Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

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«Violación y fallo misógino: «El pacto de silencio es una maniobra patriarcal y machista para proteger a los acusados»

11 de abril 2022 El extremo sur de la Patagonia elextremosur.com

Por Lola Sánchez

Violación y fallo misógino: "El pacto de silencio es una maniobra patriarcal y machista para proteger a los acusados"

El pasado 28 de marzo, luego de reiterados obstáculos y vicios judiciales, se cerró el juicio contra tres imputados por la violación grupal ocurrida en Playa Unión en 2012. Las juezas María Laura Martini, Ana Karina Breckle y Marcela Alejandra Pérez los absolvieron, con un tono aleccionador contra la víctima, las abogadas querellantes y los peritos. Quedó a la vista un fallo extremadamente misógino, que cuestiona la vida sexual de la víctima, mientras insiste en la fabulación de las testigos y la inocencia de los acusados. El psiquiatra Enrique Stola, uno de los peritos de la causa, dialogó con El Extremo Sur y fue categórico sobre la manera en que el juicio se llevó a cabo: «El silencio siempre protege a los abusadores». Remarcó que el «pacto de silencio entre jueces, defensores y acusados es una maniobra patriarcal y machista que tiene como objetivo proteger a los acusados; nunca protege a las víctimas».

Junto a sus imputados, los abogados defensores negaron cualquier evidencia que apuntara a un abuso sexual y se presentaron como portadores de una única verdad incuestionable (sin considerar el respeto por la víctima y los parámetros de perspectiva de género que deberían estar presentes en los tribunales), una visión compartida por las tres Juezas que finalmente votaron por la absolución de Luciano Mallemaci, Leandro Del Villar y Ezequiel Quintana. 

La querella solicitó que el veredicto sea «autor penalmente responsable por abuso sexual simple en tres hechos en concurso real con sexo carnal agravado por la participación de más de dos personas y graves daños en la salud de la víctima» para Mallemaci y «responsables de abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por la participación de más de dos personas y graves daños a la salud» para Del Villar y Quintana. 

Los tres imputados fueron acusados de abusar sexualmente de la denunciante el 22 de septiembre de 2012, en el interior de la habitación-quincho durante una fiesta por el Día de la Primavera, entre las 3:00 y 5:00 am. Según precisaron, la joven fue sometida sexualmente, estando totalmente desnuda e inconsciente, mientras uno de ellos alumbra con el celular y otro hacía de «campana» en la puerta. Cabe recordar que inicialmente eran seis los acusados: Valentino Viglione (dueño de la vivienda), Joaquín Pérez y Tomás Soriano fueron absueltos en instancias judiciales previas. 

Humillación y exilio de la víctima

En sus alegatos, la abogada Verónica Heredia recuerda que, debido a lo sucedido durante la fiesta de la Primavera, la víctima «sufrió la burla, la humillación, hasta la culpabilizaron por los hechos, circunstancias que la obligaron a no concurrir a la escuela y finalmente a exiliarse de la ciudad de Puerto Madryn». 

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Las amigas de la víctima fueron claves en el transcurso de los hechos, ya que la socorrieron luego de percibir lo que realmente estaba ocurriendo. La tranquilizaron, le contaron historias y la ayudaron a recomponerse. Más tarde, se reunieron para reconstruir los hechos que cada una vio y escuchó, lo que derivó en una serie de testimonios más tarde desacreditados tanto por los abogados defensores como por las magistradas: «Señoras juezas, esta joven es una sobreviviente, y sus amigas, su memoria», declaró la querella. 

El relato inverosímil de Mallemaci

Luciano Mallemaci -uno de los más complicados-, es situado una y otra vez por múltiples testigos dentro de la habitación donde sucedió el abuso. En su versión, el imputado explica que discutió con la víctima porque la encontró con otro de los jóvenes, la insultó y se marchó. Heredia explicó que se trata de una visión inverosímil ya que no queda claro en qué momento se produce el abuso -si antes o después de esta discusión-, y en qué momento otro de los imputados comienza a impedir el ingreso a la puerta: «Mallemaci inventa esta versión porque una de las testigos persiste en su versión de lo que vio en esa habitación y quiere justificar su presencia en la habitación, en la cama y con la víctima». 

La letrada cuestionó también información que aportó la defensa que no corresponden con los testimonios iniciales de los testigos, se trata de «información inexistente» pasada de abogado a abogado. De esta manera, Heredia argumenta que uno de los testimonios fue «arteramente modificado» para apoyar la presunción de inocencia de los imputados. 

«Vinieron a este debate a averiguar la vida sexual de la víctima»

Uno de los puntos centrales del debate tras el fallo fue el cuestionamiento de las Juezas ante la decisión de la víctima de no declarar. Las magistradas sostuvieron que de hacerlo habría sido debidamente cuidada de acuerdo a los parámetros de protección de la mujer -una presunción que, a juzgar por el tratamiento de las testigos mujeres, no se materializa. Pusieron todo el peso del fallo final sobre esta decisión, argumentando que fue una estrategia de la querella para evitar el contrainterrogatorio. 

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Verónica Heredia presentó tres razones sustanciales para sostener la decisión. 

En primer lugar, recordó que la víctima «ya fue interrogada durante tres días, durante más de 3 horas cada día, por las defensas, la fiscalía y judicatura». La joven fue investigada, analizada y evaluada por medio de diversas herramientas psicológicas. El 9, 10 y 11 de diciembre de 2019, sin que la víctima contara todavía con asesoramiento jurídico y con perito de parte, fue sometida a entrevistas psicológicas por parte de las licenciadas propuestas en cada defensa, por el Ministerio Fiscal y por parte del Cuerpo Médico Forense. 

«Según nos informaron todas las partes, la víctima fue interrogada, investigada, analizada y evaluada, de toda su vida, desde que nació hasta esa fecha; además de ser interrogada, investigada, analizada y evaluada en relación a los hechos denunciados», agrega Heredia en sus alegatos. Le realizaron entrevistas clínicas forenses semi dirigidas, el test de Rorschach, el inventario de Personalidad de Minnesota MMPI 2 de 567 preguntas, el test gráfico de la persona bajo la lluvia, el cuestionario desiderativo, el de escalas de sucesos de vida, y la escala de síntomas de estrés post traumático. 

La segunda razón por la cual la querella desistió de la declaración de la víctima se debe a la manera en que fueron tratadas las testigos mujeres en el debate. 

«Debimos pedir que sean tratados con respeto y dignidad. El Dr. Oneto llegó a afirmar que los testigos no tienen ningún derecho, que ‘las reglas del contra interrogatorio permiten ser agresivos con los testigos'», apunta Heredia. 

«La madre, hermanas y amigas de la víctima fueron sometidas a preguntas confusas, engañosas, repetidas. Los abogados formulaban las mismas preguntas una y otra vez, afirmaban que habían dicho lo que no dijeron, se las confrontaba con dichos de cuando las testigos tenían 16 años y de los que ya habían dado explicaciones, una y otra vez, por más de 15 minutos en cada pregunta, pretendían que se les responda por si o por no cuando las preguntas estaban formuladas de tal manera que eran imposibles de responderlas, con varias negaciones o afirmaciones», agrega. 

En tercer lugar, enfatizó que la defensa llegó al debate «a averiguar la vida sexual de la víctima. Y no es una conjetura, así lo dijeron». Se trata de una forma de revictimización usada en reiteradas ocasiones, en casos polémicos por los fallos misóginos a los que abordaron, como es el de Lucía Pérez, oportunamente traído a colación en este debate. 

La abogada remarca que se opuso a una pregunta de la defensa sobre la relación sexoafectiva previa de uno de los imputados con la víctima. El abogado Francisco Oneto contestó: «Nosotros queremos saber cómo era la vida sexual posterior porque entendemos que una persona violada le cuesta reiniciar su vida sexual». «Es necesario saber cómo se desarrolló su vida sexual posterior porque es un indicio». Luego preguntó: «¿Es un pecado preguntar por la sexualidad?». 

El Dr. Villar, por su parte, dijo: «Si no vamos a investigar hechos sexuales de M. dejemos sin efecto el debate porque a eso vinimos». 

Un código penal del sigo pasado 

El análisis de Heredia es contundente: «La defensa llegó a este juicio con el código penal del siglo pasado», y para ello cita la reforma de 1999 de la Ley 25.087, que obliga a dejar de indagar sobre la vida sexual de la víctima, en especial las mujeres y niñas, que destierra la honestidad como un bien jurídico a proteger. El paradigma actual en relación a los delitos sexuales protege la integridad sexual de las personas, «el derecho a la autonomía del cuerpo, a la autodeterminación de la propia sexualidad, a la libertad de decidir. Un nuevo paradigma donde se debe acreditar el consentimiento en cada tramo de cada acto sexual, un consentimiento unívoco; a que ‘no’ es ‘no’, que el ‘no sé’ no es ‘sí’, que el silencio no es ‘sí’, a que ningún consentimiento previo sea el fundamento para dar por supuesto el consentimiento a otro acto que no sea al expresamente prestado». 

