Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

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Señoras abogadas y señores abogados

¿Tomarían ustedes un caso de Derecho Internacional sin tener formación en la materia?. ¿Se harían cargo un caso de impuestos ante el Gobierno Nacional sin ser especialistas en la temática?; ¿Defenderían a un cliente por una acusación penal sin tener un acabado conocimiento del Código que rige y de los instrumentos periciales adecuados para esos casos? Ustedes podrán poner más ejemplos sobre situaciones en las que no se involucrarían por no tener una sólida formación.

Si lo anterior es así, pueden decirme ¿porqué diablos –estoy usando un término débil- toman como clientas a mujeres que son víctimas de violencia machista si ustedes no tiene idea de qué es la violencia de género ni el abuso sexual contra niños y niñas?

Ustedes desconocen cómo opera la institución judicial en términos patriarcales y no saben cuestiones básicas acerca de la dominación masculina. No pueden detectar- porque se identifican y tienen los mismos códigos– las conductas machistas de fiscales, jueces y juezas. Se involucran desconociendo la complejidades de los abusos sexuales contra niños y niñas y como el abuso es usado también para agredir-castigar a las madres. No tienen la más pálida idea de cómo opera la violencia institucional y la sospecha sobre la palabra y la conducta de las mujeres porque ustedes también sospechan sobre ellas.

Se podría hacer un gran listado de todo lo que desconocen y el sufrimiento que ustedes producen en las víctimas-clientas cuando como abogados y abogadas negocian con la parte agresora tratando de quedar bien con jueces y juezas entregando para ello la dignidad, el tiempo y los hijos e hijas de quienes ingenuamente los contrataron.

Realmente son ustedes malas personas, tan malas como esos macho-abogados y macho-abogadas que defienden a los macho-violentos o macho-abusadores y cuya estrategia es tratar de destruir a las mujeres, niñas y niños.

¡Felicitaciones mujeres feministas!

‪#‎NiUnaMenos‬ Felicitaciones y el máximo reconocimiento a las mujeres feministas que desde hace muchos años vienen haciendo visible la sociedad patriarcal y la dominación masculina, denunciando y luchando por los derechos de las mujeres contra las violencias simbólica, psicológica, física, sexual, económica, obstétrica, etc., que producen sometimiento, dolor y muerte a las mujeres, niñas, niños y cuerpos feminizados; felicitaciones a las periodistas, artistas y activistas que decidieron lanzar una nueva convocatoria de la marcha contra la violencia de género y los femicidios. ‪#‎VivasLasQueremos‬

#NiUnaMenos 03.06.2015 y 03.06.2016

Varón y feminista

Publicado en Haroldo, revista del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Buenos Aires, 2 de junio de 2016. http://revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=143

La mirada de un hombre sobre la sociedad patriarcal

Por Enrique Stola
Fotos Leticia Pogoriles
02 de junio del 2016

El autor de esta nota es psiquiatra y un profundo observador de las relaciones sociales. Convencido del dominio masculino, desgrana prejuicios y afila la punta del lápiz para mostrar cómo se mueven mujeres y hombres para facilitar y sostener ese poder real y simbólico, que modela nuestros cerebros y cuerpos. Para lograr el #niunamenos, hay que ejercer una acción de resistencia y de activa construcción de redes democráticas, escribe.
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La escena transcurre en un taller organizado por una institución estatal provincial en donde hay funcionarios y funcionarias de distintos organismos. Con palabras lo más claras posibles y escenas psicodramáticas vemos las diferentes violencias contra las mujeres, resaltando la violencia simbólica como la matriz que facilita las demás violencias. Analizamos el entrecruzamiento patriarcados-capital-género-sexualidad-raza-etnia-clase- y también algunas de las instituciones que son encargadas de sostener y recrear en el imaginario social la dominación masculina.

Las primeras reacciones y fuertes intervenciones se dan a partir de temas como interrupción del embarazo y tareas hogareñas. En el tema del aborto es sintomático que en general sean los hombres los primeros que hablan, especialmente cuando están en contra de la legalización y despenalización. Es como si nos dijeran “no se metan con los cuerpos femeninos pues nos pertenecen. Van a parir o no de acuerdo a nuestros deseos”.

En cuanto a las tareas hogareñas, suelen ser mujeres las primeras en hacer comentarios y generalmente del tipo “ahora es diferente, nos ayudan” o contando anécdotas de cómo cuando ellas les dan indicaciones a sus parejas masculinas, muchos de los cuales se comportan como discapacitados hogareños, ellos cumplen llenándolas de satisfacción. No se hace visible en sus dichos la sobrecarga de trabajo que las mujeres tienen.

