Enrique Stola: Feminismos, DD. HH., Igualdad como principio de la acción y Libertad

Profundo malestar ante toda situación de dominio capitalista-socio-cultural-moderno/colonial, la dominación masculina y las trampas de la cultura patriarcal-machista-racista.

Categoría: Violencia de Género.

¡Los hombres NO sufren violencia de género!

Cualquier situación de violencia que querramos resolver implica caracterizar adecuadamente a la misma. Afirmar que “toda violencia es igual” o la moralina de “toda violencia es mala” es no tener un correcto diagnóstico y conocimiento de qué tipo de violencia nos ocupa, lo que va a impedir la elaboración de certeras estrategias para resolverlas.

No es lo mismo trabajar para evitar la violencia institucional en una cárcel que tomar medidas para erradicar la violencia obstétrica, o idear un plan para eliminar la violencia en los eventos deportivos, el bullying, o la violencia contra las mujeres o hacia el colectivo LGTBII

Es muy claro que las organizaciones machistas-masculinistas con sus consignas de adhesión a la dominación masculina quieren instalar la creencia de que los hombres también sufren violencia de género:

Es frecuente la pregunta ¿Hay hombres que sufren violencia por parte de mujeres? La respuesta es Si. ¿Hay mujeres violentas? Si. ¿Y que tiene de raro o cuál es la noticia de que haya mujeres violentas? Ninguna. Reconocerlo es romper estereotipos macho-sexistas que nos dicen que una mujer debe ser “delicada, comprensiva, no violenta, no agresiva, sensible” y algunas idioteces más.

Al pertenecer las mujeres al género humano tienen todos los atributos del llamado ser humano, por lo que mujeres, hombres y otras identidades pueden ejercer la misma intensidad de violencia, pero NO ejercer ni sufrir las mismas violencias.

¿Puede un hombre sufrir violencia obstétrica? No. ¿Puede un hombre sufrir violencia política por ser hombre? No. Y así con otras violencias. Pero siendo las mujeres pertenecientes al mismo género humano, hay un conjunto de variables que ellas no poseen por el solo hecho de ser mujeres.

Lo que no tienen las mujeres en ninguna parte del mundo es un sistema socio-económico-cultural que privilegie la figura femenina por sobre la masculina. Ellas carecen de una estructura mundial desde la cual gerenciar todos los poderes y riquezas por propio derecho. Tampoco poseen el poder de imponer una visión femenina y organización del mundo, designar el lugar que deben ocupar los hombres, sentirse sus dueñas y contar con una organización del tiempo y espacio que privilegie sus intereses. Más aún, no pueden disponer del cuerpo de los hombres, violarlos masivamente, dictaminar cómo deben ir vestidos, las limitaciones que los machos tendrían en el espacio público femenino y tampoco poseen una justicia con “valores universales” que las beneficien. Por eso cuando una mujer ejerce violencia contra un hombre solo se usa la categoría que prescribe el código penal pues no hay contexto socio-económico-cultural que de apoyo y sostén a la violencia femenina.

En nuestro mundo solo existen sociedades patriarcales con ejercicio de la dominación masculina en donde las mujeres están en una posición de subordinación respecto a los varones y, por lo tanto, desde el sistema simbólico patriarcal las violencias machistas simbólica, psicológica, física, económica, etc., ejercida contra ellas tienen aval social: eso es la violencia de género, eso es la violencia machista al servicio de disciplinar a las mujeres y mantenerlas en situación de subordinación.

La narrativa que el sistema simbólico patriarcal y el pensamiento hegemónico androcéntrico han impuesto hasta el momento es establecer una analogía entre violencia de género (VG) y violencia de género extrema (VGE), siendo que ésta última es sólo un instrumento de la primera. Esa maniobra patriarcal oculta las otras violencias contra las mujeres y fundamentalmente hace muy difícil detectar los indicadores de la violencia simbólica que es el más eficaz de los instrumentos de la dominación masculina.

