Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

Categoría: Dominación masculina

Femicidio en Catamarca: “No es gente enferma, sino que tiene una formación machista importante” Dos médicos psiquiatras consultados por Clarín reflexionan sobre los femicidios luego del crimen que se conoció este lunes.

Clarín, 2 de marzo de 2020

Naim Vera, de 19 años, asesinó a su novia Brenda Micaela Gordillo.

La mayoría de los asesinos es gente normal, que está entre nosotros, en una conferencia, en el supermercado, en una heladería”, afirma el médico psiquiatra Enrique Stola. “Se trata de gente normal, que no es enferma ni psicótica, sino que tiene una formación machista importante, que siente que el cuerpo de la mujer les pertenece“.

¿Cómo explicar un crimen en el que un joven de 19 años asfixió a su novia y quemó sus restos en una parrilla? “Habla de la juventud, inmadurez e ignorancia de un pibe violento que no tuvo tiempo de desarrollarse, de crecer y que, de repente, se vio desbordado por la situación, pero no por haberla matado, sino por querer salvarse“.

El profesional hace foco en el femicidio de Brenda Micaela Gordillo, de 24 años, a manos de su novio Naim Vera, de 19, que confesó haber quemado en una parrilla los restos de la víctima antes de arrojar algunas partes del cuerpo en un contenedor de basura y otras, a la ruta.

Los padres del femicida Naim Vera pidieron perdón a la familia de la joven asesinada

Stola piensa que estamos equivocados “si pensamos que violentos así no nos podemos cruzar en cada momento en nuestra vida diaria. Yo vengo de una conferencia de cien personas, por ejemplo, y las estadísticas indican que en un grupo que asiste a una charla como ésa, entre el 30 y el 60 por ciento de las mujeres asistentes sufrió alguna agresión, acoso o abuso sexual“.

El especialista, que señala que se vive en una sociedad patriarcal y machista, está convencido de que no se detecta al violento o al acosador a simple vista. “Podemos ser engañados, sino basta con leer en las noticias recientes sobre el comportamiento de un acosador serial como es el cantante Plácido Domingo quien, detrás de su imagen señorial esconde a un ser horrible“.

Casos como el que conmocionó a la provincia de Catamarca “tiene como responsables a gente de a pie, no son monstruos, ni bestias, ni enfermos -enfatiza-, se trata de los machos que nuestra sociedad está produciendo cada día“.

Pero, ¿cómo se llega a semejante nivel de violencia?, se le vuelve a consultar, a lo que Stola responde que tiene que ver con “la precarización de la vida producto de las frustraciones personales,que generan primero impotencia y luego una violencia inusitada”.

Los tiempos de empoderamientos femenino, del lugar que la mujer fue ganando y recuperando en estos tiempos “no es bienvenido por los hombres violentos, que no soportan que la mujer sienta que tiene los mismos derechos, o que tenga conciencia de su posibilidad de decir que no, o advierta que ya no necesita estar atada a un hombre”.

Asiente Nora Leal Marchena, médica psiquiatra que, en sintonía con Stola, subraya en la peligrosidad del hombre inseguro, “al que le brota un nivel de violencia desmesurada cuando le cambian los roles y surge el disciplinamiento social. Es decir que, cada vez que aparezca una mujer asesinada, aparecerá un macho que en su casa dice ‘Te va a pasar lo mismo’.“.

Leal Marchena remarca “el altísimo nivel de violencia, pero hasta en lo más sencillo y cotidiana, como es frenar cuando el semáforo pasa de amarillo a rojo y vemos todos los días cómo se acelera para ganar un segundo. Tenemos que preguntarnos qué pasa con los vínculos sociales o en qué quedaron“.

Puntualmente en el caso de Catamarca, “cuesta entender una reacción atroz sin conocer a la persona, pero acá hubo bronca, saña, celos y lo que viene después es ‘cómo hago para salvarme‘, para intentar entender que el asesino podía deshacerse de un cuerpo quemándolo en la parrilla”.

La profesional hace foco en lo infrecuente de que “un joven de 19 años mate y mate de esa forma, con semejante nivel de violencia. ¿Qué habrá pasado por la cabeza de ese chico? ¿Qué nivel de frustración arrastra? Y también es importante destacar el instante de lucidez de su entorno, aparentemente de su padre y abogado, quienes lo llevaron a la comisaría para que confiese”.

