Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

Suicidio de macho-violentos

Desde hace siglos el movimiento de mujeres está llevando adelante un proceso de liberación que va cobrando en los últimos años velocidad y mayor eficacia. El polo dominante masculino, aunque comienza a desestructurarse, reacciona en forma casi coordinada a partir de sus privilegios y los conocimientos que les dan sus experiencias en el ejercicio del poder socio-económico-cultural. Lo hacen con discursos adecuados al momento diciendo “NiUnaMenos” y es claro que la mayoría de los hombres no las quieren muertas pero sí dominadas. Para mantener esto último, intelectuales de todos los colores políticos e ideológicos escriben sobre las violencias tratando de desdibujar la identificación específica de lo que es la violencia de género o machista y los líderes religiosos avanzan calificando de “ideología de género” a los conocimientos que han permitido a las mujeres identificar el porqué de su posición de subordinación. Mientras tanto, la mayoría del colectivo Psi integrado por profesionales de la psicología, psiquiatría, psicoanálisis y otras corrientes tratan de patologizar cada femicidio y con ello ocultar la dominación social masculina que les da sentido. En paralelo los creativos de la publicidad y las empresas “que le hacen bien al país” generan contenidos que estimulan a las mujeres a mantenerse en los roles estereotipados que el capitalismo neoliberal-sexista-racista necesita mientras periodistas conservadores y “progres” tratan de ser políticamente correctos en los debates y a la vez limitar la discusión de cada femicidio como un hecho “aislado y lamentable” y todavía siguen usando el tan famoso “crimen pasional” para describir la agresión machista. Porque a la violencia de los machos, y esa parece ser la consigna, hay que limitarla en su tratamiento solo a la violencia de género extrema (VGE) mientras las demás violencias masculinas y especialmente la SIMBÓLICA no entran en discusión.

Y así en cada pueblo los intendentes y dirigentes de los clubes luchan para mantener los “concursos de belleza” y aunque estén violando derechos de las mujeres, adolescentes y niñas para reforzar estereotipos, lo hacen ocultando sus miradas-pensamientos machistas detrás de argumentos imbéciles como “es nuestra cultura o siempre lo hicimos”.

En cada hogar donde hay VIOLENCIA DE GENERO EXTREMA la mujer, niños y niñas están siendo sometidas, torturadas y la agresión que reciben es cotidianamente legitimada por una sociedad que avala la dominación masculina. Y los hombres con menos autocontrol ejercen más violencia llegando al femicidio. Todo macho que amenaza de muerte puede llegar a asesinar y todo asesino puede llegar a suicidarse.

Una pregunta muy frecuente: ¿porqué se suicidan luego de asesinar a la pareja o ex pareja y muchas veces a hijos e hijas?

En este marco socio-económico-cultural donde el ser macho tiene entrenamiento y legitimación social, cada varón-dominante que se reconoce como dueño y señor de una mujer siente que ese vínculo le otorga un lugar en el mundo masculino, le permite reconocerse a si mismo como macho que cumple la expectativa social de tener mujer y familia y a la vez su red social da validez a su comportamiento. Su violencia es siempre autojustificable y si alguno tiene dudas ahí están las propagandas y el discurso hegemónico en el imaginario social que muestran claramente para qué sirven las mujeres. Pero las mujeres hace tiempo vienen de alguna forma diciendo-haciendo NO a esa dominación que da sentido a la vida de tantos hombres. Llega un momento en el que ellas deciden separarse o ellos lo perciben así, es entonces cuando el femicidio se consuma seguido inmediatamente del suicidio porque para el macho-dominante pierde sentido la vida,

Son muchos los hombres que asesinan a mujeres, a hijos e hijas y luego se suicidan. No lo hacen por temor a la cárcel ni por miedo a una condena social. Ellos han estado legitimados en su conducta desde siempre ¿qué miedo van a tener?. Lo que les preocupa y angustia es la pérdida de sentido de sus vidas al no poder ejercer la dominación sobre esa mujer-objeto que les permitía mantenerse psicológicamente estructurados. En la sociedad patriarcal las mujeres son el soporte afectivo de los varones y les dan seguridad. Que ellas sean el. soporte afectivo no significa que esos hombres las amen. Son un objeto necesario y al serlo cobran valor afectivo para el psiquismo de quien domina. El goce del ejercicio de la dominación sobre una mujer no es amor.

Estados y gobiernos machistas condenan a muerte a mujeres obligándolas a someterse a abortos sépticos. Machos que se resisten todo lo que pueden a la paridad política y al ejercicio del poder por parte de mujeres que representen los intereses de las mismas. Comunidades regidas por machos. Familias patriarcales. Religiones lideradas y dominadas por machos. Configuraciones vinculares que expresan la dominación masculina. Golpes, violaciones y asesinatos de adolescentes y mujeres. Suicidio de los asesinos.

Si queremos alcanzar una sociedad justa y lograr un stop a la matanza de mujeres necesitamos mucho más feminismo en todos los espacios sociales.

Una palabra que produce orgasmo en los machos: hembrismo

El término hembrismo es una creación de «teóricos» y activistas machistas que intentan con esa designación homologar ciertas conductas de las mujeres al machismo. Con esa maniobra de ocultamiento intentan borrar de la conciencia la histórica asimetría entre hombres-dominantes-con-aval-socio-económico-cultural y las mujeres-subordinadas quienes son consideradas por el discurso hegemónico como minorías políticas.

Los patriarcados tienen sexo y son masculinos. El machismo es esa puesta en acción cotidiana, con patrones antiguos o recreados y adaptados a las pautas comunicacionales actuales, siempre con el mismo sesgo sexista e imbricado en el sistema de dominación masculina actualmente derivado del capitalismo patriarcal. Las acciones machistas nunca son aisladas sino que siempre están en consonancia con el sistema que las propone y alimenta, el que funciona como aliado y refuerza la «legitimidad» o «legalidad» de las acciones dominantes.

Todas las sociedades son sistemas de dominación con diferentes concepciones ideológicas y pautas culturales. De lo que se sigue que todas y todos tenemos entrenamiento desde la temprana socialización en los roles dominador/dominado que se ponen en juego en determinadas acciones sociales y relaciones vinculares.

Cuando una mujer o grupo de mujeres manifiesta ideas, actitudes o conductas discriminatorias negativas para con un hombre o grupo de hombres lo hace desde su experiencia histórica como grupo oprimido y desde su experiencia vital con los hombres dentro de la estructura de dominación masculina. Ellas no cuentan con ninguna estructura socio-económico-cultural que «legitime» o «legalice» sus conductas. Solo se expresan desde la resistencia.

Cuando escucho decir a un macho «pero hay mujeres dominantes», «hay mujeres agresivas» o «hay mujeres muy violentas» lo que se me ocurre como respuesta es ¡chocolate por la noticia!. Las mujeres integran lo que las clasificaciones designan como ser humano por lo que a ellas les caben sus características, pero los machos parecen no recordarlo.

No se necesita instrucción ni inteligencia para deducir que hombres, mujeres y otrxs tenemos biológicamente capacidades que nos posibilitan ser dominantes, agresivos-as, violentos-as y ejercer distintas formas de poder, generalmente al «modo» masculino. La cultura de clase, género, sexualidad, raza-etnia y nuestras resistencias a la dominación se encargan de modelar el habitus y en el mismo espacio-tiempo es posible modificarlo gracias al ejercicio de nuestra autonomía, de nuestra libertad, de la consciencia de la necesidad de sostener ideas críticas que subviertan el orden patriarcal y el concretar acciones igualitarias, individuales y comunitarias, en relación a nuestros objetivos existenciales y al sentido que le imprimimos a nuestras vidas.

La presencia de mujeres en el poder político mundial no significa demasiado si no son portadoras de los particulares intereses del conjunto de las mujeres y otros cuerpos feminizados. El nefasto modelo masculino de ejercicio del poder político-económico-cultural debe dar paso a nuevas configuraciones democráticas e igualitarias. Los feminismos podrán concretarlo.