Machos, mujeres y otras personas colonizadas por el machismo, ya es hora de que acepten lo que los feminismos hicieron evidente: desde su nacimiento las mujeres son las que sufren Violencia de Género y millones de ellas no llegan a la vejez por el solo hecho de ser mujeres.

¡Que difícil es separarse de un hombre violento!

La mayoría de las personas que hemos vivido el deseo o la experiencia de separarnos de alguien, podemos recordar las idas y vueltas en la decisión de hacerlo, las culpas, la angustia por la ruptura del vínculo y por todas las variables que teníamos que tener en cuenta: presencia o no de hijas e hijos, lugar donde vivir, reacción de nuestra red afectiva y social, impacto económico, evaluación del afecto, sexualidad, etc.

Lo anterior se complejiza cuando en la pareja heterosexual la mujer sufre violencia de género extrema. La sociedad es rápida en juzgar negativamente a la mujer que siendo victima de violencia de género extrema no pone distancia del macho-golpeador. Para entender esta realidad hay que conocer los estudios de género feministas los que, aunque son descalificados ponen muy nerviosos a los líderes religiosos y al Polo Dominante Machista (PDM) en general.

Las sociedades humanas son patriarcales con dominación masculina donde ellos gestionan los poderes existentes.

Las mujeres y LGTBII están en una posición de asimetría y subordinación en relación a los macho-dominantes. Como dice Almudena Hernando, el orden patriarcal se fue construyendo en base a la disociación razón-emoción dando diferentes modos de construir la identidad y subjetividad según sea hombre o mujer. Así éstas han sido especializadas como sostenedoras afectivas de los hombres, la diferencia se ha jerarquizado y la dominación masculina ha puesto los cuerpos femeninos al servicio de los deseos del dominador.

La violencia simbólica es la que ordena la realidad de nuestro mundo de acuerdo a la visión masculina y es la primer violencia que sufren las mujeres en su socialización.

Las mujeres que sufren violencia de género extrema, ya sea psicológica, física, económica, sexual, etc., que desean, necesitan y deben separarse, padecen de agravantes que dificultan las adecuadas tomas de decisiones. En general sufren un desgaste psico-físico de meses y años. El ataque persistente del macho-violento con la existencia intercalada de momentos de paz que refuerzan los miedos, la baja en la autoestima y dudas en el propio criterio de realidad, van agotando los mecanismos de alerta y configurando un cuadro de Estrés Postraumático Crónico (EPC) que tiene serias consecuencias en la salud física y mental. Muchas veces el EPC se asocia Depresión. Las mujeres sienten que todo el poder lo tiene su dominador, que ellas como personas no tienen ningún valor, muchas están anestesiadas afectivamente, con la idea de “por mi no me importa, que me haga lo que quiera, solo quiero que mis hijos puedan estar bien”, otras le pedirán al golpeador “solo te pido que no me pegues en la cabeza” o ”no me pegues delante de los chicos” o “cuando me mates no lo hagas con…”, o relatan “cada vez que llego de trabajar a mi casa estoy entregada, si quiere puede matarme, no me importa” o “mi familia ya se cansó de mi, ya no me creen que es cierto que me quiero separar, que esto no va, pero no puedo”. Inducidas al suicidio, llegan a concretarlo creyendo que es lo mejor para sus hijos e hijas.

Las mujeres tienen miedo, una profunda soledad e impotencia, una ilusoria luz de esperanza en que el dominante puede cambiar –cosa que nunca va a suceder- y se sienten totalmente culpables de la violencia que padecen sufriéndola con mucha vergüenza.

El Estrés Postraumático Crónico, la desesperanza, la dependencia psíquica y/o económica les impide tomar decisiones rápidas y sostenidas en el tiempo. No las condenemos por su sufrimiento

La mayoría de ellas no tiene contención económica, afectiva, social ni legal.

Las mujeres asesinadas y suicidadas parecerían ser los cuerpos que el Polo Dominante Masculino sacrifica para enseñarle a la mitad de la sociedad, o sea a las mujeres y colectivo LGTBII, que los machos no renuncian a la dominación y que la igualdad no es posible. Pero todas y todos sabemos que las estrategias y acciones liberadoras del movimiento de mujeres son imparables.

