, carecen de formación en género, en violencia de género extrema y de sensibilidad para asistir a las mujeres agredidas.

A lo largo de los años he recomendado a varias mujeres irse a vivir a otros lugares poniendo así distancia con el macho violento porque jamás iban a tener protección, no solo de las instituciones sino tampoco de la población que con la matriz machista que les caracteriza están siempre dispuestos a tratar de loca y mentirosa las mujeres que denuncian. Esto explica que los violentos circulen tanto tiempo sin sanción social, disculpados por redes de amigos y vecinos, por profesionales, políticos y curas.

En un caso dramático tuve que impulsar una red de apoyo con compañeras feministas de varias ciudades para lograr que una joven y sus hijos huyeran desde Rojas a vivir a otra provincia. El macho-juez de paz protegía al violento junto con la policía y una prestigiosa-machista abogada local. Cuando critiqué al funcionariado y abogados muchas voces salieron en defensa de lo indefendible atacando a la víctima. Ésta joven mujer pudo rehacer su vida libre de violencia.

Lo que le pasó a Úrsula puede volver a suceder en Junín, Colón, Rojas, General Arenales, Salto o Pergamino, ya que los violentos han sido socialmente cobijados hasta el momento mientras la policía y la llamada justicia están siempre dispuestas a sospechar de las víctimas. No sólo las instituciones deben hacer una autocrítica.

Para las mujeres bonaerenses acceder a la Justicia de la Provincia de Buenos Aires es un proceso difícil y doloroso, ya sea que denuncien violencia machista contra ellas o incesto paterno-filial.

El asesinato de Ursula, como la mayoría de los asesinatos machistas, podría haberse evitado.

http://www.perfil.com/noticias/policia/el-femicida-de-ursula-la-mato-de-quince-puñaladas-quiso-escapar-pero-la-acuchillo-en-torso-y-cuello.phtml

Medicalizando la Violencia de Género o Machista

Un objetivo de los últimos 60 años del dispositivo de dominación masculina ha sido “medicalizar” la violencia machista extrema: “si un hombre viola, abusa o mata es un enfermo y si se comprueba que lo hizo (y que no es una falsa acusación de la mujer) entonces, nosotros, los hombres de buena familia no tenemos responsabilidad alguna sobre esos hechos criminales, porque no somos todos iguales y las mujeres deben aprender a diferenciar los enfermos de los varones normales”.
Hábilmente estos machos comenzaron a ampliar la terminología, ahora no son solo enfermos, sino que el macho que domina es una masculinidad “tóxica” con lo que desaparece la voluntad de dominio, y ese vínculo donde el macho manipula y ejerce violencia psicológica pasa a ser “vínculo tóxico” y se convierte en algo aislado sin conexión con la estructura socio-economica-cultural-racial y de género donde se juegan los vínculos, y ya que estamos nos actualizamos y a esa violencia que las feministas llaman Violencia de Género o Violencia Machista, la que hacen los hombres enfermos, de masculinidad tóxica y, por supuesto, con vínculos tóxicos (¡se encuentran con cada loca!), a esta situación la vamos a llamar Pandemia. Y con esto cerramos el círculo. “La pandemia que viven las mujeres la hacen los hombres enfermos (que se juntan con enfermas), hombres con masculinidad tóxica y en la que ambos sostienen vínculos tóxicos”.
Compañeres: los machos violentos no son enfermos. La Violencia de Género o Violencia Machista no es una enfermedad por lo tanto no es una pandemia, es una violencia que está al servicio de la estructura de dominación patriarcal, no existe la masculinidad tóxica y no existen los vínculos tóxicos. Dejemos de medicalizar, dejemos de sintonizar con el Poder médico y el Discurso-patriarcal-hegemónico. Enrique Stola.

VIOLENCIA MACHISTA: El inexistente síndrome de ‘la mala madre’ lleva dos décadas usándose en los juzgados españoles

Ester Ruiz e Irune Costumero tienen mucho en común. A las dos les arrancaron a sus hijas tras denunciar a sus parejas por violencia o abusos. Las dos han luchado por recuperarlas y se han enfrentado a un sistema judicial que les ha aplicado el inexistente síndrome de alienación parental. La principal diferencia es que entre ambos casos hay casi 20 años de distancia.