Leal Marchena concluye que “el asesinato de esta jovencita, como el de Fernando Báez Sosa, sólo hablan del desastre fenomenal que estamos atravesando, donde el espiral de violencia aumenta porque el Estado está ausente y se incrementa la violencia por mano propia y, también, por la anulación de la persona. No existe la persona, se la atropella

 

https://www.clarin.com/sociedad/femicidio-catamarca-gente-enferma-formacion-machista-importante-_0_6u0ZA5uG.html?fbclid=IwAR1HvlwxP-GVJyuoq0JGpyEsmyP0u4JFlsgmAwdApjlXuJIYLotCu7hP3-Y

VIOLENCIA MACHISTA: El inexistente síndrome de ‘la mala madre’ lleva dos décadas usándose en los juzgados españoles

Ester Ruiz e Irune Costumero tienen mucho en común. A las dos les arrancaron a sus hijas tras denunciar a sus parejas por violencia o abusos. Las dos han luchado por recuperarlas y se han enfrentado a un sistema judicial que les ha aplicado el inexistente síndrome de alienación parental. La principal diferencia es que entre ambos casos hay casi 20 años de distancia.

Por Marisa Kohan. Diario Público, Madrid, 24-02-2020

Irune Costumero y Ester Ruiz
Irune Costumero (izquierda) junto a Eter Ruiz (derecha) en Vizcaya durante unas jornada contra el SAP / Público

MARISA KOHAN

“Yo me topo con este engendro en el años 2003. Entonces descubrí lo que era el Síndrome de Alienación Parental, y soy una de las primeras ‘usuarias’ (así nos definen) de los puntos de encuentro familiares. Me ha comido todo el sistema: mediación familiar, puntos de encuentro y arrancamiento… Porque hay que llamar a las cosas por su nombre. No son retiradas de custodia, a los hijos e hijas nos los arrancan de la manera más cruel que se pueda imaginar“.

Así explicaba su caso Ester Ruiz, enfermera especialista en psiquiatría y responsable de la Plataforma Luna contra el SAP, en una jornadas multidisciplinares celebradas recientemente en Igorre (Vizcaya), para denunciar la utilización de este síndrome inexistente en juzgados, equipos psicosociales y servicios sociales de diversas comunidades.

Ella denunció a su expareja por posibles abusos y maltrato y acabó sin la custodia de su hija y peleando contra un sistema del que entonces conocía muy poco. Por eso, al cabo de los años,una vez recuperada a su hija, montó la primera asociación de ayuda y apoyo a las víctimas del SAP.

El 4 de agosto de 2017, Irune Costumero vivió una situación similar. Una llamada de los servicios sociales de Vizcaya la citó en su sede sin más explicaciones. Al llegar, una decena de policías, guardias de seguridad y Ertzainas uniformados estaban en la sala. Sin ningún tipo de advertencia una trabajadora social cogió a la niña, se la llevó entre gritos de la menor que llamaba a su madre y pedía auxilio, mientras que a ella la sujetaron para que no pudiera salir en su búsqueda.

Los audios de esta escena, a los que ha tenido acceso este diario, resultan estremecedores y han sido una de las pruebas admitidas contra los responsables de los servicios sociales de Vizcaya, cuatro de los cuales han sido imputados por la Audiencia Provincial por prevaricación y delito de lesiones y se sentarán en el banquillo en breve. Entre ellos figuran el el máximo responsable del departamento de Acción Social, Sergio Murillo; la jefa de la Sección de Recepción, Valoración y Orientación, Antonia Giner, la jefa del Servicio de Infancia, Consuelo Alonso y la trabajadora social que aplicó la orden, Maika Urrutxurtu.

“Tardé tres meses en ver a mi hija y la primera vez que la vi fue en un punto de encuentro vigilada en el que me amenazaban cada vez que le decía que consideraban dañinas”

“La orden que me leyeron esa mañana encerrada en esa sala, mientras escuchaba alejarse los gritos de mi hija, decía que la Diputación foral de Vizcaya asumía temporalmente la tutela de la niña y le cedía provisionalmente la estancia al padre. No podía tener ningún contacto con ella durante un mes y luego ya se vería. Tardé tres meses en verla y la primera vez que la vi fue en un punto de encuentro vigilada en el que me advertían y amenazaban cada vez que le decía a mi hija cosas que ellos consideraban dañinas, como que cuando viniera a casa vería a su perro”, narra Costumero.