Publicado por la agencia TELAM 11.11.2016 

http://www.telam.com.ar/notas/201611/170073-que-dificil-es-separarse-de-un-hombre-violento.html

Niñas y niños víctimas-testigos de la violencia de género.

Niños y niñas son víctimas de violencia del progenitor o padrastro y testigos de la violencia contra la madre. Generalmente están presentes cuando la madre es sometida a agresiones verbales o violencia física por parte de su pareja.

Ya sea que exista violencia dirigida a esos pequeños cuerpos, o presencien la agresión verbal y la violencia física contra su mamá, la escuchen en su dolor e imaginen si se están en otra habitación, se producirá inevitablemente tensión corporal en los niños. Es un estado de alerta que expresa la puesta en acción de los mecanismos normales del estrés. Si las escenas se repiten se va constituyendo un estrés postraumático, primero agudo y luego crónico.

Niñas y niños sienten un profundo dolor cuando su madre es atacada. La angustia los inunda junto con la sensación de soledad y desamparo pues el hombre que dice quererlos ataca al ser que aman y a la vez son abandonados afectivamente por él. Nadie los contiene en esos momentos. El macho-violento se mueve en el espacio pisando la alegría y la vida, inyectando terror y soledad.

Reitero: aunque la violencia no vaya dirigida a niños y niñas, estos no saben lo que puede suceder, cuales son los límites y a la vez temen que esa terrible energía que sostiene los gritos, amenazas, insultos y golpes se desencadene sobre sus cuerpos.

¿Los hombres violentos que agreden a las madres aman a sus hijos e hijas? NO: los macho-golpeadores no aman incondicionalmente a sus hijxs. No saben de qué se trata el amor incondicional y por lo tanto jamás pueden sentir-vivirlo. Sin embargo, religiones, juezas, jueces y funcionariado judicial sostienen el prejuicio machista que dice que un macho-progenitor «siempre es un padre que quiere lo mejor para sus hijxs» En el plano judicial estos hombres seguirán tratando de someter a su ex pareja, hijos e hijas con la complicidad de abogadxs y funcionarixs judiciales. Estxs dejan de lado los Derechos del Niño cuando sólo los califican de “testigos de violencia” como si lo fueran de un choque  entre autos. Borran de un plumazo el historial de sufrimiento que tienen los niños y niñas y los obligan a revinculaciones forzadas con el macho-progenitor-violento. Quizás sea ésta la pedagogía que el Estado aplica para que niños y niñas aprehendan lo que es vivir en una sociedad patriarcal y machista.

Suicidio de macho-violentos

Desde hace siglos el movimiento de mujeres está llevando adelante un proceso de liberación que va cobrando en los últimos años velocidad y mayor eficacia. El polo dominante masculino, aunque comienza a desestructurarse, reacciona en forma casi coordinada a partir de sus privilegios y los conocimientos que les dan sus experiencias en el ejercicio del poder socio-económico-cultural. Lo hacen con discursos adecuados al momento diciendo “NiUnaMenos” y es claro que la mayoría de los hombres no las quieren muertas pero sí dominadas. Para mantener esto último, intelectuales de todos los colores políticos e ideológicos escriben sobre las violencias tratando de desdibujar la identificación específica de lo que es la violencia de género o machista y los líderes religiosos avanzan calificando de “ideología de género” a los conocimientos que han permitido a las mujeres identificar el porqué de su posición de subordinación. Mientras tanto, la mayoría del colectivo Psi integrado por profesionales de la psicología, psiquiatría, psicoanálisis y otras corrientes tratan de patologizar cada femicidio y con ello ocultar la dominación social masculina que les da sentido. En paralelo los creativos de la publicidad y las empresas “que le hacen bien al país” generan contenidos que estimulan a las mujeres a mantenerse en los roles estereotipados que el capitalismo neoliberal-sexista-racista necesita mientras periodistas conservadores y “progres” tratan de ser políticamente correctos en los debates y a la vez limitar la discusión de cada femicidio como un hecho “aislado y lamentable” y todavía siguen usando el tan famoso “crimen pasional” para describir la agresión machista. Porque a la violencia de los machos, y esa parece ser la consigna, hay que limitarla en su tratamiento solo a la violencia de género extrema (VGE) mientras las demás violencias masculinas y especialmente la SIMBÓLICA no entran en discusión.