Cuerpos de mujeres-monjas y los machos de la iglesia

La revista “Análisis”[1] dio a conocer el 26/8/2016 su investigación de malos tratos, tratos degradantes y posible reducción a la servidumbre sobre mujeres-monjas en un convento de la ciudad de Nogoyá[2], perteneciente a la orden de las Carmelitas Descalzas de la iglesia católica. Horas mas tarde la justicia allanó el convento, por primera vez en la historia de esta secta, encontrando diversos instrumentos para martirizar los cuerpos. Ex víctimas de dichos sistemas[3] aportaron sus testimonios[4]. Varios macho-obispos y voceros eclesiales salieron a criticar a periodistas, a la justicia,[5] argumentando a favor del maltrato y el final fue con un video en Facebook donde las mujeres monjas[6] del convento negaron lo que la prensa sostuvo. Al maltrato reglamentado le llaman “disciplina”

Uno de los hechos que caracteriza a una secta es que en algún momento, ya sea por su ideología o sus prácticas internas, entra en conflicto con el entorno social.

Estamos hablando de las Carmelitas Descalzas[7], una de las tantas sectas que tiene en todo el mundo la iglesia católica, la que tiene su “santa sede” en el Estado Vaticano[8] surgido en 1929 de un acuerdo firmado con Benito Mussolini[9] conocido como Tratado de Letrán[10]

El gobierno del Estado Vaticano y la iglesia católica tienen un mismo líder que los conduce: el Papa: La forma de gobierno del Estado es la monarquía absoluta. El Jefe del Estado es el Sumo Pontífice, que tiene plenos poderes legislativo, ejecutivo y judicial Durante el período de sede vacante, dichos poderes son ejercidos por el Colegio de cardenales”[11] De lo anterior se desprende que es un gobierno de machos, siendo el macho-papa quien representa a su dios en la tierra y los macho-cardenales los que también deciden y reglamentan cómo van a vivir las mujeres dentro de sus sectas y órdenes religiosas.

En la década del 80 la iglesia católica de Argentina protagonizó una durísima lucha para impedir el divorcio vincular[12], es decir, para negar la separación legal de los cuerpos. Años mas tarde, en la década del 2000, la dogmática movilización de sus grupos más conservadores dirigidos por el macho-cardenal Bergoglio fue para evitar la unión legal de los cuerpos sin distinción de sexos: la sanción del matrimonio igualitario reclamado por gran parte de la sociedad civil. En la actualidad todavía tenemos el gran tema de la despenalización del aborto, donde la iglesia, uno de los soportes del patriarcado capitalista, tiene una fuerte incidencia en que los cuerpos de las mujeres, fundamentalmente el de las económicamente pobres, estén hipotecados pues ellas no pueden libremente abortar en condiciones saludables. Tampoco pueden abortar sin consecuencias legales todas las demás mujeres sin distinción de clases. Si todo lo anterior sucede en una sociedad civil donde los cuerpos luchan por el ejercicio y ampliación de derechos mientras la iglesia no renuncia a limitarlos y a imponer sus creencias, sin importarle la de cada una de las ciudadanas y ciudadanos, tenemos que poder imaginar lo que sucede en sus pequeñas sectas, sus órdenes religiosas conformadas por las mujeres y controladas por sus macho-gobernantes.

Analizando la historia y la actualidad cultural y política es posible demostrar que la iglesia y los diversos grupos que la conforman no cambian por su propia dinámica interna sino que lo hacen porque sus concepciones y prácticas entran en conflicto con lo que demanda la sociedad civil, ya sea por su propia dinámica de cambio o por medio de las instituciones que posee. Ejemplo: la exigencia de Naciones Unidas al Estado Vaticano para que implemente acciones de protección a niños y niñas y renuncie a la complicidad con sus integrantes pedófilos. Fueron muy ilustrativas para la toma de consciencia de la comunidad internacional el que se hicieran público, entre otras, las maniobras pro-pedófilas en Boston[13] o de “Los Legionarios de Cristo”[14] en México.

La estructura y funcionamiento de secta siempre tiene consecuencias negativas para sus integrantes. Recordemos que las jóvenes entran a los conventos con solo 18 años de edad, sin experiencia en la vida, con un cerebro inmaduro y adolescente y un cuerpo marcado por la asimetría cultural que valoriza la figura masculina y subordina la femenina. Imaginemos por un instante que no hay graves conflictos psicológicos y que su entrada a esas órdenes se debe fundamentalmente a la “llamada de dios”. Estas adolescentes creen en un dios que las ama y que también aplica castigos y además ellas están dentro de esta poderosa organización internacional que postula que su máximo macho-jefe es el representante de su dios en la tierra. Los macho-padres-de-la-iglesia y sus textos sagrados les indican que deben obedecer a su macho-jefe-espiritual y a todo lo que ellos dispongan, por lo que el sometimiento (regla de obediencia) a las normas y a la autoridad de la secta es una de las condiciones para pertenecer y mantenerse como “esposa de Cristo”. Resumiendo, entran a una secta teniendo ya jerarquías en su psiquismo y estas se fortalecen y se justifican afectiva y racionalmente por lo decidido por el macho-representante-de-dios y sus colaboradores. ¿Puede existir una autoridad más fuerte que esa? Bourdieu[15] señala que los dominados aprenden a ver la realidad con las categorías del dominador. En sus respuestas a la prensa los macho-obispos intentaron hacer la analogía entre “se castigan por un ratito los viernes” con las personas que en la sociedad civil hacen dietas alimentarias. Es mentiroso el argumento ya que aunque haya personas que por sus creencias tengan conductas agresivas con sus cuerpos, gozan de una libertad que no tienen quienes están sometidas a una institución que sostiene el castigo como regla y además se presenta como la autoridad moral y espiritual en el psiquismo y la vida de cada una de las mujeres integrantes.

Las “madres superioras”, título que suelen tener las mujeres que dirigen estos lugares y sectas, tienen una responsabilidad legal pero deben también ser consideradas víctimas de este sistema machista de sometimiento de las mujeres dentro de la iglesia católica. Suele hablarse de la perversión de algunas de ellas, pero no nos confundamos, los perversos son los macho-obispos-cardenales-papas que establecen como deben vivir estas mujeres monjas o consagradas, el tipo de penitencias, castigos y los días en los que ellas deben recibirlos, mientras estos señores gozan de total libertad de movimiento, del poder simbólico en la sociedad civil, poder político, económico, jubilaciones de privilegio y de sus sexualidades sin que nadie los controle. Lo que sufren todas las integrantes de estas órdenes religiosas es violencia machista, violencia de género institucional.

Las mujeres que integran estas sectas católicas tienen conductas de sobre-adaptación para sentirse aceptadas por la comunidad religiosa y por la mirada de quien dirige, lo que es ser aceptada por su dios. Amor a su dios, culpa, sometimiento y miedo atraviesan sus cuerpos. Temen que por sus errores las expulsen, por lo que el castigo auto-inflingido es en realidad un castigo inducido por la institución, sea esta de encierro o no. ¿De qué libertad para auto-castigarse hablan los macho-obispos-cardenales-papa? Permanecer es aceptar todas las reglas y la disciplina, la penitencia y el martirio de la carne no solo no están prohibidos sino que están incentivados por la iglesia.

Siempre se producen crisis psicológicas en relación al propio sentido de vida. Aquellas que deseen irse, como en toda secta, no verán facilitada la concreción de su deseo. La culpa y la coerción serán los instrumentos que más impactarán en el psiquismo de quien decide romper el pacto. ¿Es esto porque la mujer-monja-directora perversamente lo estipula? No, por características personales las “madres superioras” pueden maximizar el castigo pero es por la propia dinámica de las sectas que creen que quedarse y pertenecer es lo mejor que puede pasarle a cualquiera de las integrantes. Reitero: perversas son las reglas y las creencias que los macho-dirigentes sostienen como política hacia las mujeres en su espacio de dominación.