“Las señoritas aprenden a no ser expansivas en sus movimientos ni en los metros cuadrados en los que se mueven (para eso están los varones), las piernas deben estar cerradas, especialmente en el espacio público masculino en donde los hombres lo ocupan con las piernas abiertas como si sus testículos fueran de cristal”.
Es frecuente el comentario “las mujeres, cuando son…, lo son más que los hombres”. Este tipo de afirmaciones aparece ligado a términos como machistas, competitivas, envidiosas, violentas, rencorosas, manipuladoras, etc. Ejemplo: “Cuando las mujeres son machistas, con más machistas que los hombres”. Por el contrario, si a la palabra usada le dan un connotación positiva “las mujeres son más afectivas…” se transforma en la justificación de un mandato “…por eso se encargan de crear el clima de hogar”

Siempre en estos talleres hay individuos o grupos que se resisten a cualquier intervención que cuestione la dominación masculina, así que les doy una recomendación que ahora comparto con ustedes:

Si tienen hijas pequeñas y quieren aumentar las posibilidades de que en el futuro sus hijas sean mujeres sometidas o maltratadas y quizás hasta asesinadas, solo deben cumplir con dos consignas:

a) desde muy pequeñas vayan haciéndolas jugar con todos los juguetes de color rosa que se consiguen en cualquier comercio. Es muy importante esto pues son los juguetes de “servicio a los hombres y a la futura familia-heterosexualmente designada”. Gracias a ellos estas niñas realizarán un entrenamiento intensivo, diario, repetido que las capacitará en lo que nuestra cultura supone es fundamental en las mujeres: servir, comprender, entender, educar, amar y volver a servir.

Todo lo anterior debe ir acompañado de:

b) palabras que deben ser repetidas infinita cantidad de veces por lo menos hasta bien entrada la adolescencia: “tenes que comportarte como una señorita”; a veces ustedes le explicarán cómo es comportarse así y la mayoría de las veces será el contexto cultural y la violencia simbólica la que le dará significado a esa frase, o en otras ocaciones serán docentes en la escuela primaria quienes les prohibirán correr “como machonas”, “jugar al futbol” o, si son adolescentes, “ponerse calzas”.

Las señoritas aprenden a que tienen que ser suaves y educadas en sus movimientos y sus fantasías serán con el encuentro de la “media naranja”, “el príncipe azul” o “el alma gemela”, porque el amor romántico existe para hacerlas felices. Aprenden a ser seductoras a la mirada masculina. Imaginarán casamiento religioso o por lo menos fiestas en donde se celebre casi maníacamente la creación de una nueva familia hetero-patriarcal. No serán expansivas en sus movimientos ni en los metros cuadrados en los que se muevan (para eso están los varones), las piernas deberán estar cerradas, especialmente en el espacio público masculino en donde los hombres lo ocupan con las piernas abiertas como si sus testículos fueran de cristal.

 
El caballero

Una escena esperando el ascensor en un gimnasio. El primero de la fila es un hombre de aproximadamente 65 años. Luego lo seguimos otros dos del mismo sexo. Llega una joven mujer justo en el momento en que se abre la puerta del ascensor ubicándose al final de la fila. Entonces el primer hombre, acompañando su palabra con un gesto de invitación y orden, le dice a la “dama” que pase primero y luego, sin dirigirnos ni una mirada, la sigue.

Nunca nos consultó si estábamos de acuerdo en alterar el orden de la fila ni tuvo la misma “amabilidad” de dejarnos pasar. Estos gestos cotidianos se repiten por millones a cada instante en amplios sectores sociales del llamado occidente (Europa-EEUU) y se instaló como “el modelo” de sociedad evolucionada.

Continúo con la escena: la amabilidad, el cuidado de los otros y otras, el generar espacios placenteros de distensión, comunicación y encuentro no se encuadra en una categoría de género ni es atributo de ningún sexo. Cualquier persona, cualquier ser humano puede generar esas situaciones de acuerdo a sus pautas socio-culturales.

Los caballeros, desde hace muchos siglos en occidente y sus dominios, son los que marcan el lugar social de las damas y las putas. Cuando una mujer dice sobre su pareja “le exigí que me trate como a una dama” está ratificando ese poder conferido y construido por ellos, por los hombres en su conjunto, dejando en claro que el poder masculino puede tratar a “las otras mujeres” como cuerpos femeninos y cuerpos feminizados no merecedores del buen trato y cuidado.
Lo que el feminismo nos ha mostrado es que en nuestros espacios esos gestos pasan a tener jerarquía y son expresión de poder, y así, si son realizados por un hombre, éste será inmediatamente calificado como “un caballero que sabe tratar a las damas” y si es realizado por una mujer se lo verá como un acto propio de “su esencia” porque “nadie mejor que ellas para cuidar, servir, crear un buen clima donde los hombres se sientan bien”.

Es claro para mi que el hombre del gimnasio se siente un caballero. Si fuera solo una persona cuidadosa y atenta con las y los demás seguramente nos hubiera tenido en cuenta a todxs, sin distinción de sexos.

Pero en nuestra patriarcal y machista sociedad un caballero debe mostrar que lo es en cada acto de su vida: varón, heterosexual y con poder. ¿Hubiera tenido la misma conducta si la cuarta persona en la cola era una mujer trans o travesti? Los caballeros, desde hace muchos siglos en occidente y sus dominios, son los que marcan el lugar social de las damas y las putas. Cuando una mujer dice sobre su pareja “le exigí que me trate como a una dama” está ratificando ese poder conferido y construido por ellos, por los hombres en su conjunto, dejando en claro que el poder masculino puede tratar a “las otras mujeres” como cuerpos femeninos y cuerpos feminizados no merecedores del buen trato y cuidado.

