Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

Mes: abril, 2022

Entrevista a un testigo del caso Grassi «La estrategia de la defensa del cura es crear miedo» (2008)

21 de agosto de 2008 Agencia Walsh.- https://original.revistaelabasto.com.ar/stola_sobre_caso_grassi.htm

El 21 de marzo de 2017, la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina, por unanimidad, desestimó los recursos presentados por la defensa y dejó firme la sentencia que había condenado a Grassi a 15 años de prisión «por abuso sexual agravado» Hoy 18-04-2022 está en la cárcel y continúa siendo cura de la iglesia católica.

Entrevista a un testigo del caso Grassi:“La estrategia de defensa del cura es generar pánico”
Julio Grassi fue denunciado, en el 2002, por “abuso deshonesto” y “corrupción de menores”. Hoy, seis años después, comenzará el juicio oral y público. Cuál es la estrategia de defensa del sacerdote y el nefasto papel de los medios que, en reiteradas y cuidadas entrevistas al cura, extienden el maltrato sobre los denunciantes. 
     Enrique Stola es médico especialista en Psiquiatría y Psicología Médica y Clínica. Estos datos no alcanzan, sin embargo, para definirlo en su totalidad. Para ese propósito es indispensable decir que es internacionalmente reconocido como terapeuta en la atención de cuestiones de maltrato infantil y violencia intrafamiliar, institucional, sexual y de género. 
     En este país, y no es el único en el mundo, dedicarse a atender y a denunciar los abusos contra las mujeres y los niños implica ser atacado y difamado por los numerosos grupos que consideran que denunciar estas cosas –no que sucedan– destruye a las familias.
     Si se le añade que el doctor Stola fue el psiquiatra de los dos jóvenes que denunciaron al cura Julio Grassi en el programa Telenoche Investiga, y que, posteriormente, se convirtió en testigo de la causa que todavía espera el juicio oral, es muy sencillo concluir que su vida no es nada sencilla. 
    En la vereda de enfrente están la Iglesia, los medios de comunicación y los grupos económicos que financian y garantizan la impunidad del cura (la Fundación Felices los Niños fue la más apoyada económicamente por el gobierno y los sectores de poder durante la década del ´90).
     Pese a las amenazas continuas, las golpizas, los intrusos en su casa y los robos que sufrió, Enrique Stola tiene el coraje, el valor y la coherencia de juntar paciencia hasta declarar en el juicio oral a Grassi, que comenzó hoy, bajo los cargos de «abuso deshonesto» y «corrupción de menores» y con un inconcebible pedido de nulidad del sacerdote.
    Entrevistamos a este médico psiquiatra para conocer los pormenores de un caso que más que silenciado, parece amordazado. Son ínfimos los medios que informan que Grassi tiene tres causas de abuso sexual y corrupción de menores agravado. Dos, radicadas en Morón y la tercera en Calafate. Allí, durante un viaje, Grassi habría abusado de un joven, hoy mayor de edad, quien junio de 2006 se animó y declaró por primera vez en contra del cura.
      El examen psicológico que le hicieron al sacerdote sostiene indicadores similares al perfil de los delincuentes sexuales. No lo dicen los testigos de parte. Lo dice la pericia, que confirmaría la impericia del fundador de la Fundación Felices Los Niños.
Los medios, que han utilizado cientos de prácticas desdeñables para defender a Grassi, jamás se han interesado por el estado y la salud mental de las víctimas. Sin embargo han entrevistado al cura, y siguen haciéndolo, para que imponga su versión de los hechos: la del complot contra su persona.
     Esas entrevistas -con la escenografía adecuada: una pequeña habitación, cama, mesa y Biblia. Clima de austeridad y de recogimiento espiritual- tienen ese objetivo explícito, pero además uno más macabro: mostrar todo el poder del sacerdote. Es un mensaje a otras probables supuestas víctimas: no hablen porque serán despedazadas en nuestros programas. 
En cada uno de las emisiones televisivas donde se coló el caso Grassi, se calificó negativamente a los jóvenes que lo denunciaron, se dieron allí sus nombres a pesar de ser menores de edad, se los trató de discapacitados, de chantajeadores y muchos más adjetivos denigrantes. 
      Luis Majul alcanzó a emocionarse en la entrevista con el cura. Majul nunca preguntó por el estado de las supuestas víctimas como tampoco lo hicieron monseñor Bergoglio, monseñor Lozano, monseñor Echron, el capellán Baseotto, monseñor Romaní, y sigue la lista. 
      ¿Qué pueden pensar y sentir jóvenes marginales ante tamaño despliegue de poder, ante la emoción de Majul, ante las reverencias de Mariano Grondona, Daniel Hadad y ante el apoyo explícito de muchos obispos argentinos?
      Enrique Stola lo revela en esta entrevista donde, entre otras cuestiones destacadísimas, se evidencia la perversidad de los medios, que cada vez tienen más fines. 

-¿Cómo llegó al caso? 
Enrique Stola -Cuando vi una denuncia que apareció por televisión, (se refiere a la investigación «Yo, Grassi» emitida por «Telenoche Investiga» el miércoles 23 de octubre de 2002) estaba impactado como todo el mundo. Y entonces, mientras estaba viendo el programa le dejé un mensaje a alguien de la producción. Yo había estado en TN Investiga en el programa anterior cuando se analizó la forma de dominación que tenía un programa de entrenamiento que utilizaba técnicas psicodramáticas. Aparecí analizando lo que el TN Investiga había investigado al respecto. 
     Entonces les ofrecí mis servicios como analista institucional, pensando que el equipo iba a tener una fuerte presión. Mi idea era hacer una especie de intervención psicológica institucional sobre el equipo periodístico. A la semana siguiente recibo un mail que dice que van a requerir mis servicios, que les diga día y hora, lo antes posible. Les di un turno para el día siguiente, un martes a las 16. Eran los 16:15 y no venía nadie. Yo no sabía quién iba a venir pero entonces recibo un llamado telefónico hecho por una mujer que me dice: «Estamos llegando tarde, pero estamos yendo». Al escuchar que hablaba en plural, me dije «debe ser una pareja». Al rato llegan y entra una señora joven con un jovencito. Pensé que serían madre-hijo. Para nada los relacionaba con el caso. Y cuando entran me dice «soy la tutora de ‘Gabriel’, el joven que hizo la denuncia» ahí casi me caigo de espaldas.