Además, recordó la calificación de «desahogo sexual» del Fiscal Rivarola, expresión compartida por los abogados defensores y por uno de los imputados. «Este proceso es un hito en la provincia del Chubut, una de las razones es precisamente por esa expresión que solo en los ámbitos más retrógrados de la academia, en los lugares más rancios de la sociedad, se volverá a pronunciar. En los abusos sexuales el bien jurídico protegido no es la honestidad ni hay desahogo sexual, en los abusos sexuales se violenta la libertad de decidir sobre el propio cuerpo sexualmente y en quien lo violenta hay impotencia y despliegue de poder», sostuvo la letrada. 

«Hace diez años que no se escucha a la víctima»

El Dr. Enrique Stola, psiquiatra y perito del caso, dialogó con El Extremo Sur y aportó su visión sobre el proceso judicial, enfatizando el camino que atravesó la sobreviviente para poder relatar lo sucedido. «Hace diez años que la voz de la víctima está presente y hace diez años que no se le escucha», sentenció.

«En diferentes momentos y períodos no se la escuchó porque hubo prejuicios de las personas adultas que no supieron contener a una niña de 16 años; si hubiesen sabido contenerla, el juicio se habría dado mucho antes. Hubo prejuicios del poder judicial, acciones de personas poderosas para que esto se escondiera», recordó. «Luego de la denuncia de Thelma Fardín se produce una explosión de casos; una gran cantidad de mujeres, niños, niñas y adolescentes (incluso varones) se atreven a denunciar públicamente lo que habían vivido». Stola expresó que en ese momento, en el cual la víctima de este caso puede volver a hablar sobre los hechos, «se le siguió obturando la palabra». 

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Al llegar a la etapa del juicio oral, le recomendaron no dar testimonio ya que «su voz estaba a través de los informes psicológicos y psiquiátricos, a través de los testigos; su voz estaba presente. Pero estaba claro dado el accionar de las juezas, que no iban a recibir ningún tipo de protección ni de cuidado en el juicio. Por lo tanto, era mejor no someterse a las conductas agresivas y violentas de los machos defensores de los acusados». 

«Todos estos temores quedan confirmados cuando ella usa su derecho a decir las últimas palabras en el juicio, que no iban a tener un efecto judicial, pero es su derecho. Es interrumpida por las juezas que no la dejan expresarse con libertad. Parece que estas juezas querían que la víctima hablara y que fuera una ‘buena víctima’, que dijera algo así como ‘Señora Jueza, tengo confianza en ustedes, tengo confianza en la Justicia’. Pero la joven comenzó a decir cómo le habían jodido gran parte de los años de su vida, y había que evitar que hablara», agrega Stola. 

De acuerdo al informe de una de las psicólogas que entrevistó a la víctima, «en la primera sesión relató el abuso de manera desafectivizada, con sentimientos de vergüenza y culpa, por el estigma social; durante 2 años no relata el hecho; empieza a trabajar qué es el consentimiento, empiezan a aparecer síntomas en su cuerpo; 6 años de trabajo intenso con ella, en su terapia, le llevó a la víctima poder decir ‘fui abusada'». Entre las secuelas del abuso, señalaron trastorno de sueño, angustia masiva, vivencias traumáticas, vivencias de vacío, de desamparo. 

Para Stola, el fallo indicaría que se culpó a la víctima «porque no se sometió a la violencia institucional». 

También remarcó el pedido de los abogados defensores para que el debate se desarrollara en el más puro secretismo. «Ese acuerdo que hubo entre fiscales, jueces y defensores, supongo, de que no se podía hablar con la prensa sobre lo que sucedía en el juicio, siempre con la excusa de que es para mantener la intimidad de la víctima», precisó. «Esto es una gran mentira. Yo ya lo denuncié en el caso de Thelma Fardín, en donde era claro que el silencio beneficiaba a Darthés. Acá el silencio benefició a los acusados. Este silencio es una maniobra absolutamente patriarcal y machista que tiene como objetivo proteger a los acusados. Nunca protege a las víctimas», explicó. 

La mala víctima: las declaraciones impresentables de los defensores

La implementación de la perspectiva de género es una obligación para todos los miembros del tribunal, incluidos los abogados defensores. En este caso, los letrados deslegitimaron los reclamos en materia de género y escudriñaron sobre la vida sexual de la denunciante. 

En su alegato inicial, el Dr. Guillermo Iglesias -en representación de Quintana-, dijo que la Fiscalía buscó «seducir al tribunal a través de la persuasión, no a través de la prueba, sin embargo, en el sistema acusatorio el único método viable para convencer al tribunal es a través del método racional que se funda en la prueba; los argumentos vienen después de la prueba». 

El Dr. Francisco Oneto -defensor de Luciano Mallemaci- «cuestionó que la fiscalía se refiera a un grupo de jóvenes con privilegios y conductas transgresoras, ya que no se está para juzgar un modo de vida, sino para juzgar lo que ocurrió en ese momento». Destacó que la joven y Mallemaci sostenían un vínculo previo al abuso que conllevaba el mantenimiento de relaciones sexuales consentidas. Hecho que, bajo una lectura con perspectiva de género, no impediría un delito sexual posterior. Según la versión presentada por el abogado, fue la denunciante quién insistió en tener relaciones sexuales, algo a lo que Mallemaci se habría negado. 

En esta línea, continuó el Dr. Roberto Rallín, que se dirigió al tribunal «manifestando que no venían a pedir justicia, sino que requerían evitar una injusticia». 

Dijo que la investigación fue «guionada, forzada, direccionada con interrogatorios a testigos que fueron tomados en forma presionada, eran testigos muy jóvenes a los que el oficio del interrogador ha conducido para intentar generar un relato, recordando que es una causa que se inicia con una denuncia en las redes sociales y que el propio Ministerio Público toma para sí e impulsa», desprestigiando de esta manera la reconstrucción de los hechos que las y los testigos -diez años después, con la labor que eso conlleva- realizaron colectivamente.

Manifestó que su intención era probar que las consecuencias psíquicas a las que hacen referencia los acusadores (coincidentes con los síntomas de una víctima de abuso sexual) no se debían al delito propiamente dicho sino a una situación que la denunciante vivió con las amigas; «tienen que ver con todo el daño y la presión que ha generado el entorno social en una comunidad no tan grande y una edad en que la víctima no contaba con herramientas ni mecanismos de defensa psíquicos para afrontar toda una presión que se había vuelto una acusación en su contra». 

Los abogados defensores apuntan a un cambio de roles, donde presentan a los acusados como «víctimas» de una estrategia malintencionada de la querella, la fiscalía y los movimientos feministas que en las distintas audiencias prestaron su apoyo a la denunciante. 

El Dr. Martín Villar, por su parte, consideró a los alegatos de la querella como «una proclama política más que un alegato en una causa judicial», y además «reconoce la lucha, de todas las mujeres y la enaltece, sucede que no contra un inocente, porque condenar a un inocente es la primera falta de respeto a una víctima, la víctima tiene derecho a la verdad, no a que se condene a cualquiera por cualquier cosa, eso no satisface su derecho, es faltarle el respeto si es víctima». 

Para sostener su relato de la pureza de la verdad y las leyes, el letrado leyó un pasaje de una fábula sobre la verdad y la mentira: «aún hoy la gente prefiere aceptar la mentira disfrazada de verdad y no a la verdad desnuda». Un recurso burdo que utilizó para reforzar que los acusados llegaron al debate «con la sinceridad más plena». La estrategia es similar a la que utilizaron las tres juezas en su voto final: «Son las pruebas, no los jueces, las que condenan».

Con ironía, apuntó nuevamente contra la querella: «Admiró profundamente la capacidad de imaginación de los acusadores porque realmente han adivinado lo que supuestamente sucedió en un cuarto. No puede tampoco dejar de destacar la referencia del propio fiscal a que este es un caso trascendental para la provincia, no sabe que significará eso, será una presión al tribunal. Expresó que la investigación penal reparatoria estuvo plagada de irregularidades. Si es que la joven fue víctima de alguien, el primero que le ha faltado el respeto es el Ministerio Público Fiscal.»

Se destituye a la víctima de su papel como tal, ignorando ferozmente los tratados a los que, en teoría, los miembros del tribunal suscriben. El abogado concluye que a diez años «de los supuestos hechos es imposible adquirir un grado de certeza, en el contexto en que está probado, en el que habrían sido los supuestos hechos». De esta manera, desconoce la dimensión profunda de la experiencia de las y los sobrevivientes, con un pregunta que termina de coronar la misoginia del debate: «¿Cómo saben que era víctima?».

La declaración de uno de los imputados: «La única víctima soy yo»

Uno de los más complicados, Luciano Mallemaci, brindó su declaración expresando una y otra vez que él era una víctima más del proceso. Absolutamente seguro de su inocencia, y al igual que sus pares, consciente de su impunidad. 

