Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

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Las mujeres que denuncian son tildadas de mentirosas.

Publicado en Suplemento Las12, Megáfono, Página 12- Buenos Aires, 10.07.2015 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-9891-2015-07-11.html

El profundo desconocimiento que tienen las y los funcionarios judiciales sobre los terribles efectos de la violencia de género en el psiquismo de las mujeres los lleva a acusarlas cuando ellas no denuncian la violencia contra sus hijos e hijas. Hace pocos días una mujer, en sede judicial y con protección, huyó aterrada cuando entró a declarar su violento marido. Deseamos que esta imagen le sirva al Poder Judicial para entender que la violencia contra las mujeres paraliza a las víctimas, no pueden evaluar adecuadamente los riesgos ni tomar las mejores decisiones; padecen –como mínimo– estrés postraumático crónico. Hay que romper con la idiota e ignorante creencia de que una madre debe reaccionar aunque sea instintivamente. La evolución cerebral y la cultura humana han eliminado el instinto si es que alguna vez existió.

A la vez, los fuertes prejuicios machistas que sostienen gran parte de los y las funcionarias judiciales hacen que cuando las madres denuncian el ataque del que son objeto –ellas y sus hijos e hijas– las acusen de mentirosas o, cuando esta acusación no es explícita, las sometan a mil vejaciones y violencias-institucionales que llevan a muchísimas mujeres a arrepentirse por haber recurrido ingenuamente a la llamada Justicia.

Las mujeres son objeto de una gran trampa patriarcal: son, en general, las víctimas, son las que sufren los golpes y descalificaciones, son las que menos ganan, son las que mueren, son a las que les matan los hijos y, fundamentalmente, son las sospechosas de querer dañar a los hombres.

Ya apenas setenta y dos horas pasada la marcha por “Ni una menos”, el 3 de junio pasado, muchos periodistas, columnistas y conductores dejaron el discurso políticamente correcto para expresar sus alarmas, sus temores de que a las mujeres se “les vaya la mano” y exijan cosas “que limiten la vida normal”. La respuesta patriarcal comenzó a esbozarse y será más fuerte, pues fue insoportable para los machistas de derecha-centroprogres-izquierda el que las mujeres ocuparan el masculino espacio público. “¿Y a nosotros quién nos defiende?”, gemían algunos violentos varones temerosos de perder sus privilegios. Ha crecido el miedo y es notable que jueces y juezas humanamente sensibles hayan abierto sus mentes a que la violencia contra las mujeres es un problema social y no un limitado conflicto vincular. Por otro lado, es inevitable que los jueces y juezas machistas traten de reafirmar su posición, ya que se sostienen en sus creencias religiosas y en el modelo de familia androcéntrica que Occidente nos impuso desde 1492.

Homo omnium rerum mensura est El hombre es la medida de todas las cosas ¡Forros!

Homo omnium rerum mensura est El hombre es la medida de todas las cosas. Esta frase, adjudicada a Protágoras y mencionada por Platón, Sexto Empírico, Diógenes Laercio, Aristóteles y Hermías, es casi una bandera, con original adaptación machista, en el discurso patriarcal de Occidente (Europa/EEUU) y zona de dominación.

La movilización planeada para dentro de pocas horas en Argentina contra los femicidios, la posibilidad de que miles de mujeres (y también hombres) ocupen el espacio público con reivindicaciones de género y de vida, el impacto mediático y cultural que tuvo y tiene la protesta, ha puesto en jaque a aquella creencia patriarcal y muchísimos hombres machistas comienzan a dar síntomas de ello.

El espacio público es masculino. La demostración es muy sencilla. Escena 1: es de noche. En una silenciosa calle camina una mujer y ve venir cuatro hombres. Su cuerpo inevitablemente se tensará, aumentará su frecuencia cardíaca y respiratoria, estará alerta y con algo de temor o un claro miedo.

Escena 2: la misma calle y hora. Pero el que camina es un hombre y ve venir cuatro mujeres. Nada pasa en su cuerpo, no hay temor.

La irrupción masiva de mujeres altera a miles de hombres machistas; a aquellos que dicen “¿y a nosotros quien nos defiende?” como si no existiera un poderoso sistema capitalista/cultural/patriarcal/machista/racista que privilegia en todos los planos la dominación y jerarquización masculina; o los que hablan de “violencia de género al revés” mostrando su nivel de ignorancia en el campo de las ciencias sociales; o los dicen “hay mujeres violentas” ¡chocolate por la noticia!, como si la agresión y la violencia no fuera un elemento constitutivo del ser humano independiente del sexo/género/sexualidad/raza/clase.

Pero ayer y hoy me llamó poderosamente la atención escuchar a varios periodistas radiales y conductores televisivos, desde trogloditas a progresistas, que en el medio del intercambio de ideas sobre la violencia contra las mujeres ponían un tema sobre la mesa: lo que ellos llaman piropos o halagos a la mujer en la calle. ¡Y de golpe el debate se transformaba, estaban tratando los temas que importaban a las mujeres y pasaban a tratar el tema que les interesaba a ellos a fin de defender sus lugares!