-Pero se mantuvo en pie

–Sí. Tuve una entrevista de dos horas con «Gabriel», y en ese lapso decidí que lo iba a acompañar. Le planteé tener una entrevista al otro día, hicimos eso, y el jueves la llamé a la jueza que estaba a cargo (el caso lo investigaba la Justicia de San Isidro) y le digo: «Yo he tenido dos entrevistas con ‘Gabriel'». Me dice que vaya inmediatamente al juzgado. Fui y di cuenta de las dos entrevistas. Informé cuál era el criterio con que iba a trabajar: mi objetivo no era que «Gabriel» declarase o no, sino acompañarlo y fortalecerlo para que tomara la decisión que creyera conveniente. Si se quería ir del país o participar del juicio era cosa de él. A mi me interesaba que cualquier decisión la tomara con el máximo de libertad y la pudiera sostener. Me dijo que ella estaba totalmente de acuerdo y me preguntó si yo estaba dispuesto a atender a alguna otra posible víctima, si aparecía. Le dije que no había problema, que contaba con un grupo de colegas que podía hacerse cargo también. «Mire que esto es difícil», me dijo.

-¿Le hizo una advertencia?
-Me hizo la advertencia, aunque yo no tenía elementos para saber lo que implicaba. Eso fue un jueves y el viernes me llama para ver si podía atender a otra persona que ya había declarado. Entonces apareció «Ezequiel». Con él tuve pocas entrevistas y se encargo la Licenciada Maria Inés Olivella de su atención, y yo, de la supervisión. En ningún momento «Gabriel» y «Ezequiel» se conocen ni se conocerán. Hemos sido muy cuidadosos. Cada uno tiene su propia experiencia. 

-¿Cuán «pesado» era el tema?

-Muy pesado, porque en ese momento estaba toda la prensa, todo el grupo Hadad, Mariano Grandona, Ámbito Financiero presionando y diciendo cualquier cosa sobre estos jovencitos. Y no había abogados que salieran a responder. En un momento se hizo tan fuerte la presión que yo decidí salir a hacerlo. No permití que me tomaran fotos por un tema de seguridad porque a donde íbamos había seguimiento buscando al pibe. Daniel Hadad quería la foto de «Gabriel» para publicarla. Por ahí estábamos en un lugar y había que sacarlo encapuchado. Entonces decido salir a hablar. La revista Veintitrés me hace un reportaje y ahí digo todo lo que pienso, cómo estaban maltratando a los chicos por televisión. Recuerdo que me llaman de Radio 10 para hacerme un reportaje y les dije que no le iba a dar ningún reportaje a ningún medio que haya maltratado a mis pacientes, sea Radio 10, Canal 9, La Nación, Ámbito: todos los que respondían corporativamente.

-Ahí se convirtió en el hombre sobre quien podían «disparar»

-Si, totalmente. Después apareció como abogado Juan Pablo Gallego y ahí se pudo organizar una defensa de los pibes. Increíble, a las supuestas víctimas había que defenderlas. La causa pasa a Morón, al juzgado del Dr. Ricardo Oyama, gran «personaje». Este juez me dice que quiere conocerme. Entonces fui pensando que iba a ser una charla… pero en realidad quería que yo declarara y recuerdo que estaba él y el asesor de Menores. Cuando hablo con el juez le digo: «¿Ustedes vieron cómo tratan a ‘Ezequiel’ en el programa de Grondona?: como discapacitado, usando el término como una descalificación, ¿vieron las cosas que dijeron de «Gabriel», estar buscando el nombre real, hacer aparecer a la madre de ‘Ezequiel’ contradiciendo a su hijo, diciendo de que es un mentiroso y las demás atrocidades? El juez me dice: «No, no sé nada, no miro televisión». Lo mismo, el de Menores. ¡¡Cómo puede ser!! El escribiente les decía: «Pero doctores… es el tema del que se habla todo el día.» Una caradurez total la de estos señores. Ahí me di cuenta que la cosa era bien pesada. Hay algunos muy buenos jueces, pero también hay gente que tiene mucho poder y son de lo peor. Gente no confiable, como el caso del fiscal general de Morón Federico Nieva Woodgate, que debería ser la cabeza seria y honesta del Ministerio Público. Para mí es un tipo no confiable, con el cual tuve una fortísima discusión. No quiero saber absolutamente nada con él. Me produce un profundo temor estar a solas con este hombre. Yo no acepto con él ninguna entrevista solo, quiero siempre testigos. 

-Enrique, ¿cómo sigue su participación en el caso?

-Actualmente estoy en calidad de testigo. Yo tuve asistiendo y conteniendo a «Gabriel» hasta noviembre del 2005 cuando me entero que él había firmado en sede judicial que desistía de seguir como «particular damnificado». Cuando me entero de eso en una entrevista que tenemos, le digo: «No puedo seguir siendo tu terapeuta, porque yo tengo que denunciar a este tipo. No puede ser que un fiscal te haga renunciar». Yo pensé que era el fiscal, que en ese momento tenía mas contacto con él, pero en realidad el ideólogo era el fiscal general Nieva Woodgate. Yo ya venía percibiendo que con sus comentarios venia boicoteando mi relación con «Gabriel». Entonces dije «lo voy a denunciar porque no puede ser que esto quede como antecedente». Sino sería cuestión de esperar que cualquier niño, niña o adolescente marginal abusado/a sea mayor de edad, dilatar el proceso y luego un fiscal que lo haga renunciar a ser «particular damnificado» con el cuento de «nosotros te vamos a defender». Entonces no habría nadie que denuncie. 
     En ese momento yo hago dos denuncias porque además a «Gabriel» lo hacen firmar sin la presencia de un abogado, sin evaluar en qué estado estaba: terriblemente desgastado por todo lo que le venía ocurriendo. Cuando se hace esta audiencia pública donde obligan a «Gabriel» a desistir de la denuncia, la policía tiene mandato para no hacer entrar a Gallego, el abogado de los chicos. Gallego estuvo cinco horas ahí sin moverse, tuvo que ir gente de Derechos Humanos de la Municipalidad de Morón, para que hubiera testigos calificados de cómo se estaba violando la ley ya que ni siquiera le querían dar un comprobante de que estaba ahí, en el juzgado.

-Entonces usted también denuncia esta arbitrariedad

-Exactamente. Denuncio al fiscal, al Secretario del Juzgado, entre otros. Mi denuncia se suma a la que hizo el propio Gallego y el Comité de Seguimiento por los Derechos del Niño. La Cámara resuelve no dar bolilla a nuestra denuncia. Sin embargo, Casación aparta al Tribunal y dictamina que se haga todo de nuevo. Entiendo que la defensa del cura no nos quiera pero bueno, estamos ejerciendo nuestra profesión y estamos totalmente comprometidos con la misma, con nuestros compromisos éticos y profesionales.