En general los caballeros me repugnan y he luchado toda mi vida para no serlo. Hacen muy bien las mujeres en desconfiar de ellos. Todo hombre que se ufane de que “sabe tratar a las damas” está diciendo que puede tratar de una forma u otra a las mujeres por el hecho de ser mujeres y eso es siempre peligroso.

Un prejuicio que me gusta sostener: todo caballero es sospechoso, hasta que demuestre lo contrario, de poder ejercer violencia de género extrema.

 
El espacio público es masculino

Durante las primeras 72 horas posteriores a la marcha del #niunamenos del 3 de junio de 2015, gran parte de los varones periodistas, columnistas y conductores de medios de comunicación sostuvieron un discurso políticamente correcto, con afirmaciones en general sinceras sobre sus deseos de un basta al asesinato de mujeres.

Pero en los días que siguieron comenzaron a aparecer fuertemente sus propios intereses como hombres-blancos-heterosexuales-machistas-controladores-del-espacio-público. Y en ese posicionamiento no hubo diferencias ideológicas: expresaban lo mismo cualquiera fuera su adhesión política.

La famosa grieta política de la sociedad argentina desapareció por algunas horas pues una consigna común, nunca explicitada pero claramente presente los había unido: “no las queremos muertas, solo dominadas”.

Recuerdo que por la noche, en un programa de debate, se estaba hablando de los asesinatos y el conductor saca el tema de los “piropos” expresando su alarma ante las reacciones de muchas mujeres. Una mujer diputada tomó su rol docente y le explicó en sencillas palabras la diferencia entre acoso callejero y las palabras agradables que pueden decirse cuando existe un vínculo previo que autoriza a su expresión. No entendieron. Dos panelistas varones que siempre se enfrentan coincidieron en que “cuando uno le dice algo agradable a una mujer no tiene porque ofenderse” ¡sentencia masculina!

Al otro día, muy temprano, me sorprende escuchar hablar sobre el piropo a un famoso periodista de la derecha argentina en cuyo programa se expresan diariamente una catarata de afirmaciones y chistes misóginos, y en donde el tema de violencia extrema sobre las mujeres no tiene casi lugar.El periodista alerta como sus colegas ante los extremismos (hablaba de las mujeres) y se pronuncia contra los asesinatos. Paso a escuchar en una FM a otro periodista de centro-izquierda-progre el que también llamó a la reflexión sobre los piropos porque, en su opinión, se estaba produciendo un deslizamiento peligroso y “nadie iba a poder decir nada”. Léase: las mujeres se están bandeando y no vamos a poder decirles nada.

Todo lo anterior siempre fue acompañado en muchos programas por los comentarios de alguna mujer que, a modo de coro o de eco de la palabra masculina, expresaba con tono de gran valentía “a mi me encanta cuando me dicen cosas por la calle”, sin hacer mención que cualquier experiencia individual no puede generalizarse ya que las denuncias y las estadísticas muestran que el acoso masculino en el espacio público existe.

La sociedad patriarcal ha generado una idea de lo que debe ser la belleza femenina. Los machistas, como si fueran una policía de la estética blanca, se encargan de recrear y sostener estos modelos hétero/machistas/patriarcales. El piropo es un instrumento de control que se expresa con la palabra, acompañado de gestos y miradas que muestran la aprobación, aceptación o el rechazo.
El espacio público es masculino y su demostración sencilla. Escena 1: Es de noche. En una silenciosa calle camina una mujer que ve venir a cuatro hombres. Su cuerpo inevitablemente se tensará, aumentará su frecuencia cardíaca y respiratoria, estará alerta y con algo de temor o un claro miedo.

Escena 2: En la misma calle y hora. Pero el que camina es un hombre y ve venir a cuatro mujeres. Nada pasa en su cuerpo, no hay temor. Los hombres, cuando estamos solos o acompañados, no tenemos miedo a la presencia de mujeres en las calles, pero sí podemos sentir miedo cuando encontramos otros hombres y nos vemos en situación de inferioridad numérica.

El espacio público es masculino y los periodistas arriba señalados se preocupaban por el piropo, que es el instrumento que los machos-hétero usan de señalamiento y control sobre los cuerpos femeninos y feminizados, sobre sus vestimentas, movimientos corporales y espaciales.

La sociedad patriarcal ha generado una idea de lo que debe ser la belleza femenina. Los machistas, como si fueran una policía de la estética blanca, se encargan de recrear y sostener estos modelos hétero/machistas/patriarcales. El piropo es un instrumento de control que se expresa con la palabra, acompañado de gestos y miradas que muestran la aprobación, aceptación o el rechazo y la consecuente denigración de cualquier mujer que esté caminando por el espacio público masculino. Me di cuenta al escucharlos que estos varones con onda “mirá-como-soy-de-hétero” estaban fuertemente impactados ante la movilización femenina, sentían que habían perdido algo y fue seguramente el sentimiento de impunidad en el espacio público.

