Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

Machoabogados y machoabogadas

De manera harto frecuente nos encontramos con víctimas de violencia de género de todas las clases sociales asistidas (¿?) por abogados/as que no saben absolutamente nada acerca de la sociedad patriarcal y de los mecanismos de dominación masculina, del maltrato institucional a las mujeres, niñas y niños en la llamada justicia, desconocen que existen estereotipos sexistas los que dichos profesionales se encargan de reproducir en la relación con sus clientas, nada saben de las consecuencias que tiene en las mujeres el haber soportado durante períodos prolongados toda forma de violencias. Son profesionales del derecho que desconocen la mejor forma de producir una estrategia para lograr efectividad en un contexto machista que en general tiene jueces y juezas con una insensibilidad y una falta de empatía con el sufrimiento de las víctimas que da vergüenza ajena. Jueces y juezas[1], que son profesionales del derecho también, los que sin sonrojarse escriben resoluciones y fallos no ajustados a derecho, descolgados de la realidad que cotidianamente viven las víctimas y a la vez tratan de garantizar, por sobre todas las cosas, la impunidad del victimario.

Si algo caracteriza los expedientes de las víctimas de la violencia machista es el reiterado cambio de abogados/as, lo que suele ser sexistamente adjudicado por funcionarios/as judiciales a la “locura” de las mujeres, cuando en realidad se debe a que una cantidad increíble de ignorantes y sexistas profesionales del derecho no vacilan, por pesos, euros o dólares, en tomar casos para los que están intelectual y emocionalmente inhabilitados/as: son los machoabogados y las machoabogadas.

Debemos sumarle a ese marasmo judicial en el que están las víctimas, la conducta despreciable de defensoras[2] y defensores privados de los terroristas machistas, de esos machotes violentos que las juegan a los buenos y preocupados padres de sus hijos. Lo deseable sería que estos despreciables defensores pagados por tanto macho cobarde, dado que trabajan por dinero e identificación ideológica machista, tuvieran como estrategia garantizar la limpieza de un proceso judicial para su clientes, pero la realidad es que en general se dedican cumplir el destructivo deseo de su macho pagador: elaborar estrategias para destruir jurídica, emocional y económicamente a la mujer por ser mujer.

Deseo de los clientes a los que en su momento no les importó agredir a estas mujeres-madres delante de sus hijos, insultarlas, descalificarlas, golpearlas o matarlas, y que aún cuando llegaron a este último terrible acto se la pasarán escribiendo notas, recorriendo radios o canales de televisión diciendo cuánto aman a sus hijos y lo bueno que es la custodia compartida obligadamente impuesta por tribunales machistas, mientras los que todavía no mataron siguen hostigando a las mujeres que dejaron vivas.

Defensores y defensoras de machos que conocen muy bien a sus aliados en el poder judicial , a los y las fiscales que pedirán la más baja condena cuando es inevitable solicitar «algo», que pugnarán por una probatione si hay «ambiente»; que enaltecen a los jueces y juezas porque saben que harán recorrer los pasillos de tribunales durante años a cada mujer, que en el juicio las interrogarán como si fueran las culpables o permitirán que los abogados y abogadas de los machos pregunten hasta como fue cuando eran adolescentes la primer masturbación para demostrar, como siempre, que salvo la propia madre (la del machoabogado/a), toda mujer es en sí una clara muestra del mal.


[1] En el Poder Judicial hay una minoría de funcionarios y funcionarias judiciales que trabajan muy bien, con una perspectiva de género y sensibles al dolor de las víctimas. No me refiero a ese sector en este artículo.

[2] Quiero destacar positivamente la labor de defensoras y defensores oficiales, que gratuitamente o con bajos sueldos hacen en general un gran trabajo, ajustado a derecho y a principios éticos.

 

Caso Ostende: ¿por qué nos horrorizamos cuando la que mata es la madre? Cosecha Roja 22.10.15

Caso Ostende: ¿por qué nos horrorizamos cuando la que mata es la madre?
/ 22 October 2015
Ostende Benjamin Claudia Ayala Cosecha Roja.-

Claudia Ayala está acusada de matar de un golpe en la nuca a su hijo de dos años años. El cuerpo de Benjamín apareció abandonado en un descampado de Ostende. En un primer momento habían detenido a un hombre llamado Leonardo Aguilera, que ese fin de semana no había estado en la localidad bonaerense.

