Enrique Stola: “Hay varones que aprendieron el discurso políticamente correcto del feminismo, pero ocultan el sostenimiento del machismo”

Por Marcela Espíndola Observatorio de Género en la Justicia de la Ciudad de Buenos Aires. Boletín Nº 20, marzo de 2020

El Observatorio de Género de la Justicia en la Ciudad de Buenos Aires entrevistó a Enrique Stola, psiquiatra especializado en violencias. Feminismos, nuevas masculinidades y los artilugios del patriarcado para perpetuarse, fueron algunos de los tópicos de nuestra charla.

 ¿Cuál es el aporte que hace el feminismo al varón y viceversa?

En la medida que los feminismos son una perspectiva de liberación para las mujeres, las mujeres tienen un punto de vista privilegiado sobre nuestra conducta, por lo tanto los señalamientos que nos vienen haciendo, en la medida que los tomamos, lo que nos va posibilitando es que seamos cada día más libres y mejoremos nuestra calidad de vida y la calidad de los afectos.

¿Y qué aportan los varones al feminismo o a las mujeres?

La verdad que eso me cuesta encontrarlo. Algunos estudiosos varones han señalado particularidades de cómo los varones nos movemos, nos relacionamos, etc., pero eso lo han estudiado profundamente las investigadoras feministas, así que yo no encuentro los varones hagamos un aporte a la teoría feminista. Si nos remontamos a algunos filósofos y sociólogos, y tomamos a Bourdieu, Foucault, etc., de sus elaboraciones el feminismo ha tomado algunas cuestiones que le han servido pero no eran personas que se proponían aportar el feminismo, así que yo creo que hoy los varones, de alguna forma, “ganamos” porque estamos actuando y gozando de los privilegios masculinos, podemos obtener en algunos aspectos una vida más fácil que las mujeres, pero si vamos renunciando a ello porque incorporamos criterios feministas somos más libres y vivimos mejor. Así que parecería que desde el lugar donde estemos siempre “ganamos”.

Hace poco decías en una entrevista de El Ciudadano Web que “los varones te escuchan y reflexionan, pero los varones no cambian porque hagamos cursos ni seminarios, sino por los fuertes posicionamientos de las mujeres y del colectivo que generan cambios sociales”. ¿Lo seguís sosteniendo?

¡Si! Eso es lo que históricamente ha sucedido. Ahora, si miramos con microscopio, vemos a algunos individuos varones, que se mueven con buena fe y son afectuosos, y que se ponen a leer y a escuchar atentamente lo que dicen sus nietas, o sus hijas, muchos de ellos están produciendo cambios desde la mejor onda, desde la buena fe. Ahora, a otros varones, solamente uno puede atenerse a limitar daños. Son las mujeres las que dicen “No, esto hay que modificarlo”, o “Esto se debe modificar, entramos en el espacio público y le decimos NO a los acosadores”, y los acosadores que antes actuaban impunemente en el espacio público y ahora tienen miedo que cualquier mujer les haga pasar una vergüenza terrible, entonces se callan la boca. Pero no es que hayan cambiado internamente, o que estén respetando a las mujeres, solo modifican la conducta y se reacomodan.

¿Cuál es la relación entre estereotipos de género y la violencia?

Hace poco estaba leyendo un libro sobre el cuerpo en el capitalismo de una feminista y en él decía que en el desarrollo del capitalismo, los hombres poderosos y los hombres trabajadores generaron una sociedad en el que el cuerpo de la mujer era donado a cada hombre, tenía derecho a ser dueño de una mujer y esto lo que ha facilitado evidentemente es el fortalecimiento de la hermandad en el ejercicio del poder masculino y esto hace que cuando en el Poder judicial hay un tipo que está acusado de violencia, por ahí puede encontrarse con la mirada de un secretario de un juzgado o un juez y establecer un nivel de complicidad en la mirada que se da precisamente en la fratría masculina. Entonces, los estereotipos replican y mantienen cotidianamente esa jerarquización de la diferencia en relación a los machos que ejercen sus privilegios y las mujeres o los cuerpos feminizados por el patriarcado que son subestimados, como pueden ser los integrantes del movimiento LGTBIQ+. Esto es un sostenimiento de la violencia simbólica y es modelar los cuerpos y establecer una forma de relacionarse de los cuerpos en donde la violencia garantiza la dominación en sus múltiples formas.

Siempre decís públicamente que te consideras un varón feminista. ¿Los varones pueden ser feministas?

Esto lo estuve hablando con un antropólogo amigo en Madrid, y él me decía, que cuando un hombre está haciendo una acción que sostiene la violencia contra las mujeres o sostiene la estructura injusta contra las mujeres, es un sujeto del patriarcado, y cuando yo estoy actuando políticamente en función de los criterios feministas soy un sujeto del feminismo, dice. Yo no sé si es tan así. Yo creo que el feminismo es un posicionamiento político y existencial también. Es una forma de encarar la vida, los vínculos, de ver a las sociedades, de ver a la naturaleza. Entonces, desde ese punto de vista es posible que un varón sea feminista. Ahora, si un varón no puede ser feminista, esto no va a cambiar nunca. Es que si las mujeres feministas y si los hogares que están bajo esa estructura feminista, no van a producir varones feministas, y si no logramos que los varones tengan un posicionamiento político y hegemónico feminista, acá la sociedad no va a cambiar nunca. Se va a mantener siempre un grupo de mujeres que va a estar en lucha permanente y si los varones no pueden ser feministas, tengo que interrogarme sobre las reales posibilidades de cambio social.