“Poder es impunidad”, definió un mafioso. Ya no iban a poder ser jurados-caballeros sueltos caminando impunemente por sus calles, con onda de machos inteligentes que saben qué cosas hay que decirle a las mujeres. ¡Se les acabó! ya se les instaló la duda, en cualquier momento luego de imponer su “halago-piropo-agresión-acoso” a una mujer con la que no tienen ninguna relación les puede venir una respuesta, suave o violenta, que puede dejarlos en ridículo. Y quedar en ridículo por una mujer es algo que los machos no soportan.

Seguirán apareciendo en estos programas de radio y televisión los hombres/machistas/héteros que con cara de Protágoras dirán “Yo considero que un piropo es un halago y la mujer no se tiene que ofender”.

Reitero, el espacio público es masculino y ellos consideran que las mujeres observadas/señaladas/evaluadas desde sus miradas solo tienen que agradecer que un hombre como ellos las observe, juzgue, las elija y las invada con sus palabras.

La irrupción masiva de mujeres en las calles siempre altera, en cualquier país, a una multitud de hombres machistas y aparecen aquellos que dicen “¿y a nosotros quien nos defiende?” como si no existiera un poderoso sistema capitalista/cultural/patriarcal/machista/racista que privilegia en todos los planos la dominación y jerarquización masculina.

Y a estos se les suman los que hablan de “violencia de género al revés” mostrando su nivel de ignorancia en el campo de las ciencias sociales y en los estudios de género. También los que enfáticamente dicen “hay mujeres violentas” ¡chocolate por la noticia!, como si la agresión y la violencia no fuera un elemento constitutivo del ser humano independiente del sexo/género/sexualidad/raza/clase.

Lo que estos imbéciles machistas no aceptan es que no existen ni existieron históricos sistemas socio-económicos-culturales que privilegien y sostengan el género y poder femenino y que -como contrapartida necesaria a su constitución- produzcan la subordinación del género masculino.

Muchas marchas más serán necesarias contra la violencia de género extrema. Las estructuras de dominación patriarcal que modela nuestros cerebros y cuerpos requiere una acción sostenida de resistencia y de activa construcción de redes democráticas, igualitarias en todos los planos, afectivas y socialmente contenedoras. #NiUnaMenos y #VivasNosQueremos son un llamado al sostenimiento de la vida, del afecto y del encuentro.

*Psquiatra. Feminista.

El misógino de Lacan siempre atrasó teorizando sobre mujeres…

Y eso es mucho más notable cuando se le quiere “hacer hablar” a Lacan en el siglo XXI sobre las mujeres, sus relaciones con los boludos de Argentina y analizar la película “Me casé con un boludo”

Un artículo del psicoanalista Sergio Zabalza en Clarín del sábado 9 de abril de 2016  transita los acostumbrados estereotipos machistas de muchxs colegas. El texto completo está al final de esta opinión.

Dice Zabalza Es probable que no sucedería lo mismo si aplicásemos una simétrica reciprocidad de género. En efecto: “Me casé con una boluda” no parece despertar mucho entusiasmo. Muchos opinan que para tal afán en todo caso los prejuicios sociales sugerirían el título: “Me casé con una loca”. Pero como “las minas están todas locas” es una frase por demás repetida, incluso por algunas mujeres, tal marquesina no sorprendería a nadie”

Para quienes somos feministas o por lo menos conocemos los estudios de las ciencias sociales sobre género, no nos es posible “aplicar” una simétrica reciprocidad de género sin ocultar la asimetría estructural existente entre el género masculino, el femenino y los otros cuerpos feminizados (estos últimos no encuadrables en el estrecho margen del concepto género). Usar el “las minas están todas locas” no sorprendería porque es la descalificación común de nuestra sociedad patriarcal y el machismo cotidiano, por lo tanto tampoco habla de simetría. El que muchas mujeres lo repitan solo muestra lo que Bourdieu ya explicó en su libro “La dominación masculina”: cómo las personas dominadas aprenden a ver la realidad con las categorías del dominador.

Sin duda, y coincido con Zabalza, el título de la película atrae, pero por diferentes motivos a los que él señala.

Los “machos”, al ejercer el poder patriarcal-socio-económico-cultural-heteronormativo, son inevitablemente el objeto de crítica, ya sea por la forma autoritaria con la que ejercen el poder o por la desnuda mediocridad de sus pensamientos y acciones. Ningún hombre igualitario, afectivo, democrático y solidario va a ser tachado de boludo. Ninguna mujer va a descalificar una relación de igualdad. No hay boludez ni ignorancia en el campo de las dominadas ni tampoco existe la “boludez de la histérica” que, como erróneamente afirma Lacan “no sabe nada del hombre”. Las mujeres saben muchísimo de los hombres, soportan y cada vez más enfrentan sus acosos en el espacio público que es masculino y también la violencia física y psicológica en sus hogares; las mujeres crecen a pesar de la violencia simbólica, sostienen solas hogares con ex-parejas que no tributan pero perjudican mucho; estudian y trabajan para no tener dependencia de los hombres como lo propone nuestra patriarcal cultura.