“Me llevaron a la comisaría, no me querían decir nada, había un montón de gente afuera y me puteaban. Salí con la cara tapada, no entendía nada”, contó a los medios locales. También dijo que él no era el padre de Benjamín. Lo detuvieron porque Claudia lo acusó mientras declaraba en calidad de testigo. Aunque Aguilera tenía una coartada, la repercusión mediática fue instantánea.

El psiquiatra Enrique Stola lo analizó para Cosecha Roja:

“Crónica y algunos periodistas calificaron de “monstruos” al supuesto padre y a la madre. Esto es una forma de ponerlos fuera de lo que consideramos “seres humanos” por la idealización de la ideología humanista. De paso, quedamos en el bando de “los buenos”. Lo cierto es que así somos los llamados seres humanos: amamos, odiamos, podemos ser solidarios o egoístas, matamos para defendernos, porque nos place, porque decimos que es una “guerra justa” y por mil motivos que siempre justifican nuestra conducta. Las personas que cometen los actos más repudiables son sólo humanos y humanas, nunca monstruos”

Claudia fue detenida el mismo día. El miércoles -cuando Leonardo ya había dicho que no era el padre-, se negó hoy a declarar y a que le extraigan muestras de su ADN. Los vecinos de la mujer declararon ante el fiscal y dijeron que no alimentaba a su hijo, que lo maltrataba. Uno de los testigos contó que en una oportunidad le preguntó por Benjamín y ella respondió:

– Estaba tan en pedo ayer que no sé si lo regalé o no.

La Justicia imputó a Claudia por “homicidio calificado por el vínculo” y todos nos horrorizamos: ¿cómo puede ser que una madre mate a un hijo?

“En el caso de mujeres victimarias, los jueces son rapidísimos para encarcelar y dar las más altas penas, además de acusarlas teniendo como base todos los estereotipos sociales que puedan usar. El asesinato de niños y niñas parece más grave cuando lo realiza una mujer.

En estos casos está muy presente la creencia acerca de la existencia del “instinto” materno, de la “realización como mujer” es ser madre, la idea de que no hay “nada igual” al amor de una madre. La realidad es que ese instinto no existe, no todas las personas aman igual ni están diciendo lo mismo con esa palabra. Y no todas las mujeres que tienen hijos e hijas los aman.

Millones de mujeres están atravesadas por la falta de educación sexual, la existencia de serios trastornos psicológicos producto de la falta de amor y contención socio-económica adecuada, la dificultad o imposibilidad de concretar abortos en el caso de embarazos no deseados. Ante esas problemáticas, aumentan las posibilidades de que en una situación de alto conflicto vincular, social o epicrisis en una patología como adicciones o psicosis, esas mujeres lleguen a matar a sus hijos cuando no han sido deseados”, dijo Stola.

***

En los últimos años varias mujeres como Celina Benítez y Yanina González fueron acusadas de matar a sus hijos aunque los responsables habían sido sus parejas o ex. El psiquiatra reflexionó:

“¿Prejuicios contra las mujeres en el Poder Judicial? ¡Por cierto! El Poder Judicial es en todo el mundo un poder conservador y mediocre, producto de la sociedad en la que se encuentra y que, por supuesto, tiene profesionales que trabajan muy bien pero no son ellas ni ellos los que dan la impronta a este poder, sino los representantes del poder patriarcal y machista. Las mujeres, niños y niñas siempre están sospechados y van a tener que luchar mucho para conseguir una sentencia adecuada a derecho si es que han sido víctimas”.

[Nota publicada el 22/10/2015]

Caso Ostende: ¿por qué nos horrorizamos cuando la que mata es la madre?

Indulto y muerte

El rey de lxs católicos ha decretado el indulto/perdón a las mujeres católicas que han abortado. Aquellas de clase media y alta que han pagado su aborto con médicos católicos en Argentina, Chile, Brasil, Ecuador, Perú, Paraguay, Honduras, Nicaragua y demás países cristiano/católicos de América, Africa, Asia y Europa le estarán agradecidas. Las mujeres pobres muertas en abortos sépticos gracias a las políticas católico/cristianas no tienen, ni sus hijas e hijos y demás familiares, ni una palabra de aliento. Así es el «amor» que pregonan: indulto para una clase, muerte para las otras.

Violencia de género desde el Estado

Publicado en «Marcha» 16.07.2015 http://www.marcha.org.ar/violencia-de-genero-desde-el-estado/

Por Enrique Stola*

La respuesta machista a la movilización por el “ni una menos” que implicó la ocupación del espacio público por miles de mujeres, con sus consignas, denuncias y dolores en todo el país, no se hace esperar. A los comentarios machistas- misóginos de conductores radiales y televisivos conservadores- progres- izquierdosos se le articula la acción de fiscales (de ambos sexos) y jueces/juezas, claros custodios patriarcales, que no vacilan en atacar e intentar destruir a las madres cuando estas denuncian el abuso sexual sobre sus hijos e hijas.