Y así en cada pueblo los intendentes y dirigentes de los clubes luchan para mantener los “concursos de belleza” y aunque estén violando derechos de las mujeres, adolescentes y niñas para reforzar estereotipos, lo hacen ocultando sus miradas-pensamientos machistas detrás de argumentos imbéciles como “es nuestra cultura o siempre lo hicimos”.

En cada hogar donde hay VIOLENCIA DE GENERO EXTREMA la mujer, niños y niñas están siendo sometidas, torturadas y la agresión que reciben es cotidianamente legitimada por una sociedad que avala la dominación masculina. Y los hombres con menos autocontrol ejercen más violencia llegando al femicidio. Todo macho que amenaza de muerte puede llegar a asesinar y todo asesino puede llegar a suicidarse.

Una pregunta muy frecuente: ¿porqué se suicidan luego de asesinar a la pareja o ex pareja y muchas veces a hijos e hijas?

En este marco socio-económico-cultural donde el ser macho tiene entrenamiento y legitimación social, cada varón-dominante que se reconoce como dueño y señor de una mujer siente que ese vínculo le otorga un lugar en el mundo masculino, le permite reconocerse a si mismo como macho que cumple la expectativa social de tener mujer y familia y a la vez su red social da validez a su comportamiento. Su violencia es siempre autojustificable y si alguno tiene dudas ahí están las propagandas y el discurso hegemónico en el imaginario social que muestran claramente para qué sirven las mujeres. Pero las mujeres hace tiempo vienen de alguna forma diciendo-haciendo NO a esa dominación que da sentido a la vida de tantos hombres. Llega un momento en el que ellas deciden separarse o ellos lo perciben así, es entonces cuando el femicidio se consuma seguido inmediatamente del suicidio porque para el macho-dominante pierde sentido la vida,

Son muchos los hombres que asesinan a mujeres, a hijos e hijas y luego se suicidan. No lo hacen por temor a la cárcel ni por miedo a una condena social. Ellos han estado legitimados en su conducta desde siempre ¿qué miedo van a tener?. Lo que les preocupa y angustia es la pérdida de sentido de sus vidas al no poder ejercer la dominación sobre esa mujer-objeto que les permitía mantenerse psicológicamente estructurados. En la sociedad patriarcal las mujeres son el soporte afectivo de los varones y les dan seguridad. Que ellas sean el. soporte afectivo no significa que esos hombres las amen. Son un objeto necesario y al serlo cobran valor afectivo para el psiquismo de quien domina. El goce del ejercicio de la dominación sobre una mujer no es amor.

Estados y gobiernos machistas condenan a muerte a mujeres obligándolas a someterse a abortos sépticos. Machos que se resisten todo lo que pueden a la paridad política y al ejercicio del poder por parte de mujeres que representen los intereses de las mismas. Comunidades regidas por machos. Familias patriarcales. Religiones lideradas y dominadas por machos. Configuraciones vinculares que expresan la dominación masculina. Golpes, violaciones y asesinatos de adolescentes y mujeres. Suicidio de los asesinos.

Si queremos alcanzar una sociedad justa y lograr un stop a la matanza de mujeres necesitamos mucho más feminismo en todos los espacios sociales.