Por Marisa Kohan. Diario Público, Madrid, 24-02-2020

Irune Costumero y Ester Ruiz
Irune Costumero (izquierda) junto a Eter Ruiz (derecha) en Vizcaya durante unas jornada contra el SAP / Público

MARISA KOHAN

“Yo me topo con este engendro en el años 2003. Entonces descubrí lo que era el Síndrome de Alienación Parental, y soy una de las primeras ‘usuarias’ (así nos definen) de los puntos de encuentro familiares. Me ha comido todo el sistema: mediación familiar, puntos de encuentro y arrancamiento… Porque hay que llamar a las cosas por su nombre. No son retiradas de custodia, a los hijos e hijas nos los arrancan de la manera más cruel que se pueda imaginar“.

Así explicaba su caso Ester Ruiz, enfermera especialista en psiquiatría y responsable de la Plataforma Luna contra el SAP, en una jornadas multidisciplinares celebradas recientemente en Igorre (Vizcaya), para denunciar la utilización de este síndrome inexistente en juzgados, equipos psicosociales y servicios sociales de diversas comunidades.

Ella denunció a su expareja por posibles abusos y maltrato y acabó sin la custodia de su hija y peleando contra un sistema del que entonces conocía muy poco. Por eso, al cabo de los años,una vez recuperada a su hija, montó la primera asociación de ayuda y apoyo a las víctimas del SAP.

El 4 de agosto de 2017, Irune Costumero vivió una situación similar. Una llamada de los servicios sociales de Vizcaya la citó en su sede sin más explicaciones. Al llegar, una decena de policías, guardias de seguridad y Ertzainas uniformados estaban en la sala. Sin ningún tipo de advertencia una trabajadora social cogió a la niña, se la llevó entre gritos de la menor que llamaba a su madre y pedía auxilio, mientras que a ella la sujetaron para que no pudiera salir en su búsqueda.

Los audios de esta escena, a los que ha tenido acceso este diario, resultan estremecedores y han sido una de las pruebas admitidas contra los responsables de los servicios sociales de Vizcaya, cuatro de los cuales han sido imputados por la Audiencia Provincial por prevaricación y delito de lesiones y se sentarán en el banquillo en breve. Entre ellos figuran el el máximo responsable del departamento de Acción Social, Sergio Murillo; la jefa de la Sección de Recepción, Valoración y Orientación, Antonia Giner, la jefa del Servicio de Infancia, Consuelo Alonso y la trabajadora social que aplicó la orden, Maika Urrutxurtu.

“Tardé tres meses en ver a mi hija y la primera vez que la vi fue en un punto de encuentro vigilada en el que me amenazaban cada vez que le decía que consideraban dañinas”

“La orden que me leyeron esa mañana encerrada en esa sala, mientras escuchaba alejarse los gritos de mi hija, decía que la Diputación foral de Vizcaya asumía temporalmente la tutela de la niña y le cedía provisionalmente la estancia al padre. No podía tener ningún contacto con ella durante un mes y luego ya se vería. Tardé tres meses en verla y la primera vez que la vi fue en un punto de encuentro vigilada en el que me advertían y amenazaban cada vez que le decía a mi hija cosas que ellos consideraban dañinas, como que cuando viniera a casa vería a su perro”, narra Costumero.

Han pasado casi tres años y Costumero sólo ve a la niña dos veces por semana durante dos horas, sin derecho a pernoctas, fines de semana o vacaciones. Ni la denuncia a los máximos responsables de los servicios sociales de Vizcaya, ni su posterior imputación por la Audiencia han conseguido que se revierta la retirada de custodia a la madre, que se realizó sin la intervención del juzgado que había decretado una custodia compartida entre los progenitores. Su delito, según los servicios sociales que decretaron un desamparo de la menor: ser una mala influencia para su hija y no permitir la revinculación con el padre, a quién había denunciado por malos tratos y al que la niña se negaba a ver.