Hoy es el caso de Feliciana Bilat y mañana será el caso de … y podemos seguir poniendo nombres de mujeres de diferentes ciudades de Argentina que hoy sufren la violencia institucional que proviene del Poder Judicial que intenta, con estos ataques “ejemplares” vestidos con disfraz de Justicia, disciplinar los cuerpos femeninos, los cuerpos de las madres, a fin de sancionar legalmente lo que siempre han creído: “las mujeres mienten para joder a los hombres”.

Lo sufrido por Feliciana Bilat durante el juicio es lo que sufren las mujeres que se atreven a denunciar cuando los jueces y juezas, a cargo de ese importante acto judicial, no ponen límites a los ataques de la defensa de los imputados a los que se le sumó aquí el fiscal que funcionó como otro defensor. He visto, en cuanto al funcionamiento de fiscales que se vuelven defensores patriarcales, el mismo machista espectáculo en Santiago del Estero y en Concordia, solo que en estos casos hubo jueces y juezas que pusieron límites cuidando que todo se ajustara a derecho y con eso cuidaban a las madres.

Feliciana es hoy una víctima de la violencia contra las mujeres que se produce a través de las instituciones del Estado Argentino. El uso de los mentirosos “criterios” ideológicos del “sindrome de alienación parental” que bien sabemos es un instrumento de la violencia de género en el Poder Judicial, es la clara prueba de lo que afirmo. Solo deseo que en instancias superiores en lo judicial existan jueces y juezas que puedan reparar tanto daño y pedir disculpas tanto a la madre como a la niña.

*Médico Psiquiatra

Antecedentes:

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-277095-2015-07-15.html

http://www.diariofemenino.com.ar/locas-sucias-y-putas/

http://argentina.indymedia.org/features/genero/#9027

Las mujeres que denuncian son tildadas de mentirosas.

Publicado en Suplemento Las12, Megáfono, Página 12- Buenos Aires, 10.07.2015 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-9891-2015-07-11.html

El profundo desconocimiento que tienen las y los funcionarios judiciales sobre los terribles efectos de la violencia de género en el psiquismo de las mujeres los lleva a acusarlas cuando ellas no denuncian la violencia contra sus hijos e hijas. Hace pocos días una mujer, en sede judicial y con protección, huyó aterrada cuando entró a declarar su violento marido. Deseamos que esta imagen le sirva al Poder Judicial para entender que la violencia contra las mujeres paraliza a las víctimas, no pueden evaluar adecuadamente los riesgos ni tomar las mejores decisiones; padecen –como mínimo– estrés postraumático crónico. Hay que romper con la idiota e ignorante creencia de que una madre debe reaccionar aunque sea instintivamente. La evolución cerebral y la cultura humana han eliminado el instinto si es que alguna vez existió.

A la vez, los fuertes prejuicios machistas que sostienen gran parte de los y las funcionarias judiciales hacen que cuando las madres denuncian el ataque del que son objeto –ellas y sus hijos e hijas– las acusen de mentirosas o, cuando esta acusación no es explícita, las sometan a mil vejaciones y violencias-institucionales que llevan a muchísimas mujeres a arrepentirse por haber recurrido ingenuamente a la llamada Justicia.

Las mujeres son objeto de una gran trampa patriarcal: son, en general, las víctimas, son las que sufren los golpes y descalificaciones, son las que menos ganan, son las que mueren, son a las que les matan los hijos y, fundamentalmente, son las sospechosas de querer dañar a los hombres.

Ya apenas setenta y dos horas pasada la marcha por “Ni una menos”, el 3 de junio pasado, muchos periodistas, columnistas y conductores dejaron el discurso políticamente correcto para expresar sus alarmas, sus temores de que a las mujeres se “les vaya la mano” y exijan cosas “que limiten la vida normal”. La respuesta patriarcal comenzó a esbozarse y será más fuerte, pues fue insoportable para los machistas de derecha-centroprogres-izquierda el que las mujeres ocuparan el masculino espacio público. “¿Y a nosotros quién nos defiende?”, gemían algunos violentos varones temerosos de perder sus privilegios. Ha crecido el miedo y es notable que jueces y juezas humanamente sensibles hayan abierto sus mentes a que la violencia contra las mujeres es un problema social y no un limitado conflicto vincular. Por otro lado, es inevitable que los jueces y juezas machistas traten de reafirmar su posición, ya que se sostienen en sus creencias religiosas y en el modelo de familia androcéntrica que Occidente nos impuso desde 1492.

