Una palabra que produce orgasmo en los machos: hembrismo

El término hembrismo es una creación de “teóricos” y activistas machistas que intentan con esa designación homologar ciertas conductas de las mujeres al machismo. Con esa maniobra de ocultamiento intentan borrar de la conciencia la histórica asimetría entre hombres-dominantes-con-aval-socio-económico-cultural y las mujeres-subordinadas quienes son consideradas por el discurso hegemónico como minorías políticas.

Los patriarcados tienen sexo y son masculinos. El machismo es esa puesta en acción cotidiana, con patrones antiguos o recreados y adaptados a las pautas comunicacionales actuales, siempre con el mismo sesgo sexista e imbricado en el sistema de dominación masculina actualmente derivado del capitalismo patriarcal. Las acciones machistas nunca son aisladas sino que siempre están en consonancia con el sistema que las propone y alimenta, el que funciona como aliado y refuerza la “legitimidad” o “legalidad” de las acciones dominantes.

Todas las sociedades son sistemas de dominación con diferentes concepciones ideológicas y pautas culturales. De lo que se sigue que todas y todos tenemos entrenamiento desde la temprana socialización en los roles dominador/dominado que se ponen en juego en determinadas acciones sociales y relaciones vinculares.

Cuando una mujer o grupo de mujeres manifiesta ideas, actitudes o conductas discriminatorias negativas para con un hombre o grupo de hombres lo hace desde su experiencia histórica como grupo oprimido y desde su experiencia vital con los hombres dentro de la estructura de dominación masculina. Ellas no cuentan con ninguna estructura socio-económico-cultural que “legitime” o “legalice” sus conductas. Solo se expresan desde la resistencia.

Cuando escucho decir a un macho “pero hay mujeres dominantes”, “hay mujeres agresivas” o “hay mujeres muy violentas” lo que se me ocurre como respuesta es ¡chocolate por la noticia!. Las mujeres integran lo que las clasificaciones designan como ser humano por lo que a ellas les caben sus características, pero los machos parecen no recordarlo.

No se necesita instrucción ni inteligencia para deducir que hombres, mujeres y otrxs tenemos biológicamente capacidades que nos posibilitan ser dominantes, agresivos-as, violentos-as y ejercer distintas formas de poder, generalmente al “modo” masculino. La cultura de clase, género, sexualidad, raza-etnia y nuestras resistencias a la dominación se encargan de modelar el habitus y en el mismo espacio-tiempo es posible modificarlo gracias al ejercicio de nuestra autonomía, de nuestra libertad, de la consciencia de la necesidad de sostener ideas críticas que subviertan el orden patriarcal y el concretar acciones igualitarias, individuales y comunitarias, en relación a nuestros objetivos existenciales y al sentido que le imprimimos a nuestras vidas.

La presencia de mujeres en el poder político mundial no significa demasiado si no son portadoras de los particulares intereses del conjunto de las mujeres y otros cuerpos feminizados. El nefasto modelo masculino de ejercicio del poder político-económico-cultural debe dar paso a nuevas configuraciones democráticas e igualitarias. Los feminismos podrán concretarlo.