¡Claro! El espacio público es masculino y se preocupaban por el instrumento que usan,  de señalamiento y control sobre los cuerpos femeninos y sus vestimentas, sobre los modelos hétero/machistas/patriarcales de lo que debe ser la belleza femenina. Este instrumento de control que se expresa con la palabra, acompañado de gestos y miradas que muestran la aprobación y aceptación o el rechazo y denigración de cualquier mujer que esté caminando por el espacio público masculino. Me di cuenta al escucharlos que desde ahora estos varones “mirá-como-soy-de-hétero” no iban a poder ser jurados sueltos caminando impunemente por las calles, con onda de macho inteligente que sabe qué cosas hay que decirle a las mujeres. ¡Se les acabó! ya se les instaló la duda, en cualquier momento luego de imponer su “halago-piropo-agresión-acoso” a una mujer con la que no tienen la mínima relación les puede venir una respuesta, suave o violenta, que puede dejarlos en ridículo, algo que ellos no soportan.

Por supuesto, siempre aparece en esos programas el hombre/machista/hetero que con cara de Protágoras dice “Yo considero que un piropo es un halago y la mujer no se tiene que ofender”. Reitero, espacio público masculino y ellos consideran que las mujeres observadas/señaladas/evaluadas desde la mirada masculina solo tienen que agradecer que un hombre como ellos las mire y las invada con sus palabras.

El hombre es la medida de todas las cosas. ¡Forros!

¡Harto de la violencia contra las mujeres y del machismo cotidiano!

Argentina: ¡Cada 30 horas una mujer asesinada por ser mujer!1 Me siento harto de los silencios por especulaciones políticas y religiosas, mientras las mujeres siguen y seguirán muriendo. Harto de lxs progres y lxs conservadorxs machistas. Harto de los imbéciles que hablan de “falsas denuncias” o que ya no se necesita feminismo porque hay una mujer en el gobierno. Harto de las mujeres que se ponen contentas porque los hombres políticos les dan una “secretaría de la mujer” o una “dirección de la mujer” (por supuesto sin presupuesto) cuando, como bien dicen desde el Feminismo Comunitario, las mujeres son la mitad de todo. Harto de las mujeres que dicen que no acuerdan con el feminismo (que es una posición política) porque son femeninas, sin reparar que esto último es una construcción cultural. Harto de la izquierda que plantea lucha anticapitalista pero no la antipatriarcal. Harto de lxs calenturas/orgasmos de gran parte de lxs católicxs ante la misoginia de Francisco Bergoglio y la violencia simbólica de la iglesia católica. Harto de lxs “creativxs” de las machistas/misóginas publicidades y las empresas que venden cuerpos y modelos de sexualidad de mujeres. Harto de los ritos sociales y religiosos donde cada hora de cada día de cada año se recrea la dominación masculina. Harto de conductorxs de programas televisivos sexistas, machistas, misóginos y con carteles “ni una menos”, como si ellxs no fueran parte de la violencia simbólica que es la matríz de la violencia extrema. Harto.

(1) No están contabilizadas las que mueren por enfermedades agudas, crónicas o por inducción al suicidio.

Machismo-violencia judicial.

Comparto con ustedes algunos pensamientos a raíz del siguiente titular:

“La Cámara de Casación Penal[1] bonaerense le redujo la pena a un hombre condenado por abuso sexual a un niño de 6 años, argumentando la supuesta orientación sexual de la víctima”[2]