Homo omnium rerum mensura est El hombre es la medida de todas las cosas ¡Forros!

Homo omnium rerum mensura est El hombre es la medida de todas las cosas. Esta frase, adjudicada a Protágoras y mencionada por Platón, Sexto Empírico, Diógenes Laercio, Aristóteles y Hermías, es casi una bandera, con original adaptación machista, en el discurso patriarcal de Occidente (Europa/EEUU) y zona de dominación.

La movilización planeada para dentro de pocas horas en Argentina contra los femicidios, la posibilidad de que miles de mujeres (y también hombres) ocupen el espacio público con reivindicaciones de género y de vida, el impacto mediático y cultural que tuvo y tiene la protesta, ha puesto en jaque a aquella creencia patriarcal y muchísimos hombres machistas comienzan a dar síntomas de ello.

El espacio público es masculino. La demostración es muy sencilla. Escena 1: es de noche. En una silenciosa calle camina una mujer y ve venir cuatro hombres. Su cuerpo inevitablemente se tensará, aumentará su frecuencia cardíaca y respiratoria, estará alerta y con algo de temor o un claro miedo.

Escena 2: la misma calle y hora. Pero el que camina es un hombre y ve venir cuatro mujeres. Nada pasa en su cuerpo, no hay temor.

La irrupción masiva de mujeres altera a miles de hombres machistas; a aquellos que dicen “¿y a nosotros quien nos defiende?” como si no existiera un poderoso sistema capitalista/cultural/patriarcal/machista/racista que privilegia en todos los planos la dominación y jerarquización masculina; o los que hablan de “violencia de género al revés” mostrando su nivel de ignorancia en el campo de las ciencias sociales; o los dicen “hay mujeres violentas” ¡chocolate por la noticia!, como si la agresión y la violencia no fuera un elemento constitutivo del ser humano independiente del sexo/género/sexualidad/raza/clase.

Pero ayer y hoy me llamó poderosamente la atención escuchar a varios periodistas radiales y conductores televisivos, desde trogloditas a progresistas, que en el medio del intercambio de ideas sobre la violencia contra las mujeres ponían un tema sobre la mesa: lo que ellos llaman piropos o halagos a la mujer en la calle. ¡Y de golpe el debate se transformaba, estaban tratando los temas que importaban a las mujeres y pasaban a tratar el tema que les interesaba a ellos a fin de defender sus lugares!

¡Claro! El espacio público es masculino y se preocupaban por el instrumento que usan,  de señalamiento y control sobre los cuerpos femeninos y sus vestimentas, sobre los modelos hétero/machistas/patriarcales de lo que debe ser la belleza femenina. Este instrumento de control que se expresa con la palabra, acompañado de gestos y miradas que muestran la aprobación y aceptación o el rechazo y denigración de cualquier mujer que esté caminando por el espacio público masculino. Me di cuenta al escucharlos que desde ahora estos varones «mirá-como-soy-de-hétero” no iban a poder ser jurados sueltos caminando impunemente por las calles, con onda de macho inteligente que sabe qué cosas hay que decirle a las mujeres. ¡Se les acabó! ya se les instaló la duda, en cualquier momento luego de imponer su “halago-piropo-agresión-acoso” a una mujer con la que no tienen la mínima relación les puede venir una respuesta, suave o violenta, que puede dejarlos en ridículo, algo que ellos no soportan.

Por supuesto, siempre aparece en esos programas el hombre/machista/hetero que con cara de Protágoras dice “Yo considero que un piropo es un halago y la mujer no se tiene que ofender”. Reitero, espacio público masculino y ellos consideran que las mujeres observadas/señaladas/evaluadas desde la mirada masculina solo tienen que agradecer que un hombre como ellos las mire y las invada con sus palabras.

El hombre es la medida de todas las cosas. ¡Forros!

¡Harto de la violencia contra las mujeres y del machismo cotidiano!