«El señor fiscal sabe que yo soy inocente y de igual forma decidió meterme en este proceso porque él sabía que metiéndome a mí iba a lograr ciertas cosas. Pero yo estoy muy injustamente en este proceso», opinó y agregó: «Tuve que bancarme tres años de locuras», explayándose sobre las situaciones que vivió tras ser «escrachado». «Tuve que afrontar un montón de situaciones de chicas que me venían a agredir, yo siempre traté de hablar pacíficamente, pero es muy difícil, ellas te dicen que no creen en nada, te dicen que te quieren ver muerto. Que ellas creen por la condena por mano propia, hacen juicio de valor. Yo nunca decidí bajar los brazos». 

Comentó que uno de los abogados a los que acudió le sugirió que aceptara el juicio abreviado porque «las causas de género hoy están complicadas, la balanza está inclinada para ese lado». El acusado expresó que al enterarse que dicha posibilidad fue rechazada, sintió que «Dios me había iluminado; era la posibilidad de demostrar mi inocencia». 

Insistió en que el escrache de la víctima era «falso» y que «sabe muy bien» que él es inocente. «Yo creo que fui la única persona que vino con la verdad a este debate», dijo, y en línea con el discurso misógino de los abogados defensores expreso: «Esa noche la víctima fui yo». 

La urgencia de una reforma judicial feminista 

Pese a la sentencia desfavorable, el Dr. Stola dijo que «ha sido positivo para la víctima que el juicio pueda desarrollarse, porque ella quería que esto sucediera, aunque muchos progresistas dijeron que había que llegar a un arreglo y evitar el juicio». 

«En 2012 cuando circuló en el pueblo y en las redes que la denunciante había sufrido una agresión sexual, no hubo adultos que contuvieran esa situación. ¿Qué podía hacer una joven de 16 años que había estado alcoholizada y agredida sexualmente? Hizo lo que pudo. A pesar de que su vida cambió drásticamente, trató de rehacerla en otro lugar, seguir sus estudios, finalizar sus estudios universitarios con mucho éxito, trabajar. Esto es lo único que podía hacer. Cuando el contexto social lo permitió -por la lucha de las compañeras feministas- ahí entonces el juicio pudo llevarse adelante», relató el psiquiatra. 

Stola considera que «esto es muy reparador para la víctima, más allá del resultado, la sobreviviente sabe que hace pocos días fue víctima de la violencia judicial, sabe que está siendo apoyada por una innumerable cantidad de sobrevivientes, mujeres y grupos en todo el país, que están ahí haciendo fuerza para que las instancias superiores tengan una mirada con perspectiva de género y puedan entender lo que pasa con las mujeres, niños, niñas y adolescentes que son víctimas de agresiones sexuales». 

Stola aportó definiciones sobre la dimensión estructural de los delitos sexuales: «Nuestras sociedades están cruzadas por las agresiones sexuales, más allá de que cada vez que hay un caso que cobra trascendencia millones de personas se golpeen el pecho y digan ‘esto no puede ser’. Como sociedad nos tenemos que hacer cargo de que esos personajes son productos nuestros y tenemos instituciones como el Poder Judicial que desde la creación de los Estados-Nación cumple un rol -hoy resquebrajado gracias a la lucha feminista- que es garantizar la supremacía masculina, blanca y la dominación de clase.»

Consultado sobre los escraches y la necesidad de justicia fuera del ámbito legal, opinó: «La justicia por mano propia no existe. Es revancha. No creo tampoco en la existencia de la justicia. La justicia en cada momento histórico tiene una entidad regulatoria en las sociedades. Se supone que hay instancias de regulación. Esto requiere una adecuada estrategia judicial y política», precisó. «En el campo de lo social, es lo que permite que se produzcan actos justos. Para nada acuerdo con las visiones punitivistas, que hay que dar más años, castigar a los agresores sexuales, hay que mantener el respeto por los derechos de cada una de las personas acusadas, significa también darles posibilidades de psico-educación, reflexión sobre el tema. Tenemos que tener confianza no en la justicia sino en la estrategia judicial que se está llevando a cabo, confianza en la movilización de las compañeras feministas y movimientos sociales que son quienes que están permitiendo que el poder judicial cambie», concluyó. 

Se trata, finalmente, de un fallo que espera ser revertido gracias a la potencia social de los movimientos feministas y el repudio de toda una sociedad ante la clara muestra de complicidad con los más poderosos.

Ni monstruos, ni enfermos: detrás del fenómeno de las violaciones grupales

Por Camila Betancor Santana, Sputnik, Uruguay, https://mundo.sputniknews.com/20220307/ni-monstruos-ni-enfermos-detras-del-fenomeno-de-las-violaciones-grupales-1122751426.html

Con una cultura de la violación que los avala, los abusos en grupo han existido a lo largo de la historia en la medida que se fueron conformando las sociedades patriarcales. En diálogo con Sputnik, el psiquiatra Enrique Stola dijo que los abusadores sienten goce por el ejercicio del poder y buscan la validación entre sus pares.

«No es un grupito de locos, de enfermos, sino que son varones socializados así en nuestras sociedades patriarcales», dijo a Sputnik el médico psiquiatra argentino Enrique Stola, experto en violencias, agresiones sexuales y masculinidades.

Pese a los logros y la lucha de colectivos feministas y contrario a la convicción de que las nuevas generaciones de varones han modificado su forma de relacionarse, «siguen respondiendo a las pautas patriarcales y a la supremacía masculina y la tratan de ejercer ahí donde la pueden ejercer», sostuvo.

El especialista subrayó que «muchos hombres pueden haber incorporado un discurso políticamente correcto pero su habitus, su forma de estar existiendo, sus emociones y sentimientos, responden a las prácticas machistas y patriarcales, responden a las forma en que venimos siendo educados, no solo por la familia, sino por la cultura, la cultura de la violación, por los medios de comunicación, por la pornografia, por la crueldad hacia los cuerpos, por la supremacía blanca, por el neoliberalismo».

Validación entre hombres y ejercicio del poder

El 28 de febrero de 2022, seis varones violaron en grupo a una joven de 20 años dentro de un automóvil en el barrio Palermo de Argentina y los vecinos fueron los que intervinieron para frenar el abuso.

Días antes, en el vecino Uruguay, una mujer de Montevideo denunció una violación grupal tras conocer a un hombre en un local bailable y acceder a ir a su casa, a pocas cuadras de la discoteca. Mientras ambos mantenían relaciones sexuales, otras tres personas ingresaron a la habitación y la violaron.

Ambos casos escandalizaron a la región en las primeras semanas de 2022, aunque el fenómeno no es nuevo y trasciende fronteras. Las fiscalías a cargo de delitos sexuales reciben cientos de denuncias similares, solo que no todos los casos adquieren tanta repercusión pública. Incluso muchos no son denunciados por las víctimas por vergüenza, miedo, poca confianza en el proceso, entre otros factores.

Este tipo de prácticas persigue una validación entre los agresores. De acuerdo a Stola, «la validación que buscan los varones cuando hacen una violación grupal es ser validados como machos por otros machos».

«La mujer violada (…) solamente es un objeto intermediario porque ninguno de ellos piensa en el goce sexual sino en el goce que sienten por el ejercicio de poder sobre ese cuerpo y en el goce que sienten por ser mirados por los otros machos», precisó.

Para el experto, este fenómeno no se da por una atracción hacia la mujer. Por el contrario, los varones se sienten atraídos entre ellos. Interviene incluso una cuestión «homoerótica».

Una cultura de la violación que persiste con impunidad

Stola advirtió que conductas que hace 30 o 40 años se encontraban dentro de la norma hoy se consideran inaceptables.

«Lo que hoy denominamos acoso, sobre el cuerpo de las mujeres, acoso sexual, era la conducta esperada», dijo Stola, que agregó que pese a la condena social, «todos esos mensajes que tienen que ver con el machismo y la cultura de la violación siguen estando presentes».

Los medios cobran un papel de suma importancia. Las decisiones en cuanto a la denominación de los agresores para Stola son políticas.

Colocar a los agresores como «monstruos» o «enfermos» fortalece la creencia social de que la violencia de género solo se reduce a femicidios o violaciones y «eso sirve para ocultar la multiplicidad de violencias que viven las mujeres, en diferentes niveles de intensidad y a la vez para fortalecer esa disociación que sienten la mayoría de los varones diciendo ‘yo no tengo nada que ver con eso'».

En referencia al caso argentino, en el que la violación se produjo a plena luz del día y ante la mirada desconcertada de los vecinos, Stola comentó que fue un «indicador del nivel de impunidad que sienten amplios sectores de varones».

Problema estructural que atraviesa clases y generaciones

En el caso argentino, uno de los elementos que más llamó la atención es que varios agresores tenían formación terciaria e incluso uno de ellos había recibido clases en materia de género. «Los violadores, los abusadores, el incesto paterno filial se da en todas las clases por igual y con todos los niveles de instrucción», manifestó Stola.

«Hay una gran cantidad de varones que con un mínimo de instrucción pueden incorporar palabras, frases y discursos verbales que parece que fueran progresistas o profeministas o feministas pero emocional y psicológicamente siguen respondiendo a las pautas patriarcales», explicó.

En cada oportunidad donde se produzca una asimetría, aplican el poder.