-¿Cuál fue el efecto que iba produciendo en estos dos jóvenes la profunda campaña instalada en los medios en defensa de Grassi?
 
-Uno de los efectos es inhibir posibles nuevos testigos. En caso que el cura llegue a ser condenado porque se comprueba que es un abusador, va a significar que hay muchas más víctimas que no han podido declarar. ¿Por qué? Porque sucede lo mismo que en un grupo familiar donde un nene o una nena denuncia «el abuelito me está tocando» y se arma tal quilombo familiar que llega un momento que se retracta y dice «no, no era así». Luego, llegado un caso similar, prefiere callárselo. Cuando el cura está ese mes preso y da sus entrevistas en una piecita y se suponía que dormía ahí, (digo «se suponía» porque yo dudo de todo eso: creo que dormía en otro lugar y la pasaba mucho mejor de lo que demostraba), da una imagen absolutamente distorsionada a la que los chicos denuncian.
    En segundo lugar, cuando Grassi fue liberado y fue a la Fundación Felices Los Niños y lo reciben en andas, me tuve que ir de urgencia a La Plata porque uno de los pibes estaba en crisis de nervios y de pánico ante esta situación. Lo tuvimos que sacar del Programa de Protección de Testigos porque él decía «yo estoy preso y este señor está libre». Este programa lo tenía en una situación de control y cuidado, que él vivía como una prisión. Imagínate un chico que ha vivido marginado, que ha tenido el peor concepto de la Policía, de la Justicia, que no cree absolutamente en nada y además, según él, tiene una pésima experiencia con este hombre. Y el otro pobre pibe, «Ezequiel», ver por televisión a su madre hablando en contra de él, todo financiado por varios canales, fundamentalmente Canal 9. Así que vi cómo se deprimían, cómo lloraban, cómo se angustiaban. 
      Cada vez que Grassi sale entrevistado, mostrándose como víctima, con toda la propaganda… ¿cómo lo viven los pibes? Es una muestra de poder del cura y el pensamiento es «ante tipo yo tengo que declarar, ante este tipo yo tengo que hablar». Eso produce profundo miedo y pánico y creo que en esto se basa parte de la estrategia de defensa del cura, generar miedo, generar pánico. Y todavía resulta efectiva. Sabrá hasta cuándo el Dr. Sandro, que es el que dirige toda esta defensa, sabrá Pierri, Telleldín y todos los personajes ligados al cura Grassi: monseñor Bergoglio y toda la Conferencia Episcopal que defiende al cura.

-¿Y en su caso, qué genera?
-En mi caso, por ahí cuando estoy hablando esto con mi pareja me dice que está ocurriendo lo que ellos quieren: que tenga miedo, que no pueda estudiar. Y si…, que te toquen el portero eléctrico y te digan «te vamos a reventar a vos y a tu familia, te metiste con nosotros», recordar la escena acá, tirado en el piso porque me habían recontra cagado a palos y quedar con stress post traumático más de un año y dos meses medicado… O sea, no es fácil, así que no me pidan los monseñores que están avalando todo esto que yo sea muy educado con ellos, pero lo que sí puedo decir es que puedo mantener mi objetividad profesional con respecto al cura. No tengo nada contra él, lo único que quiero como testigo es responder a las preguntas que tenga que responder y nada más. Que se termine esto y creo que para él esta situación de incertidumbre no es buena. Sería bueno que él tuviera el juicio. Para los chicos es una desprivación de Justicia: van seis años de la causa. Un tipo que ha tenido tantos abogados, tantos estudios caros que no han tenido ni Menem ni Cavallo…

-¿Quien cubre esos gastos? ¿Es la propia Iglesia?

-Lo cubren empresarios como Santiago Soldati (dueño de uno de los grupos económicos más fuertes del país), según lo declaró Moreno Ocampo: que Soldatti le pagaba a él. Parece que Moreno Ocampo es medio mercenario porque si le pagan, él lo hace y ahora está juzgando mercenarios en Europa. No sé qué otros grupos, quienes financian, pero hay que tener plata para financiar durante seis años a Sandro, por ejemplo, que es el abogado penalista más caro del país. Por qué un cura tan «humilde» tiene tantos abogados, la verdad no sé.

-Antes de este caso, por más que él se defina como «humilde», ya que tenia varios grupos económicos que financiaban su Fundación y demás. ¿La Fundación sigue funcionando?
-Sí, sigue funcionando.

-¿Grassi tiene un régimen de visitas a la Fundación con vigilador?

-Antes su «vigilador» era una monja, que después creo que renunció. Con todo el ejercicio y entrenamiento de manejar el poder que tiene él, no creo que esa cuidadora o cuidador, sirva de algo. Creo que se maneja con total libertad, de la misma forma que viene a Capital, apoyado en sostenes tales como Monseñor Bergoglio. Grassi, pese a todo, da misas (lo hace también en Provincia de Buenos Aires), así que no hay restricciones.

-¿Alguna vez Grassi tuvo contacto directo con usted?

-No, una vez que fui a hacer una denuncia contra Telleldín, mientras estaba esperando al fiscal, entró a hacer una denuncia y se colocó delante de mí. Fue una sensación muy extraña porque nunca lo había visto personalmente pero fue la única vez que lo vi. 

-¿La denuncia contra Telleldín tenía que ver con el caso?

-Sí, Telleldín se había puesto en contacto conmigo con un nombre falso primero, no sé buscando qué. Creo que buscaba lo que consiguió después, ser tapa de revistas, como Veintitrés y así ganar clientes dentro y fuera de las cárceles. Yo presento una denuncia contra él y su relación con el cura luego de tener una entrevista con Telleldín en el bar La Paz, con testigos, por las dudas. Estos son los personajes que están con Grassi. Fue interesante porque Telleldín me dijo que sólo se ocupaba de la «logística». Pinchar teléfonos, verme los mail, que para eso lo habían contratado, pero que en las cosas pesadas él no tenía nada que ver. Después hice la denuncia y nadie investigó.