Argentina: ¡Cada 30 horas una mujer asesinada por ser mujer!1 Me siento harto de los silencios por especulaciones políticas y religiosas, mientras las mujeres siguen y seguirán muriendo. Harto de lxs progres y lxs conservadorxs machistas. Harto de los imbéciles que hablan de «falsas denuncias» o que ya no se necesita feminismo porque hay una mujer en el gobierno. Harto de las mujeres que se ponen contentas porque los hombres políticos les dan una «secretaría de la mujer» o una «dirección de la mujer» (por supuesto sin presupuesto) cuando, como bien dicen desde el Feminismo Comunitario, las mujeres son la mitad de todo. Harto de las mujeres que dicen que no acuerdan con el feminismo (que es una posición política) porque son femeninas, sin reparar que esto último es una construcción cultural. Harto de la izquierda que plantea lucha anticapitalista pero no la antipatriarcal. Harto de lxs calenturas/orgasmos de gran parte de lxs católicxs ante la misoginia de Francisco Bergoglio y la violencia simbólica de la iglesia católica. Harto de lxs «creativxs» de las machistas/misóginas publicidades y las empresas que venden cuerpos y modelos de sexualidad de mujeres. Harto de los ritos sociales y religiosos donde cada hora de cada día de cada año se recrea la dominación masculina. Harto de conductorxs de programas televisivos sexistas, machistas, misóginos y con carteles «ni una menos», como si ellxs no fueran parte de la violencia simbólica que es la matríz de la violencia extrema. Harto.

(1) No están contabilizadas las que mueren por enfermedades agudas, crónicas o por inducción al suicidio.

Machismo-violencia judicial.

Comparto con ustedes algunos pensamientos a raíz del siguiente titular:

«La Cámara de Casación Penal[1] bonaerense le redujo la pena a un hombre condenado por abuso sexual a un niño de 6 años, argumentando la supuesta orientación sexual de la víctima»[2]