Las mujeres monjas pueden llegar a sufrir depresión, estrés post traumático, angustia, ansiedad y enfermedades físicas producto del maltrato o trato degradante. Cuando se liberan de estas sectas tienen que hacer un nuevo proceso de aprendizaje de relaciones sociales, a relacionarse con personas de otros sexos y sexualidades, a estar en diferentes grupos, a hablar los temas cotidianos de la vida. Deben entrenarse nuevamente en roles sociales, lo que es difícil y les lleva mucho tiempo hacerlo.

La activa negativa a reconocer la situación de maltrato que viven como mujeres-monjas dentro de estas órdenes me recordó las palabras de otras mujeres que fueron rescatadas por estar sometidas a explotación sexual. Algunas me contaron que lo primero que hicieron fue defender una ilusoria autonomía “estoy aquí porque quiero” y solo luego de unas horas o días pudieron darse cuenta del sometimiento en el que vivían. Pensemos en las mujeres que sufren violencia psicológica, económica, obstétrica o extrema ¡cuánto les cuesta reconocerla!

Los patriarcados son, como bien dice Julieta Paredes[16], la matriz de todas las dominaciones. En el espacio dominado por Occidente (Europa-EEUU), las iglesias y fundamentalmente la católica, cumplen un rol sustantivo en el disciplinamiento de los cuerpos, las sexualidades y la explotación de aquellos. Los cuerpos de las mujeres y los cuerpos feminizados son racializados, subordinados y cruelmente devastados en función de los intereses de los macho-dominantes. Lo sucedido, la visibilización de lo que sucede con las mujeres-monjas que no cuentan con clara protección de la sociedad civil y están a merced de la autoridad macho-eclesiástica ha sido un gran paso dado por la sociedad argentina.

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Se han escrito con minúsculas palabras que suelen ir en mayúsculas, por ejemplo dios.

Este escrito se hizo a partir de un reportaje publicado por la revista Análisis.  http://www.revistaanalisis.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=240719 Reportaje completo: 31/08/2016 “Responsables son los machos de la Iglesia”, afirmó Enrique Stola.

[1] Martirio, humillación y tortura física: este jueves en la revista ANÁLISIS, los castigos a las carmelitas descalzas de Nogoyá http://analisisdigital.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=240414

[2] Provincia de Entre Ríos, Argentina

[3] “Me tuve que escapar y si volvía me terminaba suicidando dentro del monasterio”, relató una ex monja de otra congregación http://analisisdigital.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=240476

[4] Una ex novicia confirmó maltratos físicos y el uso de cilicios en los conventos religiosos http://www.revistaanalisis.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=240787

[5] http://www.infobae.com/politica/2016/08/25/la-iglesia-critico-el-allanamiento-a-un-convento-de-nogoya-denunciado-por-torturas/

[6] http://www.infobae.com/sociedad/2016/09/01/las-carmelitas-descalzas-de-nogoya-rompieron-su-voto-de-silencio-para-desmentir-las-torturas/

[7] http://www.carmelitasdescalzas.net/Inicio/

[8] http://www.vaticanstate.va/content/vaticanstate/es/stato-e-governo/organi-dello-stato.html

[9] benito mussolini biografia

[10] http://www.vaticanstate.va/content/dam/vaticanstate/documenti/leggi-e-decreti/TratadoentrelaSantaSedeeItalia.pdf

[11] http://www.vaticanstate.va/content/vaticanstate/es/stato-e-governo/organi-dello-stato.html

[12] Fabris, Mariano D. “El Episcopado Argentino y la sanción del divorcio vincular” http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/catolicismo%20espyarg_fabris.pdf

[13] Excelentemente mostradas en la película “Spotlight” ó “En primera plana” http://www.filmaffinity.com/ar/film384270.html

[14]http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/05/140502_vaticano_iglesia_tortura_onu_ch

[15] Bourdieu, Pierre, “La dominación masculina” http://porelpanyporlasrosas.weebly.com/libros-on-line/libro-completo-la-dominacin-masculinapierre-bourdieu

[16] Feminismo Comunitario, Bolivia

“El rostro de un golpeador”

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-280085-2015-08-25.html

ENTREVISTA A ENRIQUE STOLA
El rostro de un golpeador” Página 12 25.08.2015
Por Soledad Vallejos
En los casos de femicidio, en especial cuando median antecedentes de denuncias judiciales e intervenciones por violencia machista, la emoción violenta no existe, explicó el psiquiatra y psicólogo clínico Enrique Stola. En casos como el del femicidio de Claudia Schaefer, en el que hubo instancias institucionales dando cuenta de episodios de violencia contra ella, es imposible alegar un rapto de violencia porque esos antecedentes son “muestras sobradas de que hay intención de matar”. “El tipo que golpea furiosamente no sabe cuál va a ser el golpe mortal, pero sí ya tiene tomada la decisión de matar. Suponiendo que vos seas un tipo que te ponés ciego cuando te enloquecés, te ponés violento, se supone que hace muchos años debías haber recurrido a tratamientos psiquiátricos o neurológicos para que no ocurriera, y que nunca deberías haber ejecutado violencia contra la mujer, contra el cuerpo de la mujer que es tu pareja. Te hubieses hecho tratar. Sin embargo, viniste ejecutando acciones en contra de esa persona, tratando de destruir ese cuerpo y lo lograste. Lo único que hacen estos hombres es concretar su fantasía, porque durante años o meses han venido golpeando ese cuerpo y amenazando de muerte. En algún momento iban a llegar a matar. Puede haber estado planificando esa muerte o no, pero decidida, estaba. También hay casos de hombres que tienen esa muerte decidida pero no la pueden ejecutar porque la mujer logra medidas de protección o escapa”, señaló.

El especialista, que años atrás fue perito de las víctimas en el juicio por abuso contra el cura Julio César Grassi, también observó una recurrencia en la resonancia mediática del femicidio de Martindale. “En este tipo de casos, recurrir a la descalificación de la víctima es típico de los abogados contratados para defensas de victimarios de clase media y clase alta. Esos abogados, que están bien pagos, por supuesto, suelen hacer estrategias para destruir a la mujer. Si está muerta, procuran destruir su imagen; si está viva, liquidarla judicialmente.”

–En este caso en particular, durante estos días el abogado defensor de Farré, Gustavo Alvarez, en distintas entrevistas se dedicó a atacar a la víctima.

–Sí, eso de “ella no cuidaba a los chicos”, “lo ponía nervioso a él por no cuidarlos”, “era agresiva y tampoco lo cuidaba a él”. También, el argumento de que ella lo usaba para ascender socialmente. Es terrible el nivel de descalificación, de machismo. Los casos de violencia generalmente son de años o meses intensos, estos tipos siempre intentan controlar a la víctima, controlar el cuerpo de la víctima, hasta que llegan a destruirlo en el caso de los asesinos. De este señor, el abogado ponderaba el amor por sus hijos, pero claramente no le interesaban cuando le pegaba a la madre de sus hijos delante de ellos. Tampoco le importó matarla.

¿Por qué señala esta estrategia de descalificar a la víctima como algo específico de sectores con más dinero para pagar una defensa? ¿Por qué en casos de víctimas y victimarios pobres no se encuentra esa recurrencia?

–En otros sectores sociales, no tienen dinero para pagar un abogado y la defensa queda a cargo de defensores oficiales. En general, los defensores oficiales la estrategia que tienen es garantizar el debido proceso, no destruir a las víctimas. En cambio, la estrategia de los otros abogados tiene por objetivo destruir a las víctimas en nombre de garantizar el proceso. Y hacen eso con muchas chicanas judiciales, van alargando los plazos. Logran que el victimario goce de prisión domiciliaria y van alargando los tiempos, porque los días que pase en la domiciliaria se van contando como días en prisión en caso de que sea condenado. Así, tratan de ir descontando tiempo de pena permanentemente. Por otro lado, en el caso de Farré, estos días se habló mucho de la fotografía del hombre esposado y ensangrentado. Dicen que con la foto se muestra el estado de conmoción que tenía. Si ese es el objetivo de por qué le sacaron la foto, la cuestión es por qué y quién lo hizo. A él lo llamaron por el nombre y puso la cara para que lo vieran. Pero un tipo conmocionado se queda en el molde, quiere ocultarse. Lo hemos hablado con colegas desde que se conoció esa foto: es el rostro que vio cualquier mujer que sufre violencia machista. No es el rostro de la emoción violenta, es el rostro de un golpeador, nada más: del que amenaza y destruye.