¿No crees que esto a veces es difícil para el movimiento feminista teniendo en cuenta que hay muchos varones que adquieren el discurso feminista, sobre todo en los partidos políticos, y que sostienen prácticas machistas?

Lo vemos permanentemente. Tipos que están en función de mantener la dominación masculina. El otro día escuchaba un discurso de Malcom X, que hablaba sobre los negros y la liberación, y los negros que trabajaban para la sumisión, pero también hablaba de los blancos que codo a codo trabajaban por esa causa. Creo que cuando hay potentes alianzas, la transformación fuerte es posible, en cambio, si cada vez nos sectorizamos más, vamos mal. Es inevitable que nos encontremos con varones que sean terriblemente oportunistas. Hay varones que por el nivel cultural aprendieron el discurso políticamente correcto pero ocultan el sostenimiento del machismo. Pero ahí están las compañeras que tienen un fuerte olfato para detectarlos y bajarlos de un hondazo. A veces se generan problemas, porque he visto en algunas organizaciones, que estos tipos lo utilizan para seducir a algunas mujeres, generar conflictos en el grupo y a veces cuesta desenmascararlos.

¿Masculinidades tóxicas o violentas?

Entiendo que el término “tóxico” le puede servir a algunas personas para describir algunas situaciones, pero yo me opongo a ese término, porque es un término que acá en Argentina lo comenzó a utilizar Stamateas, que de feminista no tiene nada. Débora Tajer hace un análisis sobre eso muy interesante. Yo no lo uso, me parece feo, y oculta la dominación masculina. Pareciera que un macho se acerca a otro y lo intoxica de cosas que no quiere hacer, y no, hay historia, formación de estructuras, fuertes intereses, y no tienen que ver con ese término médico de toxicidad. Hay un aprendizaje de masculinidad que nuestras sociedades patriarcales lo ofrece como modelo y es violenta, y a veces, no es violenta en términos físicos, pero que es violenta en términos psicológicos o de sostenimiento de los estereotipos. El patriarcado siempre lo reproduce. Las masculinidades que debemos generar tienen que ser contrahegemónicas, anti patriarcales y con lectura feminista. Sobre todo porque la lectura feminista es fresca, creativa, y va denunciando y mostrando los permanentes reacomodamientos de la dominación masculina, por eso es sumamente creativa. Y no sólo denuncia esa dominación de género sino las múltiples dominaciones sobre los cuerpos de las mujeres, dentro de la cuestión capitalista, lo que es el trato que reciben las mujeres, en cuanto a lo laboral, a lo salarial, derechos que no se reconocen. En fin, una multiplicidad de lecturas sobre la realidad que hacen las feministas, que realmente enriquecen. Las lecturas de los machos sobre las masculinidades que no tienen feminismo, es muy notable, son aburridas y en realidad ocultan el tema de la dominación masculina.

Sin entrar en detalles del Caso Báez Sosa (caso que conmocionó a la opinión pública argentina en el que un joven murió producto de la golpiza que recibió por un grupo de varones) ¿podríamos hacer un análisis desde la perspectiva feminista?

Por supuesto que este es un caso terrible, pero si tomamos el mes de enero, en ese mes hubo 34 femicidios en Argentina, directos y/o vinculados, y los medios de comunicación sólo hablan de este grupo. Y creo que hablan sólo de esto, porque este grupo rompió ciertas normas morales que la élite blanca viene tratando de sostener desde 1492 hasta la fecha, tratando de mostrarse como el ejemplo de la moral, buenas costumbres, etc. Creo que esto ha impactado y ha monopolizado, porque en el fondo está respondiendo a un reacomodamiento de fuerzas masculinas y de miradas masculinas. Me impacta y me duele que pibes tan jóvenes estén ejecutando este crimen, pero también me duele el ocultamiento en la agenda de lo que pasan las familias de estas mujeres que fueron asesinadas y sus hijos. La agenda de las noticias es masculina, los medios y las instituciones están respondiendo a esa agenda masculina y de clase.

Hace poco escribí un pequeño artículo sobre esto. No es el deporte el responsable sino la masculinidad hegemónica que le da al rugby cierta identidad ligada a la violencia, a las clases sociales altas y a la indiferencia sobre el sufrimiento. Allí donde pueda expresarse la masculinidad hegemónica lo va a hacer de forma violenta, dominante hacia todos los que estén en una posición de subordinación, incluso sus congéneres. Y leyendo los comentarios en las redes sociales, y según la clase social de la que venían, por un lado, cuestionaban la supuesta pertenencia de clase de los rugbiers, y por el otro, cuestionaban al grupo de machos blancos que estando alguien en el suelo le patean la cabeza cuando se sabe que “los grupos de machos blancos no hacen eso”.

Marcela Espíndola es Licenciada en Comunicación Social (UCSE). Diplomada en Género y Comunicación. Diplomada en Asesoría Parlamentaria (UTN). Se especializó en comunicación política con perspectiva de género y en comunicación institucional multimedia. Fue asesora parlamentaria, de prensa y comunicación en el Congreso de la Nación y en la Legislatura de Ciudad de Buenos Aires. Integra desde su fundación Periodistas de Argentina en Red – Por una Comunicación No Sexista (PAR). Desde 2015 hasta la fecha es la Directora Ejecutiva de Ciclofamilia (www.ciclofamilia.com.ar) organización que trabaja en temas de movilidad familiar, género y equidad vial, y de la que es co-fundadora.