Las mujeres que logran, con mucho esfuerzo ser independientes en lo económico y en lo emocional, en el manejo de su tiempo, en el desarrollo de sus intereses, en la crianza de sus hijos, en sus orgasmos, pueden mirar a los ojos de una amiga o amigo y decir con una sonrisa o con mucho enojo “¿sabés una cosa? ¡me case con un boludo!”

La boludez, como atributo, es patrimonio masculino.

http://www.clarin.com/opinion/Lacan-ultima-pelicula-Adrian-Suar_0_1555044941.html

¿Qué diría Lacan de la última película de Adrián Suar?

Tribuna

Sergio Zabalza

Se está proyectando con gran éxito una película nacional -con Adrián Suar y Valeria Bertuccelli- cuyo título genera una llamativa atracción: “Me casé con un boludo”. Es probable que no sucedería lo mismo si aplicásemos una simétrica reciprocidad de género. En efecto: “Me casé con una boluda” no parece despertar mucho entusiasmo. Muchos opinan que para tal afán en todo caso los prejuicios sociales sugerirían el título: “Me casé con una loca”. Pero como “las minas están todas locas” es una frase por demás repetida, incluso por algunas mujeres, tal marquesina no sorprendería a nadie.

Entonces, ¿por qué la atracción de ese título que baja del pedestal al semblante masculino? Por empezar, que las mujeres se quejan de los hombres no es novedad alguna: que no escuchan; que sólo piensan en dos o tres cosas, cuando no en una sola; que no se hacen cargo de nada … De hecho, basta prestar atención al diálogo entre dos o más señoras para corroborar que sea por pusilanimidad, egocentrismo, distancia en el trato con los hijos, o incapacidad para ganar dinero, los hombres son blanco casi obligado para el mote de boludo. Lo llamativo en este caso entonces es que la frase del título, si bien nada desconocida, eleva a nivel abierto y público un juicio que por lo general se reserva para el diálogo entre mujeres: legaliza una opinión de la cual todos están al tanto pero cuya enunciación no encontraba la oportunidad de pasar al uso generalizado en el discurso.

Ahora bien, hay un aspecto un tanto soslayado en la boludez que atañe a los hombres, a saber: el hombre enamorado es un poco boludo. Para acceder al amor por una mujer el hombre renuncia a la impostura masculina, dice Lacan. Y es así: el langa se hace el langa, el piola o el canchero hasta que aparece ésa que le hirió el corazón. Se trata de una renuncia al narcisismo a la que la llegada del amor invita por obra y gracia de la contingencia.

Es aquí donde puede aparecer la boludez de ellas, muy poco comentada por cierto, a saber: no estar dispuestas a aceptar que el príncipe azul comete errores, torpezas y se muestra inseguro porque algo de ella le tocó el corazón. Podría tratarse de la “boludez de la histérica” que –tal como bien dice Lacan- no sabe nada del hombre.

Sergio Zabalza es psicoanalista

 

Machoabogados y machoabogadas

De manera harto frecuente nos encontramos con víctimas de violencia de género de todas las clases sociales asistidas (¿?) por abogados/as que no saben absolutamente nada acerca de la sociedad patriarcal y de los mecanismos de dominación masculina, del maltrato institucional a las mujeres, niñas y niños en la llamada justicia, desconocen que existen estereotipos sexistas los que dichos profesionales se encargan de reproducir en la relación con sus clientas, nada saben de las consecuencias que tiene en las mujeres el haber soportado durante períodos prolongados toda forma de violencias. Son profesionales del derecho que desconocen la mejor forma de producir una estrategia para lograr efectividad en un contexto machista que en general tiene jueces y juezas con una insensibilidad y una falta de empatía con el sufrimiento de las víctimas que da vergüenza ajena. Jueces y juezas[1], que son profesionales del derecho también, los que sin sonrojarse escriben resoluciones y fallos no ajustados a derecho, descolgados de la realidad que cotidianamente viven las víctimas y a la vez tratan de garantizar, por sobre todas las cosas, la impunidad del victimario.

Si algo caracteriza los expedientes de las víctimas de la violencia machista es el reiterado cambio de abogados/as, lo que suele ser sexistamente adjudicado por funcionarios/as judiciales a la “locura” de las mujeres, cuando en realidad se debe a que una cantidad increíble de ignorantes y sexistas profesionales del derecho no vacilan, por pesos, euros o dólares, en tomar casos para los que están intelectual y emocionalmente inhabilitados/as: son los machoabogados y las machoabogadas.

Debemos sumarle a ese marasmo judicial en el que están las víctimas, la conducta despreciable de defensoras[2] y defensores privados de los terroristas machistas, de esos machotes violentos que las juegan a los buenos y preocupados padres de sus hijos. Lo deseable sería que estos despreciables defensores pagados por tanto macho cobarde, dado que trabajan por dinero e identificación ideológica machista, tuvieran como estrategia garantizar la limpieza de un proceso judicial para su clientes, pero la realidad es que en general se dedican cumplir el destructivo deseo de su macho pagador: elaborar estrategias para destruir jurídica, emocional y económicamente a la mujer por ser mujer.