“Los dominadores no renuncian a dominar”

ENTREVISTAS 4 agosto, 2016 Marcha

Por Noor Jimenez Abraham – @noor_j_abraham / Foto por Tadeo Bourbon

“Yo aprendí a arreglar mi cama desde muy pequeño, a cocinar, a hacer compras, a autoabastecerme, a no funcionar como un discapacitado hogareño que espera que la mujer, por ser mujer, lo esté sirviendo”.

Enrique Stola es médico, socio-psicodramatista y psiquiatra, se define como feminista: “las prácticas machistas, que son esas prácticas cotidianas que muestran la jerarquía masculina en relación a la femenina y a otros cuerpos feminizados, van cambiando de acuerdo a las modificaciones socio-económico-culturales y a las tecnologías, pero no dejan de ser efectivas porque el eje es el mismo desde hace siglos, lo que va cambiando es la modalidad”.

Stola da cuenta de que la dominación masculina está absolutamente en todos los países y en todo el mundo ya que todos los sistemas privilegian la figura masculina, y asevera que los datos de Naciones Unidas con respecto a que el 99% de las propiedades están en manos de los hombres y solo el 1% en manos de mujeres, muestra la situación de desigualdad; afirma que se puede demostrar científicamente, con criterio estadístico, que las mujeres están en desventaja con respecto a los varones en todos los países del mundo.

En esta charla, Stola hizo referencia a que los hombres feministas todavía se mueven con los privilegios que les da la sociedad y que la diferencia entre un hombre feminista y una mujer feminista son las luchas de las mujeres y las teóricas feministas a través de quienes varios de ellos han abierto los ojos, porque al ver la desigualdad de género se les plantea un dilema ético, un imperativo para la acción.

Reyes

En cuanto a la actitud de las propias mujeres frente al feminismo, Stola cita a Donna Haraway y su planteamiento de un punto de vista epistemológico, un conocimiento privilegiado en aquellas personas o grupos sociales que están en una posición de subordinación y que siendo dominadas pueden ver aspectos de la realidad que los dominadores no ven; esto les da la posibilidad de generar prácticas o estrategias que van sacando el velo a la dominación en la medida que luchan por su liberación: “Esto lo vienen haciendo muchas mujeres desde hace siglos”.

En relación a las mujeres que son colonizadas por la ideología patriarcal, Stola hace referencia a Pierre Bourdieu, autor del libro “La dominación masculina”, y a sus manifestaciones de que las personas dominadas aprenden a ver la realidad con las categorías de observación del dominador. Esta es la razón por la que “muchas mujeres están colonizadas y defienden posiciones machistas; porque el machismo atraviesa absolutamente todos los cerebros, impregna todas las redes neuronales, independientemente de los sexos, ya que el cerebro femenino y el masculino son iguales”.

Sobre su historia, Enrique Stola cuenta que tuvo la posibilidad de estar en una situación de subordinación en cuanto a clase social, por pertenecer de niño a una franja media baja, trabajadora. Hijo de padre obrero y de madre docente, se crió en un pequeño pueblo “que me ubicaba en un lugar donde podía ver cómo se daba la dominación política”. Dice que en su hogar trabajaban su mamá y su papá y que ambos hacían absolutamente todas las tareas. “Mi padre era un tornero mecánico, cocinaba, lavaba, limpiaba, al igual que mi madre, co-gestionaban el hogar”. Agrega que su situación personal le permitía experimentar las circunstancias en otras familias donde el hombre era atendido tal un rey, circunstancia que continúa observando en cualquier clase social y en todos los niveles educativos.

“Nada más parecido a un machista de derecha que un machista de izquierda”

En su diálogo con Marcha, Stola afirma que el punto de quiebre fue durante su militancia revolucionaria, en los años ´70, cuando una compañera, en la ciudad de Córdoba, le contó muy enojada que había ido a una heladería y un hombre le había dicho algo muy desagradable; ella le contó que le había pegado con su mano el helado mientras él estaba justo tomándolo para revolvérselo en la cara: “Esa actitud de esa compañera me impactó muchísimo y me hizo ver claramente lo que era la cuestión del acoso”.

Recuerda que se enroló en el feminismo sobre todo al comprobar que lo que eran las fuerzas revolucionarias, las fuerzas de izquierda y de centro izquierda, planteaban una lucha en la que las mujeres ponían el cuerpo al igual que los varones pero en cuanto a derechos “esto era para resolverlo cuando se transformara la sociedad”.

Mandatos y casamientos

En relación al casamiento, Stola recomienda no casarse nunca, en referencia a la institución -no a la conformación de pareja-, dado que considera que no fue creado para la libertad sino para el control de la sociedad, de la sexualidad y de las mujeres.

Según su mirada, tanto hombres como mujeres tienen que renunciar a mandatos, y pone el énfasis en que existe uno muy fuerte para las mujeres en cuanto a que se les pide ser comprensivas, algo así como educadoras permanentes; observa que existen mujeres que tienen parejas heterosexuales y que de alguna forma están llevando adelante ese mandato. “Yo creo que los hombres tienen que educarse solos y que es el No sostenido, el No empoderado, lo que modifica las relaciones”.

Hombres feministas

“Los hombres que se dicen feministas tienen que actuar coherentemente y ahí donde hay un grupo de mujeres feministas o un acto o cualquier situación que implique exposición, mandarse a guardar, pasar a segundo plano y callarse la boca, tienen que ser las mujeres las que coordinen, los hombres colaboramos”, afirma Stola en relación a hombres que tienen un discurso políticamente correcto, aceptable emocionalmente para el grupo, pero que utilizan los recursos valorizados y jerarquizados para dominar y ocupar el espacio.

Se refiere también a la marcha #NiUnaMenos y a su impacto para el colectivo masculino porque “ahí las mujeres aparecieron con sus dolores, con sus broncas, con sus alegrías, con el ejercicio de sus derechos e irrumpieron en el espacio público, que es un espacio público masculino”.

De acuerdo a la observación de Stola, muchos varones se dedicaron a tener discursos políticamente correctos durante las primeras 72 horas cercanas a la movilización, pero pasado ese tiempo, cesó el efecto: “En esas marchas en las que participaron grupos políticos identificándose como tales yo creo que hubo mucho macho suelto oportunista”.

Repartir poder

Stola define su posición como feminista a partir de mujeres feministas, y detalla que se considera en permanente aprendizaje. Cuenta que no trabaja en el tema de las nuevas masculinidades porque cuando los hombres reflexionan sobre lo bueno que es poder llorar o abrazar generalmente ya están en una actitud de cambio. Se manifiesta en cuanto al piropo como un instrumento del acoso en el espacio público que muestra que son los hombres los que van señalando qué mujer tiene que tener qué características que merezcan el aplauso de ellos o la reprobación.

En relación a la crítica sobre que sus expresiones dejan todo el peso de las transformaciones a las mujeres, Stola agrega: “si estamos dentro del sistema capitalista, los grandes capitalistas no entregan absolutamente nada salvo que quienes están sometidos por el capitalismo luchen para modificar la realidad. Esos capitalistas no van a hacer un curso sobre ética y cómo ser un buen capitalista”.

“Históricamente los hombres hemos cambiado porque las mujeres han dicho que No, los dominadores no entregan las cosas porque sí, los dominadores no permitieron que las mujeres voten porque sí, por su propia reflexión ética. Fue la lucha de las mujeres la que consiguió el ejercicio del voto para las mujeres. Así fue en todo el mundo. Los dominadores no renuncian a dominar, pero es la lucha de las mujeres en todos los planos lo que hace que tengan que modificarse y aceptar ir repartiendo recursos y poder”.