  • En Argentina nos vimos especialmente sacudidxs en este mes de mayo por este fallo sobre abuso sexual a un niño y la muerte de varias mujeres. Al igual que con la próxima manifestación del 3/6 contra la violencia hacia las mujeres, hasta los más reconocidos recalcitrantes machistas y misóginos han salido a dar su oportunistas declaraciones. Estamos tan mal en realidades como la violencia hacia mujeres y niños que creo que hasta la palabra de estos misóginos de alguna forma sirve.
  • La justicia no existe. Es un ideal regulatorio en la sociedades. Cada vez que un acusado dice “creo en la justicia” tengo pensamientos muy descalificatorios hacia él. Las víctimas no suelen creer en “la justicia”. Saben que lo mejor que pueden lograr, las pocas que lo logran, es un fallo judicial que les da un alivio espiritual, cierta necesaria reparación a tanta pérdidas y dolor vivido. Quien fue víctima carga con sus recuerdos y dolores toda la vida, mientras quien fue victimario en algún momento dice “pagué mis culpas a la sociedad” y sigue su vida. Es lo que hay, es lo que hasta el momento hemos logrado las, les y los que luchamos por sociedades justas, solidarias y libres. Está claro que en Centro y Sur América no todxs tenemos la misma responsabilidad en el actual estado del ideal de justicia y de los poderes judiciales. Los centros de dominación político-económica-ideológica-religiosa y sus intereses están bien identificados, así que la responsabilidad no es de toda la sociedad.
  • En todos nuestros países, dentro de las estructuras de los actuales estado-nación, hay juezas y jueces que trabajan muy bien, ajustadxs a derecho, con sensibilidad social y varixs además con perspectiva de género o feministas. Pero son una minoría y por supuesto ellxs no son el problema.
  • Hay que decirle a Bernardo Álvarez[3], obispo católico de Tenerife (España), a Horacio Piombo[4] y Ramón Sal Llargués, jueces de la Provincia de Buenos Aires (Argentina), que es imposible que un niño o niña pueda generar que lo abusen sexualmente. Resulta violento y es un atentado a la inteligencia el tener que aclararlo. Abusadores pedófilos, estos jueces y obispos pueden darse las manos: comparten, como mínimo, las mismas creencias.
  • En los casos de abuso sexual a niños y niñas, incesto paterno-filial y violencia contra las mujeres, la re-victimización en las instancias institucionales que deberían ser de protección es un hecho cotidiano y terriblemente desgastante para ellxs y sus familiares. Los poderes judiciales son, en general, una “picadora de carne” para las citadas denunciantes. No solo por lo burocrático, por una “justicia” que no llega nunca, sino también por la ideología machista de gran parte de lxs operadores judiciales que terminan siendo cómplices, desde sus prejuicios hacia las mujeres, prejuicios de clase, raciales o por su ideología religiosa, de los delincuentes agresores.
  • La agresión hacia las mujeres en el Poder Judicial tiene crueldades inimaginables. Una de ellas, bien yanquee-cristiana-conservadora-machista-violenta, es la que usan abogadxs, jueces y juezas, el denominado síndrome de alienación parental (sap), un instrumento de violencia contra las mujeres en el poder judicial. Muchas y muchos de los que hoy se “escandalizan” por la bestialidad del fallo Piombo-Sial Llargués o por las cotidianas muertes de mujeres, sostienen el sap. Sumamos hipocrecía.
  • No uso el término “ofensor” en el caso de los delitos sexuales. Es un término que viene de la lengua anglosajona y pierde fuerza en el castellano. Es un término débil para calificar a quien es un machista agresor sexual y, por lo tanto, Las ofensas se disculpan, y así tenemos una gran cantidad de jueces, juezas, psiquiatras, psicólogxs, trabajadorxs sociales y otrxs operadorxs del campo de la “justicia” que se la pasan presionando a víctimas para que perdonen a sus abusadores sexuales, violadores, golpeadores, torturadores. Todxs ellxs vibran en la misma sintonía: nada mejor que lxs niñxs tengan la presencia del padre, no importa que se los coja, no importa que se los folle, no importa que los masturbe, es el padre y tiene que estar. Todo lo anterior puede ser perdonado, la “unidad” de la familia es lo primero. ¡Tan hipócrita y perverso!
  • El niño puede estar en un buen grupo familiar, tener una buena red social o una comunidad protectora. Pero si hay un depredador sexual cerca se las ingeniará para acercarse y tratar de abusar. Lo que sirve es que los niños y niñas tengan una mínima capacitación e información para pedir ayuda ante el peligro. De ahí que es tan necesaria la formación y educación sexual. Por supuesto ¡NO como la propone la iglesia!, que solo produce culpas y no le sirve operativamente a lxs pequeñxs ante un abusador. Claro que si la red social del niño está deteriorada (niños y niñas en situación de calle), entonces aumentan las posibilidades de abuso y otros peligros por estar vulneradxs socialmente.
  • Nunca la agresión sexual pasa sin consecuencias. Hay niños y niñas a los que el padre abusador les ha dicho que “eso” lo hacen todos los padres, pero esa transitoria creencia no evita el sufrimiento y la profunda vivencia de abandono que tiene con cada agresión de quien debería cuidarlx. Niños o niñas abusadas están con un nivel de erotización que no pueden manejar. Han sido corrompidos, ultrajados. Nunca puede decirse que su identidad sexual está definida a esa edad o que los juegos que realizan están indicando una identidad. ¡Que machistas violentos e irresponsables al dictar un fallo así!
  • Hay niñas y niños que no tienen a quien recurrir pues saben que no van a ser escuchados; otros que cuentan que han sido abusados por un familiar pero no les creen; otros a los que la madre o toda la familia les creen pero los destrozan operadores en el plano judicial o lxs abogadxs del victimario. A niños y niñas abusadas se las ayuda creyéndoles. Cuando una de las personas cuidadoras les cree, gran parte del camino de recuperación está concretado. La denuncia penal debe ser parte de una estrategia que, cuando se puede, hay que evaluar muy bien con abogadxs y terapeutas en qué momento hacerla. Otras veces es imposible, no se pueden tomar medidas de protección y no hay tiempo, hay que hacer la denuncia como sea. Solo estoy alertando en cuanto a no ir ingenuamente al Poder Judicial.
  • Las y los operadores judiciales inteligentes y ajustados a derecho realizan todas las preguntas necesarias sobre psicología y psiquiatría para llegar a un buen fallo, ya que son conscientes que son solo abogadxs y que no tienen formación alguna en esas disciplinas. Las y los jueces soberbios-violentos-machistas no lo hacen: aplican sus prejuicios de clase y creencias religiosas. Podría decir que son unos ignorantes, pero no tienen derecho a serlo ya que por su rol tienen una gran responsabilidad social. Estos jueces y juezas machistas, son terriblemente soberbios con sus mediocres creencias y por lo tanto no protegen a las víctimas. Terminan constituyendo en víctimas a los victimarios.