Han pasado casi tres años y Costumero sólo ve a la niña dos veces por semana durante dos horas, sin derecho a pernoctas, fines de semana o vacaciones. Ni la denuncia a los máximos responsables de los servicios sociales de Vizcaya, ni su posterior imputación por la Audiencia han conseguido que se revierta la retirada de custodia a la madre, que se realizó sin la intervención del juzgado que había decretado una custodia compartida entre los progenitores. Su delito, según los servicios sociales que decretaron un desamparo de la menor: ser una mala influencia para su hija y no permitir la revinculación con el padre, a quién había denunciado por malos tratos y al que la niña se negaba a ver.

Lo que ha cambiado es el miedo de las madres a perder la custodia de sus hijos si denuncian las violencias y abusos sexuales

Entre el caso de Ruiz y hoy han pasado cerca de 20 años, pero las cosas han cambiado poco o nada. Tal vez, apuntan diversos expertos, lo que ha cambiado es el miedo de las madres a denunciar violencias o abusos sexuales de sus parejas hacia sus hijos e hijas por miedo a no ser creídas y acabar perdiendo la custodia tras un largo proceso judicial.

“El Síndrome de Alienación Parental no está reconocido por ninguna institución médica, y si lo llegara a estar habría que cuestionarlo como se hizo con la patologización de la homosexualidad, para sacarlo de los manuales de psicología”, afirmó durante las jornadas Enrique Stola, psiquiatra argentino especialista en violencia y género.

Este experto explica que el SAP es una reacción a los avances  y fortísimos cambios conseguidos por las mujeres en la década de los 60 y 70 en Estados Unidos, en que lograron, entre otras cosas, el aborto, la liberación sexual, pusieron de relieve que el lugar más peligroso para las mujeres era la propia casa o visibilizaron el incesto paterno-filial.

“El SAP es un instrumento dentro del poder judicial para disciplinar a las mujeres y para aterrorizar a las niños y niñas”

“El SAP es un instrumento dentro del poder judicial para disciplinar a las mujeres y para aterrorizar a las niños y niñas y con eso controlar a las mujeres. Es un instrumento terrorista, porque lo que produce es temor en muchísimas mujeres a denunciar por miedo a que les saquen a sus niños o niñas. Es un instrumento que favorece a los hombres golpeadores, maltratadores, a los abusadores sexuales y a los que cometen incesto paterno-filial”, afirma Stola.

Según este experto, a los niños y niñas se les obliga a repetir muchas veces las escenas de trauma y lo que les van haciendo sentir es que ellos no son creíbles. “Lo que se produce es un reacomodamiento en ellos porque ven que no sirve hablar. Y cuando los funcionarios comienzan a aplicar casa uno de los paso del SAP, como la teoría de la amenaza, y les dicen que si siguen diciendo lo que cuentan no verán más a su madre, los niños y niñas pasan a ser acusados y activan lo que se llama: conducta defensiva de los menores”.

“Tratan de mantener el equilibrio psíquico y tratan de decir lo que suponen que les puede atenuar la presión dentro del poder judicial. Si sienten que no los creen, repetirán ya sin carga emocional la situación traumática y hasta pueden entrar en un absoluto silencio, profundizándose la dinámica del trauma y de estigmatización porque supone un golpe a su autoestima y horada su criterio de realidad”, añade Stola.

El SAP es una tortura

La aplicación de esta inexistente patología es, según aquellas que lo viven, una auténtica tortura. Y no en sentido figurado. Es decir, un castigo físico o psíquico on el fin de que confiese algo y un sufrimiento continuado.

Tal como explica Ruiz, aunque no existen datos oficiales porque nadie los recoge, “calculamos que más del 80% de las mujeres que en nuestro país denuncian abusos sexuales o violencia de género, acaban aplicándoles este supuesto síndrome (o algunos de los eufemismos con los que se activa) y un altísimo porcentaje acaba sin la custodia de sus hijos o hijas”.

“Con lo que nos encontramos es que si denuncias violencia o abuso de tu pareja hacia tus hijos, esto se archiva. Se da por bueno que no ha existido y vas a la mediación familiar. Y si no te humillas y te sometes te tachan de no colaboradora, de obstaculizadora e instrumentalizadora y te acaban arrancando al los hijos. Y lo hacen con violencia. A ellos no los preparan, no les explican nada. Porque difícilmente se les puede explicar que se los van a llevar con el padre que los violenta porque tu madre te quiere mucho y te intenta proteger, pero vamos a decir que está loca”, afirma Ruiz.