*Doctora en Ciencias de la Comunicación Social

Traducción al italiano de Anita Silviano

Una intervista al medico Enrique Stola che ci racconta la storia e il percorso di questo uomo femminista.

«I dominatori non rinunciano a dominare»

“Ho imparato a mettere in ordine la mia camera da letto nel mio piccolo, a cucinare, a fare la spesa, a essere autosufficiente, a non funzionare come un disabile, che aspetta che la donna perché tale, lo serva”.

Enrique Stola è medico, socio-psicodrammatista, psichiatra e si definisce femminista, «le pratiche sessiste, che sono pratiche quotidiane,mostrano la gerarchia maschile in relazione al femminile e agli altri corpi femminizzati che stanno cambiando in base alle modifiche socio-economiche-culturali e alle tecnologiche ma che non lasciano di essere efficaci perché l’asse è lo stesso da secoli: quello che sta cambiando è la modalità”.

Stola si rende conto che il dominio maschile è assolutamente in tutti i paesi e in tutto il mondo, poiché tutti i sistemi favoriscono la figura maschile e afferma che i dati delle Nazioni Unite rispetto al 99% delle proprietà sono in mano degli uomini e solo l’1% nelle mani delle donne, mostrano la disuguaglianza; afferma che si può dimostrare scientificamente, con criterio statistico, che le donne sono in posizione di svantaggio rispetto agli uomini in tutti i paesi del mondo.
Stola fa anche riferimento agli uomini femministi, che però ancora si muovono dentro i privilegi dati dalla società e che la differenza tra un uomo femminista e una donna femminista sono le lotte delle donne e le teoriche femministe attraverso le quali diversi di loro hanno aperto gli occhi, perché nel vedere la disuguaglianza di genere si pone un dilemma etico, un imperativo per la azione.
Per quanto riguarda l’atteggiamento delle stesse donne di fronte al femminismo, Stola cita Donna Haraway e il suo impianto dal punto di vista epistemologico, una conoscenza privilegiata in quelle persone o gruppi sociali che sono in una posizione subordinata e, che essendo dominate, possono vedere aspetti della realtà, che i dominatori non vedono; questo dà a esse la possibilità di creare pratiche o strategie che alzano il velo alla dominazione nella misura in cui lottano per la loro liberazione: “ Questo è ciò che fanno molte donne da secoli”.
In relazione alle donne che sono colonizzate dalla ideologia patriarcale, Stola si riferisce a Pierre Bourdieu, autore del libro “La dominazione maschile” e alle sue manifestazioni che fa sì che le persone dominate imparino a vedere la realtà con le categorie del dominatore. Questa è la ragione per cui “ molte donne sono colonizzate e difendono le posizioni machiste, perché il sessismo attraversa tutti i cervelli, permea tutte le reti neurali, indipendentemente dal sesso, perché il cervello maschile e quello femminile sono uguali”.
In riferimento alla sua storia, Enrique Stola, racconta che è stato anch’esso in una condizione di subordinazione, in termini di classe sociale, perché da bambino è appartenuto a una fascia medio bassa, lavoratrice. Padre operaio, madre insegnante, è cresciuto in una piccola città “ che mi ubicava in un luogo dove potevo vedere come agiva il dominio politico.” Stola racconta che in casa lavoravano sia mamma sia papà ed entrambi svolgevano tutti i compiti. . «Mio padre era un macchinista, cucinava, lavava, puliva, come mia madre, co-gestivano la casa.» Aggiunge che la sua esperienza personale gli ha permesso di sperimentare le circostanze in altre famiglie in cui l’uomo è trattato come un re, un fatto che continua a osservare, in ogni classe sociale e a tutti i livelli d’istruzione.

“Nulla di più somigliante a un machista di destra è un machista di sinistra”

Nel suo dialogo con Marcha, Stola dice che il punto di svolta è stato durante la sua militanza rivoluzionaria negli anni ’70, quando una compagna, nella città di Cordoba, gli raccontò arrabbiata che era andata in una gelateria e un uomo lo aveva detto qualcosa di molto sgradevole; lei lo aveva colpito con la mano con la quale teneva il gelato mentre le stava davanti, imbrattandogli il viso: “ Il comportamento di quella compagna mi colpì molto e mi fece vedere chiaramente il tema della molestia”.
Ricorda che aderì al femminismo, soprattutto, per vedere che erano le forze rivoluzionarie, le forze di sinistra e di centro sinistra, che impostavano una lotta in cui le donne ponevano il loro corpo, proprio come gli uomini, ma in quanto a diritti “ questi sarebbero stati riconosciuti quando la società si sarebbe trasformata”.

Mandati e matrimoni

In relazione al matrimonio, Stola raccomanda di non sposarsi, riferendosi all’istituzione – non alla configurazione di coppia – dato che afferma che esso non fu creato per la libertà ma per il controllo della società, della sessualità e delle donne.
Secondo il suo sguardo, sia uomini sia donne devono rinunciare mandati, e sottolinea che ce n’è uno molto forte per le donne che chiede alle donne di essere comprensive, qualcosa come delle educatrici permanenti […] “ Io penso che gli uomini debbano educarsi da se stessi e che sia il Non appoggio, il Non potenziamento, ciò che modifica le relazioni”.

Uomini femministi.

«Gli uomini che si definiscono femministe devono agire coerentemente e dove vi è un gruppo di donne femministe, un agire o qualsiasi situazione che implichi esposizione, stare a guardare, passare in secondo piano e tenere la bocca chiusa: sono le donne che coordinano, gli uomini devono collaborare”, dichiara Stola in relazione agli uomini che hanno un discorso politicamente corretto, accettabile emotivamente dal gruppo ma che utilizzano le risorse valorizzate e gerarchizzate per dominare e occupare lo spazio.
Si riferisce anche alla marcia ‪#‎NiUnaMenos‬ e il suo impatto per il collettivo maschile perché » qui, le donne partecipano con le loro sofferenze, le loro lotte, le loro gioie, con l’esercizio dei loro diritti e irrompono nello spazio pubblico, che è spazio maschile”.
Secondo l’osservazione di Stola, molti uomini si sono dedicati a tenere discorsi politicamente corretti durante le prime 72 ore vicino alla mobilitazione ma con il passare del tempo, l’effetto è cessato: “ In queste marce nelle quali hanno partecipato gruppi politici, che si identificano come tali, io penso che ci siano molti machisti opportunisti”.

Ripartire il potere.

Stola definisce la sua posizione come femminista da donne femministe e afferma che si considera in costante apprendimento. Afferma che non lavora al tema delle nuove mascolinità perché quando gli uomini riflettono su quanto sia ottimo piangere o abbracciare, generalmente sono già in cammino per il cambiamento. In riferimento al ‘complimento’ in strada lo considera come una molestia nello spazio pubblico che mostra che sono gli uomini che decidono quali caratteristiche debbano avere le donne per meritare il loro plauso o la loro riprovazione.
Per quanto riguarda la critica che le sue espressioni lascino tutto il peso delle trasformazioni alle donne, Stola dichiara: “ Se siamo dentro il sistema capitalista , i grandi capitalisti non consegnano assolutamente nulla, salvo che chi è sottomesso al capitalismo lotti per modificare la realtà. Questi capitalisti non fanno corsi di etica né di come si diventi buoni capitalisti”.
“Storicamente noi uomini siamo cambiati perché le donne hanno detto No […] I dominatori non rinunciano al dominio ma è la lotta delle donne a tutti i livelli che fa sì che si modifichino e accettino di ripartire risorse e potere.