[1] http://www.infobae.com/2015/05/18/1729436-la-tutela-del-chiquito-no-nos-importa-dijo-uno-los-jueces-que-redujo-la-pena-del-abusador-un-nene-6-anos

[2] http://www.clarin.com/sociedad/Violador-Camara_de_Casacion_Penal_Bonaerense-Fallo_Polemico-Horacio_Piombo_0_1359464251.html)

[3] http://www.elmundo.es/elmundo/2007/12/27/espana/1198760752.html El obispo de Tenerife: ‘Hay menores que desean el abuso e incluso te provocan

[4] http://cosecharoja.org/doble-violacion-los-jueces-que-convirtieron-a-un-nino-abusado-en-el-victimario/   Doble violación: los jueces que convirtieron a un niño abusado en el victimario

Respuesta a Laura Gutman por su machista escrito sobre abuso sexual

En mi muro de FB: DENUNCIANDO A ESTE PERSONAJE: La ideología expuesta por Gutman está en sintonía con las teorías psicológicas que ven el abuso como un problema de comunicación (¡!) o como un acto estimulado por el “deseo” (¡!) del/a niñx. Ideologías machistas que dan sustento teórico a la dominación del abusador-delincuente, lo equiparan con su víctima y lo constituyen en “víctima necesitada”de afecto y límites. Creo que este escrito desnuda a Gutman, la muestra como es y qué lugar ocupa en el discurso dominante, el discurso patriarcal. Debemos incluirla en el listado de APADESHI, del sap (escrito adrede con minúscula, dejemos de darle entidad gramatical), de “borrando a papá” y de las instituciones y personajes que abonan a la dominación masculina, al sometimiento de los cuerpos de mujeres, niños, niñas, adolescentes y cuerpos feminizados.

El siguiente es el artículo de Cosecha Roja

Loas para justificar a los abusadores / 7 November 2014
Cosecha Roja.- http://cosecharoja.org/loas-para-justificar-a-los-abusadores/

“Cuando vemos un niño tierno lo queremos devorar. Lo tocamos. Lo acariciamos. Lo abrazamos, nos frotamos contra él”, escribió Laura Gutman, una terapeuta que da cursos online de “construcción de la biografía humana”, ofrece un servicio vía Skype y escribe columnas en el diario La Nación. El texto sobre el abuso sexual infantil hizo estallar la polémica en Twitter. El psiquiatra Enrique Stola le contestó párrafo por párrafo en Cosecha Roja: “Canta loas para justificar a los abusadores”.

“Los abusos no los cometemos las personas de mente atormentada. No. Somos personas como casi todos, un poco más hambrientos y un poco más torpes, porque al fin y al cabo lo único que hacemos es tratar de nutrirnos, pero de una manera burda y estúpida.

Los adultos nos enamoramos de un niño necesitado, solo, desamparado y que nos inspira ternura. ¿Por qué? Porque ese niño nos recuerda al niño que fuimos: tímidos, exigidos y a la deriva” [Fragmento Laura Gutman]

Escribe como si el abuso fuese una cuestión de ternura. Decide hablar de “amor” y “cuidado”. Lo que oculta es que existe una apropiación y un ejercicio de poder sobre el cuerpo de ese niño. La verdadera intención del abusador es usarlo para su propio deseo de poder, de humillar, de someter y hasta de mostrarse ante otros abusadores en las redes de pornografía infantil.

“¿Cuál es el problema? El problema es que somos totalmente inmaduros. ¿Por qué? Porque no fuimos amados durante nuestra niñez, ni cuidados, ni protegidos ni amparados. Crecimos esperando obtener amor alguna vez. Así crecimos” [Fragmento Laura Gutman]

No es cierto: existen abusadores inmaduros y otros que no. No hay un perfil único. Lo que sí es un común denominador es el poder que les da ser la figura central sobre ese cuerpo pequeño. Aún suponiendo que los abusadores hayan sido abusados, cuando son grandes son adultos, no niños. Ella pone el acento en las supuestas necesidades del abusador delincuente y lo victimiza.

“Pero nuestra capacidad emocional se estancó en aquella espera. Vivimos dentro de un cuerpo de adulto pero tenemos organizadas las emociones como si fuéramos niños hambrientos. ¿Qué nos pasa cuando nos relacionamos con un niño tierno? Lo queremos devorar. ¿Cómo lo devoramos? Lo tocamos. Lo acariciamos. Lo abrazamos, nos frotamos contra él. Le compramos regalos. La confidencialidad compartida, el secreto guardado entre ambos como un estupendo tesoro y los pequeños momentos de encuentro son vividos -desde nuestra emocionalidad infantil- como un momento sublime” [Fragmento Laura Gutman]

La autora coloca al abusador en situación de niño. Él está ejerciendo el poder y la humillación, pero ella lo cuenta como si fuera un “juego de niños”. No es ningún “estupendo tesoro”, es un secreto que los niños guardan por miedo.