-¿El abuso inicial se ve reforzado con Grassi saliendo por televisión en entrevistas donde no se le pregunta nada que lo comprometa? 
-Yo diría que es otra forma de abuso. Si «Gabriel», como él declara, tuvo abuso sexual, que eso se tendrá que ver en la justicia, luego lo que hay es abuso de poder sobre chicos marginales, por los que ningún periodista se ha interesado jamás. Nunca. Ninguno me llamo para preguntarme como estaban los chicos. Y los que me presionaban para que les entregue datos, nunca me preguntaron: «Doctor, ¿cómo están los chicos?» Nadie, nunca. Lo que trae esto es una gran dificultad para organizar la vida porque por la experiencia que han tenido ha sido traumática. Se frustra la posibilidad de estudiar, porque le aparecen los matones a la salida de la escuela; la posibilidad de trabajar, porque le aparecen en el trabajo. Son pibes que llevan hace seis años una vida muy difícil como ocurre, al final, con todos los chicos y las chicas que han denunciado esta situación y la persona que denuncian es poderosa

-Después de haberlos acompañado, ¿usted cree que de pasar por un hecho similar estos chicos volverían o se animarían a denunciar una situación similar? Y eso ligado a ¿qué mensaje podemos transmitir para quien ha sufrido un abuso y tenga temor a denunciar? Porque los mensajes que se emiten desde los medios no son sólo para estos dos chicos puntualmente
-Claro. «Cállate que lo importante es la familia, lo importante es el doctor que está abusando siga curando enfermos. Lo importante es que el cura siga dando de comer a chicos, y bueno, si se bajo a dos o tres, no hay problema» 

-O algo habrán hecho esos chicos para…

-O como dijo este obispo de Tenerife (España): «Hay que ver los chicos de doce o trece años que inducen a ser abusados, seducen». Una cosa terrible, pero esto está en gran parte de la mentalidad de los curas y los obispos. Siempre tienen la culpa los chicos porque los seducen o los adolescentes o la mujer por ser mujer. La Biblia lo dice, la mujer tiene la culpa y bueno, ellos siguen con esa historia. Entonces para el chico resulta muy difícil organizar su vida, y esto no es muy esperanzador. Me acuerdo de uno que dijo «yo si hubiese sabido esto, no hablaba». Y yo lo entiendo, lo entiendo perfectamente. Un chico marginal, después de hablar, después de sufrir las cosas que han sufrido, ¿que van a hablar? Los entiendo perfectamente. Por otro lado, hay algo que tiene que ver con el orden de la salud, de la dignidad que opera internamente como un espacio de salvaguarda de todo esto. «Al final lo único que hice fue decir la verdad y es importante que haya gente que me creyó». Entonces yo he tenido que acompañar a muchos pacientes que han dicho la verdad en su grupo social, que el abuelo, el padre, o el tío los abusaba y se armaba un gran quilombo, pero lo importante es que siempre había un parte de la familia que los apoyaba. Y después podían comenzar a reestablecer su tranquilidad espiritual, se tranquilidad psíquica y hacer un proyecto de vida y de ejecutarlo. Podían hacer determinados estudios, un trabajo y sostenerlo, comenzar a tener relaciones sentimentales. Así que es mucho más duro enfrentarse a alguien que tiene poder

-Desde el acompañamiento, ¿cómo se contrarresta esa muestra de poder, contra chicos que fueron y son abusados?
Yo creo que el acompañamiento afectivo tiene tanto poder, que contrarresta el poder de los medios. Que el chico o la chica sepa que tiene a quien recurrir y en quien se pueda refugiar. Que no importa lo que tiene, lo que no tiene o haya hecho en su vida, que puede confiar y puede recurrir. Y es importante porque todos estos chicos han confiado en el profesional o han confiado en su momento en el cura. Han puesto su vida en esa confianza, y que de golpe sean abusados sexualmente… creo que un juez decía que es «un disparo al psiquismo», a todo el sistema de creencias, a la identidad, se viene todo abajo. Entonces cuando encuentran personas que están con ellos, que se juegan con ellos, los contienen y saben que no se van a doblar: es algo muy saludable para ellos. Les facilita la recuperación.

-¿Y en este momento qué contención tienen? 

-Yo no tengo contactos con ellos. Sé que están dentro del Programa de Protección al Testigo.

-¿Es un programa del Estado?

-Sí. 

-¿Y cómo funciona?, porque viniendo del Estado me da derecho a la duda 
-Tiene gente capacitada, muy conciente, coordinadores, muy buenas personas y es un programa que tiene mucha experiencia y hace buena contención. Ahí hay colegas psicólogos trabajando también, así que supongo que están contenidos por estos colegas, pero yo no tengo contacto con ellos en este momento.

-Mas allá de este caso, hay estructuras del Estado que funcionen y donde se pueda recurrir para encontrar una contención necesaria después de haber pasado por esto?
-Todavía no hay una Política de Estado ni el tema está en la agenda presidencial. Lo que hay en estos momentos, desde el Estado nacional y los sectores provinciales, son programas de violencia que atañen todas estas problemáticas. Violencia sobre mujer, sobre género, abuso sexual y a mi me ha tocado en dos o tres ocasiones pedir la asistencia de estos programas que coordina Eva Giberti y hubo una rapidísima respuesta. No lo pedí yo como profesional, lo pidieron familiares o personas a las que inmediatamente se les dio una respuesta institucional de contención psicológica, de seguimiento. Me parece muy bueno y sería el primer esbozo de una política por parte del Estado con personas que conocen bien de esta temática como Eva Giberti, que son personas comprometidas que están generando política. Creo que debería estar más fuerte en la agenda.

-¿Qué pasa con la sociedad? Desde afuera parece que no cambió mucho la legitimidad de la Iglesia, ni siquiera la del cura. ¿Hay una tendencia a exculpar a estas figuras? ¿Es así o sólo es una percepción vista desde afuera?

-Creo que el abuso sexual entra todavía en un sistema de creencias en el que el hombre puede disponer de su objeto de placer, así como puede disponer de la mujer, puede disponer de los chicos, nenes, nenas. Y aquí hay una posición de clase: si los abusadores o violadores, son de clase baja, llenan rápidamente la estadística que los jueces necesitan para decir «yo he condenado». Pero cuando estos abusadores son de clase media y tienen sus vínculos con la iglesia, en especial la católica, o con grupos económicos, no son condenados.

-Esta creencia también existe en la sociedad, ¿verdad? 