Lo que ha cambiado es el miedo de las madres a perder la custodia de sus hijos si denuncian las violencias y abusos sexuales

Entre el caso de Ruiz y hoy han pasado cerca de 20 años, pero las cosas han cambiado poco o nada. Tal vez, apuntan diversos expertos, lo que ha cambiado es el miedo de las madres a denunciar violencias o abusos sexuales de sus parejas hacia sus hijos e hijas por miedo a no ser creídas y acabar perdiendo la custodia tras un largo proceso judicial.

“El Síndrome de Alienación Parental no está reconocido por ninguna institución médica, y si lo llegara a estar habría que cuestionarlo como se hizo con la patologización de la homosexualidad, para sacarlo de los manuales de psicología”, afirmó durante las jornadas Enrique Stola, psiquiatra argentino especialista en violencia y género.

Este experto explica que el SAP es una reacción a los avances  y fortísimos cambios conseguidos por las mujeres en la década de los 60 y 70 en Estados Unidos, en que lograron, entre otras cosas, el aborto, la liberación sexual, pusieron de relieve que el lugar más peligroso para las mujeres era la propia casa o visibilizaron el incesto paterno-filial.

“El SAP es un instrumento dentro del poder judicial para disciplinar a las mujeres y para aterrorizar a las niños y niñas”

“El SAP es un instrumento dentro del poder judicial para disciplinar a las mujeres y para aterrorizar a las niños y niñas y con eso controlar a las mujeres. Es un instrumento terrorista, porque lo que produce es temor en muchísimas mujeres a denunciar por miedo a que les saquen a sus niños o niñas. Es un instrumento que favorece a los hombres golpeadores, maltratadores, a los abusadores sexuales y a los que cometen incesto paterno-filial”, afirma Stola.

Según este experto, a los niños y niñas se les obliga a repetir muchas veces las escenas de trauma y lo que les van haciendo sentir es que ellos no son creíbles. “Lo que se produce es un reacomodamiento en ellos porque ven que no sirve hablar. Y cuando los funcionarios comienzan a aplicar casa uno de los paso del SAP, como la teoría de la amenaza, y les dicen que si siguen diciendo lo que cuentan no verán más a su madre, los niños y niñas pasan a ser acusados y activan lo que se llama: conducta defensiva de los menores”.

“Tratan de mantener el equilibrio psíquico y tratan de decir lo que suponen que les puede atenuar la presión dentro del poder judicial. Si sienten que no los creen, repetirán ya sin carga emocional la situación traumática y hasta pueden entrar en un absoluto silencio, profundizándose la dinámica del trauma y de estigmatización porque supone un golpe a su autoestima y horada su criterio de realidad”, añade Stola.

El SAP es una tortura

La aplicación de esta inexistente patología es, según aquellas que lo viven, una auténtica tortura. Y no en sentido figurado. Es decir, un castigo físico o psíquico on el fin de que confiese algo y un sufrimiento continuado.

Tal como explica Ruiz, aunque no existen datos oficiales porque nadie los recoge, “calculamos que más del 80% de las mujeres que en nuestro país denuncian abusos sexuales o violencia de género, acaban aplicándoles este supuesto síndrome (o algunos de los eufemismos con los que se activa) y un altísimo porcentaje acaba sin la custodia de sus hijos o hijas”.

“Con lo que nos encontramos es que si denuncias violencia o abuso de tu pareja hacia tus hijos, esto se archiva. Se da por bueno que no ha existido y vas a la mediación familiar. Y si no te humillas y te sometes te tachan de no colaboradora, de obstaculizadora e instrumentalizadora y te acaban arrancando al los hijos. Y lo hacen con violencia. A ellos no los preparan, no les explican nada. Porque difícilmente se les puede explicar que se los van a llevar con el padre que los violenta porque tu madre te quiere mucho y te intenta proteger, pero vamos a decir que está loca”, afirma Ruiz.