Lejos de considerar que las nuevas generaciones cambian sus prácticas, Stola afirmó que «la proliferación y el poder que van tomando los grupos de ultraderecha y de derecha que plantean eliminar leyes de defensa de derechos de las mujeres» y de la comunidad LGTBQ+, brindan resistencia a los reclamos feministas.

«No pensemos que porque son jóvenes están cambiando, a medida que el neoliberalismo, los sectores libertarios, la ultraderecha avanza con sus consignas anti derechos, tiene impacto», profundizó.

La culpa

Las víctimas de estos hechos son continuamente señaladas por la mirada ajena e incluso, la propia. «En el imaginario social, las mujeres siempre son las culpables», indicó el especialista.

Tras ser rescatada, la joven de 20 años que había sido abusada en Palermo pedía disculpas. «Repetía que no sabía cómo había terminado allí, que no conocía a esos jóvenes y que no entendía cómo había terminado dentro del auto», según declaró a la prensa la comerciante que intervino y alertó a la Policía.ultura de la violación

En Uruguay, un programa radial fue criticado por darle voz a la versión de los acusados de la violación en el barrio céntrico de Cordón. Durante la transmisión, la víctima fue señalada, juzgada por salir frecuentemente a locales bailables teniendo hijos, y responsalizada de la violación.

Stola apuntó sobre la responsabilidad de «las instituciones que tendrían que proteger a las víctimas como el Poder Judicial». Según el psiquiatra, «salvo un pequeño sector que tiene formación en género o es un sector sensible a esta problemática, el sector hegemónico garantiza la supremacía blanca, la supremacía sexista y la propiedad de los sectores dominantes».

«El sector hegemónico sospecha de las mujeres», afirmó, señalando que cuando las mujeres denuncian ante la Justicia, «son sospechadas de querer joderle la vida al hombre» y parte de esa creencia ha sido apropiada culturalmente.

De acuerdo a Stola, «cuando la sospecha la usan los oprimidos es un instrumento de alerta y sirve para la liberación pero cuando la sospecha la utiliza el opresor, como en el caso del Poder Judicial que sospecha de las mujeres, es un instrumento de opresión», finalizó.

Cómo pueden involucrarse los varones

Los varones deben reflexionar sobre el rol y las conductas aprehendidas.

Si bien no tienen por qué involucrarse en las organizaciones de mujeres, pueden formar sus propios colectivos o habitar espacios que brinda la sociedad para que actúen de otra manera. Además, pueden poner límites o hacer llamados de atención a otros varones sobre conductas machistas.

«El varón puede y tiene la obligación de reveer cómo se comporta las 24 horas del día, de reflexionar sobre cómo ejerce la dominación».

«Parece que los violadores de las mujeres son seres imaginarios porque nosotros los varones no los conocemos entonces para usar un término argentino, más bien porteño, ‘los varones tenemos que dejar de hacernos los boludos» ante esta situación, no tenemos derecho a la ingenuidad'», finalizó el psiquiatra.

«El abuso grupal en Palermo es parte de la cultura de la violación»

Argentina TELAM https://www.telam.com.ar/notas/202203/585103-violacion-grupal-palermo-psiquiatra-enrique-stola.html

02 de marzo 2022

El especialista en violencia y nuevas masculinidades destacó la necesidad de dar Educación Sexual Integral «en todas las escuelas públicas o privadas» y sostuvo que la sociedad «parece espasmódica: hay indignación, piden pena de muerte. Y después seguramente vendrá el silencio: gran parte de la sociedad va a oponerse a la ESI y va a tener un rol activo en el sostenimiento de la cultura de la violación».

El médico psiquiatra, especialista en violencia y nuevas masculinidades, Enrique Stola, afirmó este miércoles que el abuso en grupo a una joven en el barrio porteño de Palermo ocurrido el lunes es parte de «la cultura de la violación», en la que «gran parte de la sociedad tiene un rol activo», y destacó la necesidad de dar Educación Sexual Integral (ESI) «en todas las escuelas públicas o privadas».

«Que haya sido en Palermo, en las horas del día, son indicadores de la conciencia de impunidad que hay en gran cantidad de varones en cuanto al ejercicio de poder sobre el cuerpo de las mujeres, adolescentes, niños, niñas. Esto es parte de lo que llamamos cultura de la violación», dijo a Télam Stola.

«La sociedad parece espasmódica: hay indignación, piden pena de muerte. Y después seguramente vendrá el silencio: gran parte de la sociedad va a oponerse a la ESI y va a tener un rol activo en el sostenimiento de la cultura de la violación», continuó.

(FW)»No son monstruos, no son enfermos. El único requisito que hay que cumplir para hacerlo es ser machista, nada más»(A)
Sobre este concepto, amplió: «Las sociedades patriarcales habilitan a los varones a sentirse dueños de los cuerpos de las mujeres, niñas, niños, adolescentes, y todos aquellos cuerpos que socialmente se califican como subordinados, como pueden ser los de las personas trans, travestis, no binarias, etcétera».

Además, consideró que «hay un elemento clave» en el desarrollo de esta cultura, «que es el incesto paterno-filial».

«Si un padre biológico puede agredir sexualmente a sus hijos e hijas, eso habilita simbólicamente a los varones a que todos tenemos la posibilidad de hacerlo y que la sociedad va a darnos un gran protección para que que esto siga ocurriendo», sostuvo.

En este sentido, afirmó: «La sociedad está produciendo violadores permanentemente».

Telam SE

«No son monstruos, no son enfermos. El único requisito que hay que cumplir para hacerlo es ser machista, nada más», añadió.

Asimismo, indicó que las violaciones a veces «son correctivas», como ocurrió con «Higui» (Eva Analía de Jesús), quien sufrió un intento de violación en el 2016 en la localidad bonaerense de Bella Vista, o se realizan «en grupo para sentirse machos».

En ellas, «el cuerpo de la mujer es un cuerpo intermediario. Es un goce no tanto de estar con ellas sino del ejercicio de poder que les permite ser observados y reconocidos como machos por sus compañeros», señaló.

Sobre esto, consideró que se trata de «prácticas aprendidas».
«Las prácticas culturales las sostiene la sociedad. Así como la sociedad está preparando los próximos femicidas que van a actuar en el mes de marzo, abril, mayo, también está preparando a los violadores que van a actuar en los próximos meses o años», destacó.

Por ello consideró que «un camino fundamental es la Educación Sexual Integral dada de acuerdo a los planes que establece la ley y que el Estado debe imponer».

«Hasta el momento ningún gobierno del área dominada por Occidente se ha puesto firme ante la iglesia católica y los grupos conservadores, que impiden que la ESI se dé en todos los colegios y en todos los niveles de educación», concluyó.

La violación en grupo ocurrió el lunes pasado dentro de un automóvil estacionado en la calle Serrano al 1300, en Palermo, y seis jóvenes sospechosos de ser los abusadores quedaron detenidos, tras la intervención de los vecinos.

Stola: «La sociedad prepara a los próximos femicidas; hay un ataque fuertísimo contra derechos de mujeres, trans y disidencias»

Entrevista de Lola Sánchez 21 de febrero 2022 «El extremo sur de la Patagonia» https://www.elextremosur.com/nota/35787-stola-la-sociedad-prepara-a-los-proximos-femicidas-hay-un-ataque-fuertisimo-contra-derechos-de-mujeres-trans-y-disidencias/

Enrique Stola es médico psiquiatra, especialista en violencia y nuevas masculinidades y activista por los Derechos Humanos. Su extensa trayectoria en la defensa de sobrevivientes de abuso sexual lo llevó a enfrentarse al poder eclesiástico al brindar atención a las víctimas del cura Julio César Grassi y Eduardo Lorenzo -confesor de Grassi que se suicidó en 2019 tras varias denuncias por abuso-, entre otros. En el caso del primero, sufrió amenazas y ataques por parte de los cómplices del cura. Desde Madrid, Stola dialogó con El Extremo Sur y remarcó las violentas reacciones que se acrecentaron durante los últimos años, luego de los avances en materia de género que impulsó el primer Ni Una Menos en 2015. «Hay un retroceso, un ataque fuertísimo contra los derechos que veo con preocupación», sostuvo. Apunta a los movimientos de derecha y al control -todavía presente- de la Iglesia Católica sobre los Estados. 

El psiquiatra enumeró los distintos mecanismos que se esgrimen desde los medios de comunicación, la Justicia y el Estado para «castigar a las mujeres». Reiteró uno de los puntos centrales del paradigma feminista: los femicidas no son monstruos ni enfermos. «Tienen una creencia que está presente en el contexto social. Debemos tener en claro que nuestra sociedad está preparando a los próximos femicidas», tendencia que no se revertirá mientras «no se cumplan y ejerzan políticas para romper con los estereotipos». 

Pese a los avances, Stola reconoce que no puede dar un mensaje esperanzador y se muestra escéptico: llama a profundizar las capacitaciones y a garantizar políticas públicas que protejan de manera integral los derechos de mujeres, niñas, niños y adolescentes. 