-Si, porque, primero está la creencia de que esto no pasa en familias bien. Pero pasa en todos los grupos sociales. Lo segundo está ese temor enmascarado de respeto sobre la figura masculina. Tercero, si algo pasa en la familia, hay muchas familias que prefieren callarlo. Cuarto (digo primero, segundo, tercero y cuarto, pero esta todo al mismo nivel) hay fuertes corrientes dentro de los profesionales sistémicos, psicoanalistas y demás, que por una cuestión ideológica dicen, «bueno, no importa que papá se haya cogido a la nena, lo importante es que el papá tiene que seguir estando». En un congreso en Ecuador discutimos fuerte con una psicoanalista que dijo: «¿Acaso no existe la violación por accidente?» y que «Tenemos que tomar al abuso sexual como una alteración en la comunicación del grupo familiar, el abusado tiene que ayudar al abusador a gestar una nueva ética». Esta es la postura de muchos sistémicos aquí en Argentina. 
Hay jueces que dictaminan que «el hecho ocurrió, pero hay que preservar el grupo familiar». Entonces se le encarga a la mujer que controle al marido de que no les pase nada a los chicos. Una cosa de locos, porque sabemos los códigos que se establecen, con la mirada nomás se domina y se somete y a partir de ahí puede pasar cualquier cosa. Es exponer a los niños a que sean nuevamente abusados. Tenemos jueces que trabajan bien, son la minoría. Jueces que se ajustan al derecho. Pero el problema son los jueces que no se ajustan al derecho, los que hacen prevalecer sus intereses de grupo, sus intereses económicos, sus intereses políticos o sus creencias religiosas.
      Como el dictamen de un ex juez, el doctor Cárdenas que dictaminó «dado que en sede judicial no ha sido comprobado los hechos denunciados y aunque estos hubieran ocurrido… se indica la revinculación del señor tal con sus hijas». No importa que viole a las nenas: es el papá, es el hombre, es la familia tradicional. El mensaje es «Cállense, no importa que cojan a sus niños, después haremos eternamente oraciones por ellos». Es una perversidad absoluta. Estos perversos están militando las 24 horas del día, aunque militancia es una inadecuada palabra, no encuentro otra: están activos las 24 horas del día con esas fantasías perversas. Pero estos señores ocupan espacios en el poder político, en el poder empresarial, en las instituciones profesionales, en el poder legislativo, Ejecutivo, estos señores ocupan espacios de poder. Y además se saben manejar con el poder. Entonces cualquier iniciativa que vos quieras impulsar para modificar las leyes que son necesarias de ser modificadas, empezás a encontrar trabas por todos lados. Y no necesariamente porque te ponga un fundamento justificado o razonable. Desde que la Convención Internacional del Niño tuvo carácter constitucional hasta que salió la ley que protege los derechos del niño, pasaron más de diez años. Y estas son las trabas de todos estos grupos. Y además son grupos que actúan corporativamente, como es el caso de la Iglesia Católica. Si alguien que defiende abusadores acá, es la iglesia. Yo creo que las instituciones tienen en su interior a muchos de estos personajes.Agencia Walsh
21 de agosto de 2008 

«Violación y fallo misógino: «El pacto de silencio es una maniobra patriarcal y machista para proteger a los acusados»

11 de abril 2022 El extremo sur de la Patagonia elextremosur.com

Por Lola Sánchez

Violación y fallo misógino: "El pacto de silencio es una maniobra patriarcal y machista para proteger a los acusados"

El pasado 28 de marzo, luego de reiterados obstáculos y vicios judiciales, se cerró el juicio contra tres imputados por la violación grupal ocurrida en Playa Unión en 2012. Las juezas María Laura Martini, Ana Karina Breckle y Marcela Alejandra Pérez los absolvieron, con un tono aleccionador contra la víctima, las abogadas querellantes y los peritos. Quedó a la vista un fallo extremadamente misógino, que cuestiona la vida sexual de la víctima, mientras insiste en la fabulación de las testigos y la inocencia de los acusados. El psiquiatra Enrique Stola, uno de los peritos de la causa, dialogó con El Extremo Sur y fue categórico sobre la manera en que el juicio se llevó a cabo: «El silencio siempre protege a los abusadores». Remarcó que el «pacto de silencio entre jueces, defensores y acusados es una maniobra patriarcal y machista que tiene como objetivo proteger a los acusados; nunca protege a las víctimas».

Junto a sus imputados, los abogados defensores negaron cualquier evidencia que apuntara a un abuso sexual y se presentaron como portadores de una única verdad incuestionable (sin considerar el respeto por la víctima y los parámetros de perspectiva de género que deberían estar presentes en los tribunales), una visión compartida por las tres Juezas que finalmente votaron por la absolución de Luciano Mallemaci, Leandro Del Villar y Ezequiel Quintana. 

La querella solicitó que el veredicto sea «autor penalmente responsable por abuso sexual simple en tres hechos en concurso real con sexo carnal agravado por la participación de más de dos personas y graves daños en la salud de la víctima» para Mallemaci y «responsables de abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por la participación de más de dos personas y graves daños a la salud» para Del Villar y Quintana. 

Los tres imputados fueron acusados de abusar sexualmente de la denunciante el 22 de septiembre de 2012, en el interior de la habitación-quincho durante una fiesta por el Día de la Primavera, entre las 3:00 y 5:00 am. Según precisaron, la joven fue sometida sexualmente, estando totalmente desnuda e inconsciente, mientras uno de ellos alumbra con el celular y otro hacía de «campana» en la puerta. Cabe recordar que inicialmente eran seis los acusados: Valentino Viglione (dueño de la vivienda), Joaquín Pérez y Tomás Soriano fueron absueltos en instancias judiciales previas. 

Humillación y exilio de la víctima

En sus alegatos, la abogada Verónica Heredia recuerda que, debido a lo sucedido durante la fiesta de la Primavera, la víctima «sufrió la burla, la humillación, hasta la culpabilizaron por los hechos, circunstancias que la obligaron a no concurrir a la escuela y finalmente a exiliarse de la ciudad de Puerto Madryn». 

https://www.elextremosur.com/nota/35426-hijos-del-poder-y-del-patriarcado-podrian-condenar-a-20-anos-de-prision-a-violadores-de-playa-union/

Las amigas de la víctima fueron claves en el transcurso de los hechos, ya que la socorrieron luego de percibir lo que realmente estaba ocurriendo. La tranquilizaron, le contaron historias y la ayudaron a recomponerse. Más tarde, se reunieron para reconstruir los hechos que cada una vio y escuchó, lo que derivó en una serie de testimonios más tarde desacreditados tanto por los abogados defensores como por las magistradas: «Señoras juezas, esta joven es una sobreviviente, y sus amigas, su memoria», declaró la querella. 