Macho-oportunistas en el #NiUnaMenos 2016

Compartiendo con ustedes: en la marcha ‪#‎NiUnaMenos‬ 2016 realizada en Buenos Aires vi «mucho macho-oportunista». Lo cierto es que mi cuerpo estuvo tenso durante varias horas al observar, quizás desde el prejuicio o desde una mirada con experiencia, a muchos hombres a los que, en mi fantasía, les colocaba el cartel de «sospechosos». Salía de esa sensación a ver los rostros de tantas mujeres que estaban allí con firmeza, dolor, alegría y también al ver cuerpos masculinos que transmitían una genuina empatía con los reclamos. Recuerdo que en el 2015 muchas mujeres insultaban a Cristina Fernández. En este 2016 vi a muchas insultar a Mauricio Macri. La validez o no de introducir consignas que pueden crear según una mirada división y según otra mirada una inevitable denuncia, es un tema que deben resolver las mujeres. Sí me molesta cuando son los hombres los que impulsan los cánticos.
Sobre Avenida de Mayo había una pareja formada por un hombre y una mujer. Pasaban columnas de mujeres con consignas muy sentidas como, por ejemplo, «se va a acabar,se va a acabar, esa costumbre de matar»- En un momento un grupo de hombres y mujeres comienza a cantar «Macri, basura, vos sos la dictadura» y el hombre de la pareja dice «¡Por fin una consigna como la gente!… y se suma al coro. Este tipo era y es lo que califico de macho-oportunista.

Señoras abogadas y señores abogados

¿Tomarían ustedes un caso de Derecho Internacional sin tener formación en la materia?. ¿Se harían cargo un caso de impuestos ante el Gobierno Nacional sin ser especialistas en la temática?; ¿Defenderían a un cliente por una acusación penal sin tener un acabado conocimiento del Código que rige y de los instrumentos periciales adecuados para esos casos? Ustedes podrán poner más ejemplos sobre situaciones en las que no se involucrarían por no tener una sólida formación.

Si lo anterior es así, pueden decirme ¿porqué diablos –estoy usando un término débil- toman como clientas a mujeres que son víctimas de violencia machista si ustedes no tiene idea de qué es la violencia de género ni el abuso sexual contra niños y niñas?

Ustedes desconocen cómo opera la institución judicial en términos patriarcales y no saben cuestiones básicas acerca de la dominación masculina. No pueden detectar- porque se identifican y tienen los mismos códigos– las conductas machistas de fiscales, jueces y juezas. Se involucran desconociendo la complejidades de los abusos sexuales contra niños y niñas y como el abuso es usado también para agredir-castigar a las madres. No tienen la más pálida idea de cómo opera la violencia institucional y la sospecha sobre la palabra y la conducta de las mujeres porque ustedes también sospechan sobre ellas.

Se podría hacer un gran listado de todo lo que desconocen y el sufrimiento que ustedes producen en las víctimas-clientas cuando como abogados y abogadas negocian con la parte agresora tratando de quedar bien con jueces y juezas entregando para ello la dignidad, el tiempo y los hijos e hijas de quienes ingenuamente los contrataron.

Realmente son ustedes malas personas, tan malas como esos macho-abogados y macho-abogadas que defienden a los macho-violentos o macho-abusadores y cuya estrategia es tratar de destruir a las mujeres, niñas y niños.

¡Felicitaciones mujeres feministas!

‪#‎NiUnaMenos‬ Felicitaciones y el máximo reconocimiento a las mujeres feministas que desde hace muchos años vienen haciendo visible la sociedad patriarcal y la dominación masculina, denunciando y luchando por los derechos de las mujeres contra las violencias simbólica, psicológica, física, sexual, económica, obstétrica, etc., que producen sometimiento, dolor y muerte a las mujeres, niñas, niños y cuerpos feminizados; felicitaciones a las periodistas, artistas y activistas que decidieron lanzar una nueva convocatoria de la marcha contra la violencia de género y los femicidios. ‪#‎VivasLasQueremos‬

#NiUnaMenos 03.06.2015 y 03.06.2016

Varón y feminista

Publicado en Haroldo, revista del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Buenos Aires, 2 de junio de 2016. http://revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=143

La mirada de un hombre sobre la sociedad patriarcal

Por Enrique Stola
Fotos Leticia Pogoriles
02 de junio del 2016

El autor de esta nota es psiquiatra y un profundo observador de las relaciones sociales. Convencido del dominio masculino, desgrana prejuicios y afila la punta del lápiz para mostrar cómo se mueven mujeres y hombres para facilitar y sostener ese poder real y simbólico, que modela nuestros cerebros y cuerpos. Para lograr el #niunamenos, hay que ejercer una acción de resistencia y de activa construcción de redes democráticas, escribe.
—————–
La escena transcurre en un taller organizado por una institución estatal provincial en donde hay funcionarios y funcionarias de distintos organismos. Con palabras lo más claras posibles y escenas psicodramáticas vemos las diferentes violencias contra las mujeres, resaltando la violencia simbólica como la matriz que facilita las demás violencias. Analizamos el entrecruzamiento patriarcados-capital-género-sexualidad-raza-etnia-clase- y también algunas de las instituciones que son encargadas de sostener y recrear en el imaginario social la dominación masculina.

Las primeras reacciones y fuertes intervenciones se dan a partir de temas como interrupción del embarazo y tareas hogareñas. En el tema del aborto es sintomático que en general sean los hombres los primeros que hablan, especialmente cuando están en contra de la legalización y despenalización. Es como si nos dijeran “no se metan con los cuerpos femeninos pues nos pertenecen. Van a parir o no de acuerdo a nuestros deseos”.

En cuanto a las tareas hogareñas, suelen ser mujeres las primeras en hacer comentarios y generalmente del tipo “ahora es diferente, nos ayudan” o contando anécdotas de cómo cuando ellas les dan indicaciones a sus parejas masculinas, muchos de los cuales se comportan como discapacitados hogareños, ellos cumplen llenándolas de satisfacción. No se hace visible en sus dichos la sobrecarga de trabajo que las mujeres tienen.

«Las señoritas aprenden a no ser expansivas en sus movimientos ni en los metros cuadrados en los que se mueven (para eso están los varones), las piernas deben estar cerradas, especialmente en el espacio público masculino en donde los hombres lo ocupan con las piernas abiertas como si sus testículos fueran de cristal».
Es frecuente el comentario “las mujeres, cuando son…, lo son más que los hombres”. Este tipo de afirmaciones aparece ligado a términos como machistas, competitivas, envidiosas, violentas, rencorosas, manipuladoras, etc. Ejemplo: “Cuando las mujeres son machistas, con más machistas que los hombres”. Por el contrario, si a la palabra usada le dan un connotación positiva “las mujeres son más afectivas…” se transforma en la justificación de un mandato “…por eso se encargan de crear el clima de hogar”

Siempre en estos talleres hay individuos o grupos que se resisten a cualquier intervención que cuestione la dominación masculina, así que les doy una recomendación que ahora comparto con ustedes:

Si tienen hijas pequeñas y quieren aumentar las posibilidades de que en el futuro sus hijas sean mujeres sometidas o maltratadas y quizás hasta asesinadas, solo deben cumplir con dos consignas:

a) desde muy pequeñas vayan haciéndolas jugar con todos los juguetes de color rosa que se consiguen en cualquier comercio. Es muy importante esto pues son los juguetes de “servicio a los hombres y a la futura familia-heterosexualmente designada”. Gracias a ellos estas niñas realizarán un entrenamiento intensivo, diario, repetido que las capacitará en lo que nuestra cultura supone es fundamental en las mujeres: servir, comprender, entender, educar, amar y volver a servir.

Todo lo anterior debe ir acompañado de:

b) palabras que deben ser repetidas infinita cantidad de veces por lo menos hasta bien entrada la adolescencia: “tenes que comportarte como una señorita”; a veces ustedes le explicarán cómo es comportarse así y la mayoría de las veces será el contexto cultural y la violencia simbólica la que le dará significado a esa frase, o en otras ocaciones serán docentes en la escuela primaria quienes les prohibirán correr “como machonas”, “jugar al futbol” o, si son adolescentes, «ponerse calzas».