Ruiz admite que en los últimos tiempos se habla más sobre este síndrome inexistente y se hablará cada vez más de él, “porque las madres como yo que ya tenemos a nuestros hijos que han cumplido los 18 años, a las que no nos pueden amenazar con quitárnoslos estamos alzando la voz e incendiando las redes. Yo misma con mi nombre y apellidos estoy constantemente expuesta. No voy a dejar de hacerlo. Porque aquí no se está protegiendo a la infancia. El único objetivo que tiene este inexistente síndrome es anular y humillar a las mujeres y seguir manteniendo el sistema machista y patriarcal que durante años se ha establecido. Y no lo vamos a permitir”, concluye Ruiz.

https://www.publico.es/sociedad/violencia-machista-inexistente-sindrome-mala-madre-lleva-decadas-usandose-juzgados-espanoles.html

 

Vínculos peligrosos ¿Relaciones “tóxicas”? Cómo detectar manipulación en la pareja

El psiquiatra especialista en género Enrique Stola, dice que nuestra cultura, de manipulación y sometimiento, condiciona la manera de relacionarnos.

Manipular es someter a la otra persona a los intereses propios, haciéndole sentir y creer que son suyos, o de los dos. El psiquiatra especialista en género Enrique Stola explica que no es fácil darse cuenta: “Cuando hay implicación afectiva también hay mucha confianza depositada en la pareja​. Generalmente pasa tiempo hasta que la persona manipulada sienta que hay algo que ‘no cierra’, que confunde mientras el displacer crece”.

Detrás del aparente consenso, las decisiones arbitrarias y frases como “es lo mejor para los dos” pueden hacernos reflexionar sobre si realmente decidimos las cosas o si nuestras prioridades y opiniones cuentan (¿alguna vez lo hicieron?), desde cuestiones mínimas como qué comer, hasta las más importantes, como en qué destinar los ahorros comunes.

De todos modos, y según el psiquiatra, todos estamos entrenados socialmente para dominar y manipular, por lo que podemos encontrarnos con dos tipos (como mínimo) de personas en el ejercicio de la manipulación:

  1. Personas que no tienen conciencia del grado de manipulación que ejercen. Buscan ser protectoras y creen de buena fe que cada acción que realizan es para el bienestar de su pareja o familia. Reaccionan al ponerles límites.
  2. Personas con plena conciencia sobre su manipulación que son peligrosas para el desarrollo de una vida saludable y feliz.

Según Stola, lo primero es tener muy en claro nuestros propios deseos e intereses, analizar la historia del vínculo y evaluar si los cambios que experimentamos a lo largo del tiempo fueron lo que nosotros esperábamos, y no el cumplimiento del deseo del otro.

El especialista cuenta que estar junto a una persona manipuladorasuele ser resultado de un proceso de creciente malestar y el análisis de una sensación repetida: “¿por qué me siento tan mal si parece que todo está bien?”

“Si no podemos poner distancia porque la implicación afectiva lo dificulta, lo mejor es hablar con otras personas que hayan pasado por lo mismo o comenzar una terapia personal a fin de fortalecernos y poder poner límites. La terapia de pareja no es lo indicado en estos casos dada la asimetría de poder que se ha construido entre dominador y dominado. Algunos dominadores ejercen su manipulación haciéndose las víctimas (de enfermedades, o de injusticias laborales o familiares). Frente a él, hay que buscar la manera de fortalecerse, analizar sus mecanismos de dominación, el por qué logra manipularnos y tomar una decisión en cuanto a un nuevo contrato de pareja o una separación”, concluye.

Estamos "entrenados socialmente" para dominar y manipular, según el psiquiatra. Foto: Shutterstock

Estamos “entrenados socialmente” para dominar y manipular, según el psiquiatra. Foto: Shutterstock

Relaciones ¿tóxicas?

“Hay términos que califican fuertemente, pero impiden la comprensión de los fenómenos que debemos analizar, y toxicidad es uno de ellos”, dice Enrique Stola.

La “toxicidad” es un término usado popularmente y en libros de autoayuda y superación personal para hacer referencia a la “masculinidad” y los “vínculos tóxicos”. El psiquiatra especialista en género cuenta a Entremujeres Clarín que está en desacuerdo con su uso porque considera que invisibiliza los procesos socio-culturales, las construcciones grupales y las historias personales detrás de la problemática.

