Los macho-violentos son estafadores afectivos.

Millones de mujeres, solo por serlo, están sometidas a diferentes violencias y a muchas de ellas todas las violencias les atraviesan sus cuerpos.

¿Qué es lo que dificulta que la mujer  víctima de violencia de género extrema opte rápidamente por la libertad, la tranquilidad, la alegría y la realidad de una vida sin violencias a la que tiene derecho?

No hay una respuesta única y nunca llegaremos a señalar las múltiples causas: las pautas culturales que facilitan la dominación masculina y sus violencias, la falta de protección del Estado Nacional y los provinciales, el sentimiento de profunda soledad e impotencia, el miedo y terror al violento, la depresión y el estrés postraumático crónico, la situación económica, etc.

Pero hay algo que traspasa a gran parte de ellas y es el afecto.

Los macho-violentos son estafadores afectivos, increíblemente egoístas que solo desean valorizarse a si mismo siendo dueños y señores de la vida de las mujeres. Ellas realmente se enamoran y los desean. Les sucede lo que a todas las personas que cuando nos enamoramos estamos sumamente vulnerables y no imaginamos que el otro puede manipularnos, generarnos culpa y confusión, agredirnos psicológicamente, sexualmente y llegar a golpearnos o matarnos.

Cuando la mujer empieza a darse cuenta de que algo está mal ya es tarde, ya se encuentra en una posición de subordinación, de dependencia del dominante macho-violento que ha ido horadando su autoestima y que le hace sentir que cada conflicto es por su culpa, le dice que la ama y que ella es “su vida” y que todo lo hace pensando en lo mejor para ella.

Pero lo cierto es que nada de lo que ella necesita estará presente.

El macho-dominador usará los momentos de tranquilidad para producir mas confusión y le dirá a ella frases como “¿Ves que cuando querés podemos estar bien?” “¡Es tu culpa que no estemos bien!”

“Vos sos una perra pero me quedo porque quiero a mis hijos” Muchas mujer-estafadas víctimas de violencia de género extrema son traspasadas por estas palabras, creen que a estos machos realmente les interesan sus hijos y a la vez piensan que esos hijos e hijas “necesitan” un padre. Continúan con el violento tratando de construir una imagen que hace agua por todos lados: “Tu padre tiene esas reacciones pero en el fondo es muy bueno y te quiere

Reitero: los macho-violentos son estafadores afectivos. Un hombre que golpea a una mujer es prueba de que no la ama y tampoco a hijos e hijas si los tiene. Un estafador afectivo no es un padre, no conoce el amor incondicional que es aquel vivenciado por padres, madres o personas cuidadoras cuando realmente existe.

Un macho-estafador-afectivo no ama pero quiere a su mujer e hijos como se quiere un objeto que lo hace sentir macho-poderoso, sea dinero, un auto o el prestigio en su pequeña o gran red social.

Concretar la necesaria separación del varón-dominante es en este clima un proceso  posible, necesario y difícil.

Las mujeres deben retomar los lazos afectivos con sus antiguas amigas y acercarse a grupos de mujeres que pasaron por la dolorosa experiencia de ser víctimas de violencia machista extrema.

Agruparse es el trampolín que permite sortear con mayor velocidad las trampas del violento y de las instituciones de la cultura patriarcal.