“¿Pero acaso no nos damos cuenta que estamos haciendo algo malo? Depende” [Fragmento Laura Gutman]

Los abusadores sí se dan cuenta: lo saben muy bien y por eso ocultan, por eso amenazan a la víctima. A los niños les dicen: “si vos contás, voy a matar a tu mamá y a tu papá” o bien “nadie te va a creer, te van a castigar”.

“Podemos percibir que es una relación socialmente condenable. Pero honestamente, también es condenable que nuestra infancia haya sido horrible, que nadie se haya ocupado de nosotros o incluso que la única persona que nos cuidó, nos haya proporcionado amor bajo la misma forma de abuso. ¿Entonces? ¿Qué es lo que está bien y qué es lo que está mal? Desde nuestro punto de vista de adultos con emocionalidad de niños…sólo tratamos de satisfacer nuestro vacío” [Fragmento Laura Gutman]

Gutman equipara la conducta de un adulto -que está dominando- con aquella situación que vivió como niño. La ecuación sería “yo estoy haciendo esto pero es igual a lo que yo viví”, por lo tanto, se diluye la responsabilidad.

“Rasgarnos las vestiduras proclamando que el abuso sexual es algo horrible e inhumano y que todos los violadores tienen que ir a la cárcel, está muy bien pero no sirve para nada. Miremos de frente la realidad. Mucho más espantoso es el desamparo cotidiano e invisible que vivimos los niños abusados y que nos obliga a arrojarnos al interior de cualquier cueva que encontremos, buscando amor” [Fragmento Laura Gutman]

Aparecen el abusador y la víctima entremezclados. Más adelante, culpa a la madre. Esto es algo que hace siempre ella: culpar a las mujeres. No me extraña que su discurso, que coincide con el machista, patriarcal y hegemónico, venda muchos libros. No venden mucho las feministas: venden estos personajes que buscan someter a la mujer al régimen patriarcal.
Etiquetas: Abuso infantil, Argentina, Psicología, violencia, Violencia de género

¡Decir que estoy indignado es poco!

Ante la manipulación y la mentira de la producción y dirección de “Borrando a papá”
¡Decir que estoy indignado es poco! Al escuchar a algunos/as periodistas me preguntaba en un diálogo ficcional con ellos/as: ¿qué pasaría si en vez de a nosotros “la cama” te la hubieran hecho a vos? ¿Que pasaría si pusiste en riesgo tu vida y te juraste que nunca ibas a aceptar estar con tal o cual personaje, luego te engañan y apareces en un video dándole entidad? Quienes me conocen saben que siempre he dicho, escrito y actuado mis posiciones sin medir las consecuencias cuando de causas justas se trata. Saben que jamás acepté dialogar ni estar en el mismo espacio que abogados y profesionales que defienden hombres golpeadores, abusadores sexuales o criminales de Lesa Humanidad. Pueden concluir entonces en que jamás hubiera aceptado estar en un documental con hombres que han ejercido violencia, aún sin condena firme, y con un discurso violento como es la defensa de esa mentira llamada síndrome de alienación parental (sap), nefasto instrumento machista usado contra mujeres madres, niñas y niños en el Poder Judicial, creado por Gardner, un psiquiatra de EEUU pro-pedófilo que ve recomendable que los padres inicien sexualmente a sus hijos e hijas. Con el sap acusan fundamentalmente a las mujeres madres de inventar denuncias de abuso sexual o de alienar a niños y niñas y se crea una estructura tramposa que no deja espacio a la palabra que denuncia. La ganancia económica está en la defensa legal y psicológica de los golpeadores y abusadores, no de las mujeres que, por la violencia psicológica, física y económica soportada, en la mayoría de los casos no pueden pagar honorarios a profesionales. Las directoras de “Borrando a papá” Ginger Gentile y Sandra Fernández mintieron y me siento (y he sido) estafado. Dijeron que iban a hacer un documental sobre la “situación de los niños en divorcios” y desde una “perspectiva de género” e hicieron un producto machista que habla de los hombres (¡!), que está sirviendo para organizar la respuesta violenta contra los profesionales que trabajamos junto a las víctimas (¡!) que sostiene la ideología más retrógrada contra las mujeres (¡!) Nos difaman diciendo que sostenemos denuncias falsas (¡!) que la motivación es económica (¡!) y que usamos algo que jamás existió y que ellas llaman el “método Corsi” (¡!) Estamos en contra de la censura y a la vez también queremos que se respeten nuestros derechos individuales. No hay incompatibilidad. Queda claro que he pedido a la jueza actuante que me desvincule de ese folletín y que estas señoras junto a su productor Balanovsky sigan haciendo y publicando lo que se les antoje, continúen con su rol de víctimas, manipulando y mintiendo pero no usando mi imagen.

Enrique Stola. Feminista. Psiquiatra. Psicodramatista.

Presentación y posicionamiento

A ver si queda claro:

1) Cada persona decide con quien relacionarse e intercambiar ideas o no. Eso no lx hace menos o más democráticx.