¿Cuál es su visión sobre el contexto actual en materia de Derechos y Género? ¿Cree que hay avances o podríamos estar en un punto de retroceso?

Creo que hay más allá de que en Argentina las compañeras feministas y disidencias sexuales han logrado -gracias a su lucha- ocupar espacios institucionales. Sin embargo, lo cierto es que, en el mundo, lo que llamamos Occidente y su área de influencia, hay un retroceso y un ataque fuertísimo contra los derechos de las mujeres, disidencias sexuales, niños, niñas y adolescentes, así como al movimiento trans-travesti. Yo veo con preocupación lo que está sucediendo. Si vemos las noticias de España, por ejemplo, vemos un partido que busca la presidencia y pone como condición eliminar los espacios de derechos de las mujeres, y si vemos el avance de la derecha en la Argentina y los posicionamientos en América Latina creo que la cosa viene mal. Los derechos están siendo sostenidos por la acción de los feminismos, porque ni los partidos políticos ni los movimientos sociales han asumido ese compromiso. Hoy soy escéptico. 

Usted declaró en el juicio contra Juan Darthés, y sostuvo que allí observó una «asimetría de poder». ¿Es común ver estas prácticas dentro de los juzgados? ¿Cree que el sistema judicial desfavorece a las mujeres?

Sí. La relatora para los derechos de la mujer de Naciones Unidas hizo un recorte de observación en España hace poco donde señalaba que hay un patrón de conducta que es detectable en el poder judicial español, que tiende a desproteger a mujeres, niños, niñas y adolescentes. Eso se da también en América Latina. Gracias a la lucha de las feministas se ha producido un resquebrajamiento del sistema judicial. Hay algunos juzgados con perspectiva de género. Pero en general la dinámica que tiene el poder judicial argentino es para garantizar los intereses machistas, sexistas, racistas y garantizar la propiedad de la burguesía. Esa asimetría de poder es permanente. Recientemente, veía un caso donde un abusador logra un acuerdo para quedar libre, y a la madre protectora no le informan esto. Le dan 3 años de libertad condicional a un abusador que reconoce sus abusos. Eso es permanente. Tiene que ver con la mentalidad machista de fiscales y fiscalas, jueces y juezas.

Profesionales de diversas disciplinas están denunciando el uso de supuestas herramientas psicológicas como el Síndrome de Alineación Parental (SAP) en los casos de abuso sexual contra las infancias. ¿A pesar de que se reconoce que no hay un sustento científico su uso tiene un peso creciente dentro del proceso judicial? 

Sí, tiene muchísimo peso, porque las mujeres cuando entran al poder judicial buscando justicia ingenuamente, entran en un campo de sospecha. La misma sospecha del campo de lo social está en la mirada de gran parte de la justicia. Se utilizan diferentes estrategias como el mecanismo de contaminación, el SAP, implantación de recuerdos, otras idioteces del estilo pero que son muy efectivas para castigar a la mujer. Ese famoso síndrome -que no existe en el campo de la medicina ni de la psicología pero sí como cuestión ideológica dentro de algunas instituciones- surgió como respuesta a la lucha de las mujeres norteamericanas en la década del ‘60. El SAP se utiliza fuertemente en toda América Latina y en países de Occidente, para sacarle recursos a la madre protectora y poner a los niños en manos de violentos. 

Sin embargo, el uso del SAP y de otros síndromes asociados está prohibido. ¿Se mantiene presente en el paradigma judicial, aunque no sea nombrado? 

No son idiotas. En algunos juzgados saben que poner el SAP está muy mal visto por organizaciones de Derechos Humanos y de Derechos de las Mujeres. Entonces utilizan los contenidos sin ponerle nombre, y mantienen esa actitud de descalificación hacia la mujer, de sospecha, que es la que está presente cuando se aplica el SAP. No usan la terminología, pero sí usan los conceptos y las actitudes emocionales, el manejo de la legislación para lograr los objetivos que se propone el SAP que es castigar a las mujeres. El síndrome y sus sucedáneos son instrumentos de violencia machista dentro del poder judicial, es un instrumento que utiliza el Estado argentino contra las madres protectoras. 

¿Cuál es el rol de los medios de comunicación en este escenario? Especialmente ahora que vemos noticias de padres que denuncian no poder ver a sus hijos y apelan a la violencia de género «invertida»

Uno ve muchos medios donde aparecen estos hombres, y generalmente son varones los que conducen, que traen al abogado o abogada, o a individuos violentos que tienen causas para hacerse las víctimas. Pero si uno chequea se da cuenta de que muchas veces esos conductores o gente de la producción también han sido denunciados por violentos; se están defendiendo a sí mismos cuando invitan a estos personajes. Pensemos: ¿cuántas mujeres feministas hay en los medios? Muy pocas, porque dicen que van a cuestionar todo. Por supuesto que van a cuestionar el orden establecido y machista que permiten los medios. ¿Cuántos varones feministas podemos encontrar en los medios? Me sobran los dedos para señalarlos. Alguno en C5N, alguno en TN, alguno en América. Y se acabó; en medios de repercusión nacional por lo menos. Entonces hay un control ideológico en los medios que tiende a marginar a las compañeras. A lo sumo, las invitan a participar cuando hay algún caso concreto. Pero si dos mujeres lesbianas son asesinas y matan a un niño, eso se transmite en cadena durante varios días. Si un tipo, como pasó el otro día, mata a su nene de 3 años como forma de violencia vicaria para perjudicar a su ex pareja, eso se trata un día y de manera superficial. Esta es la visión machista que circula en los medios, como parte de todos los instrumentos que sostiene la sociedad patriarcal neoliberal. 

Entonces, ¿qué pueden hacer los varones para luchar contra la violencia machista, pero sin ocupar espacios que les corresponden a las mujeres?

Los hombres no se tienen que meterse para nada en las organizaciones de mujeres. Tienen que formar parte de sus organizaciones de varones o tener una conducta feminista en las organizaciones políticas-profesionales en las que se encuentren, o bien en sus prácticas cotidianas. Un varón debe revisar en sus prácticas cotidianas las formas en que ejerce la dominación masculina, los patrones de conducta, si tiene una pareja heterosexual debe tener en cuenta la co-gestión del hogar. Ese es un hombre que va a estar aportando a la causa feminista. Los varones ejercemos diferentes niveles de violencia contra las mujeres y contra las disidencias sexuales. Hay niveles de baja intensidad hasta de alta intensidad. 

¿Cómo distingue esos niveles de violencia?

Hoy los medios califican de violencia solamente al femicidio. No hablan de las violencias de baja intensidad, como la que ejercen los varones hetero cuando explotan a las mujeres y les roban horas de su vida que podrían dedicar a su propia existencia, mientras se ocupan de atender al tipo que tienen al lado. Eso es un nivel de violencia de baja intensidad, que va habilitando socialmente a otros niveles de violencia de mayor intensidad. Los varones que realmente quieren cambiar tienen que acceder a lecturas feministas y rever sus conductas cotidianas. Pero soy escéptico. Un estudio de España en noviembre del año pasado mostraba que en un grupo de jóvenes de entre 15 y 29 años de edad en 2019, el 10% creía que la violencia machista era una construcción ideológica de las feministas. A fines de 2021, tres años más tarde, era del 20%. Ha crecido la cantidad de varones que descalifica totalmente la lucha. Lo señalo especialmente para quienes dicen que ahora los jóvenes están cambiados. Sus hijos pueden ser otra cosa. Pero su mundo no es el mundo. Lo cierto es que las políticas de derecha están produciendo es eso: una mayor cantidad de varones jóvenes que ven o creen que la violencia machista no existe mientras ellos lo ejercen. 

Desde su disciplina, usted insiste en no categorizar a los femicidas como seres «monstruosos, locos o desviados de la norma social». ¿Qué implica realmente que sean descriptos de esta manera? 

Es parte de esa maniobra que se hace a través de los medios, donde se intenta crear una distancia entre lo que llamaríamos el varón común, el ciudadano común, de aquellos que aparecen en los medios asesinando a una mujer. Entonces los hombres dicen: «yo no tengo nada que ver con ese tipo». Y sí, es probable que no llegue nunca a asesinar a una mujer. Pero lo cierto es que está ejerciendo un nivel de violencia que es lo que permite también que esos otros lleguen a actuar. Estos femicidas no son enfermos, en absoluto. Parten de una concepción machista, tienen la creencia de que el cuerpo de las mujeres, niños, niñas y adolescentes les pertenece. Es una creencia presente en el contexto social, que está en el imaginario social de los varones y en gran parte de las mujeres colonizadas por el machismo. Lo que tenemos que tener en claro es que nuestra sociedad está preparando los 20, 30 femicidas que van a actuar en marzo. Está preparando los 20 femicidas que van a actuar en abril, mayo, junio. Estamos preparando a los próximos femicidas, y esto tiene que ver con que no hay políticas que se cumplan y que se ejerzan para romper los estereotipos sociales. Como la Educación Sexual Integral (ESI), que debe darse efectivamente en todos los niveles escolares y en las escuelas de gestión pública y privada. ¿Y por qué no sucede? Porque ningún gobierno se pone firme ante la Iglesia Católica y otros cultos, que tienen como objetivo de caza los cuerpos de niños y niñas y siguen protegiendo los estereotipos. Mientras se sigan repitiendo, los femicidios van a seguir existiendo. 