Deseo de los clientes a los que en su momento no les importó agredir a estas mujeres-madres delante de sus hijos, insultarlas, descalificarlas, golpearlas o matarlas, y que aún cuando llegaron a este último terrible acto se la pasarán escribiendo notas, recorriendo radios o canales de televisión diciendo cuánto aman a sus hijos y lo bueno que es la custodia compartida obligadamente impuesta por tribunales machistas, mientras los que todavía no mataron siguen hostigando a las mujeres que dejaron vivas.

Defensores y defensoras de machos que conocen muy bien a sus aliados en el poder judicial , a los y las fiscales que pedirán la más baja condena cuando es inevitable solicitar “algo”, que pugnarán por una probatione si hay “ambiente”; que enaltecen a los jueces y juezas porque saben que harán recorrer los pasillos de tribunales durante años a cada mujer, que en el juicio las interrogarán como si fueran las culpables o permitirán que los abogados y abogadas de los machos pregunten hasta como fue cuando eran adolescentes la primer masturbación para demostrar, como siempre, que salvo la propia madre (la del machoabogado/a), toda mujer es en sí una clara muestra del mal.


[1] En el Poder Judicial hay una minoría de funcionarios y funcionarias judiciales que trabajan muy bien, con una perspectiva de género y sensibles al dolor de las víctimas. No me refiero a ese sector en este artículo.

[2] Quiero destacar positivamente la labor de defensoras y defensores oficiales, que gratuitamente o con bajos sueldos hacen en general un gran trabajo, ajustado a derecho y a principios éticos.

 

Caso Ostende: ¿por qué nos horrorizamos cuando la que mata es la madre? Cosecha Roja 22.10.15

Caso Ostende: ¿por qué nos horrorizamos cuando la que mata es la madre?
/ 22 October 2015
Ostende Benjamin Claudia Ayala Cosecha Roja.-

Claudia Ayala está acusada de matar de un golpe en la nuca a su hijo de dos años años. El cuerpo de Benjamín apareció abandonado en un descampado de Ostende. En un primer momento habían detenido a un hombre llamado Leonardo Aguilera, que ese fin de semana no había estado en la localidad bonaerense.

“Me llevaron a la comisaría, no me querían decir nada, había un montón de gente afuera y me puteaban. Salí con la cara tapada, no entendía nada”, contó a los medios locales. También dijo que él no era el padre de Benjamín. Lo detuvieron porque Claudia lo acusó mientras declaraba en calidad de testigo. Aunque Aguilera tenía una coartada, la repercusión mediática fue instantánea.

El psiquiatra Enrique Stola lo analizó para Cosecha Roja:

“Crónica y algunos periodistas calificaron de “monstruos” al supuesto padre y a la madre. Esto es una forma de ponerlos fuera de lo que consideramos “seres humanos” por la idealización de la ideología humanista. De paso, quedamos en el bando de “los buenos”. Lo cierto es que así somos los llamados seres humanos: amamos, odiamos, podemos ser solidarios o egoístas, matamos para defendernos, porque nos place, porque decimos que es una “guerra justa” y por mil motivos que siempre justifican nuestra conducta. Las personas que cometen los actos más repudiables son sólo humanos y humanas, nunca monstruos”

Claudia fue detenida el mismo día. El miércoles -cuando Leonardo ya había dicho que no era el padre-, se negó hoy a declarar y a que le extraigan muestras de su ADN. Los vecinos de la mujer declararon ante el fiscal y dijeron que no alimentaba a su hijo, que lo maltrataba. Uno de los testigos contó que en una oportunidad le preguntó por Benjamín y ella respondió:

– Estaba tan en pedo ayer que no sé si lo regalé o no.

La Justicia imputó a Claudia por “homicidio calificado por el vínculo” y todos nos horrorizamos: ¿cómo puede ser que una madre mate a un hijo?

“En el caso de mujeres victimarias, los jueces son rapidísimos para encarcelar y dar las más altas penas, además de acusarlas teniendo como base todos los estereotipos sociales que puedan usar. El asesinato de niños y niñas parece más grave cuando lo realiza una mujer.

En estos casos está muy presente la creencia acerca de la existencia del “instinto” materno, de la “realización como mujer” es ser madre, la idea de que no hay “nada igual” al amor de una madre. La realidad es que ese instinto no existe, no todas las personas aman igual ni están diciendo lo mismo con esa palabra. Y no todas las mujeres que tienen hijos e hijas los aman.

Millones de mujeres están atravesadas por la falta de educación sexual, la existencia de serios trastornos psicológicos producto de la falta de amor y contención socio-económica adecuada, la dificultad o imposibilidad de concretar abortos en el caso de embarazos no deseados. Ante esas problemáticas, aumentan las posibilidades de que en una situación de alto conflicto vincular, social o epicrisis en una patología como adicciones o psicosis, esas mujeres lleguen a matar a sus hijos cuando no han sido deseados”, dijo Stola.