2) Mi muro en FB, witter, blog y otros espacios en redes sociales son estrictamente personales, no institucionales, motivo por el cual yo decido con quien estar o no.

3) Hace muchos años decidí (y así lo sostuve contra toda presión) que no me relaciono ni intercambio opiniones ni debato con profesionales del periodismo, derecho, medicina, psicología, ciencias sociales, que por motivos ideológicos o económicos apoyen, defiendan o sostengan a criminales de Lesa Humanidad, o imputados por abuso sexual o violencia contra las mujeres: violencia de género. Mi profundo repudio para estos profesionales a la vez que expreso mi respeto a abogados defensores y peritos oficiales.

4) En la década del 90 se organizó el backlash (respuesta violenta contra quienes trabajamos en derechos humanos de mujeres, niñxs y adolescentes) alrededor del discurso del ex juez Cárdenas. Actualmente vemos que el Backlash-2014 se está organizando teniendo como eje un documental llamado “Borrando a papá” dirigido por Ginger Gentile, Sandra Fernandez Ferreyra con la producción de Gabriel Balanovsky y el lamentable apoyo del INCAA.

5) Somos muchxs lxs profesionales que estamos en esa película porque se nos mintió en la convocatoria para dialogar sobre niños y mujeres y divorcios. Jamás hubiera aceptado hablar con ellos si hubieran expresado sus intenciones, Nunca dimos autorización para aparecer en una película de este tipo. Se nos presenta como un grupo discípulo del pedófilo Jorge Corsi, que apoya denuncias falsas y sostiene la obstrucción de vínculos haciendo un gran negocio económico que nos beneficiaría. Directoras y productor, personas falsas y manipuladoras, muestran en la película como víctimas a varios padres que, por causa de su violencia, fueron separados de sus hijxs.

6) No dudo que muchos varones sufren injusticias en el Poder Judicial, pero eso no los habilita ni tampoco a lxs profesionales que contratan, para elaborar estrategias destructivas contra la madre de sus hijxs, como es el uso del SAP y otros ruines recursos.

7) También se que muchos de estos hombres y algunas mujeres se acercan ingenuamente a esas organizaciones que cuentan entre sus dirigentes a imputados por abuso sexual o violencia de género.

8) En consecuencia y dado que inicié demanda contra estos siniestros personajes de “Borrando a papá”, no voy a aceptar diálogo con nadie que los apoye ni tendré en mi directorio a persona alguna que tenga su simpatía con ellxs. He bloqueado y seguiré bloqueando, lo que es para mi un resguardo ante las agresiones verbales y amenazas que ya comenzaron a circular. Tampoco me interesa hacer docencia. Si alguien quiere saber, busque, investigue y lea.

Entrevista: ¿Porqué el poder machista mata? 09 DE OCTUBRE 2014, 07:50:54. Por: Natalia Bulacio

¿Por qué el poder machista mata? – Edición UNCuyo http://www.edicionuncuyo.com/novedades/index/como-se-cobra-el-poder-machista-los-cuerpos-de-las-mujeres

“El colectivo machista se encuentra inquieto, temeroso de perder sus privilegios”, dice el médico psiquiatra Enrique Stola, y agrega que algunos varones matan a la que no se resiste y también a la que dice que “NO”. No son enfermos, solo ejercen al máximo su poder.

Los diarios renunciaron a hablar de “crimen pasional” cuando una mujer moría a manos de su pareja. Ya se ve más usual la sanción al patriarcado cuando se habla de feminicidio. Hay algunas campañas viralizadas por las redes sociales y algunas capacitaciones en los centros públicos con las que se busca sensibilizar al personal. Pero los horrores no cesan. Todo esfuerzo por parte de organizaciones y del Estado mismo es bien visto, pero no siempre contemplado en los presupuestos de las áreas sociales, nunca como prioridad de las gestiones.

En Mendoza se visibilizaron mediáticamente tres casos muy llamativos en apenas cuatro meses. El primero: un policía que mata a la madre y al sobrino de su exmujer, previa amenaza y acoso. El segundo: un hombre que mata a su exmujer en su espacio de trabajo y luego se suicida (ella quería divorciarse, él no). El tercero: un juez le da una feroz golpiza a su pareja porque dudó al responder si lo seguiría amando con el paso de los años. Ejemplos de que la violencia atraviesa cualquier capa social, oficio o profesión.

Pero no son sólo casos. Detrás de ellos hay historias y una trama social que denuncia la urgencia en la concientización de la sociedad sobre la violencia hacia las mujeres, además de poner a la luz las falencias de los mecanismos que buscan proteger sus vidas, a veces –la mayoría de las veces– sin éxito.

Enrique Stola es médico cirujano, psiquiatra, psicólogo clínico y psicodramatista (MN 50747, MP 61237). Intervino en numerosos casos de abusos sexuales infantiles y fue perito de parte en el caso de Andrea Soledad Zapata. Comprometido con las causas que involucran los derechos vulnerados de las mujeres, el especialista echa luz sobre la necesidad de repensar las acciones de los varones y sus imposibilidades de frenar los instintos de muerte. Ellos buscan disciplinar con violencia. Cuando los golpes (verbales o físicos) no alcanzan para ese fin, sobreviene la muerte.