El relato inverosímil de Mallemaci

Luciano Mallemaci -uno de los más complicados-, es situado una y otra vez por múltiples testigos dentro de la habitación donde sucedió el abuso. En su versión, el imputado explica que discutió con la víctima porque la encontró con otro de los jóvenes, la insultó y se marchó. Heredia explicó que se trata de una visión inverosímil ya que no queda claro en qué momento se produce el abuso -si antes o después de esta discusión-, y en qué momento otro de los imputados comienza a impedir el ingreso a la puerta: «Mallemaci inventa esta versión porque una de las testigos persiste en su versión de lo que vio en esa habitación y quiere justificar su presencia en la habitación, en la cama y con la víctima». 

La letrada cuestionó también información que aportó la defensa que no corresponden con los testimonios iniciales de los testigos, se trata de «información inexistente» pasada de abogado a abogado. De esta manera, Heredia argumenta que uno de los testimonios fue «arteramente modificado» para apoyar la presunción de inocencia de los imputados. 

«Vinieron a este debate a averiguar la vida sexual de la víctima»

Uno de los puntos centrales del debate tras el fallo fue el cuestionamiento de las Juezas ante la decisión de la víctima de no declarar. Las magistradas sostuvieron que de hacerlo habría sido debidamente cuidada de acuerdo a los parámetros de protección de la mujer -una presunción que, a juzgar por el tratamiento de las testigos mujeres, no se materializa. Pusieron todo el peso del fallo final sobre esta decisión, argumentando que fue una estrategia de la querella para evitar el contrainterrogatorio. 

https://www.elextremosur.com/nota/36474-culpar-a-la-victima-desprestigiar-testigos-y-liberar-violadores-las-tacticas-de-las-juezas-del-escandalo/

Verónica Heredia presentó tres razones sustanciales para sostener la decisión. 

En primer lugar, recordó que la víctima «ya fue interrogada durante tres días, durante más de 3 horas cada día, por las defensas, la fiscalía y judicatura». La joven fue investigada, analizada y evaluada por medio de diversas herramientas psicológicas. El 9, 10 y 11 de diciembre de 2019, sin que la víctima contara todavía con asesoramiento jurídico y con perito de parte, fue sometida a entrevistas psicológicas por parte de las licenciadas propuestas en cada defensa, por el Ministerio Fiscal y por parte del Cuerpo Médico Forense. 

«Según nos informaron todas las partes, la víctima fue interrogada, investigada, analizada y evaluada, de toda su vida, desde que nació hasta esa fecha; además de ser interrogada, investigada, analizada y evaluada en relación a los hechos denunciados», agrega Heredia en sus alegatos. Le realizaron entrevistas clínicas forenses semi dirigidas, el test de Rorschach, el inventario de Personalidad de Minnesota MMPI 2 de 567 preguntas, el test gráfico de la persona bajo la lluvia, el cuestionario desiderativo, el de escalas de sucesos de vida, y la escala de síntomas de estrés post traumático. 

La segunda razón por la cual la querella desistió de la declaración de la víctima se debe a la manera en que fueron tratadas las testigos mujeres en el debate. 

«Debimos pedir que sean tratados con respeto y dignidad. El Dr. Oneto llegó a afirmar que los testigos no tienen ningún derecho, que ‘las reglas del contra interrogatorio permiten ser agresivos con los testigos'», apunta Heredia. 

«La madre, hermanas y amigas de la víctima fueron sometidas a preguntas confusas, engañosas, repetidas. Los abogados formulaban las mismas preguntas una y otra vez, afirmaban que habían dicho lo que no dijeron, se las confrontaba con dichos de cuando las testigos tenían 16 años y de los que ya habían dado explicaciones, una y otra vez, por más de 15 minutos en cada pregunta, pretendían que se les responda por si o por no cuando las preguntas estaban formuladas de tal manera que eran imposibles de responderlas, con varias negaciones o afirmaciones», agrega. 

En tercer lugar, enfatizó que la defensa llegó al debate «a averiguar la vida sexual de la víctima. Y no es una conjetura, así lo dijeron». Se trata de una forma de revictimización usada en reiteradas ocasiones, en casos polémicos por los fallos misóginos a los que abordaron, como es el de Lucía Pérez, oportunamente traído a colación en este debate. 

La abogada remarca que se opuso a una pregunta de la defensa sobre la relación sexoafectiva previa de uno de los imputados con la víctima. El abogado Francisco Oneto contestó: «Nosotros queremos saber cómo era la vida sexual posterior porque entendemos que una persona violada le cuesta reiniciar su vida sexual». «Es necesario saber cómo se desarrolló su vida sexual posterior porque es un indicio». Luego preguntó: «¿Es un pecado preguntar por la sexualidad?». 

El Dr. Villar, por su parte, dijo: «Si no vamos a investigar hechos sexuales de M. dejemos sin efecto el debate porque a eso vinimos». 

Un código penal del sigo pasado 

El análisis de Heredia es contundente: «La defensa llegó a este juicio con el código penal del siglo pasado», y para ello cita la reforma de 1999 de la Ley 25.087, que obliga a dejar de indagar sobre la vida sexual de la víctima, en especial las mujeres y niñas, que destierra la honestidad como un bien jurídico a proteger. El paradigma actual en relación a los delitos sexuales protege la integridad sexual de las personas, «el derecho a la autonomía del cuerpo, a la autodeterminación de la propia sexualidad, a la libertad de decidir. Un nuevo paradigma donde se debe acreditar el consentimiento en cada tramo de cada acto sexual, un consentimiento unívoco; a que ‘no’ es ‘no’, que el ‘no sé’ no es ‘sí’, que el silencio no es ‘sí’, a que ningún consentimiento previo sea el fundamento para dar por supuesto el consentimiento a otro acto que no sea al expresamente prestado». 

Además, recordó la calificación de «desahogo sexual» del Fiscal Rivarola, expresión compartida por los abogados defensores y por uno de los imputados. «Este proceso es un hito en la provincia del Chubut, una de las razones es precisamente por esa expresión que solo en los ámbitos más retrógrados de la academia, en los lugares más rancios de la sociedad, se volverá a pronunciar. En los abusos sexuales el bien jurídico protegido no es la honestidad ni hay desahogo sexual, en los abusos sexuales se violenta la libertad de decidir sobre el propio cuerpo sexualmente y en quien lo violenta hay impotencia y despliegue de poder», sostuvo la letrada. 