***

En los últimos años varias mujeres como Celina Benítez y Yanina González fueron acusadas de matar a sus hijos aunque los responsables habían sido sus parejas o ex. El psiquiatra reflexionó:

“¿Prejuicios contra las mujeres en el Poder Judicial? ¡Por cierto! El Poder Judicial es en todo el mundo un poder conservador y mediocre, producto de la sociedad en la que se encuentra y que, por supuesto, tiene profesionales que trabajan muy bien pero no son ellas ni ellos los que dan la impronta a este poder, sino los representantes del poder patriarcal y machista. Las mujeres, niños y niñas siempre están sospechados y van a tener que luchar mucho para conseguir una sentencia adecuada a derecho si es que han sido víctimas”.

[Nota publicada el 22/10/2015]

http://cosecharoja.org/caso-ostende-por-que-nos-horrorizamos-cuando-la-que-mata-es-la-madre/

Indulto y muerte

El rey de lxs católicos ha decretado el indulto/perdón a las mujeres católicas que han abortado. Aquellas de clase media y alta que han pagado su aborto con médicos católicos en Argentina, Chile, Brasil, Ecuador, Perú, Paraguay, Honduras, Nicaragua y demás países cristiano/católicos de América, Africa, Asia y Europa le estarán agradecidas. Las mujeres pobres muertas en abortos sépticos gracias a las políticas católico/cristianas no tienen, ni sus hijas e hijos y demás familiares, ni una palabra de aliento. Así es el “amor” que pregonan: indulto para una clase, muerte para las otras.

Violencia de género desde el Estado

Publicado en “Marcha” 16.07.2015 http://www.marcha.org.ar/violencia-de-genero-desde-el-estado/

Por Enrique Stola*

La respuesta machista a la movilización por el “ni una menos” que implicó la ocupación del espacio público por miles de mujeres, con sus consignas, denuncias y dolores en todo el país, no se hace esperar. A los comentarios machistas- misóginos de conductores radiales y televisivos conservadores- progres- izquierdosos se le articula la acción de fiscales (de ambos sexos) y jueces/juezas, claros custodios patriarcales, que no vacilan en atacar e intentar destruir a las madres cuando estas denuncian el abuso sexual sobre sus hijos e hijas.

Hoy es el caso de Feliciana Bilat y mañana será el caso de … y podemos seguir poniendo nombres de mujeres de diferentes ciudades de Argentina que hoy sufren la violencia institucional que proviene del Poder Judicial que intenta, con estos ataques “ejemplares” vestidos con disfraz de Justicia, disciplinar los cuerpos femeninos, los cuerpos de las madres, a fin de sancionar legalmente lo que siempre han creído: “las mujeres mienten para joder a los hombres”.

Lo sufrido por Feliciana Bilat durante el juicio es lo que sufren las mujeres que se atreven a denunciar cuando los jueces y juezas, a cargo de ese importante acto judicial, no ponen límites a los ataques de la defensa de los imputados a los que se le sumó aquí el fiscal que funcionó como otro defensor. He visto, en cuanto al funcionamiento de fiscales que se vuelven defensores patriarcales, el mismo machista espectáculo en Santiago del Estero y en Concordia, solo que en estos casos hubo jueces y juezas que pusieron límites cuidando que todo se ajustara a derecho y con eso cuidaban a las madres.

Feliciana es hoy una víctima de la violencia contra las mujeres que se produce a través de las instituciones del Estado Argentino. El uso de los mentirosos “criterios” ideológicos del “sindrome de alienación parental” que bien sabemos es un instrumento de la violencia de género en el Poder Judicial, es la clara prueba de lo que afirmo. Solo deseo que en instancias superiores en lo judicial existan jueces y juezas que puedan reparar tanto daño y pedir disculpas tanto a la madre como a la niña.

*Médico Psiquiatra

Antecedentes:

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-277095-2015-07-15.html

http://www.diariofemenino.com.ar/locas-sucias-y-putas/

http://argentina.indymedia.org/features/genero/#9027

Las mujeres que denuncian son tildadas de mentirosas.

Publicado en Suplemento Las12, Megáfono, Página 12- Buenos Aires, 10.07.2015 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-9891-2015-07-11.html

El profundo desconocimiento que tienen las y los funcionarios judiciales sobre los terribles efectos de la violencia de género en el psiquismo de las mujeres los lleva a acusarlas cuando ellas no denuncian la violencia contra sus hijos e hijas. Hace pocos días una mujer, en sede judicial y con protección, huyó aterrada cuando entró a declarar su violento marido. Deseamos que esta imagen le sirva al Poder Judicial para entender que la violencia contra las mujeres paraliza a las víctimas, no pueden evaluar adecuadamente los riesgos ni tomar las mejores decisiones; padecen –como mínimo– estrés postraumático crónico. Hay que romper con la idiota e ignorante creencia de que una madre debe reaccionar aunque sea instintivamente. La evolución cerebral y la cultura humana han eliminado el instinto si es que alguna vez existió.

A la vez, los fuertes prejuicios machistas que sostienen gran parte de los y las funcionarias judiciales hacen que cuando las madres denuncian el ataque del que son objeto –ellas y sus hijos e hijas– las acusen de mentirosas o, cuando esta acusación no es explícita, las sometan a mil vejaciones y violencias-institucionales que llevan a muchísimas mujeres a arrepentirse por haber recurrido ingenuamente a la llamada Justicia.