Ruiz admite que en los últimos tiempos se habla más sobre este síndrome inexistente y se hablará cada vez más de él, “porque las madres como yo que ya tenemos a nuestros hijos que han cumplido los 18 años, a las que no nos pueden amenazar con quitárnoslos estamos alzando la voz e incendiando las redes. Yo misma con mi nombre y apellidos estoy constantemente expuesta. No voy a dejar de hacerlo. Porque aquí no se está protegiendo a la infancia. El único objetivo que tiene este inexistente síndrome es anular y humillar a las mujeres y seguir manteniendo el sistema machista y patriarcal que durante años se ha establecido. Y no lo vamos a permitir”, concluye Ruiz.

https://www.publico.es/sociedad/violencia-machista-inexistente-sindrome-mala-madre-lleva-decadas-usandose-juzgados-espanoles.html

 

La violencia de género también en las personas adultas mayores

Las mujeres de mayor edad están más expuestas a la violencia machista que pueden ejercer contra ellas sus parejas y hasta sus propios hijos.

Martes 28 de Enero de 2020, http://fenix951.com.ar/nuevo_2013/noticia.php?id=156351&fbclid=IwAR2Yor-zggBTdrYHP2s4XD8hmGu_SBRMm-_4Py13bPQsc4iJDAktyQ_9YVk

Ana Susana Luque tenía 67 años cuando en octubre del año pasado fue atacada por su marido con un elemento contundente en su vivienda de barrio Argüello de la ciudad de Córdoba. Estuvo casi 20 días internada hasta que murió en la clínica Sucre. Su marido, Ramón Tissera, de 74 años, quedó imputado por homicidio calificado por el vínculo y violencia de género.

Fue el último femicidio de los 19 ocurridos en 2019 y el tercero en ese año en el que la víctima era mayor de 60 años. Las otras dos mujeres mayores asesinadas fueron Carmen Gómez y Gladys Albina Lequín.

Al analizar las cifras, se ve que las víctimas de femicidio mayores de 60 años no representan la cantidad predominante de casos: varían entre un cuatro y un 16 por ciento según cada año en la provincia de Córdoba. Sin embargo, dentro del abanico de particularidades que presentan los casos de violencia de género, hay un grupo de víctimas que son particularmente vulnerables: los adultos mayores.

Para los especialistas, entre los factores que atraviesan a la población de esta edad se encuentra el tener más arraigado un grupo de creencias y preconceptos relacionados con el machismo que les dificulta poder detectar el problema y buscar ayuda.

 

“Hay un elemento clave en esa edad que tiene que ver con la soledad y el miedo a la muerte o al deterioro físico. En general hay un nivel de violencia hacia los integrantes de esa franja etaria que no se registra como violencia, está oculta. Tiene que ver con una estirpe cultural, social y económica que hace que a mayor edad suelan ser más vulnerables a la violencia a veces ejercida también por los hijos”, explicó Enrique Stola, médico psiquiatra, en relación con la imagen social que tienen los adultos mayores.

Al hablar sobre la violencia de género específicamente, Stola explicó: “Estas mujeres han soportado muchísimos años de violencia y no han tenido las condiciones materiales, sociales y personales para poder separarse y poner límites. Entonces creo que debería haber políticas de prevención específicas para este sector etario, que no tiene las mismas problemáticas que los adultos jóvenes o adolescentes”.

Para Ruth Ahrensburg, fundadora de la Asociación Con Voz por Una Vida sin Violencias, la cifra del año pasado (tres casos de un total de 19) alertó a los miembros de la organización. “Nos hace ruido porque las adultas mayores no sólo quedamos excluidas de los medios de producción, sino también de la gestión en la prevención en género. Incluso hay poca dedicación en el feminismo a este grupo etario al que la deconstrucción de estereotipos le cuesta más que si se hiciera en otra etapa de la vida”, aseguró.