Las señoritas aprenden a que tienen que ser suaves y educadas en sus movimientos y sus fantasías serán con el encuentro de la “media naranja”, “el príncipe azul” o “el alma gemela”, porque el amor romántico existe para hacerlas felices. Aprenden a ser seductoras a la mirada masculina. Imaginarán casamiento religioso o por lo menos fiestas en donde se celebre casi maníacamente la creación de una nueva familia hetero-patriarcal. No serán expansivas en sus movimientos ni en los metros cuadrados en los que se muevan (para eso están los varones), las piernas deberán estar cerradas, especialmente en el espacio público masculino en donde los hombres lo ocupan con las piernas abiertas como si sus testículos fueran de cristal.

 
El caballero

Una escena esperando el ascensor en un gimnasio. El primero de la fila es un hombre de aproximadamente 65 años. Luego lo seguimos otros dos del mismo sexo. Llega una joven mujer justo en el momento en que se abre la puerta del ascensor ubicándose al final de la fila. Entonces el primer hombre, acompañando su palabra con un gesto de invitación y orden, le dice a la “dama” que pase primero y luego, sin dirigirnos ni una mirada, la sigue.

Nunca nos consultó si estábamos de acuerdo en alterar el orden de la fila ni tuvo la misma “amabilidad” de dejarnos pasar. Estos gestos cotidianos se repiten por millones a cada instante en amplios sectores sociales del llamado occidente (Europa-EEUU) y se instaló como “el modelo» de sociedad evolucionada.

Continúo con la escena: la amabilidad, el cuidado de los otros y otras, el generar espacios placenteros de distensión, comunicación y encuentro no se encuadra en una categoría de género ni es atributo de ningún sexo. Cualquier persona, cualquier ser humano puede generar esas situaciones de acuerdo a sus pautas socio-culturales.

Los caballeros, desde hace muchos siglos en occidente y sus dominios, son los que marcan el lugar social de las damas y las putas. Cuando una mujer dice sobre su pareja “le exigí que me trate como a una dama” está ratificando ese poder conferido y construido por ellos, por los hombres en su conjunto, dejando en claro que el poder masculino puede tratar a “las otras mujeres” como cuerpos femeninos y cuerpos feminizados no merecedores del buen trato y cuidado.
Lo que el feminismo nos ha mostrado es que en nuestros espacios esos gestos pasan a tener jerarquía y son expresión de poder, y así, si son realizados por un hombre, éste será inmediatamente calificado como “un caballero que sabe tratar a las damas” y si es realizado por una mujer se lo verá como un acto propio de “su esencia” porque “nadie mejor que ellas para cuidar, servir, crear un buen clima donde los hombres se sientan bien”.

Es claro para mi que el hombre del gimnasio se siente un caballero. Si fuera solo una persona cuidadosa y atenta con las y los demás seguramente nos hubiera tenido en cuenta a todxs, sin distinción de sexos.

Pero en nuestra patriarcal y machista sociedad un caballero debe mostrar que lo es en cada acto de su vida: varón, heterosexual y con poder. ¿Hubiera tenido la misma conducta si la cuarta persona en la cola era una mujer trans o travesti? Los caballeros, desde hace muchos siglos en occidente y sus dominios, son los que marcan el lugar social de las damas y las putas. Cuando una mujer dice sobre su pareja “le exigí que me trate como a una dama” está ratificando ese poder conferido y construido por ellos, por los hombres en su conjunto, dejando en claro que el poder masculino puede tratar a “las otras mujeres” como cuerpos femeninos y cuerpos feminizados no merecedores del buen trato y cuidado.

En general los caballeros me repugnan y he luchado toda mi vida para no serlo. Hacen muy bien las mujeres en desconfiar de ellos. Todo hombre que se ufane de que “sabe tratar a las damas” está diciendo que puede tratar de una forma u otra a las mujeres por el hecho de ser mujeres y eso es siempre peligroso.

Un prejuicio que me gusta sostener: todo caballero es sospechoso, hasta que demuestre lo contrario, de poder ejercer violencia de género extrema.

 
El espacio público es masculino

Durante las primeras 72 horas posteriores a la marcha del #niunamenos del 3 de junio de 2015, gran parte de los varones periodistas, columnistas y conductores de medios de comunicación sostuvieron un discurso políticamente correcto, con afirmaciones en general sinceras sobre sus deseos de un basta al asesinato de mujeres.

Pero en los días que siguieron comenzaron a aparecer fuertemente sus propios intereses como hombres-blancos-heterosexuales-machistas-controladores-del-espacio-público. Y en ese posicionamiento no hubo diferencias ideológicas: expresaban lo mismo cualquiera fuera su adhesión política.

La famosa grieta política de la sociedad argentina desapareció por algunas horas pues una consigna común, nunca explicitada pero claramente presente los había unido: «no las queremos muertas, solo dominadas».

Recuerdo que por la noche, en un programa de debate, se estaba hablando de los asesinatos y el conductor saca el tema de los “piropos” expresando su alarma ante las reacciones de muchas mujeres. Una mujer diputada tomó su rol docente y le explicó en sencillas palabras la diferencia entre acoso callejero y las palabras agradables que pueden decirse cuando existe un vínculo previo que autoriza a su expresión. No entendieron. Dos panelistas varones que siempre se enfrentan coincidieron en que “cuando uno le dice algo agradable a una mujer no tiene porque ofenderse” ¡sentencia masculina!

Al otro día, muy temprano, me sorprende escuchar hablar sobre el piropo a un famoso periodista de la derecha argentina en cuyo programa se expresan diariamente una catarata de afirmaciones y chistes misóginos, y en donde el tema de violencia extrema sobre las mujeres no tiene casi lugar.El periodista alerta como sus colegas ante los extremismos (hablaba de las mujeres) y se pronuncia contra los asesinatos. Paso a escuchar en una FM a otro periodista de centro-izquierda-progre el que también llamó a la reflexión sobre los piropos porque, en su opinión, se estaba produciendo un deslizamiento peligroso y “nadie iba a poder decir nada”. Léase: las mujeres se están bandeando y no vamos a poder decirles nada.

Todo lo anterior siempre fue acompañado en muchos programas por los comentarios de alguna mujer que, a modo de coro o de eco de la palabra masculina, expresaba con tono de gran valentía “a mi me encanta cuando me dicen cosas por la calle”, sin hacer mención que cualquier experiencia individual no puede generalizarse ya que las denuncias y las estadísticas muestran que el acoso masculino en el espacio público existe.

La sociedad patriarcal ha generado una idea de lo que debe ser la belleza femenina. Los machistas, como si fueran una policía de la estética blanca, se encargan de recrear y sostener estos modelos hétero/machistas/patriarcales. El piropo es un instrumento de control que se expresa con la palabra, acompañado de gestos y miradas que muestran la aprobación, aceptación o el rechazo.
El espacio público es masculino y su demostración sencilla. Escena 1: Es de noche. En una silenciosa calle camina una mujer que ve venir a cuatro hombres. Su cuerpo inevitablemente se tensará, aumentará su frecuencia cardíaca y respiratoria, estará alerta y con algo de temor o un claro miedo.

Escena 2: En la misma calle y hora. Pero el que camina es un hombre y ve venir a cuatro mujeres. Nada pasa en su cuerpo, no hay temor. Los hombres, cuando estamos solos o acompañados, no tenemos miedo a la presencia de mujeres en las calles, pero sí podemos sentir miedo cuando encontramos otros hombres y nos vemos en situación de inferioridad numérica.

El espacio público es masculino y los periodistas arriba señalados se preocupaban por el piropo, que es el instrumento que los machos-hétero usan de señalamiento y control sobre los cuerpos femeninos y feminizados, sobre sus vestimentas, movimientos corporales y espaciales.

La sociedad patriarcal ha generado una idea de lo que debe ser la belleza femenina. Los machistas, como si fueran una policía de la estética blanca, se encargan de recrear y sostener estos modelos hétero/machistas/patriarcales. El piropo es un instrumento de control que se expresa con la palabra, acompañado de gestos y miradas que muestran la aprobación, aceptación o el rechazo y la consecuente denigración de cualquier mujer que esté caminando por el espacio público masculino. Me di cuenta al escucharlos que estos varones con onda “mirá-como-soy-de-hétero” estaban fuertemente impactados ante la movilización femenina, sentían que habían perdido algo y fue seguramente el sentimiento de impunidad en el espacio público.