  • En Argentina nos vimos especialmente sacudidxs en este mes de mayo por este fallo sobre abuso sexual a un niño y la muerte de varias mujeres. Al igual que con la próxima manifestación del 3/6 contra la violencia hacia las mujeres, hasta los más reconocidos recalcitrantes machistas y misóginos han salido a dar su oportunistas declaraciones. Estamos tan mal en realidades como la violencia hacia mujeres y niños que creo que hasta la palabra de estos misóginos de alguna forma sirve.
  • La justicia no existe. Es un ideal regulatorio en la sociedades. Cada vez que un acusado dice “creo en la justicia” tengo pensamientos muy descalificatorios hacia él. Las víctimas no suelen creer en “la justicia”. Saben que lo mejor que pueden lograr, las pocas que lo logran, es un fallo judicial que les da un alivio espiritual, cierta necesaria reparación a tanta pérdidas y dolor vivido. Quien fue víctima carga con sus recuerdos y dolores toda la vida, mientras quien fue victimario en algún momento dice “pagué mis culpas a la sociedad” y sigue su vida. Es lo que hay, es lo que hasta el momento hemos logrado las, les y los que luchamos por sociedades justas, solidarias y libres. Está claro que en Centro y Sur América no todxs tenemos la misma responsabilidad en el actual estado del ideal de justicia y de los poderes judiciales. Los centros de dominación político-económica-ideológica-religiosa y sus intereses están bien identificados, así que la responsabilidad no es de toda la sociedad.
  • En todos nuestros países, dentro de las estructuras de los actuales estado-nación, hay juezas y jueces que trabajan muy bien, ajustadxs a derecho, con sensibilidad social y varixs además con perspectiva de género o feministas. Pero son una minoría y por supuesto ellxs no son el problema.
  • Hay que decirle a Bernardo Álvarez[3], obispo católico de Tenerife (España), a Horacio Piombo[4] y Ramón Sal Llargués, jueces de la Provincia de Buenos Aires (Argentina), que es imposible que un niño o niña pueda generar que lo abusen sexualmente. Resulta violento y es un atentado a la inteligencia el tener que aclararlo. Abusadores pedófilos, estos jueces y obispos pueden darse las manos: comparten, como mínimo, las mismas creencias.
  • En los casos de abuso sexual a niños y niñas, incesto paterno-filial y violencia contra las mujeres, la re-victimización en las instancias institucionales que deberían ser de protección es un hecho cotidiano y terriblemente desgastante para ellxs y sus familiares. Los poderes judiciales son, en general, una «picadora de carne» para las citadas denunciantes. No solo por lo burocrático, por una «justicia» que no llega nunca, sino también por la ideología machista de gran parte de lxs operadores judiciales que terminan siendo cómplices, desde sus prejuicios hacia las mujeres, prejuicios de clase, raciales o por su ideología religiosa, de los delincuentes agresores.
  • La agresión hacia las mujeres en el Poder Judicial tiene crueldades inimaginables. Una de ellas, bien yanquee-cristiana-conservadora-machista-violenta, es la que usan abogadxs, jueces y juezas, el denominado síndrome de alienación parental (sap), un instrumento de violencia contra las mujeres en el poder judicial. Muchas y muchos de los que hoy se “escandalizan” por la bestialidad del fallo Piombo-Sial Llargués o por las cotidianas muertes de mujeres, sostienen el sap. Sumamos hipocrecía.
  • No uso el término “ofensor” en el caso de los delitos sexuales. Es un término que viene de la lengua anglosajona y pierde fuerza en el castellano. Es un término débil para calificar a quien es un machista agresor sexual y, por lo tanto, Las ofensas se disculpan, y así tenemos una gran cantidad de jueces, juezas, psiquiatras, psicólogxs, trabajadorxs sociales y otrxs operadorxs del campo de la “justicia” que se la pasan presionando a víctimas para que perdonen a sus abusadores sexuales, violadores, golpeadores, torturadores. Todxs ellxs vibran en la misma sintonía: nada mejor que lxs niñxs tengan la presencia del padre, no importa que se los coja, no importa que se los folle, no importa que los masturbe, es el padre y tiene que estar. Todo lo anterior puede ser perdonado, la “unidad” de la familia es lo primero. ¡Tan hipócrita y perverso!
  • El niño puede estar en un buen grupo familiar, tener una buena red social o una comunidad protectora. Pero si hay un depredador sexual cerca se las ingeniará para acercarse y tratar de abusar. Lo que sirve es que los niños y niñas tengan una mínima capacitación e información para pedir ayuda ante el peligro. De ahí que es tan necesaria la formación y educación sexual. Por supuesto ¡NO como la propone la iglesia!, que solo produce culpas y no le sirve operativamente a lxs pequeñxs ante un abusador. Claro que si la red social del niño está deteriorada (niños y niñas en situación de calle), entonces aumentan las posibilidades de abuso y otros peligros por estar vulneradxs socialmente.
  • Nunca la agresión sexual pasa sin consecuencias. Hay niños y niñas a los que el padre abusador les ha dicho que «eso» lo hacen todos los padres, pero esa transitoria creencia no evita el sufrimiento y la profunda vivencia de abandono que tiene con cada agresión de quien debería cuidarlx. Niños o niñas abusadas están con un nivel de erotización que no pueden manejar. Han sido corrompidos, ultrajados. Nunca puede decirse que su identidad sexual está definida a esa edad o que los juegos que realizan están indicando una identidad. ¡Que machistas violentos e irresponsables al dictar un fallo así!
  • Hay niñas y niños que no tienen a quien recurrir pues saben que no van a ser escuchados; otros que cuentan que han sido abusados por un familiar pero no les creen; otros a los que la madre o toda la familia les creen pero los destrozan operadores en el plano judicial o lxs abogadxs del victimario. A niños y niñas abusadas se las ayuda creyéndoles. Cuando una de las personas cuidadoras les cree, gran parte del camino de recuperación está concretado. La denuncia penal debe ser parte de una estrategia que, cuando se puede, hay que evaluar muy bien con abogadxs y terapeutas en qué momento hacerla. Otras veces es imposible, no se pueden tomar medidas de protección y no hay tiempo, hay que hacer la denuncia como sea. Solo estoy alertando en cuanto a no ir ingenuamente al Poder Judicial.
  • Las y los operadores judiciales inteligentes y ajustados a derecho realizan todas las preguntas necesarias sobre psicología y psiquiatría para llegar a un buen fallo, ya que son conscientes que son solo abogadxs y que no tienen formación alguna en esas disciplinas. Las y los jueces soberbios-violentos-machistas no lo hacen: aplican sus prejuicios de clase y creencias religiosas. Podría decir que son unos ignorantes, pero no tienen derecho a serlo ya que por su rol tienen una gran responsabilidad social. Estos jueces y juezas machistas, son terriblemente soberbios con sus mediocres creencias y por lo tanto no protegen a las víctimas. Terminan constituyendo en víctimas a los victimarios.