Entrevista a Enrique Stola “El feminismo es un movimiento de liberación para toda la sociedad”

El reconocido psiquiatra visitó Rosario y habló con El Ciudadano sobre el lugar del hombre en la lucha del movimiento de mujeres. Acompañó a adolescentes que denunciaron al padre Grassi y a la actriz Thelma Fardín
15 de diciembre de 2019. elciudadanoweb.com Por Lucía Mangó

Desde mediados de los 80 el psiquiatra Enrique Stola es feminista. Su trabajo con víctimas de abuso y violencia de la última dictadura cívico militar terminó de confirmar lo que las lecturas le venían sugiriendo. “El feminismo es una respuesta política que amplía las libertades no sólo de las mujeres, sino también de los varones y del colectivo LGTBI”, asegura.

Desde su profesión analiza las prácticas machistas, asesora a quienes sufren violencia y es consultado por quienes buscan denunciar en la Justicia. Acompañó como terapeuta a dos adolescentes que denunciaron por abuso al padre Grassi y fue uno de los peritos que entrevistó a Thelma Fardín cuando llevó a Juan Darthes a la Justicia.

Stola visitó Rosario para dar una charla en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario y en diálogo con El Ciudadano habló sobre su militancia, la violencia machista en Latinoamérica, la importancia de la Educación Sexual Integral en la prevención de abusos y el rol de los hombres en las luchas de género.

-¿Cuál fue el motivo de su visita a Rosario?

-Vine invitado por la cátedra a dar mi perspectiva como psiquiatra y varón feminista historiando cómo se llegó a esta situación con un paradigma neoliberal desde 1900 hasta la actualidad. La sociedad tiene un dispositivo de dominación masculina que jerarquiza y subordina la figura de las mujeres y el movimiento LGTBIQ. El machismo atraviesa todos los cerebros. Las conductas cotidianas reproducen la jerarquización de la diferencia entre la figura valorizada del hombre y los cuerpos subordinados.

-¿Cuándo se convirtió en feminista?

-En la década del 80 me definí feminista. Venía trabajando con víctimas de la última dictadura cívico militar que sufrieron abuso y lo que entonces denominaban violencia doméstica. Las lecturas y producciones teóricas de feministas me llevaron a definirme así. La filósofa Diana Maffía dice que la situación de las mujeres en el mundo está peor que la de los varones y eso lo comprobamos científicamente a través de las estadísticas. Plantea un problema ético y requiere de una respuesta política para transformar la sociedad. Eso hace el feminismo y puede ser asumido por cualquier persona.

-¿Qué respuestas recibió desde los feminismos?

-Hay un sector de compañeras que no acepta que puedan existir hombres feministas y no acuerda con la hipótesis. No entro en discusión. Soy activista feminista y sufrí las consecuencias. Es mi forma de ser y estar en el mundo.

-¿Cómo lo tomaron los varones?

-En los 80 y 90 lo veían como la locura de un psiquiatra. Ahora el pensamiento cambió gracias al gran movimiento de mujeres y colectivo LGTBIQ. Hoy me escuchan y reflexionan, pero los varones no cambian porque hagamos cursos ni seminarios, sino por los fuertes posicionamientos de las mujeres y del colectivo que generan cambios sociales.

-¿Cómo fue trabajar con víctimas de la dictadura?

-En aquel momento trabajé con varones y mujeres que sufrieron todo tipo de torturas en la dictadura y con personas que iban a ir al exilio. También con familiares de detenidos o desaparecidos. Por mi forma de trabajar, fueron apareciendo situaciones de mujeres que sufrían lo que llamaban violencia doméstica y abusos. Ese trabajo me permitió entrar en el caso del padre Grassi y fui terapeuta de Gabriel, el chico que lo denunció y por el cual el cura recibió una condena. Dediqué más de 10 años de mi vida a ese caso y sufrí las consecuencias ya que me amenazaron y entraron tres veces a mi casa.

-También participó como profesional de la denuncia de Thelma Fardín…

-Me pidieron hacer una evaluación psiquiátrica de Thelma para hacer un informe y presentarlo en la Justicia. Estuvimos trabajando muchas horas con ella.

-¿Cree que la mediatización de estos casos ayudó a que otras víctimas denuncien?