«Hace diez años que no se escucha a la víctima»

El Dr. Enrique Stola, psiquiatra y perito del caso, dialogó con El Extremo Sur y aportó su visión sobre el proceso judicial, enfatizando el camino que atravesó la sobreviviente para poder relatar lo sucedido. «Hace diez años que la voz de la víctima está presente y hace diez años que no se le escucha», sentenció.

«En diferentes momentos y períodos no se la escuchó porque hubo prejuicios de las personas adultas que no supieron contener a una niña de 16 años; si hubiesen sabido contenerla, el juicio se habría dado mucho antes. Hubo prejuicios del poder judicial, acciones de personas poderosas para que esto se escondiera», recordó. «Luego de la denuncia de Thelma Fardín se produce una explosión de casos; una gran cantidad de mujeres, niños, niñas y adolescentes (incluso varones) se atreven a denunciar públicamente lo que habían vivido». Stola expresó que en ese momento, en el cual la víctima de este caso puede volver a hablar sobre los hechos, «se le siguió obturando la palabra». 

https://www.elextremosur.com/nota/35787-stola-la-sociedad-prepara-a-los-proximos-femicidas-hay-un-ataque-fuertisimo-contra-derechos-de-mujeres-trans-y-disidencias/

Al llegar a la etapa del juicio oral, le recomendaron no dar testimonio ya que «su voz estaba a través de los informes psicológicos y psiquiátricos, a través de los testigos; su voz estaba presente. Pero estaba claro dado el accionar de las juezas, que no iban a recibir ningún tipo de protección ni de cuidado en el juicio. Por lo tanto, era mejor no someterse a las conductas agresivas y violentas de los machos defensores de los acusados». 

«Todos estos temores quedan confirmados cuando ella usa su derecho a decir las últimas palabras en el juicio, que no iban a tener un efecto judicial, pero es su derecho. Es interrumpida por las juezas que no la dejan expresarse con libertad. Parece que estas juezas querían que la víctima hablara y que fuera una ‘buena víctima’, que dijera algo así como ‘Señora Jueza, tengo confianza en ustedes, tengo confianza en la Justicia’. Pero la joven comenzó a decir cómo le habían jodido gran parte de los años de su vida, y había que evitar que hablara», agrega Stola. 

De acuerdo al informe de una de las psicólogas que entrevistó a la víctima, «en la primera sesión relató el abuso de manera desafectivizada, con sentimientos de vergüenza y culpa, por el estigma social; durante 2 años no relata el hecho; empieza a trabajar qué es el consentimiento, empiezan a aparecer síntomas en su cuerpo; 6 años de trabajo intenso con ella, en su terapia, le llevó a la víctima poder decir ‘fui abusada'». Entre las secuelas del abuso, señalaron trastorno de sueño, angustia masiva, vivencias traumáticas, vivencias de vacío, de desamparo. 

Para Stola, el fallo indicaría que se culpó a la víctima «porque no se sometió a la violencia institucional». 

También remarcó el pedido de los abogados defensores para que el debate se desarrollara en el más puro secretismo. «Ese acuerdo que hubo entre fiscales, jueces y defensores, supongo, de que no se podía hablar con la prensa sobre lo que sucedía en el juicio, siempre con la excusa de que es para mantener la intimidad de la víctima», precisó. «Esto es una gran mentira. Yo ya lo denuncié en el caso de Thelma Fardín, en donde era claro que el silencio beneficiaba a Darthés. Acá el silencio benefició a los acusados. Este silencio es una maniobra absolutamente patriarcal y machista que tiene como objetivo proteger a los acusados. Nunca protege a las víctimas», explicó. 

La mala víctima: las declaraciones impresentables de los defensores

La implementación de la perspectiva de género es una obligación para todos los miembros del tribunal, incluidos los abogados defensores. En este caso, los letrados deslegitimaron los reclamos en materia de género y escudriñaron sobre la vida sexual de la denunciante. 

En su alegato inicial, el Dr. Guillermo Iglesias -en representación de Quintana-, dijo que la Fiscalía buscó «seducir al tribunal a través de la persuasión, no a través de la prueba, sin embargo, en el sistema acusatorio el único método viable para convencer al tribunal es a través del método racional que se funda en la prueba; los argumentos vienen después de la prueba». 

El Dr. Francisco Oneto -defensor de Luciano Mallemaci- «cuestionó que la fiscalía se refiera a un grupo de jóvenes con privilegios y conductas transgresoras, ya que no se está para juzgar un modo de vida, sino para juzgar lo que ocurrió en ese momento». Destacó que la joven y Mallemaci sostenían un vínculo previo al abuso que conllevaba el mantenimiento de relaciones sexuales consentidas. Hecho que, bajo una lectura con perspectiva de género, no impediría un delito sexual posterior. Según la versión presentada por el abogado, fue la denunciante quién insistió en tener relaciones sexuales, algo a lo que Mallemaci se habría negado. 

En esta línea, continuó el Dr. Roberto Rallín, que se dirigió al tribunal «manifestando que no venían a pedir justicia, sino que requerían evitar una injusticia». 

Dijo que la investigación fue «guionada, forzada, direccionada con interrogatorios a testigos que fueron tomados en forma presionada, eran testigos muy jóvenes a los que el oficio del interrogador ha conducido para intentar generar un relato, recordando que es una causa que se inicia con una denuncia en las redes sociales y que el propio Ministerio Público toma para sí e impulsa», desprestigiando de esta manera la reconstrucción de los hechos que las y los testigos -diez años después, con la labor que eso conlleva- realizaron colectivamente.

Manifestó que su intención era probar que las consecuencias psíquicas a las que hacen referencia los acusadores (coincidentes con los síntomas de una víctima de abuso sexual) no se debían al delito propiamente dicho sino a una situación que la denunciante vivió con las amigas; «tienen que ver con todo el daño y la presión que ha generado el entorno social en una comunidad no tan grande y una edad en que la víctima no contaba con herramientas ni mecanismos de defensa psíquicos para afrontar toda una presión que se había vuelto una acusación en su contra». 

Los abogados defensores apuntan a un cambio de roles, donde presentan a los acusados como «víctimas» de una estrategia malintencionada de la querella, la fiscalía y los movimientos feministas que en las distintas audiencias prestaron su apoyo a la denunciante. 

