Una palabra que produce orgasmo en los machos: hembrismo

por enriquestola

El término hembrismo es una creación de “teóricos” machistas que intentan con esa designación homologar ciertas conductas de las mujeres al machismo. Con esa maniobra de ocultamiento intentan borrar de la consciencia la histórica asimetría entre hombres-dominantes-con-aval-socio-económico-cultural y las mujeres-subordinadas quienes son consideradas por el discurso hegemónico como minorías políticas.

Los patriarcados tienen sexo y son masculinos. El machismo es esa puesta en acción cotidiana, con patrones antiguos o recreados y adaptados a las pautas comunicacionales actuales, siempre con el mismo sesgo sexista e imbricado en el sistema de dominación masculina actualmente derivado del capitalismo patriarcal. Las acciones machistas nunca son aisladas sino que siempre están en consonancia con el sistema que las propone y alimenta, el que funciona como aliado y refuerza la “legitimidad” o “legalidad” de las acciones dominantes.

Todas las sociedades son sistemas de dominación con diferentes concepciones ideológicas y pautas culturales. De lo que se sigue que todas y todos tenemos entrenamiento desde la temprana socialización en los roles dominador/dominado que se ponen en juego en determinadas acciones sociales y relaciones vinculares. 

Cuando una mujer o grupo de mujeres manifiesta ideas, actitudes o conductas discriminatorias negativas para con un hombre o grupo de hombres lo hace desde su experiencia histórica como grupo oprimido y desde su experiencia vital con los hombres dentro de la estructura de dominación masculina. Ellas no cuentan con ninguna estructura socio-económico-cultural que “legitime” o “legalice” sus conductas. Solo se expresan desde la resistencia.

Cuando escucho decir a un macho “pero hay mujeres dominantes”, “hay mujeres agresivas” o “hay mujeres muy violentas” lo que se me ocurre como respuesta es ¡chocolate por la noticia!. Las mujeres integran lo que las clasificaciones designan como ser humano por lo que a ellas les caben sus características, pero los machos parecen no recordarlo.

No se necesita instrucción ni inteligencia para deducir que hombres, mujeres y otrxs tenemos biológicamente capacidades que nos posibilitan ser dominantes, agresivos-as, violentos-as y ejercer distintas formas de poder, generalmente al “modo” masculino. La cultura de clase, género, sexualidad, raza-etnia y nuestras resistencias a la dominación se encargan de modelar el habitus y en el mismo espacio-tiempo es posible modificarlo gracias al ejercicio de nuestra autonomía, de nuestra libertad, de la consciencia de la necesidad de sostener ideas críticas que subviertan el orden patriarcal y el concretar acciones igualitarias, individuales y comunitarias, en relación a nuestros objetivos existenciales y al sentido que le imprimimos a nuestras vidas.

La presencia de mujeres en el poder político mundial no significa demasiado si no son portadoras de los particulares intereses del conjunto de las mujeres y otros cuerpos feminizados. El nefasto modelo masculino de ejercicio del poder político-económico-cultural debe dar paso a nuevas configuraciones democráticas e igualitarias. Los feminismos podrán concretarlo.