[1] http://www.infobae.com/2015/05/18/1729436-la-tutela-del-chiquito-no-nos-importa-dijo-uno-los-jueces-que-redujo-la-pena-del-abusador-un-nene-6-anos

[2] http://www.clarin.com/sociedad/Violador-Camara_de_Casacion_Penal_Bonaerense-Fallo_Polemico-Horacio_Piombo_0_1359464251.html)

[3] http://www.elmundo.es/elmundo/2007/12/27/espana/1198760752.html El obispo de Tenerife: ‘Hay menores que desean el abuso e incluso te provocan

[4] http://cosecharoja.org/doble-violacion-los-jueces-que-convirtieron-a-un-nino-abusado-en-el-victimario/   Doble violación: los jueces que convirtieron a un niño abusado en el victimario

Respuesta a Laura Gutman por su machista escrito sobre abuso sexual

En mi muro de FB: DENUNCIANDO A ESTE PERSONAJE: La ideología expuesta por Gutman está en sintonía con las teorías psicológicas que ven el abuso como un problema de comunicación (¡!) o como un acto estimulado por el «deseo» (¡!) del/a niñx. Ideologías machistas que dan sustento teórico a la dominación del abusador-delincuente, lo equiparan con su víctima y lo constituyen en «víctima necesitada»de afecto y límites. Creo que este escrito desnuda a Gutman, la muestra como es y qué lugar ocupa en el discurso dominante, el discurso patriarcal. Debemos incluirla en el listado de APADESHI, del sap (escrito adrede con minúscula, dejemos de darle entidad gramatical), de «borrando a papá» y de las instituciones y personajes que abonan a la dominación masculina, al sometimiento de los cuerpos de mujeres, niños, niñas, adolescentes y cuerpos feminizados.

El siguiente es el artículo de Cosecha Roja

Loas para justificar a los abusadores / 7 November 2014
Cosecha Roja.- http://cosecharoja.org/loas-para-justificar-a-los-abusadores/

“Cuando vemos un niño tierno lo queremos devorar. Lo tocamos. Lo acariciamos. Lo abrazamos, nos frotamos contra él”, escribió Laura Gutman, una terapeuta que da cursos online de “construcción de la biografía humana”, ofrece un servicio vía Skype y escribe columnas en el diario La Nación. El texto sobre el abuso sexual infantil hizo estallar la polémica en Twitter. El psiquiatra Enrique Stola le contestó párrafo por párrafo en Cosecha Roja: “Canta loas para justificar a los abusadores”.

“Los abusos no los cometemos las personas de mente atormentada. No. Somos personas como casi todos, un poco más hambrientos y un poco más torpes, porque al fin y al cabo lo único que hacemos es tratar de nutrirnos, pero de una manera burda y estúpida.

Los adultos nos enamoramos de un niño necesitado, solo, desamparado y que nos inspira ternura. ¿Por qué? Porque ese niño nos recuerda al niño que fuimos: tímidos, exigidos y a la deriva” [Fragmento Laura Gutman]

Escribe como si el abuso fuese una cuestión de ternura. Decide hablar de “amor” y “cuidado”. Lo que oculta es que existe una apropiación y un ejercicio de poder sobre el cuerpo de ese niño. La verdadera intención del abusador es usarlo para su propio deseo de poder, de humillar, de someter y hasta de mostrarse ante otros abusadores en las redes de pornografía infantil.

“¿Cuál es el problema? El problema es que somos totalmente inmaduros. ¿Por qué? Porque no fuimos amados durante nuestra niñez, ni cuidados, ni protegidos ni amparados. Crecimos esperando obtener amor alguna vez. Así crecimos” [Fragmento Laura Gutman]

No es cierto: existen abusadores inmaduros y otros que no. No hay un perfil único. Lo que sí es un común denominador es el poder que les da ser la figura central sobre ese cuerpo pequeño. Aún suponiendo que los abusadores hayan sido abusados, cuando son grandes son adultos, no niños. Ella pone el acento en las supuestas necesidades del abusador delincuente y lo victimiza.

“Pero nuestra capacidad emocional se estancó en aquella espera. Vivimos dentro de un cuerpo de adulto pero tenemos organizadas las emociones como si fuéramos niños hambrientos. ¿Qué nos pasa cuando nos relacionamos con un niño tierno? Lo queremos devorar. ¿Cómo lo devoramos? Lo tocamos. Lo acariciamos. Lo abrazamos, nos frotamos contra él. Le compramos regalos. La confidencialidad compartida, el secreto guardado entre ambos como un estupendo tesoro y los pequeños momentos de encuentro son vividos -desde nuestra emocionalidad infantil- como un momento sublime” [Fragmento Laura Gutman]

La autora coloca al abusador en situación de niño. Él está ejerciendo el poder y la humillación, pero ella lo cuenta como si fuera un “juego de niños”. No es ningún “estupendo tesoro”, es un secreto que los niños guardan por miedo.

“¿Pero acaso no nos damos cuenta que estamos haciendo algo malo? Depende” [Fragmento Laura Gutman]

Los abusadores sí se dan cuenta: lo saben muy bien y por eso ocultan, por eso amenazan a la víctima. A los niños les dicen: “si vos contás, voy a matar a tu mamá y a tu papá” o bien “nadie te va a creer, te van a castigar”.