¿Qué les pasa a algunos varones que no soportan el rechazo de una mujer?

El marco de las relaciones humanas es la sociedad patriarcal, en donde toda la estructura social y cultural sostiene y privilegia la figura masculina por sobre la femenina y otros cuerpos feminizados. Esto implica poder masculino, dominación masculina, machismo cotidiano, o sea una multiplicidad de gestos, lenguaje, creencias, conductas, avisos publicitarios y hábitos que nos recuerdan que la mujer es heterodesignada (los hombres hemos definido cuál es el lugar que debe ocupar) y que los hombres nos designamos a nosotros mismos.

Los últimos 200 años han sido muy fuertes, gracias a las luchas de las mujeres feministas, en cambios sociales y culturales pacíficos (sin hombres muertos), que han producido mujeres que ocupan o quieren ocupar el espacio público y ejercer sus derechos humanos y civiles sin tutelas machistas. Es ahí donde actualmente el colectivo machista se encuentra inquieto, temeroso de perder sus privilegios. Así, los integrantes más desestabilizados aparecen como emergentes del grupo y sostienen una violencia de género extrema con la que intentan disciplinar a las mujeres víctimas. No son enfermos, solo ejercen al máximo su poder, su creencia (creencia social) de que el cuerpo de niños, niñas y mujeres les pertenece. Terminan matando a la que no se resiste y también matan a la que dice “no”.

¿Cuánto hay de patológico en estos hombres que deciden matar a esas mujeres que los rechazan?

No son enfermos. No son monstruos. Solo varones que tienen aval social para ejercer su poder y que lo hacen hasta el extremo de matar a su pareja.

¿Cuánto hay de formación, de crianza autoritaria, que se ejerce diariamente para someter al otro?

La humanidad vive en sociedades en las que el ejercicio de la dominación modela la matriz social. En esa gran matriz se van dando diferentes configuraciones vinculares, todas condicionadas por un aprendizaje social del rol dominador-dominado.

La educación formal nos mantiene en la ilusión de la igualdad, mientras que la práctica cotidiana y las configuraciones familiares facilitan la estereotipia de roles sociales, el cómo deben ser la mujer y el hombre, el sexismo cotidiano.

Complejos sistemas interrelacionados en donde el cuerpo de las mujeres es atravesado por una multiplicidad de discursos y acciones condicionantes y subordinantes de la figura masculina. Revisar permanentemente los propios posicionamientos y ejercer la libertad e igualdad es un camino posible para desplazarse a lugares que permitan construir una sólida identidad y subjetividad independiente.

Hemos escuchado que algunos varones se suicidaron “por amor” o porque “no soportaban la soledad”. ¿Por qué algunos matan y otros “deciden” morir?

En los hombres violentos el suicidio altruista, el suicidarse para no matar a alguien, no abunda. Lo frecuente es que asesinen a su pareja o expareja y traten de sobrevivir. O maten a los hijos de la mujer (sean propios o no) como forma de dañarla en lo que más ama. ¿Morir por amor? Un mito del amor romántico, esa gran trampa cultural para las mujeres. Si mueren es por otra serie de conflictos que no pueden resolver, entre los cuales el vincular es solo uno.

Algunos varones reconocen con preocupación el aumento en las cifras por feminicidio. ¿Existe algo así como “la vergüenza de género”?

Creo que lo que llamamos tener “vergüenza ajena”, vergüenza por la conducta de los otros, es un sentimiento que puede aparecer ante la intuición honesta pero que no es privativo de un género determinado. Me parece un buen síntoma que algunos hombres la sientan, pero sería mejor que dedicaran su tiempo a reflexionar sobre sus propias conductas machistas en lo cotidiano, en el hogar, en sus relaciones vinculares, etcétera.

¿Cómo llegaste a ser un médico psiquiatra y feminista?

La formación médica es técnica. Me formé también en el campo de las ciencias sociales, la psicología y actualmente curso mi doctorado en Filosofía.

Definirme como feminista fue un largo proceso de cambios internos y ejercicio de la libertad hasta conceptualizar que, como militante político y de derechos humanos, era en el feminismo en donde me sentía con todas las posibilidades de desarrollo pleno en una práctica de vida y social igualitaria y libre.

El aporte teórico de las mujeres feministas me resulta apasionante y, como contrapartida, los aportes teóricos de varones que no tienen lectura ni mirada feminista me aburren soberanamente. La reacción del colectivo de hombres machistas y mujeres colonizadas hacia los feminismos es para mí un indicador de por dónde es posible vivir la libertad e igualdad. Soy, en primera instancia, un hombre feminista y, a partir de ese lugar, la igualdad y libertad no admiten negociación alguna.