¿Cómo describe su camino defendiendo a las y los sobrevivientes? ¿Qué imagen tiene de la Iglesia tras esta lucha?

La Iglesia tiene toda una política de protección hacia sus curas y personal incestuoso, también tiene una política de protección hacia todos los incestuosos del mundo. Cuando la Iglesia se opone a la ESI está favoreciendo el desarrollo de la pornografía y la aparición de abusadores y violadores. No hay mejor defensor de las estructuras machistas que la Iglesia y mantiene su íntima relación desde la creación del Estado-Nación con el poder más conservador de la sociedad; que es el Poder Judicial. Desde allí se encarga de castigar a las mujeres que denuncian el pacto patriarcal y los machos violentos. Alrededor de esa estructura se mueve mucha mafia. Cuando hay que denunciar y llevar adelante un juicio -no de un cura cualquiera de estos que ellos cada tanto entregan- sino de uno muy importante que sabe cómo es la cama de los obispos y clérigos, se activan redes mafiosas. Tienen relación con los intereses políticos y económicos de esta estructura tan terrible que es la iglesia y la monarquía absolutista que es el Estado Vaticano. Después de la experiencia que tuve y otras que he observado, la recomendación que puedo darles a los profesionales que apoyan a víctimas cuyos agresores sean curas con poder, es que se cuiden, porque se están metiendo con una mafia importante. 

¿Cómo analiza el discurso actual de la Iglesia sobre la voluntad de actuar contra la impunidad de los abusos?

Es uno de los tantos versos de la iglesia. Recomiendo la película Spotlight, que muestra lo que es la estructura a partir de las agresiones sexuales de curas contra niños, niñas y niñas en Boston. Ahí lo muestran de manera clara: todos los curas y la mayoría de los curas tienen sexo. Algunos son heterosexuales, otros homosexuales, otros se masturban, otros tienen poluciones nocturnas, pero todos tienen sexo. Dentro de esa estructura hay un importante número de pedófilos. Se mueven como pez en el agua porque todos mantienen en secreto el ejercicio de su sexualidad. Ahí hay una cuestión de secreto importante. Yo no dudo de que hay algunos curas y obispos que honestamente quieren resolver esta cuestión, pero es algo que ha estado presente en la Iglesia desde el Concilio de Nicea hasta nuestros días. Es una práctica cotidiana de la iglesia, el mandato a las mujeres, las violaciones a las monjas, los abortos. No hay nada que haga pensar que eso vaya a cambiar. 

Además de las secuelas que un niño o niña sufre tras un abuso sexual, ¿cómo impacta a corto y largo plazo la revictimización que atraviesan en los juzgados?

Hay niños y niñas que atraviesan estos procesos judiciales en algunos juzgados donde más o menos se los cuida y declaran una o dos veces. Sin embargo, en otros -cuando hay intereses ideológicos, políticos y económicos fuertes- llegan a declarar una increíble cantidad de veces. Tienen que presentarse 10, 15 veces en instituciones judiciales. Esos niños crecen con una profunda decepción y rechazo al sistema judicial, siendo muy conscientes de que la justicia no existe. Cuando son adultos pueden darse cuenta de que es cierto que la justicia no existe, pero que es posible dentro de esa institución lograr actos justos. Eso se logra con una buena estrategia judicial y una buena evaluación política de cómo se mueven los mecanismos de poder, la lucha que hay que dar en relación a eso. Lo cierto es que cada vez que logramos un acto justo el sistema judicial se debilita para el fin con que fue creado, y se fortalece una visión de justicia diferente, que es la reforma que proponen los feminismos. 

¿Cómo podemos crear un entorno más seguro para las infancias en tanto sujetos de derecho?

Necesitamos políticas públicas. Con el esfuerzo individual o grupal no alcanza, no alcanza con la buena voluntad de algunos funcionarios, de algunos padres o cuidadores. Necesitamos políticas públicas. Necesitamos facilitar el acceso a la llamada justicia para niños y niñas, mejorar los órganos de control y de protección, necesitamos profundizar la capacitación. La Ley Micaela es una base. Lo cierto es que para ver los efectos hacen falta años. Se calcula que los procesos de formación dan resultado en diez años. El proceso de formación que se inició en Argentina coincidió con la pandemia, así que fue todo vía internet. Los funcionarios judiciales hicieron un proceso donde no han puesto el cuerpo. No sé qué resultado va a dar, pero hay que profundizar esos cursos. Debemos lograr que la Educación Sexual Integral realmente se efectivice en todo el país. Pensemos que la corte aún no ha hecho su formación en perspectiva de género. Estamos mal: hoy no puedo dar un mensaje esperanzador.

Declarando en el juicio de Thelma Fardín contra Juan Darthés, 27 de enero 2022

El jueves 27/01/2022 declaré vía internet desde la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) en el juicio contra Juan Darthes que se realiza en Brasil.

La pantalla estaba dividida en cuatro partes. En una veía al Sr. Juez Ali Mazloum, en la otra a funcionarias/os o al intérprete, en la tercera al Sr. Fiscal y en la cuarta a Juan Darthes y sus tres abogades (2 varones y una mujer).

A mi alrededor había funcionariado local y en un momento reconocí al abogado Fernando Burlando. Busqué a les abogades de Thelma Fardín pero no había, ni en Brasil ni en la sala. Luego supe que no los tenía, que no era querellante, que no se le había permitido por algún tecnicismo estar en la sala allí en Brasil o en la UFEM de Buenos Aires. Que tampoco podía decir nada sobre el juicio ni saber lo que está sucediendo en él. Si esto no es asimetría de poder no se qué otro nombre tiene. Espero que el Sr. Juez tenga la intención de nivelar esa desigualdad de poder.

El acusado es un hombre mayor con fuertes recursos económicos, con una costosa defensa allí en Brasil y otra, también costosa, aquí en Buenos Aires con Fernando Burlando, personaje mimado del establishment machista y farandulero.

La con semi-plena prueba víctima está obligada a una actitud pasiva, por no tener poder ni dinero, por no tener ninguna protección. Burlando puede estar, ella NO.

¿Cómo no estuvo garantizada la presencia de la víctima en el juicio?

Mucho hemos luchado porque puedan tener un rol activo en un juicio. Si todo lo anterior no es asimetría de poder, no se qué otra cosa puede ser.

Por Michelle, carta en francés, inglés y castellano

Pour Michelle : une demande aux féministes de France. (Français, anglais et espagnol)

Michelle est une femme, noire, pauvre, mère protectrice et migrante. Elle s’est rendue en Argentine en 2016 avec ses deux jeunes enfants après que le Pouvoir Judiciaire de France machiste a rejeté sa plainte contre le progéniteur-macho des enfants.

Immédiatement après, le Pouvoir Judiciaire machiste d’Argentine a donné lieu à la demande française de retourner vivre avec l’accusé.

C’est ainsi que les forces de sécurité argentines et Interpol les ont arrêtés en mai 2019, les enfants ont été violemment séparés de leur mère, qui a été emprisonnée dans une prison (Ezeiza) pendant deux semaines.

Depuis mai 2019, Michelle est à Buenos Aires sans papiers pour travailler, dans l’attente d’un procès sans date ; sans aucun contact avec ses enfants, impuissante, sans avocat en France alors que des actes juridiques qui nuisent aux enfants et à leur mère continuent à s’y mettre en place.

Le consulat de France paie une chambre mensuellement. Les militantes féministes la soutiennent avec ce qu’elles peuvent. Elles ont déjà fait le tour des bureaux officiels sans obtenir aucun soutien. Une avocate blanche a même affirmé que Michelle souffrait d’une maladie mentale.

En tant que psychiatre et psychothérapeute je peux affirmer que Michelle souffre d’un trouble de stress post-traumatique dû à la séparation brutale et au manque de communication avec ses enfants ; à tout ce que ses enfants ont souffert de la part de leur père; aux violences sexistes de son ex-partenaire ; au déracinement ; aux violences institutionnelles racistes / sexistes / des pouvoirs judiciaires de France et d’Argentine ; à la négligence et au manque d’attention des avocats et à la négligence des organes officiels du pouvoir exécutif de notre pays.

Michelle est soumise à la 50e Cour pénale et correctionnelle nationale pour signaler qu’elle n’a pas fui. Son séjour en Argentine ne peut être qualifié que de purger une peine sans jugement préalable.

  • Et voici la demande : nous avons besoin de confrères féministes de France pour jouer un rôle actif dans la défense de Michelle et de ses enfants.
  • Nous avons besoin d’une avocate féministe française pour travailler gratuitement. (contactez-moi par twitter MD-direct-message ou Facebook Messenger).

Pouvez-vous vous mettre à la place de Michelle ?