El Dr. Martín Villar, por su parte, consideró a los alegatos de la querella como «una proclama política más que un alegato en una causa judicial», y además «reconoce la lucha, de todas las mujeres y la enaltece, sucede que no contra un inocente, porque condenar a un inocente es la primera falta de respeto a una víctima, la víctima tiene derecho a la verdad, no a que se condene a cualquiera por cualquier cosa, eso no satisface su derecho, es faltarle el respeto si es víctima». 

Para sostener su relato de la pureza de la verdad y las leyes, el letrado leyó un pasaje de una fábula sobre la verdad y la mentira: «aún hoy la gente prefiere aceptar la mentira disfrazada de verdad y no a la verdad desnuda». Un recurso burdo que utilizó para reforzar que los acusados llegaron al debate «con la sinceridad más plena». La estrategia es similar a la que utilizaron las tres juezas en su voto final: «Son las pruebas, no los jueces, las que condenan».

Con ironía, apuntó nuevamente contra la querella: «Admiró profundamente la capacidad de imaginación de los acusadores porque realmente han adivinado lo que supuestamente sucedió en un cuarto. No puede tampoco dejar de destacar la referencia del propio fiscal a que este es un caso trascendental para la provincia, no sabe que significará eso, será una presión al tribunal. Expresó que la investigación penal reparatoria estuvo plagada de irregularidades. Si es que la joven fue víctima de alguien, el primero que le ha faltado el respeto es el Ministerio Público Fiscal.»

Se destituye a la víctima de su papel como tal, ignorando ferozmente los tratados a los que, en teoría, los miembros del tribunal suscriben. El abogado concluye que a diez años «de los supuestos hechos es imposible adquirir un grado de certeza, en el contexto en que está probado, en el que habrían sido los supuestos hechos». De esta manera, desconoce la dimensión profunda de la experiencia de las y los sobrevivientes, con un pregunta que termina de coronar la misoginia del debate: «¿Cómo saben que era víctima?».

La declaración de uno de los imputados: «La única víctima soy yo»

Uno de los más complicados, Luciano Mallemaci, brindó su declaración expresando una y otra vez que él era una víctima más del proceso. Absolutamente seguro de su inocencia, y al igual que sus pares, consciente de su impunidad. 

«El señor fiscal sabe que yo soy inocente y de igual forma decidió meterme en este proceso porque él sabía que metiéndome a mí iba a lograr ciertas cosas. Pero yo estoy muy injustamente en este proceso», opinó y agregó: «Tuve que bancarme tres años de locuras», explayándose sobre las situaciones que vivió tras ser «escrachado». «Tuve que afrontar un montón de situaciones de chicas que me venían a agredir, yo siempre traté de hablar pacíficamente, pero es muy difícil, ellas te dicen que no creen en nada, te dicen que te quieren ver muerto. Que ellas creen por la condena por mano propia, hacen juicio de valor. Yo nunca decidí bajar los brazos». 

Comentó que uno de los abogados a los que acudió le sugirió que aceptara el juicio abreviado porque «las causas de género hoy están complicadas, la balanza está inclinada para ese lado». El acusado expresó que al enterarse que dicha posibilidad fue rechazada, sintió que «Dios me había iluminado; era la posibilidad de demostrar mi inocencia». 

Insistió en que el escrache de la víctima era «falso» y que «sabe muy bien» que él es inocente. «Yo creo que fui la única persona que vino con la verdad a este debate», dijo, y en línea con el discurso misógino de los abogados defensores expreso: «Esa noche la víctima fui yo». 

La urgencia de una reforma judicial feminista 

Pese a la sentencia desfavorable, el Dr. Stola dijo que «ha sido positivo para la víctima que el juicio pueda desarrollarse, porque ella quería que esto sucediera, aunque muchos progresistas dijeron que había que llegar a un arreglo y evitar el juicio». 

«En 2012 cuando circuló en el pueblo y en las redes que la denunciante había sufrido una agresión sexual, no hubo adultos que contuvieran esa situación. ¿Qué podía hacer una joven de 16 años que había estado alcoholizada y agredida sexualmente? Hizo lo que pudo. A pesar de que su vida cambió drásticamente, trató de rehacerla en otro lugar, seguir sus estudios, finalizar sus estudios universitarios con mucho éxito, trabajar. Esto es lo único que podía hacer. Cuando el contexto social lo permitió -por la lucha de las compañeras feministas- ahí entonces el juicio pudo llevarse adelante», relató el psiquiatra. 

Stola considera que «esto es muy reparador para la víctima, más allá del resultado, la sobreviviente sabe que hace pocos días fue víctima de la violencia judicial, sabe que está siendo apoyada por una innumerable cantidad de sobrevivientes, mujeres y grupos en todo el país, que están ahí haciendo fuerza para que las instancias superiores tengan una mirada con perspectiva de género y puedan entender lo que pasa con las mujeres, niños, niñas y adolescentes que son víctimas de agresiones sexuales». 

Stola aportó definiciones sobre la dimensión estructural de los delitos sexuales: «Nuestras sociedades están cruzadas por las agresiones sexuales, más allá de que cada vez que hay un caso que cobra trascendencia millones de personas se golpeen el pecho y digan ‘esto no puede ser’. Como sociedad nos tenemos que hacer cargo de que esos personajes son productos nuestros y tenemos instituciones como el Poder Judicial que desde la creación de los Estados-Nación cumple un rol -hoy resquebrajado gracias a la lucha feminista- que es garantizar la supremacía masculina, blanca y la dominación de clase.»

Consultado sobre los escraches y la necesidad de justicia fuera del ámbito legal, opinó: «La justicia por mano propia no existe. Es revancha. No creo tampoco en la existencia de la justicia. La justicia en cada momento histórico tiene una entidad regulatoria en las sociedades. Se supone que hay instancias de regulación. Esto requiere una adecuada estrategia judicial y política», precisó. «En el campo de lo social, es lo que permite que se produzcan actos justos. Para nada acuerdo con las visiones punitivistas, que hay que dar más años, castigar a los agresores sexuales, hay que mantener el respeto por los derechos de cada una de las personas acusadas, significa también darles posibilidades de psico-educación, reflexión sobre el tema. Tenemos que tener confianza no en la justicia sino en la estrategia judicial que se está llevando a cabo, confianza en la movilización de las compañeras feministas y movimientos sociales que son quienes que están permitiendo que el poder judicial cambie», concluyó. 

Se trata, finalmente, de un fallo que espera ser revertido gracias a la potencia social de los movimientos feministas y el repudio de toda una sociedad ante la clara muestra de complicidad con los más poderosos.

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