“Poder es impunidad”, definió un mafioso. Ya no iban a poder ser jurados-caballeros sueltos caminando impunemente por sus calles, con onda de machos inteligentes que saben qué cosas hay que decirle a las mujeres. ¡Se les acabó! ya se les instaló la duda, en cualquier momento luego de imponer su “halago-piropo-agresión-acoso” a una mujer con la que no tienen ninguna relación les puede venir una respuesta, suave o violenta, que puede dejarlos en ridículo. Y quedar en ridículo por una mujer es algo que los machos no soportan.

Seguirán apareciendo en estos programas de radio y televisión los hombres/machistas/héteros que con cara de Protágoras dirán “Yo considero que un piropo es un halago y la mujer no se tiene que ofender”.

Reitero, el espacio público es masculino y ellos consideran que las mujeres observadas/señaladas/evaluadas desde sus miradas solo tienen que agradecer que un hombre como ellos las observe, juzgue, las elija y las invada con sus palabras.

La irrupción masiva de mujeres en las calles siempre altera, en cualquier país, a una multitud de hombres machistas y aparecen aquellos que dicen “¿y a nosotros quien nos defiende?” como si no existiera un poderoso sistema capitalista/cultural/patriarcal/machista/racista que privilegia en todos los planos la dominación y jerarquización masculina.

Y a estos se les suman los que hablan de “violencia de género al revés” mostrando su nivel de ignorancia en el campo de las ciencias sociales y en los estudios de género. También los que enfáticamente dicen “hay mujeres violentas” ¡chocolate por la noticia!, como si la agresión y la violencia no fuera un elemento constitutivo del ser humano independiente del sexo/género/sexualidad/raza/clase.

Lo que estos imbéciles machistas no aceptan es que no existen ni existieron históricos sistemas socio-económicos-culturales que privilegien y sostengan el género y poder femenino y que -como contrapartida necesaria a su constitución- produzcan la subordinación del género masculino.

Muchas marchas más serán necesarias contra la violencia de género extrema. Las estructuras de dominación patriarcal que modela nuestros cerebros y cuerpos requiere una acción sostenida de resistencia y de activa construcción de redes democráticas, igualitarias en todos los planos, afectivas y socialmente contenedoras. #NiUnaMenos y #VivasNosQueremos son un llamado al sostenimiento de la vida, del afecto y del encuentro.

*Psquiatra. Feminista.

El misógino de Lacan siempre atrasó teorizando sobre mujeres…

Y eso es mucho más notable cuando se le quiere “hacer hablar” a Lacan en el siglo XXI sobre las mujeres, sus relaciones con los boludos de Argentina y analizar la película “Me casé con un boludo”

Un artículo del psicoanalista Sergio Zabalza en Clarín del sábado 9 de abril de 2016  transita los acostumbrados estereotipos machistas de muchxs colegas. El texto completo está al final de esta opinión.

Dice Zabalza Es probable que no sucedería lo mismo si aplicásemos una simétrica reciprocidad de género. En efecto: “Me casé con una boluda” no parece despertar mucho entusiasmo. Muchos opinan que para tal afán en todo caso los prejuicios sociales sugerirían el título: “Me casé con una loca”. Pero como “las minas están todas locas” es una frase por demás repetida, incluso por algunas mujeres, tal marquesina no sorprendería a nadie”

Para quienes somos feministas o por lo menos conocemos los estudios de las ciencias sociales sobre género, no nos es posible “aplicar” una simétrica reciprocidad de género sin ocultar la asimetría estructural existente entre el género masculino, el femenino y los otros cuerpos feminizados (estos últimos no encuadrables en el estrecho margen del concepto género). Usar el “las minas están todas locas” no sorprendería porque es la descalificación común de nuestra sociedad patriarcal y el machismo cotidiano, por lo tanto tampoco habla de simetría. El que muchas mujeres lo repitan solo muestra lo que Bourdieu ya explicó en su libro “La dominación masculina”: cómo las personas dominadas aprenden a ver la realidad con las categorías del dominador.

Sin duda, y coincido con Zabalza, el título de la película atrae, pero por diferentes motivos a los que él señala.

Los “machos”, al ejercer el poder patriarcal-socio-económico-cultural-heteronormativo, son inevitablemente el objeto de crítica, ya sea por la forma autoritaria con la que ejercen el poder o por la desnuda mediocridad de sus pensamientos y acciones. Ningún hombre igualitario, afectivo, democrático y solidario va a ser tachado de boludo. Ninguna mujer va a descalificar una relación de igualdad. No hay boludez ni ignorancia en el campo de las dominadas ni tampoco existe la “boludez de la histérica” que, como erróneamente afirma Lacan “no sabe nada del hombre”. Las mujeres saben muchísimo de los hombres, soportan y cada vez más enfrentan sus acosos en el espacio público que es masculino y también la violencia física y psicológica en sus hogares; las mujeres crecen a pesar de la violencia simbólica, sostienen solas hogares con ex-parejas que no tributan pero perjudican mucho; estudian y trabajan para no tener dependencia de los hombres como lo propone nuestra patriarcal cultura.

Las mujeres que logran, con mucho esfuerzo ser independientes en lo económico y en lo emocional, en el manejo de su tiempo, en el desarrollo de sus intereses, en la crianza de sus hijos, en sus orgasmos, pueden mirar a los ojos de una amiga o amigo y decir con una sonrisa o con mucho enojo “¿sabés una cosa? ¡me case con un boludo!”

La boludez, como atributo, es patrimonio masculino.

http://www.clarin.com/opinion/Lacan-ultima-pelicula-Adrian-Suar_0_1555044941.html

¿Qué diría Lacan de la última película de Adrián Suar?

Tribuna

Sergio Zabalza

Se está proyectando con gran éxito una película nacional -con Adrián Suar y Valeria Bertuccelli- cuyo título genera una llamativa atracción: “Me casé con un boludo”. Es probable que no sucedería lo mismo si aplicásemos una simétrica reciprocidad de género. En efecto: “Me casé con una boluda” no parece despertar mucho entusiasmo. Muchos opinan que para tal afán en todo caso los prejuicios sociales sugerirían el título: “Me casé con una loca”. Pero como “las minas están todas locas” es una frase por demás repetida, incluso por algunas mujeres, tal marquesina no sorprendería a nadie.

Entonces, ¿por qué la atracción de ese título que baja del pedestal al semblante masculino? Por empezar, que las mujeres se quejan de los hombres no es novedad alguna: que no escuchan; que sólo piensan en dos o tres cosas, cuando no en una sola; que no se hacen cargo de nada … De hecho, basta prestar atención al diálogo entre dos o más señoras para corroborar que sea por pusilanimidad, egocentrismo, distancia en el trato con los hijos, o incapacidad para ganar dinero, los hombres son blanco casi obligado para el mote de boludo. Lo llamativo en este caso entonces es que la frase del título, si bien nada desconocida, eleva a nivel abierto y público un juicio que por lo general se reserva para el diálogo entre mujeres: legaliza una opinión de la cual todos están al tanto pero cuya enunciación no encontraba la oportunidad de pasar al uso generalizado en el discurso.

Ahora bien, hay un aspecto un tanto soslayado en la boludez que atañe a los hombres, a saber: el hombre enamorado es un poco boludo. Para acceder al amor por una mujer el hombre renuncia a la impostura masculina, dice Lacan. Y es así: el langa se hace el langa, el piola o el canchero hasta que aparece ésa que le hirió el corazón. Se trata de una renuncia al narcisismo a la que la llegada del amor invita por obra y gracia de la contingencia.

Es aquí donde puede aparecer la boludez de ellas, muy poco comentada por cierto, a saber: no estar dispuestas a aceptar que el príncipe azul comete errores, torpezas y se muestra inseguro porque algo de ella le tocó el corazón. Podría tratarse de la “boludez de la histérica” que –tal como bien dice Lacan- no sabe nada del hombre.

Sergio Zabalza es psicoanalista

 

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