Ceux d’entre nous qui vivent en Argentine et en France doivent s’excuser auprès de cette femme pour les misérables institutions judiciaires que nous avons.

For Michelle: a call to France’s feminists (French, English and Spanish)

Michelle is a woman. She is black, she is poor, she is a protective mother, and she is a migrant. She travelled to Argentina in 2016 with his two young children after the French (macho) Courts disregarded her complaint against the male-parent of the children.

Immediately afterwards, the Argentinean (macho) Judicial Power accepted the French request that the children return to live with the accused.

This is how the Argentine security forces and Interpol arrested her in May 2019. The children were violently separated from their mother, who was imprisoned in jail (Ezeiza) for two weeks.

Since May 2019, Michelle has been in Buenos Aires without working papers, awaiting for a trial that has no date; without any contact with her children, helpless, without a lawyer in France, while legal acts that harm the children and their mother take place there.

The French consulate pays for a monthly room for her. Feminist activists support her with what they can. They have already made several request to the government without getting any minimal support. A white lawyer even claimed that Michelle suffered from mental illness.

I am her psychiatrist and psychotherapist, and I am able to confirm that the only thing Michelle suffers from is a Post-Traumatic Stress Disorder (PTSD) due to the abrupt separation and isolation with her children. A  PTSD also explained by what those children have gone through with their father; by the sexist violence of his ex-partner; by her being away her home, by the racist / sexist institutional violence of the French and Argentinean judicial powers; by the inattention of lawyers and official bodies of Argentina’s executive power.

Michelle’s case is in the 50th National Criminal and Correctional Court. Her current situation in Argentina can only be qualified as serving a sentence without prior trial.

And here is my request:

  • We need fellow feminists from France to take an active role in the defense of Michelle and her children.
  • We need a French feminist lawyer who works for free (contact me by twitter MD-direct-message or Facebook Messenger).

Can you put yourself in Michelle’s shoes?

Those of us who live in Argentina and France must apologize to this woman for the miserable judicial institutions that we have.

Para Michelle: un pedido a las feministas de Francia. (francés, inglés y castellano)

Michelle es mujer, negra, pobre, madre-protectora y migrante. Viajó a Argentina en 2016 con sus dos pequeños hijos luego que el machista Poder Judicial de Francia descalificara su denuncia contra el macho-progenitor de los niños.

Acto seguido, el machista Poder Judicial de Argentina dio lugar al pedido francés de que los niños regresaran a vivir con el acusado.

Así fue como las fuerzas de seguridad argentinas e Interpol los detuvieron en mayo de 2019 siendo los niños separados violentamente de su madre, quien estuvo presa en una cárcel (Ezeiza) durante dos semanas. 

Desde mayo de 2019 Michelle está en Buenos Aires sin documentación para trabajar, esperando un juicio que no tiene fecha; sin ningún contacto con sus hijos, desamparada, sin abogado/a en Francia mientras se suceden allí actos judiciales que perjudican a los niños y a su madre.

El consulado francés paga mensualmente una habitación. Activistas feministas apoyan con lo que pueden. Ya han recorrido despachos oficiales y no han conseguido el mínimo apoyo. Una abogada blanca llegó a asegurar que Michelle padecía enfermedades mentales.

Soy su psiquiatra y psicoterapeuta pudiendo afirmar que lo único que padece Michelle es un Trastorno de Estrés Postraumático por la abrupta separación e incomunicación con sus hijos; por lo que han pasado esos niños con su progenitor; por la violencia machista de su expareja; por el desarraigo; por la violencia institucional racista/sexista/ de los poderes judiciales de Francia y Argentina; por el abandono y mala atención de abogados y por la desatención de los organismos oficiales del Poder Ejecutivo de nuestro país.

Michelle está sujeta al Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 50 para informar que no ha huido.

Su estar en Argentina solo puede ser calificada como el cumplimiento de una condena sin juicio previo.

  • Y aquí la solicitud: necesitamos que compañeras feministas de Francia tomen un rol activo en la defensa de Michelle y sus hijos.
  •  Necesitamos una abogada feminista francesa que trabaje gratuitamente. (contactarse conmigo por twitter MD-mensaje-directo o Facebook Messenger).

¿Pueden ustedes ponerse en el lugar de Michelle?

Quienes habitamos Argentina y Francia le debemos disculpas a esta mujer por las miserables instituciones judiciales que tenemos.

Semanario Tiempo Argentino. “Michelle y su lucha contra la justicia patriarcal” 02/02/2020 https://www.tiempoar.com.ar/informacion-general/michelle-y-su-lucha-contra-la-justicia-patriarcal/

Diario Página 12: “Justicia patriarcal: la denunciaron por sustracción y desobediencia. La historia de Michelle Youayou: vino a la Argentina con sus hijos tras haber denunciado por abuso sexual al progenitor y ahora enfrenta un juicio” https://www.pagina12.com.ar/246108-la-historia-de-michelle-youayou-vino-a-la-argentina-con-sus-

“El caso Michelle”:  http://www.medioslentos.com/el-caso-de-michelle/

“El drama de una mujer francesa. Denunció el abuso de sus hijos pero quedó detenida en Argentina acusada de secuestro”  https://www.clarin.com/sociedad/denuncio-abuso-hijos-quedo-detenida-argentina-acusada-secuestro_0_4uPSRTJK.html

Buenos Aires, 17 de octubre de 2021.-

Enrique Stola

Médico Psiquiatra

Facebook: Enrique Stola

Twitter: @stolae

Instagram: @stolae

e.mail: enriquestola@hotmail.com

Un nuevo abordaje para la violencia machista

(Poner el foco en la formación de los varones)

Por Sonia Santoro

Los femicidios de Úrsula Bahillo y de Guadalupe Curual pusieron en carne viva una cicatriz que no deja de sangrar. Sabemos que en un día habrá otra asesinada más porque las estadísticas así lo dicen. El foco, desde hace un tiempo, empieza a apuntar sus luces a una zona hasta no hace mucho oscura, siempre velada, protegida: los varones. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Qué con la masculinidad dominante que sustenta los hechos más crueles de violencia de género? “Si no hay políticas feministas para los varones lo que hay son políticas machistas”, dice el psiquiatra feminista Enrique Stola. Como otros especialistas coincide en la necesidad de insistir con la formación –temprana y a lo largo de la vida– consciente en cuestiones de género

Días atrás Lalo Mir difundió un video diciendo que los hombres “no son parte, son el problema”. Cada vez son más los hombres que empiezan a alzar la voz y a hacerse cargo; los que sienten vergüenza ajena; los que siempre se sintieron incómodos de ser parte de la gran cofradía de machos y ahora lo dicen. Las campañas que apuntan a que tomen conciencia de sus abusos o violencias de todo tipo y a intervenir cuando es otro el que lo hace también se multiplican. La Fundación Avon fue una de las primeras con su campaña #Cambiáeltrato, también Gillette interpeló con jugando con su slogan histórico ¿Esto es lo mejor que puede llegar a ser un hombre?, y luego siguieron varios organismos, como el municipio de Moreno, por ejemplo, con sus videos de la línea El silencio es complicidad. También tenemos leyes importantes como la de educación sexual integral (ESI) y la ley Micaela de capacitaciones en la temática a funcionarios y funcionarias de la administración pública. Pero todavía falta, no es suficiente, hay que hacer más, mucho más.

Los últimos femicidios además tienen un componente desestabilizante: los femicidas son jóvenes. ¿Por qué si muchos pibes están más conscientes y activos en relación a la violencia de género esto sigue pasando? “Estos jóvenes repiten patrones muy instalados, porque son socializados de acuerdo con los mandatos de la masculinidad hegemónica. Por ejemplo, en el caso del femicidio de Guadalupe, en Villa La Angostura, le repetía ‘sos mía o de nadie más’. Modelos aprendidos que indican que esos varones siguen pensando a las mujeres como objetos de su pertenencia. Y es que son jóvenes que crecieron y que habitan en una sociedad que todavía ‘tolera’ formas de violencia contra mujeres, que todavía es cómplice y desestima esas violencias, que muchas veces incluso promueve formas de discriminación contra mujeres y diversidades pero también contra varones que no se sienten cómodos respondiendo a los mandatos de la masculinidad heterocispatriarcal”, explica Victoria Vaccaro, especialista de Programa de la Iniciativa Spotlight por el UNFPA. Para contribuir con la eliminación de la violencia de género hay que involucrar a los varones en los debates, en las luchas y en los reclamos, dice Vaccaro. “Hay que interpelarlos, pero sin agredir; invitarlos a ser parte de la solución y que puedan asumir su responsabilidad en relación al tema. Esto especialmente entre aquellos que reconocen la necesidad del cambio pero no saben cómo involucrarse. Sensibilizarlos para la igualdad y enfrentarlos con sus privilegios pero también con los costos de la masculinidad hegemónica para ellos mismos (en relación a su salud, su esperanza de vida, los suicidios, etc). En este sentido, es fundamental la ESI, el rol de las familias, los medios y los espacios de varones existentes para acompañar a los que se van sumando”.