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Enrique Stola, género, violencia machista, mujeres, muerte, casos
Perché il potere machista uccide?
Intervista a Enrique Stola. Traducción al Italiano de Anita Silvano.
Che cosa succede ad alcuni uomini che non supportano il rifiuto di una donna?
Enrique Stola: Il quadro delle relazioni umane è una società patriarcale, dove tutta la struttura sociale e culturale, sostiene e privilegia la figura maschile sulla figura femminile e altri corpi femminizzati. Ciò implica potere maschile, dominio maschile, sessismo quotidiano, in altre parole, una molteplicità di gesti, linguaggio, credenze, comportamenti, abitudini e annunci pubblicitari, che ci ricordano che le donne sono etero designate (noi uomini abbiamo definito qual è il luogo che devono occupare) e che gli uomini designano a se stessi.
Gli ultimi 200 anni sono stati molto forti, grazie alle lotte delle donne femministe in pacifici cambiamenti sociali e culturali (nessun uomo è morto), che hanno portato le donne a occupare lo spazio pubblico e a esercitare i loro diritti umani e civili, senza tutele machiste. Ecco che il collettivo machista attualmente è inquieto, timoroso di perdere i suoi privilegi. Così, i membri più destabilizzati appaiono come emergenti del gruppo e sostengono una violenza di genere estrema, con la quale tenta di disciplinare le donne vittime. Essi non sono malati, esercitano il massimo del loro potere, della loro convinzione (convinzione sociale) che il corpo dei bambini e delle donne gli appartiene.
Essi finiscono per uccidere Essi finiscono per uccidere quella che non resiste e anche quello che dice “no”.
Quanto c’è di patologico in questi uomini che decidono di uccidere le donne che li rifiutano?
Enrique Stola: Essi non sono malati. Non sono dei mostri. Solo uomini che hanno avallo sociale per esercitare il loro potere e lo fanno fino al punto di uccidere la loro partner.
Quanta c’è di formazione, genitorialità autoritaria, che si esercita giornalmente per sottomettere l’altro?
Enrique Stola: L’umanità vive in società in cui l’esercizio della dominazione plasma l’origine sociale. In questa grande matrice si danno diverse configurazioni relazionali, tutte condizionate da apprendimento sociale di dominatore – dominato.
L’educazione formale ci mantiene nell’illusione dell’uguaglianza, mentre le pratiche quotidiane e le configurazioni famigliari facilitano la stereotipizzazione dei ruoli sociali, come devono essere la donna e l’uomo, il sessismo quotidiano. Complessi sistemi interrelazioni dove il corpo femminile è attraversato da una moltitudine di discorsi e pratiche condizionanti e subordinanti della figura maschile. Rivedere costantemente le proprie posizioni ed esercitare la libertà e l’uguaglianza è un percorso possibile per muoversi in direzione di luoghi, che permettano di costruire una forte identità e soggettività indipendente.
Abbiamo sentito che alcuni uomini si sono suicidati “per amore” o perché “non potevano sopportare la solitudine.” Perché alcuni uomini uccidono e altri ‘decidono’ di morire?
Enrique Stola: Negli uomini violenti, il suicidio altruistico, il suicidio per non uccidere qualcuno, non è molto presente. E’ frequente che uccidano alla partner o ex partner e cerchino di sopravvivere. O uccidono i figli delle donne (sia propri oppure no) come una forma di punizione per ciò che più amano. Morire per amore? Il mito dell’amore romantico, questa grande trappola culturale per le donne. Se essi muoiono, è per un’altra serie di conflitti che non possono risolvere tra cui il collegamento è solo uno.
Alcuni uomini riconoscono con preoccupazione l’aumento del numero dei femminicidi. Esiste qualcosa come la “ vergogna di genere”?
Enrique Stola: Penso che, ciò che abbiamo chiamato “vergüenza ajena”, vergogna cioè, per la condotta di altri è un sentimento che può apparire di fronte alla intuizione onesta, ma non è esclusiva di un genere. Credo che sia un buon segno che alcuni uomini la sentano, ma sarebbe meglio che dedicassero il loro tempo a riflettere sul proprio comportamento sessista nella vita quotidiana, a casa, nelle loro relazioni, ecc.
Come hai fatto a diventare uno psichiatra e medico femminista?
Enrique Stola: La formazione medica è tecnica. Mi sono anche formato nel campo delle scienze sociali, la psicologia e attualmente con il mio corso di dottorato in Filosofia. Definire me stesso come un femminista è stato un lungo processo di cambiamenti interni e l’esercizio della libertà, fino alla concettualizzazione che, come attivista politico e dei diritti umani, era nel femminismo che trovavo tutte le potenzialità per lo sviluppo pieno in una pratica di vita e sociale egualitaria e libera. Il contributo teorico delle donne femministe è per me appassionante, viceversa, i contributi teorici di uomini che non hanno letto o non hanno uno sguardo femminista, mi annoiano profondamente. La reazione del gruppo di uomini machisti e di donne colonizzate, nei confronti del femminismo è per me un’indicazione di dove si può sperimentare la libertà e l’uguaglianza. Io sono, prima di tutto un uomo femminista, e da questo luogo, l’uguaglianza e la libertà non ammettono trattativa alcuna

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