La manipulación existe en cualquier pareja, pero en las heterosexuales predomina en el ejercicio de poder masculino. No hay una ‘masculinidad tóxica’, lo que hay es un dispositivo social de dominación masculina que opera en la sociedad patriarcal, se relaciona con el desarrollo de la estructura económica, la segregación por clases sociales, la valorización de la heterosexualidad y la descalificación de cualquier otra orientación. Produce machos dominantes y una exigencia de subordinación en las mujeres e integrantes del movimiento LGTBIQ+, los pueblos originarios y las minorías étnicas”, reflexiona.

Consecuencias de ser manipulado

El especialista lista algunas consecuencias que genera la manipulación:

  • Disminución o aniquilación de la autoestima.
  • ​Disminución de la atención.
  • Pérdida de vínculos sociales, laborales, amistades y familiares.
  • ​Trastorno del estado de ánimo.
  • ​Depresión.
  • Problemas físicos.

El psicólogo explica que la manipulación se hace evidente en nuestro cuerpo: “Muchas veces éste ‘denuncia’ y ‘se queja’ del malestar ante la dominación antes de ser consciente de la situación que vive. La dominación como objetivo y la manipulación como instrumento siempre lesionan derechos, atentan contra la salud psicofísica, contra el buen vivir y nuestra libertad”.

https://www.clarin.com/entremujeres/pareja/-relaciones-toxicas-detectar-manipulacion-pareja_0_irhL9QPg.html

 

No discuto con machistas

En lo personal no discuto con machistas. Es una pérdida de tiempo. La vida es muy valiosa como para gastarla en debates con representantes y activistas del poder patriarcal. En la historia no hay ejemplos de clases sociales o grupos dominantes que hayan renunciado a tal estatus por solidaridad o cuestiones éticas hacia las, les y los dominados, por lo tanto no podemos esperar que el colectivo machista comparta los poderes y redistribuya los bienes por el diálogo y su buena voluntad. Como grupo o sector social, los varones hemos cambiado y cedido parte de nuestro poder solo por el fuerte NO de las mujeres. Siempre luchando ellas han logrado la legalización de cada derecho y su propia habilitación en cada nuevo espacio. Las feministas lo hacen a su manera, cuando y cómo pueden, concientes de que el poder no se pide sino que se ejerce y que cada conquista mejora la vida y las posibilidades todas las mujeres, los varones y del movimiento LGTBIQ+. Recuerdo como ejemplo la lucha de las sufragistas: el colectivo machista (CM) que en su momento se opuso a las exigencias feministas hoy solo es recordado por su crueldad y sus ridículas intervenciones. Dentro de cien años ocurrirá lo mismo con el actual CM: las mujeres estarán viviendo lo conquistado y los varones descendientes de los actuales tratando de no recordar las imbecibilidades que sus bisabuelos y abuelos sostenían.

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

Por Enrique Stola. Publicado en Diario Femenino el 5 de febrero de 2020

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

El psiquiatra feminista Enrique Stola reflexiona sobre la mirada de la sociedad, especialmente de los varones, sobre las violencias

En Argentina el dispositivo de dominación masculina ha dado claros indicadores de su existencia durante enero de 2020 a raíz del asesinato de Fernando Báez Sosa, cometido por un grupo de varones blancos, heterosexuales, de clase media y jugadores de rugby. La pertenencia a ese deporte,  muchas veces asociada con agresiones clasistas-sexistas-racistas en el espacio público, ha sido junto al acto cometido el tema hegemónico de los medios de comunicación y en la sociedad en general.

Hacía tiempo que no leíamos y escuchábamos a tal cantidad de varones expresándose en duros términos sobre sus congéneres. Opinaron acerca de sus reglas morales, manifestaron con agresión sus enojos e hicieron propuestas de castigos para el grupo agresor. Las sugerencias punitivas eran diferentes según la clase social de donde provenían, algunos apuntaban a que por ser los agresores miembros de la etnia blanca y pequeño-burguesa o burguesa “que se pudran en la cárcel” o que sus “colas-blancas” iban a sufrir allí el castigo merecido, sustentando así la cultura de la violación. Otros machos-blancos-de-buenas-familias  pedían pena de muerte o cárcel de por vida.