“Podemos percibir que es una relación socialmente condenable. Pero honestamente, también es condenable que nuestra infancia haya sido horrible, que nadie se haya ocupado de nosotros o incluso que la única persona que nos cuidó, nos haya proporcionado amor bajo la misma forma de abuso. ¿Entonces? ¿Qué es lo que está bien y qué es lo que está mal? Desde nuestro punto de vista de adultos con emocionalidad de niños…sólo tratamos de satisfacer nuestro vacío” [Fragmento Laura Gutman]

Gutman equipara la conducta de un adulto -que está dominando- con aquella situación que vivió como niño. La ecuación sería “yo estoy haciendo esto pero es igual a lo que yo viví”, por lo tanto, se diluye la responsabilidad.

“Rasgarnos las vestiduras proclamando que el abuso sexual es algo horrible e inhumano y que todos los violadores tienen que ir a la cárcel, está muy bien pero no sirve para nada. Miremos de frente la realidad. Mucho más espantoso es el desamparo cotidiano e invisible que vivimos los niños abusados y que nos obliga a arrojarnos al interior de cualquier cueva que encontremos, buscando amor” [Fragmento Laura Gutman]

Aparecen el abusador y la víctima entremezclados. Más adelante, culpa a la madre. Esto es algo que hace siempre ella: culpar a las mujeres. No me extraña que su discurso, que coincide con el machista, patriarcal y hegemónico, venda muchos libros. No venden mucho las feministas: venden estos personajes que buscan someter a la mujer al régimen patriarcal.
Etiquetas: Abuso infantil, Argentina, Psicología, violencia, Violencia de género

¡Decir que estoy indignado es poco!

Ante la manipulación y la mentira de la producción y dirección de «Borrando a papá»
¡Decir que estoy indignado es poco! Al escuchar a algunos/as periodistas me preguntaba en un diálogo ficcional con ellos/as: ¿qué pasaría si en vez de a nosotros «la cama» te la hubieran hecho a vos? ¿Que pasaría si pusiste en riesgo tu vida y te juraste que nunca ibas a aceptar estar con tal o cual personaje, luego te engañan y apareces en un video dándole entidad? Quienes me conocen saben que siempre he dicho, escrito y actuado mis posiciones sin medir las consecuencias cuando de causas justas se trata. Saben que jamás acepté dialogar ni estar en el mismo espacio que abogados y profesionales que defienden hombres golpeadores, abusadores sexuales o criminales de Lesa Humanidad. Pueden concluir entonces en que jamás hubiera aceptado estar en un documental con hombres que han ejercido violencia, aún sin condena firme, y con un discurso violento como es la defensa de esa mentira llamada síndrome de alienación parental (sap), nefasto instrumento machista usado contra mujeres madres, niñas y niños en el Poder Judicial, creado por Gardner, un psiquiatra de EEUU pro-pedófilo que ve recomendable que los padres inicien sexualmente a sus hijos e hijas. Con el sap acusan fundamentalmente a las mujeres madres de inventar denuncias de abuso sexual o de alienar a niños y niñas y se crea una estructura tramposa que no deja espacio a la palabra que denuncia. La ganancia económica está en la defensa legal y psicológica de los golpeadores y abusadores, no de las mujeres que, por la violencia psicológica, física y económica soportada, en la mayoría de los casos no pueden pagar honorarios a profesionales. Las directoras de «Borrando a papá» Ginger Gentile y Sandra Fernández mintieron y me siento (y he sido) estafado. Dijeron que iban a hacer un documental sobre la «situación de los niños en divorcios» y desde una «perspectiva de género» e hicieron un producto machista que habla de los hombres (¡!), que está sirviendo para organizar la respuesta violenta contra los profesionales que trabajamos junto a las víctimas (¡!) que sostiene la ideología más retrógrada contra las mujeres (¡!) Nos difaman diciendo que sostenemos denuncias falsas (¡!) que la motivación es económica (¡!) y que usamos algo que jamás existió y que ellas llaman el «método Corsi» (¡!) Estamos en contra de la censura y a la vez también queremos que se respeten nuestros derechos individuales. No hay incompatibilidad. Queda claro que he pedido a la jueza actuante que me desvincule de ese folletín y que estas señoras junto a su productor Balanovsky sigan haciendo y publicando lo que se les antoje, continúen con su rol de víctimas, manipulando y mintiendo pero no usando mi imagen.

Enrique Stola. Feminista. Psiquiatra. Psicodramatista.

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