Las mujeres son objeto de una gran trampa patriarcal: son, en general, las víctimas, son las que sufren los golpes y descalificaciones, son las que menos ganan, son las que mueren, son a las que les matan los hijos y, fundamentalmente, son las sospechosas de querer dañar a los hombres.

Ya apenas setenta y dos horas pasada la marcha por “Ni una menos”, el 3 de junio pasado, muchos periodistas, columnistas y conductores dejaron el discurso políticamente correcto para expresar sus alarmas, sus temores de que a las mujeres se “les vaya la mano” y exijan cosas “que limiten la vida normal”. La respuesta patriarcal comenzó a esbozarse y será más fuerte, pues fue insoportable para los machistas de derecha-centroprogres-izquierda el que las mujeres ocuparan el masculino espacio público. “¿Y a nosotros quién nos defiende?”, gemían algunos violentos varones temerosos de perder sus privilegios. Ha crecido el miedo y es notable que jueces y juezas humanamente sensibles hayan abierto sus mentes a que la violencia contra las mujeres es un problema social y no un limitado conflicto vincular. Por otro lado, es inevitable que los jueces y juezas machistas traten de reafirmar su posición, ya que se sostienen en sus creencias religiosas y en el modelo de familia androcéntrica que Occidente nos impuso desde 1492.

Homo omnium rerum mensura est El hombre es la medida de todas las cosas ¡Forros!

Homo omnium rerum mensura est El hombre es la medida de todas las cosas. Esta frase, adjudicada a Protágoras y mencionada por Platón, Sexto Empírico, Diógenes Laercio, Aristóteles y Hermías, es casi una bandera, con original adaptación machista, en el discurso patriarcal de Occidente (Europa/EEUU) y zona de dominación.

La movilización planeada para dentro de pocas horas en Argentina contra los femicidios, la posibilidad de que miles de mujeres (y también hombres) ocupen el espacio público con reivindicaciones de género y de vida, el impacto mediático y cultural que tuvo y tiene la protesta, ha puesto en jaque a aquella creencia patriarcal y muchísimos hombres machistas comienzan a dar síntomas de ello.

El espacio público es masculino. La demostración es muy sencilla. Escena 1: es de noche. En una silenciosa calle camina una mujer y ve venir cuatro hombres. Su cuerpo inevitablemente se tensará, aumentará su frecuencia cardíaca y respiratoria, estará alerta y con algo de temor o un claro miedo.

Escena 2: la misma calle y hora. Pero el que camina es un hombre y ve venir cuatro mujeres. Nada pasa en su cuerpo, no hay temor.

La irrupción masiva de mujeres altera a miles de hombres machistas; a aquellos que dicen “¿y a nosotros quien nos defiende?” como si no existiera un poderoso sistema capitalista/cultural/patriarcal/machista/racista que privilegia en todos los planos la dominación y jerarquización masculina; o los que hablan de “violencia de género al revés” mostrando su nivel de ignorancia en el campo de las ciencias sociales; o los dicen “hay mujeres violentas” ¡chocolate por la noticia!, como si la agresión y la violencia no fuera un elemento constitutivo del ser humano independiente del sexo/género/sexualidad/raza/clase.

Pero ayer y hoy me llamó poderosamente la atención escuchar a varios periodistas radiales y conductores televisivos, desde trogloditas a progresistas, que en el medio del intercambio de ideas sobre la violencia contra las mujeres ponían un tema sobre la mesa: lo que ellos llaman piropos o halagos a la mujer en la calle. ¡Y de golpe el debate se transformaba, estaban tratando los temas que importaban a las mujeres y pasaban a tratar el tema que les interesaba a ellos a fin de defender sus lugares!

¡Claro! El espacio público es masculino y se preocupaban por el instrumento que usan,  de señalamiento y control sobre los cuerpos femeninos y sus vestimentas, sobre los modelos hétero/machistas/patriarcales de lo que debe ser la belleza femenina. Este instrumento de control que se expresa con la palabra, acompañado de gestos y miradas que muestran la aprobación y aceptación o el rechazo y denigración de cualquier mujer que esté caminando por el espacio público masculino. Me di cuenta al escucharlos que desde ahora estos varones “mirá-como-soy-de-hétero” no iban a poder ser jurados sueltos caminando impunemente por las calles, con onda de macho inteligente que sabe qué cosas hay que decirle a las mujeres. ¡Se les acabó! ya se les instaló la duda, en cualquier momento luego de imponer su “halago-piropo-agresión-acoso” a una mujer con la que no tienen la mínima relación les puede venir una respuesta, suave o violenta, que puede dejarlos en ridículo, algo que ellos no soportan.

Por supuesto, siempre aparece en esos programas el hombre/machista/hetero que con cara de Protágoras dice “Yo considero que un piropo es un halago y la mujer no se tiene que ofender”. Reitero, espacio público masculino y ellos consideran que las mujeres observadas/señaladas/evaluadas desde la mirada masculina solo tienen que agradecer que un hombre como ellos las mire y las invada con sus palabras.

El hombre es la medida de todas las cosas. ¡Forros!

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