-El patriarcado y el dispositivo de discriminación masculina utilizan la educación y los medios de comunicación masivos para sostener el dominio. Tenemos que hacer visible lo que le sucede a las mujeres, sus historias, sus luchas y, en lo posible, utilizar los medios de comunicación. La lucha produjo resquebrajamientos en la sociedad hacia arriba y permitió que haya espacios que las compañeras pueden utilizar para difundir la perspectiva de género y feminista.

-¿Cómo analiza la violencia machista en las protestas de Chile y Bolivia?

-La etnia blanca dominante sostiene el neoliberalismo como proyecto económico y mundial. La crueldad es contra todos los cuerpos pero hacia las mujeres es con violaciones en Chile y los abusos sexuales como muestra de la crueldad machista.

-¿Ve una relación entre los modelos neoliberales y el patriarcado?

-Las compañeras del feminismo comunitario de América latina afirman que el patriarcado es la matriz de todas las dominaciones. Si miramos la evolución de las estructuras económicas del occidente, desde el feudalismo, el mercantilismo hasta las diferentes formas del capitalismo vemos que hubo una constante que fue la dominación de género. Los estudios de Bourdieu dan cuenta de eso. La raza como creación a partir de los siglos XV o XVI como forma de organizar los cuerpos y espacios en función de intereses dominantes y explotación de los cuerpos, el concepto de clase social y explotación de clase, la heterosexualidad obligatoria son variables que van configurando quiénes dominan y quiénes son dominados. El aquí y ahora atravesado por la dominación de clase, de género, por la dominación de raza, la etnia de los blancos con total poder por la situación de negritud de la población, los sectores sociales amplios llevados a una situación sin salida en el mundo al igual que los negros esclavos en la esclavitud.

-¿Cuál es la importancia de la Educación Sexual Integral (ESI) en la prevención de abusos?

-La ESI es necesaria porque le enseñaría a niñas, niños y niñes a respetar sus cuerpos y el de los otros porque es la base de nuevas configuraciones democráticas. Se oponen las instituciones religiosas que hablan de ideología de género y bajo el slogan “Con mis hijos no te metas” garantizan la protección de abusadores, les dejan espacios de libertad, y desprotegen la infancia porque estas personas no tienen palabras ni elementos para pedir ayuda en caso de abuso. Pero además porque las infancias acceden a la pornografía que circula por Internet y los educa desde el goce machista. La ESI evitaría los escraches. El daño que produjeron en las sociedades y en los cuerpos las instituciones cristianas es terrible.
-¿Cuál es el lugar de los varones en la lucha de género?

-Veo varones que se están agrupando bajo una propuesta antipatriarcal. Me consultaron por una nota sobre un hombre que se había hecho una vasectomía y recibió rechazos de parte de otros hombres. Es una conducta antipatriarcal: inscribir en el cuerpo la decisión de no llevar adelante el modo machista de reproducción. Hay varones que por el nivel cultural aprendieron el discurso políticamente correcto pero ocultan el sostenimiento del machismo. Hablan de nuevas masculinidades, pero el patriarcado siempre las reproduce. Tienen que ser anti hegemónicas y anti patriarcales y con lectura feminista. Las mujeres son las que tienen un punto de vista epistemológicamente privilegiado porque son quienes ven los mecanismos de dominación masculina. Con la revolución de las hijes, el término que inauguró Luciana Peker, se produjeron cambios en los padres, abuelos y tíos ante los posicionamientos de los adolescentes. Es muy saludable. El feminismo es un movimiento de liberaciones para toda sociedad y no produjo ninguna muerte. Los cambios sociales son la consecuencia de la lucha de las mujeres y de ocupar el espacio público en la calle.

-¿Cómo se interesó por estos temas?

-Viví la discriminación por ser peronista, por ser de un sector económicamente bajo, y por otros temas lo que me ubicó en sintonía de empatía con cualquier otra persona. No me fue difícil ver lo que les pasaba a las mujeres. Con las lecturas feministas y con la escucha de su sufrimiento mi posición avanzó rápidamente.
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Si va a utilizar este texto cite la fuente: elciudadanoweb.com
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