A veces en forma explícita y otras implícita, los cuestionamientos contra los imputados por el asesinato apuntaban a que rompieron ciertas reglas que deben cumplir en sus peleas los machos-blancos-hetero-burgueses-sexistas: si la víctima está ya en el suelo y derrotado no se lo debe matar, aunque sea “un negro o puto de mierda”. Que un grupo de varones jugadores de rugby representativos de la blanquitud haya roto esa norma,  pone en riesgo la imagen de supremacía moral que viene construyendo la etnia blanca, sexista y burguesa desde 1492 a la fecha y que es un fuerte instrumento de la violencia simbólica operando en el orden social, de ahí la necesidad de castigo y diferenciación.

Claro que esa moral no vale para los varones asesinados por las fuerzas represivas del Estado patriarcal en el llamado “gatillo fácil” ni tampoco cuando el grupo y la víctima son de clase “baja” y  calificada como de “negros”, “putos” o “travestis”. Todas estas muertes se ven como normales, inevitables y en gran medida necesarias para mantener el orden social, de género, racial y capitalista.

Desde el polo macho-dominante intentaron hacer un “control de daños” calificando a los agresores como “un grupo de loquitos”, “adolescentes borrachos”, “quien no se peleó en la juventud”, “los jóvenes en la noche se descontrolan”, “esos rugbier son hijos del poder, los otros rugbier somos diferentes”, “solo son chicos bien y muy unidos que se equivocaron” hasta calificarlos como “intoxicados o portadores de masculinidad tóxica”, todas afirmaciones  que claramente ocultan los mecanismos de dominación masculina.

Patriarcado, dominación masculina y asesinato en grupo

En síntesis, el asesinato de Fernando desencadenó una crisis política en la red de fuerzas machistas dominante y generó un intenso debate sobre el comportamiento de los machos con los otros machos. Quedó claro que los discursos punitivistas y los análisis de los hechos sin perspectiva de género feminista jamás cuestionaron los roles masculinos en relación a las mujeres o al movimiento LGTBIQ+, ni tampoco su relación con la estructura socio-económica-cultural.

Esta crisis política se produjo porque la masculinidad hegemónica está jaqueada por la persistente lucha de las feministas, la precarización de la vida en el contexto liberal-capitalista, la acción de los movimientos sociales, antirracistas, antisexistas y sexualidades disidentes, lo que ha producido resquebrajamientos en varias de sus instituciones machistas que los mantiene en un necesario y permanente reacomodamiento para sostener la eficacia del dispositivo de dominación.

Mientras eso ocurría, las teóricas y activistas feministas estuvieron como siempre muy activas y reconfirmaban la existencia del poder patriarcal, producían textos en el intento de que la población saliera del amarillismo periodístico y comprendiera cómo se expresan los vínculos sociales en la actual relación y entrecruzamiento de las fuerzas dominantes.

Como siempre las feministas intentaron hacer visible que el patriarcado, matriz de todas las dominaciones, no es bueno para nadie y que se debatiera sobre las masculinidades; alertaron sobre cada uno de los ¡34 femicidios! del mes de enero y los nuevos intentos de asesinato de mujeres; lograron hacer visible el asesinato de Roberta, mujer trans en La Plata y el suicidio de Sathya Aldana, de 19 años, abusada por su progenitor desde la edad de 8 años y desprotegida por el Poder Judicial de la provincia de Córdoba; alertaron sobre las nuevas violaciones grupales y la banalización de las mismas en las fiestas de carnaval por parte del gobierno de la Provincia de Corrientes.

¿Ha cambiado algo en nuestra sociedad durante enero 2020? 

Es muy probable que muches mapadres y personas cuidadoras presten ahora atención a juegos y rituales violentos que hasta el momento  no parecían tales y que hacían al entrenamiento del rol masculino en modo dominación, uno de las maneras de integrar de la masculinidad hegemónica. Puede ser que algunas personas hayan tomado conciencia acerca de la violencia intragénero que como forma de disciplinamiento de los cuerpos ejerce la masculinidad patriarcal y también se haya generado una mayor conciencia acerca de la crueldad de la violencia de género o machista extrema.

Mientras tanto la contraofensiva machista tratará de que las relaciones de poder continúen igual, seguirán dificultando la implementación de la Educación Sexual Integral, continuarán con el fortalecimiento del sexismo, del racismo y del odio a lxs pobres, a los pueblos originarios y a las minorías étnicas y a las sexualidades disidentes, pero no podrán  detener el persistente avance de los feminismos ni el fortalecimiento de la democracia, la libertad de les cuerpes y la vida.

 

 

 

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