“El rostro de un golpeador”

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-280085-2015-08-25.html

ENTREVISTA A ENRIQUE STOLA
El rostro de un golpeador” Página 12 25.08.2015
Por Soledad Vallejos
En los casos de femicidio, en especial cuando median antecedentes de denuncias judiciales e intervenciones por violencia machista, la emoción violenta no existe, explicó el psiquiatra y psicólogo clínico Enrique Stola. En casos como el del femicidio de Claudia Schaefer, en el que hubo instancias institucionales dando cuenta de episodios de violencia contra ella, es imposible alegar un rapto de violencia porque esos antecedentes son “muestras sobradas de que hay intención de matar”. “El tipo que golpea furiosamente no sabe cuál va a ser el golpe mortal, pero sí ya tiene tomada la decisión de matar. Suponiendo que vos seas un tipo que te ponés ciego cuando te enloquecés, te ponés violento, se supone que hace muchos años debías haber recurrido a tratamientos psiquiátricos o neurológicos para que no ocurriera, y que nunca deberías haber ejecutado violencia contra la mujer, contra el cuerpo de la mujer que es tu pareja. Te hubieses hecho tratar. Sin embargo, viniste ejecutando acciones en contra de esa persona, tratando de destruir ese cuerpo y lo lograste. Lo único que hacen estos hombres es concretar su fantasía, porque durante años o meses han venido golpeando ese cuerpo y amenazando de muerte. En algún momento iban a llegar a matar. Puede haber estado planificando esa muerte o no, pero decidida, estaba. También hay casos de hombres que tienen esa muerte decidida pero no la pueden ejecutar porque la mujer logra medidas de protección o escapa”, señaló.

El especialista, que años atrás fue perito de las víctimas en el juicio por abuso contra el cura Julio César Grassi, también observó una recurrencia en la resonancia mediática del femicidio de Martindale. “En este tipo de casos, recurrir a la descalificación de la víctima es típico de los abogados contratados para defensas de victimarios de clase media y clase alta. Esos abogados, que están bien pagos, por supuesto, suelen hacer estrategias para destruir a la mujer. Si está muerta, procuran destruir su imagen; si está viva, liquidarla judicialmente.”

–En este caso en particular, durante estos días el abogado defensor de Farré, Gustavo Alvarez, en distintas entrevistas se dedicó a atacar a la víctima.

–Sí, eso de “ella no cuidaba a los chicos”, “lo ponía nervioso a él por no cuidarlos”, “era agresiva y tampoco lo cuidaba a él”. También, el argumento de que ella lo usaba para ascender socialmente. Es terrible el nivel de descalificación, de machismo. Los casos de violencia generalmente son de años o meses intensos, estos tipos siempre intentan controlar a la víctima, controlar el cuerpo de la víctima, hasta que llegan a destruirlo en el caso de los asesinos. De este señor, el abogado ponderaba el amor por sus hijos, pero claramente no le interesaban cuando le pegaba a la madre de sus hijos delante de ellos. Tampoco le importó matarla.

¿Por qué señala esta estrategia de descalificar a la víctima como algo específico de sectores con más dinero para pagar una defensa? ¿Por qué en casos de víctimas y victimarios pobres no se encuentra esa recurrencia?

–En otros sectores sociales, no tienen dinero para pagar un abogado y la defensa queda a cargo de defensores oficiales. En general, los defensores oficiales la estrategia que tienen es garantizar el debido proceso, no destruir a las víctimas. En cambio, la estrategia de los otros abogados tiene por objetivo destruir a las víctimas en nombre de garantizar el proceso. Y hacen eso con muchas chicanas judiciales, van alargando los plazos. Logran que el victimario goce de prisión domiciliaria y van alargando los tiempos, porque los días que pase en la domiciliaria se van contando como días en prisión en caso de que sea condenado. Así, tratan de ir descontando tiempo de pena permanentemente. Por otro lado, en el caso de Farré, estos días se habló mucho de la fotografía del hombre esposado y ensangrentado. Dicen que con la foto se muestra el estado de conmoción que tenía. Si ese es el objetivo de por qué le sacaron la foto, la cuestión es por qué y quién lo hizo. A él lo llamaron por el nombre y puso la cara para que lo vieran. Pero un tipo conmocionado se queda en el molde, quiere ocultarse. Lo hemos hablado con colegas desde que se conoció esa foto: es el rostro que vio cualquier mujer que sufre violencia machista. No es el rostro de la emoción violenta, es el rostro de un golpeador, nada más: del que amenaza y destruye.

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