En relación a los varones violentos, plantea, las medidas punitivas son necesarias pero no suficientes: “Existe la necesidad imperiosa de fortalecer y mejorar las no punitivas, como los grupos de ayuda, los grupos psicoeducativos, los espacios de reflexión, los centros de varones y las líneas de atención”. También menciona la necesidad de mejorar las alertas, la evaluación de riesgos y la implementación de medidas que actúen sobre aquellos varones que tienen denuncias y perimetrales pero no las cumplen. Por ejemplo, las notificaciones de las restricciones no pueden depender de las mujeres.

Enrique Stola, psiquiatra feminista, llama la atención acerca de diferenciar entre varones violentos del resto. “Cuando salió el spot Los Ayudadores –relata–, un spot que tiene que ver con la educación informal que apuntaba a situaciones ultracotidianas y que mostraba cómo las mujeres se están haciendo cargo de cosas que los hombres deberían hacer… Esta es una actitud que socialmente no es reconocida como sostenedora de la violencia de género en general. Entonces a los varones les resulta muy difícil unir sus prácticas cotidianas con la violencia de género extrema. Los varones disocian con esa frasecita ‘no todos somos iguales’, también los medios operan fortaleciendo esta división porque cuando hablan de violencia de género solamente hablan de la violencia de género extrema. Entonces todos estamos en contra de la violencia de género extrema, pero no dicen que están en desacuerdo con la subordinación de las mujeres en el plano social, que es el caldo de cultivo”.

En estos días se conoció que para obtener la licencia de conducir habrá que completar un curso sobre “masculinidades, violencias de género, identidad de género y patriarcado”. Consultado por eficacia de estas medidas o de cursos obligatorios, Stola considera que “sirve en la medida en que ese curso sobre violencia no sea una serie de definiciones de power point sino que sean cursos que lleven a que los varones tengan que implicarse con algún nivel en sus historias personales. Si el curso apunta solo a lo cognoscitivo no va a servir, tiene que apuntar a lo afectivo cognitivo”. Lo mismo con leyes como la ley Micaela: “Los funcionarios y las funcionarias tienen que poner el cuerpo para poner entender cómo es la dinámica social y como ellos desde su historia aportan positiva o negativamente a esa dinámica machista. Más cuerpo y menos power point”.

Los cursos obligatorios, que muchos hacen a regañadientes, funcionan igual si logran trabajar con la subjetividad, plantea Stola: “Si logramos que un porcentaje de varones que concurren a los cursos de la Ley Micaela, por ejemplo, se impliquen emocional y emotivamente vamos a lograr un gran número de varones con rol activo para poder modificar la realidad. No van a ser todos”. Hay expectativa de que se deje de producir femicidios ya pero, dice el especialista, “es una expresión de deseo”; “la dinámica machista y de dominación masculina plantea otra realidad. Es triste pensar que muchas mujeres que hoy están pensando cómo organizar su vida van a terminar asesinadas.”

Liliana Carrasco coordina grupos de varones que ejercen violencia de género, en la Obra Social de la Ciudad de Buenos Aires y en la Dirección de Políticas de Género de San Martín. Además, es integrante de la Red de equipos de trabajo y estudio en masculinidades. Para ella hace falta poner el acento en las dos puntas: prevención, por un lado, y sanción a quienes ejercen violencia, por el otro.

Cuando habla de prevención se refiere a “niveles primarios”. “Por supuesto que la ESI formaría parte de todo el proceso. Educación con respecto a visibilizar las situaciones de violencia dentro de la familia. A través de todas las técnicas y espacios que habilitan esos intercambios Para que sea visible la violencia. Hay formas de traer luz sobre lo que es una dinámica familiar donde hay situaciones de violencia sin llegar a golpes, insultos”. También se refiere a la Ley Micaela como un punto de partida importante, pero como Stola, considera que hay que “fortalecer los esquemas de capacitación y sensibilización. No es una charla de dos horas y está capacitado. Hace falta tomar seriamente la propuesta”

En cuanto a las sanciones a los que ejercieron violencia, explica, “tiene que ver no solamente con si transgrede una medida de restricción y va preso. Hay que pensar también en la posibilidad concreta del sistema. El nivel de transgresión de los varones que ejercen violencia es altísimo. Entonces, lo punitivo no sería solamente la cárcel. Hay que pensar acciones que los inhabilitan en lo cotidiano. Por ejemplo, no poder sacar el carnet de conducir si tiene causa de violencia”. Por otro lado, dice que “necesitamos equipos especializados en violencias machistas y apoyos institucionales”. Hasta que eso no ocurra y evalúen el proceso socioeducativo del hombre que ejerce violencia, “ese señor no puede sacar registro, no puede viajar, no puede transitar… hace falta limitarles la vida cotidiana, porque ese es el punto ciego que nadie ve en la vida de las mujeres. Las mujeres que sufren violencia tienen limitada su vida cotidiana todos los días. Ellos no están teniendo consecuencias por los actos cometidos, eso merece un límite social, judicial, cotidiano”.

Se trata de elaborar un conjunto de medidas para que sea menos accesible la posibilidad del femicidio. “Hoy a un hombre que quiere matar le resulta sencillísimo hacerlo”, dice. Por eso la evaluación de potencial de letalidad de los varones es fundamental: “Tiene que ser el abc de quienes trabajan con varones. Establecer qué tan peligroso es y aumentar las medidas de protección a la víctima, pero también inhabilitarle aspectos de la vida cotidiana. Un varón que no acepta una decisión judicial imaginate el nivel de impunidad que maneja. Que tenga registro de que lo que hace tiene consecuencia. Hoy el límite es ‘si mata va preso’, pero ya la mató. O si incumple diez veces, tal vez le ponen una tobillera”.

¿Cuánto tiempo falta para dejar de contabilizar femicidios cada día? Cómo saberlo. Lo que sí se sabe es que el sistema tiene que cambiar, no solo el sistema judicial que llega tarde y mal, ni los sistemas de seguridad, lo que tiene que cambiar está mucho antes de que un hombre, un adolescente, un joven se sienta con el derecho de someter y violentar a una niña, adolescente o mujer. 

https://www.pagina12.com.ar/329345-poner-el-foco-en-la-formacion-de-los-varones

Cuarentena en Argentina

Hay básicamente dos cuarentenas, una con privilegios y otra sin ellos. Está la de quienes tenemos espacio, podemos mantener la “distancia social” con alimentos, asistencia sanitaria y red social con la que nos conectamos por medio de internet y, si tenemos alguna necesidad, podemos llamar a estas empresas que explotan migrantes y en bicicleta o en moto nos traerán lo que necesitemos. La otra cuarentena es la que viven aquellas personas que carecen de espacios adecuados en sus viviendas (cuando la tienen), que no poseen dinero para sobrevivir, que les falta comida y el acceso a la salud les es muy difícil. Las angustias y ansiedades son por motivos diferentes, las conductas egoístas surgen en ambas cuarentenas pero hay algo que las iguala: todas las personas tenemos un número para este sorteo, podemos contagiarnos y morir, aunque algunes por clase/raza/etnia/identidad-sexual/género tienen más chances que otres. Los medios de comunicación nos recuerdan a cada minuto nuestra finitud, muchas personas recién “toman conocimiento” que se pueden morir en breve tiempo y gran parte de las consultas que me hacen tienen esa base: vivencia de desamparo, soledad, miedo al contagio, miedo a la muerte. 

«LAS VÍCTIMAS DE VIOLENCIA DE GÉNERO NO REACCIONAN CUANDO EL PODER JUDICIAL MACHISTA QUIERE»

Avatar de marencocheLa Mar en Coche | Podcast. En foco

rTc9PsF1.jpgA partir de la condena a Cristina Santillán por defenderse de su marido con un hacha, Enrique Stola analiza el Poder Judicial como un dispositivo que «funciona como un reaseguro de la dominación machista».

«En las instituciones hay resquebrajamientos; ahí aparecen una cantidad de funcionarios judiciales que tienen perspectiva de género y entienden los mecanismos de dominación, pero el discurso hegemónico es machista», dice el psiquiatra y psicólogo clínico especialista en violencia de género.

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Mujeres y trampa patriarcal

Los fuertes prejuicios sexistas sostenidos por gran parte de los y las funcionarias judiciales hacen que cuando las mujeres-madres denuncian los ataques machistas sean inmediatamente ubicadas en el campo de la sospecha y tratadas como mentirosas. Cuando la acusación contra ellas es explícita, peritos, fiscales, jueces y juezas usan el llamado «síndrome de alienación parental» y las someten a mil vejaciones-violencias-institucionales que llevan a muchísimas madres-protectoras a arrepentirse por haber recurrido ingenuamente a la llamada justicia.
Las mujeres son objeto de una gran trampa patriarcal: en el imaginario social se sostiene y les hacen creer que la justicia realmente existe mientras al mismo tiempo son ellas las víctimas de la violencia simbólica, las que sufren los golpes y descalificaciones, las que menos dinero ganan, las que son asesinadas, a las que les matan los hijos y fundamentalmente son las sospechosas con sus denuncias de querer perjudicar a los hombres.

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